jueves 27 de septiembre de 2007

La historia de Ifi
Tubos, caños y pitos

Día 11


Sabés que ayer, mientras me lavaba los dientes, me di cuenta que vos debías pensar que mi “aventura bailable” había quedado trunca debido a “la masacre de las idiotas”.
¡Nada que ver!
Y es que, de verdad, el viernes pasado, y tal como me lo había propuesto, perdí mi inocencia.
Te paso a contar:
Cuando “Madame le idioté” estaba a punto de asesinar al basilisco, las demás, movidas en parte por la insistencia de Ine, hicimos los primeros intentos por separarlas. Yo me ligué tres arañazos y dos moretones, ¡pero Ine!... Le dejaron un ojo tan negro que parecía que llevaba un parche, (la mirada de mi amiga ya es oscura sin necesidad de golpes)
Con esfuerzo logramos arrastrar a la “idiota mayor” hacia la calle, y yo pensé que, con tanta joda, la noche se había acabado. ¡Qué va! Sólo Inés quería volver a casa. Yo no la seguí. La quiero mucho, pero ya había tomado una decisión, y no pensaba perder toda la inversión en angustia y expectativa que había depositado en esa aventura nocturna.
Al boliche llegamos sólo cuatro: la cornuda, la malquerida, el cardo y yo. El lugar estaba poco iluminado, lo cual fue una bendición. Aún a oscuras era re creepy.
Por supuesto había tres minas en pelotas, bailando en el caño. Yo no sé si donde vos estás es igual, pero acá se puso re de moda. Todo empezó con Tinelli y...
¡Pará! Vos no sabés quién es Tinelli. Es un tipo re viejo que se las da de pendex de barrio, (pendejo=muchacho), y anima un programa de la tele. Al principio hizo “Bailando por un sueño”, el mismo programa pedorro que se ve en todas partes del mundo. Vals, rumba, mambo, ¡huevadas! Pero enseguida la cosa se fue calentando. Eran los mismos bailes estúpidos, pero con las minas cada vez más en tarlipes, (=bolas=pelotas=¡desnudas!) Y del vals se pasó rápidamente al strip dance, y después, por supuesto, al caño. Si no lo conocés, se trata de ese baile que hacen en EEUU, dándole sin asco a un tubo de esos que hay en los cuarteles de bomberos para bajar con rapidez. Acá, en cambio, lo que buscan es “subir”. Y, a pesar de que son las chicas las que se trepan, son los tipos los que se elevan, (o al menos cierta parte de su anatomía)
En fin, por si no lo entendiste: ¡el lugar estaba lleno de pajeros!, (¡vamos!, eso lo tenés que entender. Creo que es universal. Y si no, imaginate: ¿cuál es la única cosa entretenida que puede hacer un hombre solo en un pajar?)
Como verás, el ambiente no era muy “motivante”. Así que, decidida como estaba a no irme con las manos vacías, (aunque no eran precisamente mis manos las que me preocupaban), decidí recurrir al truco que acababan de enseñarme, y chupé todavía más. ¡Estaba convencida! Iba a lograr mi objetivo aunque tuviera que tomarme todos los “sex on the beach” del planeta.
Sí, mi momento había llegado, y no lo iba a dejar pasar tan f
¡Uf! El hurón está mirando.
Chau
Ifi

