Día 11
Sabés que ayer, mientras me lavaba los dientes, me di cuenta que vos debías pensar que mi “aventura bailable” había quedado trunca debido a “la masacre de las idiotas”.
¡Nada que ver!
Y es que, de verdad, el viernes pasado, y tal como me lo había propuesto, perdí mi inocencia.
Te paso a contar:
Cuando “Madame le idioté” estaba a punto de asesinar al basilisco, las demás, movidas en parte por la insistencia de Ine, hicimos los primeros intentos por separarlas. Yo me ligué tres arañazos y dos moretones, ¡pero Ine!... Le dejaron un ojo tan negro que parecía que llevaba un parche, (la mirada de mi amiga ya es oscura sin necesidad de golpes)
Con esfuerzo logramos arrastrar a la “idiota mayor” hacia la calle, y yo pensé que, con tanta joda, la noche se había acabado. ¡Qué va! Sólo Inés quería volver a casa. Yo no la seguí. La quiero mucho, pero ya había tomado una decisión, y no pensaba perder toda la inversión en angustia y expectativa que había depositado en esa aventura nocturna.
Al boliche llegamos sólo cuatro: la cornuda, la malquerida, el cardo y yo. El lugar estaba poco iluminado, lo cual fue una bendición. Aún a oscuras era re creepy.
Por supuesto había tres minas en pelotas, bailando en el caño. Yo no sé si donde vos estás es igual, pero acá se puso re de moda. Todo empezó con Tinelli y...
¡Pará! Vos no sabés quién es Tinelli. Es un tipo re viejo que se las da de pendex de barrio, (pendejo=muchacho), y anima un programa de la tele. Al principio hizo “Bailando por un sueño”, el mismo programa pedorro que se ve en todas partes del mundo. Vals, rumba, mambo, ¡huevadas! Pero enseguida la cosa se fue calentando. Eran los mismos bailes estúpidos, pero con las minas cada vez más en tarlipes, (=bolas=pelotas=¡desnudas!) Y del vals se pasó rápidamente al strip dance, y después, por supuesto, al caño. Si no lo conocés, se trata de ese baile que hacen en EEUU, dándole sin asco a un tubo de esos que hay en los cuarteles de bomberos para bajar con rapidez. Acá, en cambio, lo que buscan es “subir”. Y, a pesar de que son las chicas las que se trepan, son los tipos los que se elevan, (o al menos cierta parte de su anatomía)
En fin, por si no lo entendiste: ¡el lugar estaba lleno de pajeros!, (¡vamos!, eso lo tenés que entender. Creo que es universal. Y si no, imaginate: ¿cuál es la única cosa entretenida que puede hacer un hombre solo en un pajar?)
Como verás, el ambiente no era muy “motivante”. Así que, decidida como estaba a no irme con las manos vacías, (aunque no eran precisamente mis manos las que me preocupaban), decidí recurrir al truco que acababan de enseñarme, y chupé todavía más. ¡Estaba convencida! Iba a lograr mi objetivo aunque tuviera que tomarme todos los “sex on the beach” del planeta.
Sí, mi momento había llegado, y no lo iba a dejar pasar tan f
¡Uf! El hurón está mirando.
Chau
Ifi