lunes 24 de septiembre de 2007

La historia de Ifi

De los daños ocasionados por el uso del celular


Día 10

¿En qué estábamos? ¡Ah!, ya me acordé... El pre. ¿Allá también hay de eso? El famoso “pre” es lo mismo que “la previa”, (por supuesto dicho en un tonito de superada, porque si lo murmurás con amargura no es otra cosa que la materia o asignatura del colegio en que te hicieron mierda, y que dejás pendiente para el año próximo) Este pre, en cambio, no tiene nada que ver con el estudio. Es el pre-dancing, (¿vvviste?), o la reunión previa a ir a bailar.
¡Y yo que pensaba que la semiología era difícil!
Ni bien llegamos a casa de “Diana la malvada”, (ahí sí subimos), nos preguntó: ¿alguien tiene una pastilla? Y como a mí, a boluda, no me gana nadie, enseguida le respondí: “Creo que tengo una Bayaspirina en la cartera” Por supuesto, me bastó ver la cara con la que me miraron, para darme cuenta que no se estaban refiriendo precisamente a ese tipo de ácido. ¡Miralas vos a las señoritas perfectas! Estas son las mismas que, cuando te tocan de profesora, te miran con asco si te estás dando un “piquito” con un pibe, (un beso inocente, con la boca bieeen cerrada), y te excomulgan si te hacés un piercing. ¡Quién las entiende! Lo cierto es que ese fue mi segundo error de la noche, pero, por supuesto, no el último. “¿Alguien trajo un pucho, al menos?”, insistió Dianita. Y, para mi sorpresa, dos sacaron sendos cigarrillos de sus carteras. ¡Bah! Cigarrillos, lo que se dice cigarrillos, no eran, si vos me entendés. Cuestión que los encendieron, les dieron una pitada, y comenzaron a pasarlos. Ine, por supuesto, se lo entregó a la de al lado, sin probarlo. Yo, en cambio
Ay, no. Te iba a mentir, para no pasar por boluda, pero la verdad es que no me animé. Ya bastante iba a tener con perder la virginidad, como para estrenarme también con eso de las drogas.
Creerás que la cosa quedó ahí. Pues no. “¿Qué querés tomar?”, me preguntó la dueña de casa. “Un mate”, le respondí. Me moría de frío, y pensé que algo calentito no me iba a venir nada mal. Por supuesto las demás se echaron a reír. “Si estás interesada en algo de “tierra adentro” te puedo ofrecer una grapa, o algo de pisco, que es casi lo mismo”. “Dale un gin cola, y otro para mí”, se apuró a decir Ine, tratando de disimular un poco mi boludez congénita.
Trago va, trago viene, la noche pasaba, y yo seguía obsesionada con mi buen propósito del año. Y entonces cometí el peor error. “¿Cómo fue su primera vez?”, pregunté al grupo. ¡Para qué! Puaj, puaj, re puaj. ¡Lamentable!
Al principio, todo bien. Quedaba claro que todas habían necesitado “quebrar” para animarse. (¡No! No me refiero a “entrar en quiebra”, sino a estar tan borracha que no se puede permanecer en pie) El consejo no me parecía malo, (para ese momento de la noche yo ya estaba temblando), así que me bajé media botella de gin yo solita. El problema se suscitó, (¡otra vez me salió “lo culta”!), cuando la “idiota mayor”, (alias madame le idioté, alias la cumpleañera), hizo el relato detallado de la primera vez de Dianita. Al parecer la muchacha, como yo, no se animaba, así que ella, como buena amiga que es, le pagó unos tragos a alguien para que le hiciera el favor. Y como buena amiga que es, estuvo averiguando por su desempeño, para así poder “verduguearla”, (¡vamos!, se imaginativa: viene de “verdugo”), en cada oportunidad, por el resto de su vida. Mientras la idiota mayor se reía, yo le miraba la cara al basilisco. ¡Guau! Y no era para menos.
Dianita me daba lástima. ¡Qué boluda que soy, ¿no?! Porque “la malvada” no es del tipo de mujer que se banque, (que soporte), algo semejante por mucho tiempo. Creo que la mina había esperado el momento justo para vengarse. Y ese momento acababa de llegar, gracias a mí. Primero le dio letra a la idiota mayor para que hablara acerca de su futuro casamiento. Después bromeó sobre las habilidades amatorias del novio. Y, una cosa lleva a la otra, le preguntó si tenía algún “videito hot” en su teléfono celular. “Yo el mío no lo muestro”, se apuró a decir. ¡Te imaginarás!... No terminaba de hablar, cuando ya la idiota mayor le había arrebatado el aparatito, para revisarlo. Diana gritaba compungida, pero creo que era sólo para disimular. Al principio, todo bien. Era ella transando con un pendejo bastante lindo. Pero, el siguiente... El pibe era feo, como pegarle a la madre. Ella le estaba dando sexo oral, y, mientras lo hacía, su galán ponía unas caras muy chistosas.
“¡Qué pelotudo!”, dije yo.
¿Alguna vez viste “El chabo del ocho”? ¿Esa parte en que critica a los gritos al profesor Jirafales, justo en el momento en que él llega, y todos los demás se callan? A mí me pasó lo mismo.
Resulta ser que “el pelotudo” no era ni más ni menos que “el novio”, (léase: futuro señor Le idioté) ¡Guau, guau, reguau!!!! Y entre el porrito que se habían fumado, y todo el alcohol, la pelea entre ambas “amiguitas” fue increíble. No te podría jurar cuántas extensiones sobrevivieron, cuántos implantes, cuánta ropa a la moda. Lo cierto es que aquello fue una masacre que nadie se molestó en detener. Y yo menos que nadie.
Para cuando todo terminó, me di cuenta que mi abuela, como siempre, tenía razón. Ella me había advertido, cuando me regalaron un celular: “vos usá esa cosa con cuidado, porque a mí nadie me saca de la cabeza que es muy peligroso”
¿Diana no tendrá abuelita?
Tengo que irme. El hurón me está mirando fijo desde hace cinco minutos. O se murió, o está a punto de matarme.

Besos

Ifi

viernes 21 de septiembre de 2007

La historia de Ifi

Mi reino por una pizza

Dia 9

Disculpá que ayer te corté en el medio, pero el hurón está convencido que con la energía eléctrica que gasto en la compu estoy paralizando media industria automotriz. ¡Últimamente está imbancable!, (=insoportable). ¿En qué habiamos quedado? Ah, sí, ya sé. ¡La pizzería! Porque yo había pensado que cuando uno iba a bailar, se iba a bailar. Pero parece que no es tan simple. Primero había que quedarse como dos horas en la casa de la “idiota mayor”, esperando que llegaran todas. Viste como era en el pueblo: no terminabas de pasar por la verja de una casa, cuando ya te habían puesto un mate en la mano, (¿te olvidaste del mate? Yo lo tomo todo el día, porque adelgaza, y es mucho más barato que el té) ¡Era un verdadero milagro si te dejaban escapar sin haberte dado la cena! Acá, en Buenos Aires, en cambio, ni te dejan pasar. ¿Tendrán miedo que afanes algo?, (afanar=robar) Por las dudas te hacen esperar en la calle, donde lo más probable es que terminen afanándote a vos. Cuestión que estuvimos ahí por casi dos horas. Me moría de hambre, porque cuando estoy nerviosa no paro hasta comérmelo todo. Aunque si estoy tranquila, también lo hago, porque a mi la comida me puede, y, para colmo, cocino como los dioses.
Disculpá si voy de un lado para el otro en la historia, pero hoy me cuesta concentrarme. Y si supieras todo lo que me pasó esa noche, lo entenderías.
Lo cierto es que estábamos ahí, en la calle, cagándonos de frio porque a algún idiota se le ocurrió que no está de moda usar campera, o abrigo, o cualquier cosa que sirviera para soportar los cinco grados que hacían. A eso de las once por fin bajó “madame le idioté”, la cumpleañera, resplandeciente. (Para mí que nos había estado mirando todo el tiempo por la cámara de vigilancia, cagándose de risa) Como fuera, ahí cometí el primer error de la noche: ¡la saludé! ¡¿Cómo se me pudo ocurrir saludar con un abrazo y un beso a una mujer maquillada y con extensiones?!!!! ¡Qué horror!!!!!
Después de mi pequeña demostración de cariño, “le idioté” necesitó el auxilio de dos amigas para volver a acomodarse. Aunque, si voy a ser sincera, por el resto de la noche le quedó a la vista un pegote que sostenía un mechón de pelo tan falso como el resto de su personalidad, y que ninguna de las otras se tomó la molestia en disimular. ¿Habrá sido un simple descuido de esas víboras, o un ajuste de cuentas?
Cuando los saludos de rigor acabaron, yo pensé inocentemente que había llegado la hora de emprender el camino hacia nuestro destino, y el fin de mi virginidad. Pero no. Como siempre, la comida se interpuso en mi vida. “¿Vamos por una pizza?”, preguntó la idiota mayor. Y yo me dije: “¿Pizza? ¿Por qué no? ¡Total ya estoy gorda!”
¡Pará!... ¿Pensaste que fuimos a una pizzería? ¡Por supuesto que no! Eso hubiera sido demasiado simple para sus mentes retorcidas. ¿Por qué gastar ocho pesos por una porción de zapi en el barcito de la esquina, si se pueden pagar más de veinte en el restó, (ni yo sé que significa eso), de moda? El lugar era raro, y poco iluminado. Los carteles estaban en inglés, cosa muy apropiada considerando que lo que servían era principalmente pastas y pizzas. Por supuesto no había mozos, sino unas “señoritas” en patines que hacían las veces de camareras, y que de tanto ir y venir con esos shorcitos ajustados, habían perdido hasta la vergüenza. Cuando finalmente, luego de un tiempo eterno, llegó la pizza, me costó reconocerla. Hubiera jurado que una de las aceitunas tenía patas y se movía, pero, por las dudas, no dije nada. ¡A ver si, con lo que había costaba, esas estúpidas no la querían comer! La masa no era ni “a la piedra”, ni “media masa”, sino más bien... “inexistente”. Era como un tamal, con algo amarillo que simulaba ser el queso, y algo rojo, que no servía ni para simular. Yo me moría de hambre, pero me propuse ser educada y no abalanzarme sobre la comida, aunque no veía las horas de que alguien me sirviera. Pero, para mi desgracia, aquellas “damas” no hacían más que hablar. La idiota mayor contaba anécdotas acerca de su novio, con el que, al parecer se estaba por casar. ¡Qué anécdotas! ¡Reite del consultorio sexológico de esa gordita que aparece por la tele! Por supuesto, en cuestión de minutos quedó claro que las únicas vírgenes éramos Ine y yo. ¿Y la pizza? A nadie parecía importarle. (¿Será el sexo anorexígeno? ¡Mirá si, después de todo, termino con mi virginidad y mi gordura de un solo golpe!) La cuestión es que yo ya no podía pensar. La panza me hacía ruido, y la pizza ahora me parecía deliciosa. ¡Hasta comenzaba a ver con buenos ojos a la cucaracha que hacía las veces de aceituna! “¿No comen, chicas?”, pregunté al fin. “Ay, no”, se apuró a decir la idiota mayor, “con el verano tan cerca, hay que empezar la dieta” ¡Dieta!!!!!! Y ahi me vine a enterar que todas esas estúpidas desnutridas se mataban a dieta y pilates.
Te imaginarás lo que hice, ¿no? Delante de todas ellas comencé a devorar la pizza, pero despacito, haciéndome notar, estirando el queso, chupándome los dedos.
Sí, ellas tenían una vida, y eran flacas, ¡pero yo...!
¡Se derretían al verme!
Para cuando la “cena” terminó, ya me había mandado las dos zapis completitas. Ellas, en cambio, se habían limitado a chupar como cosacos.
¡¿Qué les pasaba?! ¿Nadie les había dicho que la cerveza también engorda?
“¿Estás segura que no querés ir a casa para hacer la digestión?”, me preguntó “Diana, la malvada”, la mejor amiga de la idiota mayor, mirándome con carita sobradora. Yo simulé no haberla escuchado. Pero cuando la piba que llevaba la pizza a la mesa de al lado, pasó patinando cerca, me hice la distraida, y le puse el pie.
¡No me vas a creer la velocidad que levantan esos patines! Y, lo más extraño es que, a pesar de eso, la pizza no se enfría.
¡Y después “el bruto” dice que la mal hablada soy yo! Tendrías que haber escuchado a la buena de Dianita, que generalmente se da aires de princesa de Gales, gritando con la pizza sobre la cabeza. ¡Qué boquita!!!!
“¡Qué lástima!”, me limité a decirle cuando se calmó, “¿cómo vas a hacer para ir a bailar?”
¿Alguna vez escuchaste hablar de un basilisco? ¡Imaginate la cara que me puso!
Pagamos la cuenta, (!!!!!), y salimos de allí rumbo a la casa del basilisco, para que se cambiara. Eso nos llevó una hora adicional de espera en la calle. Y entonces “La malquerida”, otra del grupete de las idiotas, sugirió que fuéramos a su casa para hacer “el pre”.
¡¿Qué mierda era un “pre”?!
Mejor te cuento mañana, porque me está mirando el hurón.

Chau!!!


Ifi

miércoles 19 de septiembre de 2007

La historia de Ifi


Ser o no ser, esa es la cuestión


Día 8

No, no busques el día 6 o el 7, porque no están. No hay forma de usar la compu en el fin de semana, por eso sólo puedo comunicarme de lunes a viernes en el laburo, (laburo=trabajo)
Yendo a lo nuestro, vos te preguntarás si todavía soy virgen.
Es una historia larga y dolorosa, (y, creeme, no lo digo con segundas intenciones)
Vamos paso a paso, porque quiero que, antes de juzgarme, me entiendas.
El viernes a las ocho de la noche estaba tocando timbre en casa de Ine, (mi amiga, ¿te acordás?). Yo estaba vestida con mis mejores galas, lo cual no es mucho decir, ya sé. Pero cuando Ine me vio, lo primero que me dijo fue: “¿No tuviste tiempo de cambiarte?”
¡Qué bajón!
Como recordarás de la época de la primaria, nunca fui del tipo “femenino”. Jamás me maquillé, y la única forma de sacarme mis “All Stars” es amputándome los pies. Pero, por lo demás, a mí me parecía que no estaba tan, tan mal. A Ine, en cambio, todo le resultó un horror. Y, por supuesto, ya había preparado un plan B. Escuchá esto, porque no lo vas a creer: 1) remerita SIN MANGAS Y ESCOTADA, (de esas que dejan ver el ombligo, o, en mi caso, una zapan, (panza, vientre), ingobernable; 2) jeans talle “desnutrida”; 3) ZAPATOS DE TACO!!!!!!!!
Si Ine pretendía que me pusiera todo eso, antes de salir, iba a tener que hacerme una lobotomía.
Los zapatos, como te imaginarás, ni me tomé el trabajo de discutirlos. Por las dudas me até el cordón de las “All Stars” alrededor del tobillo, con doble nudo y moño. En cuanto al pantalón, el muy maldito dejaba afuera más de la mitad de mi culo. No creas, yo estoy orgullosa de mi culo. Es grande, lo sé, pero es firme y redondo. Y no entiendo cuál es el motivo para tener que ahogarlo entre tanta estrechez. Sin embargo, Ine estaba decidida. Aprovechando mi cansancio por tener que calzarme aquella tela ajustada en mi inmensa anatomía, me “tackleó”, me tiró sobre la cama, se montó sobre mí, y empezó a forcejear con el cierre, intentando subirlo. Yo gritaba como una marrana, te imaginarás. “¡Mi culo, mi culo!”, le decía.
Y entonces doy vuelta la cabeza, ¡¿y a que no sabes quién nos estaba mirando?!
¡El bruto!, (bruto = hermano de Ine=futuro ingeniero) Muerto de risa, el muy desgraciado.
Yo le tiré con lo primero que tenía a mano, (La celestina), y, por supuesto, le di en medio de la frente. “¿Por qué no se buscan un hotel para hacer esas porquerías?”, bramó antes de salir.
Todavía estábamos peleando, cuando, de repente, se hizo la luz. Literalmente. Luz, la madre de Ine y el bruto, entró al cuarto para separarnos. ¡No sabés lo que es Luz! Linda y amorosa. ¡¿Cómo decirle que no?! Cuestión que me prestó uno de sus pantalones negros, más a mi medida, acomodó mis tetas en la remerita estrecha de mi amiga, hasta dejarme conforme, y me obligó a usar unas botas cortas y puntudas, de esas que están de moda, pero sin taco. ¡Re cómodas!
No creas que no peleé a la hora del maquillaje. Es decir, al principio acepté mansamente, porque me daba “cosita” llevarle la contra a Luz. Pero no habían pasado cinco minutos, cuando me entró a picar el ojo, que, ¡ni te cuento! Y entonces metí mi mano. ¡Qué digo “mi mano”!, ¡mi manota! Y en dos segundos pasé de diosa, a payaso. ¡La mamá de Ine me quería matar! Yo creo que fue por venganza que sacó la artillería pesada. ¿Sabias que existe pintura indeleble? Sí, claro que vos debés saber, porque tu vieja me contó que, antes de que te pasara lo que te pasó, eras modelo. Pero yo no tenía ni idea. Bueno, yo no tengo “ni idea” de muchas cosas.
El pelo fue un capítulo aparte. Nadie me lo cree, pero mi pelo tiene vida propia. Podría vivir una rata en él, y no me daría cuenta. Fue una lucha encarnizada entre las Olavarría, madre e hija, un cepillo, y mis crenchas. Y lo creas, o no, finalmente fue más la voluntad de las “chicas”... ¡Lo lograron!
Claro que quedé rara. ¿Linda? No sé. Rara. Pero lo que te puedo decir es que, cuando salíamos para la fiesta, nos encontramos en la puerta con “el bruto”, y se me quedó mirando.
“¿Qué te pasa? ¿Tengo monos en la cara?”, le pregunté. Y el muy cretino me respondió, “¿Cómo? ¿Eras una chica? ¡Y yo que creía que eras el novio de mi hermana!”
¡Qué guacho!!!!!!!!
Bueno, volviendo a lo nuestro. Te preguntarás cuál fue el resultado de esa noche tan especial. Si todavía soy virgen, o no. Te diré que

lunes 17 de septiembre de 2007

La historia de Ifi

Un condón a la derecha, por favor

Día 5

¡No sabés lo que me pasó hoy!
Viste que yo estoy de lo más convencida que no llego a mañana siendo una virgen inocente. Sea como sea, no me pienso ir de ese boliche sola, aunque tenga que transarme al del bar para lograrlo, (¿sabés lo que significa transarse a alguien? Bueno, si no lo sabés, ¡imaginátelo!) Lo cierto es que, como soy inocente, pero no boluda, decidí ir preparada. Antes de entrar al laburo, (laburo=trabajo=lugar donde vigila el hurón), pasé por una farmacia para comprar forros (forros= preservativos=condón= ¡qué sé yo!)
Por cierto, ya tuve una mala experiencia con eso. Creo que todavía no te lo conté, porque no es algo precisamente para lucirse, pero mientras estuve viviendo allí en el pueblo, fui novia de
(¡qué bajón! ¡No sé ni para que te digo esto!)
de Toti Ramos. ¿Te acordás de Toti? Ojalá que no. Bueno, lo cierto es que se llamaba Ismael, pero la familia le decía Toti. Claro que en el curso le decían Calculín, porque era un genio para eso de las matemáticas, (¡qué originales!). Y después, cuando engordó, (al fin de la secundaria sus caderas ya eran más anchas que las mías, lo cual es mucho decir), lo acortaron a “Culín”.
La verdad es que una, antes de meterse con alguien, tendría que averiguar primero su apodo. Porque, para mi desgracia, él era el Toti, y yo la Titi. Mi familia me dice así, “de cariño”, ¿?????, porque soy la hija de Toto, y la hermana de Tito. ¡Un trabalenguas!
¡Qué bajón!
El nuestro no fue un amor romántico, sino más bien desesperado. No había mucho para elegir. Viste como es la vida en los pueblos. Está la plaza principal, la catedral, el municipio, el boliche de moda, el teatro, y nada que hacer durante el fin de semana, más que dar “la vuelta al perro”. Caminás esas cuatro cuadras una y otra vez, buscando..., ¿qué mierda podés buscar? Ya conocés a todos, y si a alguno lo visita su primo, los demás lo rodean de inmediato como si fuera un extraterrestre. ¡Muy aburrido! ¿Te imaginás?, son los mismos idiotas con los que te peleabas por el baldecito de arena y los juguetes. Y ahora te seguís peleando, pero ya no por lo que te quieren sacar, sino por lo que te quieren “poner”. Sí, porque allí en el pueblo, el que no corre, vuela. Y lo que no se hace, se inventa. Llegó un momento, cuando teníamos quince, en que había una historia escabrosa por cada chica del curso. Incluso sobre mí había una. Alguien había hecho correr el rumor de que... todavía era virgen. ¡Y eso sí que era humillante! Porque si bien muchos ponían en duda que Carola lo hubiera hecho con el barrendero, o que Marcela conociera la de Hugo y la de Pichi, nadie cuestionaba mi inocencia.
¡Qué bajón!
¿Cómo se me tiró el Toti?, (tiró=declaró) Estábamos en séptimo grado. Yo tenía trece, y el muy retrasado tenía... ¡once!, (yo te dije que era un nerd) Lo cierto es que iba a hacerse un baile en la casa de “Carola, se te escapa una lola, (lola=teta=pecho)” Para esa época, más allá de los rumores, a la “niña”, (siempre una adelantada), ya se le habían escapado las dos, varias veces. Pero esa es otra historia. Volviendo al baile: ¡todos tenían pareja! Hasta “el tarta”, ese que no podía decir ni una palabra de corrido, se había enganchado con la muda de sexto grado. Lo cierto es que cuando la cerda de “Marcela, agachate y conocela”, pidió que cada uno gritara el nombre de su pareja, ¡la muy turra!, y los únicos que nos quedamos callados fuimos Toti y yo, todos se cagaron de risa ¡Un bajón!
Esa misma tarde llamé a mi futuro novio por teléfono para sugerirle de buen modo que me invitara. Le dije (SIC) “forro del horto, si no me invitás al puto baile te voy a cagar a trompadas por el resto del año”. Y como yo era más alta, y más gorda, aceptó sin dudar. ¡Muy romántico!
El primer beso, en cambio, fue idea suya. Me obligó a ir a su casa con la excusa de que el viejo había comprado una video buenísima. Había seleccionado un montón de escenas de besos, (bastantes zarpados), y no hacía más que mostrármelas en cámara lenta. “Mirá que bueno es el cuadro a cuadro”, me decía. “Acá se puede ver como le mete la lengua” ¡Muy sutil!... De más está decirte que por aquel entonces los dos llevábamos ortodoncia. ¡Te imaginarás!
Lo cierto es que el Toti no sólo a la hora de las matemáticas era rápido. Creo que fue durante mi noviazgo que desarrollé el horroroso vicio de estar a la defensiva cuando un pibe se acerca. A la primera mano, siempre meto un bollo, (bollo=golpe)
Bueno, lo cierto es que un día me cansé de defenderme, y le dije que sí. Estaba a punto de viajar a Buenos Aires, y un poco de experiencia no me iba a venir mal. Él tenía ganas, yo resignación, así que lo único que faltaban eran los forros. ¿Te acordás de don Paco, el farmacéutico? Creerás que se murió, pero no. Debe tener como mil años, pero sigue en pie, así que ir a su negocio era imposible. Podía comprarlos en el almacén de don Julio, que ahora se llama “supermarket”, pero la cajera era una chismosa. Cuestión que “lo comprás vos, lo compro yo”, terminamos no comprando nada, y yo, tan virgen como al principio.
Hoy a la mañana, después de pensarlo toda la noche, decidí que esta vez iba a ser distinta. Después de todo, ya tengo diecinueve años y dos meses, y la gente no tiene por qué imaginarse que todavía soy virgen. Se supone que las chicas de mi edad, y en Buenos Aires, compran forros todos los días. Así que fui a la farmacia, y encaré a la vendedora: “Dos preservativos, por favor”, le dije en voz alta y clara. La turrita me miró divertida, porque algo se debió oler, (creo que mi virginidad se huele a dos cuadras), y me dijo: “¿De qué tamaño?
¡¿Había tamaños?!!!!! Claro que sé que cada pito es un mundo, (yo también leo Cosmo, aunque más no sea en la peluquería), pero pensé que el látex era del tipo “one fits all”. Como sea, no me iba a dejar intimidar por tan poco. Con decisión le dije: “grandes”. Tampoco quería quedar como la desesperada que se había enganchado con cualquiera, y, aparte, pensé que, como decía “el Tarta”, siempre es mejor que so sobre y no que fa falte.
Creerás que con eso la mina, (mina=mujer), se apaciguó. ¡Pero no! “¿Texturados, ranurados, lisos...?”, comenzó a recitar. ¡La lista no se acababa más! “Lisos”, dije, mientras el viejo que esperaba detrás de mí me miraba con mala cara. Pero, por supuesto, la cosa no paró allí. “¿Con gusto a menta, a cerezas, a....?” Ahí exploté. “¡¿Para qué mierda quiero que tengan gusto a algo?!”, le grité sin pensar, “estoy comprando un forro, no un chupetín”, (=chupeta=paleta). Y entonces la muy guacha, forra, hija de puta, me miró con sorna, y me alcanzó dos de los que tenía más cerca. ¡Qué pelotuda que soy! Todos en la farmacia se estaban riendo de mí. ¡No tengo remedio!... ¿Ves lo que te digo? Si dejo pasar esta noche, estoy en el horno, (estar en el horno= estar acabado)
Mi tiempo se agota.
Besos
Tu amiga desesperada

Ifi

viernes 14 de septiembre de 2007

La historia de Ifi

Desfaciendo vírgenes


Día 4


Pachi:
Hoy me estuve peleando con Ine. Como las otras amigas con las que me carteo, ella también dice que soy una tonta por querer perder mi virginidad con un desconocido, sin estar enamorada. Pero, ¿qué querés que te diga?, para mí que eso de confundir sexo con amor lo inventaron los varones, como último recurso para someternos. Es como una especie de cinturón de castidad del siglo veintiuno. Porque buscando a “mister wright”, (el señor perfecto), como hace Ine, terminás no acostándote con nadie, como le pasa a ella, que es mucho mayor que yo, (casi veinte, y contando), y todavía nada. Lo cierto es que la pobre chica ya tiene tan lavado el cerebro, que no le parece mal que “el bruto”, (¿te acordás que te hablé de él? = hermano de Ine), se acueste con todas, mientras que objeta que yo lo haga con uno. ¡Quién la entiende!
Yo creo que con eso del sexo pasa igual que con los autos. Vos no esperás a comprarte un Mercedes para aprender a manejar. Yo, la primera vez que me puse detrás del volante, choqué. Está bien que tenía seis años, y no llegaba a los pedales, pero lo cierto es que hice mierda la cupecita de mi tío. De la misma manera, no quiero que el hombre de mi vida se espante porque soy una torpe en la cama. Necesito experiencia, (millaje recorrido), y para eso da lo mismo uno que otro.
No creas que no tengo corazón. La verdad es que estoy muerta con un tipo de la facu. ¡Qué digo un tipo! ¡Un dios!... Y justo por eso tengo apuro. Porque mi dios del Olimpo es alguien grande, (no me refiero al tamaño, porque es re flaquito, sino a la edad) Como sea, tiene 33, es el adjunto de Medieval, ¡y es re lindo! Tiene el pelo rubio, (re rubio), anteojitos estilo Harry Potter, ¡y una voz!... Creeme, podría recitar la guía telefónica y producirte un orgasmo. ¡Es re dulce!
El otro día “mi profe” estaba leyendo un pasaje de La Celestina, (¿conocés el libro? Es re divertido, pero tenés que bancarte el castellano antiguo) Era una parte en que el autor detallaba las “habilidades” de la “dama”. Una de ellas era la de “refacer vírgenes”, (¡mirá que modernos los antiguos! ¡Otra que Dr. 90210!) Bueno, bastó que terminara de leerlo, para que me mirara de reojo, con una sonrisita. ¡Me quería morir!
Como ves, tengo que apurarme. El exceso de experiencia siempre se puede “refacer”, (¿quién no sabe hacerse la idiota?), pero, en cambio, no hay forma de caretear la ignorancia.
¿Vos que opinás?
¡Uf! Esto ya se fue a la mierda.

Besos


Ifi

miércoles 12 de septiembre de 2007

La historia de Ifi

Del diván a la cama
Día 3

Pachita:
Hoy pensé que no iba a poder escribirte, porque el hurón no me sacaba la vista de encima. Quiere saber que hago tanto tiempo delante de la compu, y me acusa de gastar demasiada energía eléctrica. (Sí, porque ahora, como si nos faltara poco, además a los argentinos no nos alcanza la energía. ¿Será porque después de tantos malos gobiernos estamos cansados? ¿Qué Viagra se usa para levantar a una usina?)
Cambiando de tema, ya me arrepentí de haber aceptado ir a esa estúpida fiesta. Hoy, en un descuido, “las populares” me acorralaron en el baño. Querían saber qué me iba a poner el sábado...
¡Yo!!!!
¡Cómo si tuviera tantas opciones!
En lo que a mí respecta, todo se limita a elegir entre el pantalón negro o el jean, alguna de mis remeras negras, (o camiseta, o como mierda le digan ustedes a esa cosa que te ponés arriba, y es de algodón), y entre el sweater con “bolitas”, (de viejo, no de decoración), o el negro deshilachado.
Por suerte vino Ine y me evitó la vergüenza. Les juró que me iba a prestar algo, y de paso aprovechó para preguntarles si habían invitado a Jorge Luis Borges. ¿Te hablé de Borges? Creo que no... Por supuesto no me refiero al escritor, (aunque ellas podrían invitarlo, porque son lo suficientemente brujas como para invocar su espíritu), sino a un “compañerito” que la tiene “muerta” a mi amiga. Yo le digo Borges porque, como el original, este también es ciego. O, al menos, lo parece, porque, con todo lo que hizo la pobre de Ine para conquistarlo, el idiota siempre mira para otro lado. ¡No sé que le vio mi amiga! Y, para colmo, creo que hasta el legítimo Jorge Luis debía ser mucho más humilde que este estúpido, que ni siquiera escribió una carta. ¡Un bajón!
La verdad es que después de la “encerrada” de las “chicas” en el baño, cada vez tengo menos ganas de ir a la fiesta. ¡Pero, aunque sea lo último que haga, voy a hacerlo! Primero porque ya me di cuenta que “las estúpidas” me invitaron por compromiso. Si yo aparezco, seguro que le arruino la fiesta a la estúpida mayor, ¡y ese, sin lugar a dudas, es un bonus extra!
Pero tengo que confesarte que no es el principal motivo para aceptar. La verdad es que quizás esta reunión “entre amigas” sea mi última oportunidad del 2007 para dejar de ser virgen. Ya es septiembre, y todavía no conseguí nada. ¡Y a esta altura agarro cualquier cosa!
Ya sé que suena mal, pero no puedo darme el lujo de fallar otra vez. De lo contrario, significaría darle la razón al estúpido de mi analista. ¿Te conté que ni bien llegué a Buenos Aires comencé a hacer terapia? Me parecía que era una forma de liberar mi espíritu creativo, y congraciarme con mi pasado. Todos tenemos algún secreto oscuro que ocultar, y el mío es... ¡que no tengo secretos oscuros! Patético, ¿no?. Sobre todo para mí, que quiero bucear en el interior del alma del ser humano. Entonces, como muestra de buena voluntad, ni bien puse un pie en la Capital, y a espalda de mis padres, comencé a analizarme. Claro que el dinero me lo mandaban ellos, pero se suponía que era para hacerme ortodoncia. Mi mamá todavía se maravilla por lo bien colocados que estaban esos aparatos, que ni siquiera podían verse...
Como sea, lo primero fue un psicodiagnóstico. Durante dos meses estuve haciéndome uno y otro “test”. Era divertido, aunque cansador. Pero un día me llamó un tipo que se suponía que era psiquiatra, y el que mandaba más, (aunque tenía cara de nerd), para hacerme la “devolución”. Me dijo que yo era muy, pero muy inteligente, (¡obvio!), pero que tenía problemas con el sexo, (¡chocolate por la noticia!!!!!). Como te darás cuenta, no quedé muy impresionada por su perspicacia. Y, para colmo, cuando quiso decir “sexo”, en un acto fallido digno de una antología, se equivocó y dijo “seso”, dejando en claro que no era la única con problemas en ese rubro. Por supuesto, mi siguiente pregunta fue “cómo hacía para arreglarlo”, a lo que el fulano, una especie de Sigmund Freud pigmeo, me sugirió una terapia que, por lo bajo, iba a durar cinco años. ¡Cinco años!!!!!
El cálculo fue rápido: treinta mangos de la consulta, por tres veces por semana, por cinco años, contra lo que me podía salir la tarifa de un telo por una noche. ¡No había con qué darle! (¿Sabés lo que es un “telo”, no? ¡Un hotel al que nunca llevarías a tus padres!)
Pero la verdad es que, como auguró aquel Sigmund Freud del subdesarrollo, y a pesar de que ya pasaron dos años desde entonces, todavía no he logrado anotar ni un tanto, (ni siquiera un tonto!!!). ¡Qué bajón, ¿no?!
Bueno, te dejo, porque me parece que el hurón ya se avivó que no necesito escribir tanto tiempo para poder “entrar” la ficha bibliográfica de “Rayuela”, de Cortazar.
Mejor me voy.
Besos
Ifi

lunes 10 de septiembre de 2007

La historia de Ifi

¿Dónde hay un peine?


Día 2

Holis, Pachita!!!!!!!
Hoy estoy de buen humor. ¡No sabés! ¡Las estúpidas del curso nos invitaron a una fiesta!
Claro que ni Inés, ni yo, soportamos a las estúpidas del curso, pero... considerando que lo más emocionante que hicimos en los últimos tres meses fue ir al zoológico, (y ahí ni siquiera el mono nos dio pelota), no era una oportunidad para despreciar.
Aquí, pululando por la facultad de Letras, hay unos especimenes muy raros. Están las que son como yo, que usan los pantalones con botamanga oxford, cuando están de moda los re finitos, (y sólo porque los consiguieron en liquidación), que no conocen más color que el negro en todas sus gamas, (desde el oscuro “recién lo compré”, hasta el gris “ya es hora de tirarlo”), y que, por supuesto, tienen un manuscrito bajo el colchón, a la espera de que alguien lo publique. El mío se llama “Persona”, y cuenta la interrelación simbólica entre dos estereotipos humanos, reafirmando aquello de “persona es todo ser incomunicado e incomunicable”. Sin nombres, sin lugares, sin descripciones. Sólo acciones al fluir de la conciencia. Re original, y debe ser bastante bueno, porque un día el bruto, (el hermano de Inés), pescó algunas hojas que se me habían caído, y me dijo que no entendía nada, y le parecía muy aburrido. ¡Fantástico! No pretendo llegar a las masas incultas.
Lo cierto es que, como te decía, en la facu estamos “las que nos gusta escribir”, y las otras. Las otras se pueden distinguir a simple vista. Por ejemplo, se peinan siempre, (me refiero a peinarse con un peine, y no de peluquería) Yo dejé de hacerlo desde la primaria. Cada vez que me levanto parezco el león de la Metro, y ya me aburrí de luchar contra lo imposible. Así que cada mañana soy como la modelo de esas propagandas de champú que prometen quitarte el “frizz”, (por supuesto, yo soy la parte del “antes”) Y, como me ocurre con la vida, para mí nunca hay un “después”. Ellas, las otras, las estúpidas, en cambio... Siempre tienen un cartel colgando de su ropa, para que te enteres que les salió una fortuna. Los pantalones son Levis, las zapatillas, Nike, la mochila hace juego con lo que llevan puesto, (¿sabés lo que es una mochila? El bolsito que se lleva a la espalda), e invariablemente parecen salidas de una publicidad. Su mayor sueño es enseñar en el secundario... ¡No! Me retracto. Su mayor sueño es enganchar alguien con plata, (dinero, $, u$s, €), y perder el tiempo en el secundario, que es el sitio adonde han sido más felices, porque nunca la cabeza les dio para mucho más. Es la típica que, cuando toma apuntes, escribe hasta los eructos de los profesores, y subraya con lápiz de color. ¡Un bajón! Por eso Ine y yo, (Ine=Inés= Inesita=la hermana del bruto), las bautizamos “las estúpidas”.
Generalmente ni nos hablan, pero ayer una de ellas me pidió unos apuntes de Medieval, (Literatura Medieval Española), y no sé si por lástima, o porque justo estábamos ahí, nos invitó a su cumple. ¡No! ¡Ni pienses en algo familiar! Aquí en la Argentina estamos tan tirados, que ya casi nadie pone la casa y “los sanguchitos”. No. Por el contrario, se fija un lugar de encuentro en algún boliche, (boite=centro nocturno), y cada uno paga lo suyo.
Al principio con Ine pensamos en no ir, (por el regalo, y eso), pero después me dije: ¡¿Por qué mierda no?! Después de todo, para cumplir mi buen propósito del año, necesito al menos un hombre, ¿y de dónde lo voy a sacar, si no voy a ningún lado? Porque yo te describí como son las mujeres de mi facultad, pero si no te mencioné a los hombres, es simplemente porque casi no los hay. Los pocos que, en un arrebato de locura, deciden estudiar Letras y cagarse de hambre por el resto de sus vidas, son de inmediato copados por alguna de las cien mujeres más próximas. ¡Un bajón!
Pero si las cosas están mal en la facu, en el trabajo todavía es peor. No te rías, pero soy recepcionista en una biblioteca municipal. ¡Una biblioteca! ¡En esta ciudad!... No la visitan ni las ratas, por lo que sólo estamos allí el hurón y yo. El hurón es mi jefe, y el tipo es tan viejo que cuando se queda dormido, antes de despertarlo, le tomo el pulso. ¡Más que un bajón, un bajonazo! ¿Comprendés ahora mi desesperación por un hombre? ¡Por eso acepté la invitación de las estúpidas! Tengo el presentimiento de que el sábado podría, al fin, cumplir con mi propósito anual... Aunque ya me estoy arrepintiendo de haber aceptado, porque antes que se acabara la clase, le pregunté a una de “las divinas”, qué le podía regalar a la idiota mayor, y me dijo que lo mejor para halagarla era que esa noche me peinara, aunque fuera un poco.
¡Un bajón!
Bueno, besitos... Te escribo mañana.
Ifi

sábado 8 de septiembre de 2007

Respondiendo respuestas

Pachi:
Ayer recibí correo de mi amiga Angélica. ¡Qué bajón! Ella cree que soy un poco exagerada con eso de preocuparme tanto por el tema de la virginidad. Dice que es cosa de viejas. Que lo único que tengo que hacer es sentarme a esperar.
¡Pero es que yo, de tanto esperar, ya tengo el culo chato!
En lo que a mí respecta, la virginidad es como un tercer ojo en la espalda. Puede ser muy útil, pero, ¿quién se banca ser tan distinta a los otros?
Yo no, creeme.
Me considero muy madura para la edad que tengo, y no me atraen los pendejos. Y así como no me veo en una entrevista de trabajo diciendo: "La verdad es que no sé nada de redes, procesadores de texto, o planillas de cálculos, pero, no se preocupe, porque vi muchas películas en que los usaban, y, además, todas las semanas leo Cosmopólitan", tampoco me imagino confesándole al hombre de mi vida, (léase mi profe de Medieval), que todavía soy virgen.
¿Qué pensarían Angélica, Marcela, Luisa o Yady si el tipo más maravilloso del mundo les susurrara, copa en mano y preservativo en el bolsillo, que es su primera vez?
¿Se lo bancarían, (lo soportarían)?
Para mí no hay diferencias entre hombres y mujeres. La virginidad, como cualquier otro tipo de ignorancia, es siempre patética.
¿Cómo te caería que tu príncipe azul te confesara que es virgen?
Mejor me voy. O el hurón se volvió bizco, o está a punto de cagarme a puteadas.
Besos
Ifi
P.D: ¿Por ahí también estuvo jodiendo el huracán Félix? Por aquí, por fortuna no llegó, (para algo somos sudacas), pero a mi amiga Vanessa la trató mal. ¡Hombre tenía que ser!

miércoles 5 de septiembre de 2007


Hola!!!

¿Y si jugamos un poco?

A partir de hoy comenzaré a subir los correos de Ifigenia, una pibita que está un poco perdida y solitaria, (¿quién no?).

Me encantaría que ustedes interactuaran con ella. Desde este blog podrán ayudarla, aconsejarla, o simplemente “ponerla en vereda”, (como suelen hacer en el grupo, pero de una forma más dinámica)

Eso sí, me van a tener que disculpar, pero Ifi habla en “argentino”. Trataré de dar las explicaciones del caso.

¿Empezamos?...




La historia de Ifi


¿Quién mierda es virgen a los diecinueve años y dos meses?

Día 1

Pachita:

Soy Ifigenia Pacheco. ¿Te acordás? La única del curso que no tenía rima. Estaba “Marcela, agachate y conocela”, “Carola, se te escapa una lola”, vos, “Pachita, se te ve la tanguita”, y yo, Ifigenia.

Ifi, para los amigos.

Eso era lo peor de vivir en un pueblo: nadie se molestaba en “caretear”, (=simular), que era educado o fino, porque, ¡total!, todos se conocían. Así que por muchos años me alegré de llamarme tan ridículo. Pero no creas que me la llevé siempre de arriba. Al final del liceo, el Moco Alberti, (¿te acordás?, le decían moco porque era asqueroso y blandito), me empezó a llamar “Pacheco, de tan virgen hace eco”.

Sí, vivir en un pueblo es una mierda. Pero aquí en la ciudad, (me vine a Buenos Aires para estudiar Letras), las cosas no me están yendo mucho mejor.

Ayer me encontré con tu vieja, (¿por ahí también le dicen así a las madres?), en el subte, (o en el metro, ¡bah!). Todo mal lo tuyo. Lo lamento.

Te prometo que, de hoy en más, voy a escribirte todos los días un poco, para que no te aburras tanto. Ya decidí que ese va a hacer mi buen propósito del año. Bueno, en realidad, mi segundo buen propósito, porque el primero...

Cuando subí la copa de champagne para brindar, (en realidad, sidra, porque el champagne no me gusta), decidí que, fuera como fuera, este año iba a....

La verdad es que me da un poco de vergüenza decirlo. Sé que no me lo vas a creer, porque es bastante ridículo, pero yo, con diecinueve años y dos meses cumplidos... todavía soy virgen.

¡Qué bajón!

Ya sé lo que estarás pensando: “¿quién mierda es virgen a los diecinueve años y dos meses?”, pero te juro que no tengo nada raro. No te diré que soy Lindsey Lohan, pero tampoco soy tan fea. Más bien me parezco a Britney Spears, (claro que con anteojos, y después de parir a dos hijos, y haberse tomado todo, je, je!!!!) No te miento, una buena dieta no me caería mal, ¡pero me encanta comer! Y alguna vez podría bajarme de las “All Stars”, ¡pero son tan cómodas!

Sí, en lo que a mi respecta, no me definiría precisamente como un paradigma de la elegancia... (¿sabés lo que quiere decir paradigma, no? Porque el bruto del hermano de mi amiga dice que yo siempre uso palabras raras, y ya me acomplejó) Como sea, a mi me parece que los que andan mal, son los pibes. Te pongo “al bruto” por ejemplo. El pendejo es pura pinta. Músculos hasta en el cerebro, tarda dos horas en bañarse, se perfuma como si fuera la última vez, y usa todo lo que está a la moda. ¡Las chicas alucinan por él! Lo sé porque mientras estamos estudiando con Inés, (mi amiga= la hermana del bruto), no hacen más que llamarlo por teléfono. ¡Me tienen harta!... Bueno, vos pensarás que con tanta mujer dando vuelta, el pendejo, (que ya no es tan pendejo, porque tiene veintidós años), está de novio. ¡Nada que ver! Sale, histeriquea, se acuesta con todas, y “si te he visto, no me acuerdo” ¡¿No es un bajón?!!!! Pues aquí, en Buenos Aires, son todos así.

Pero te juro que no es por eso que todavía soy virgen, porque yo tampoco quiero un compromiso. Pero la vida es como un partido de fútbol: además de alguien que sepa usar el pito, se necesitan al menos un buen par de pelotas. ¡Y algo de cerebro tampoco estaría mal! ¡Pero es imposible! No sé si es por escuchar tanta “cumbia villera”, o aspirar demasiadas cosas, la gente de nuestra edad “está en otra”. Con decirte que el otro día, un pibe que intentaba levantarme en el subte, (“conquistarme”, me entendés), me preguntó si leía los libros completos, o si sólo espiaba el final. ¡Un bajón!

A este paso me parece que me muero virgen.

Bueno, me tengo que ir. El hurón está mirando para acá, así que mejor la seguimos mañana.

Besitos!!!!

Ifi