miércoles 31 de octubre de 2007

La historia de Ifi
La feria de las tinieblas
Día 27

Pachi:

Hoy me desperté a las tres de la tarde. Y te juro que, por mí, no lo hubiera hecho nunca.
Te cuento:
Ahí estaba yo, con mi vestido prestado, ajustado a fuerza de alfileres, zapatos de mi tía con tacos de diez centímetros, (si no los usaba me pisaba el vestido), y mi pelo rubio y enrulado, atado con un moño, caminando con orgullo hacia la Iglesia.
Eso de caminar con orgullo es sólo un eufemismo, por supuesto. La verdad es que andaba como si fuera pisando huevos, porque los tacos nunca fueron para mí. Cada dos pasos tenía que aferrarme fuertemente a algo o a alguien para no caer.
¿Qué me hizo pensar que, si todo era tan precario, la cosa podía acabar bien?
¡Qué sé yo!
¡Será que soy la más optimista de las depresivas!
La Misa de esponsales fue larguísima. El cura estaba inspirado, y no hacía más que hablar sobre los pecados de la carne. Mi tía abuela Tota, que es un poco sorda, aportaba, a los gritos, que si bien es un pecado el precio de la carne, peor estaba el del zapallo, que costaba un ojo de la cara. “¡Ya no se puede preparar ni un guiso!”, gritaba a quién la quisiera oír.
La ceremonia era tan larga, que hasta la novia comenzó a impacientarse. Se daba vuelta a cada rato, sudaba como un camionero, se apantallaba con el ramo, y se mecía de un lado a otro como si estuviera bailando. Pero bastó que el cura notara su apuro, para desviar de inmediato el curso de su filípica. Dicho en buen criollo: comenzó a retarla con descaro. Le dijo que en el matrimonio había que aprender a ser paciente, y tomarse su tiempo para lo importante. Mi prima, que tiene un carácter di-vi-no, (¡pobre novio!), lo enfrentó delante de todos, y le dijo: “¡Qué paciencia, ni paciencia! ¡Me estoy meando, y si no se apura, esto es un desastre!
No me pregunten como, pero después de semejante declaración, al cura le llevó apenas medio minuto terminar la Misa, y otro medio recitar los votos matrimoniales y dar la bendición.
Y es que si bien el pobre Padre conoce el valor de lo importante, tampoco desconoce el de un lavado de diez metros de alfombra roja.
Así, mi prima fue la única en la historia del pueblo que terminó saludando a los asistentes muy lejos del atrio, (en el baño, para ser más precisa)
Cuando al fin llegamos al salón donde iba a ser la fiesta, la cosa no pintaba tan mal.
La Tata, mi abuela paterna, había confeccionado artesanalmente buena parte de los platos. Yo, que aguardaba impaciente la llegada de Toti, comencé a comer sin asco, (¡la ansiedad!), mientras apretaba mi carterita con los preservativos.
Lo bueno, (al menos en ese momento me pareció así), fue que todos los que me saludaban miraban mi espalda con admiración.
¡Te dije que tengo buen culo!
Y, para más, yo lo había apretado hasta lo indecible con todo un artilugio de alfileres a gancho.
Estaba todo bien, y de repente...
Vos tenés que entender. Soy una chica de pueblo, criada bajo la sombra de dos hermanos que lo más fino que han hecho en una mesa fue taparse la boca después de eructar.
Y, como ellos, yo soy una bestia.
No por mi vieja, que para eso de los modales es una lady, pobrecita. Ella hizo todo lo que estuvo a su alcance, y un poco más. ¡Pero yo!... La verdad es que no es fácil domesticarme.
Cuestión que, al principio, habían servido fiambres, encurtidos y quesos. La otra gente, (la fina), tomaba un escarbadientes con forma de espadita, (un mondadientes, bah), picaba una cosa de la fuente, y se la comía, cuidando de masticar con la boca bien cerrada.
Eso la gente fina.
Yo, en cambio, agarré, (tomé), un cacho, (pedazo), de salame, otro de salamín, otro de cantimpalo, una aceituna, medio huevito de codorniz, una muzzarellita y un pedazo enorme de queso gruyere, y lo fui ensartando uno a uno en mi espadita de plástico.
En mi defensa tengo que decir que no fue nada fácil.
Pero yo estaba demasiado aburrida. Y, además, pensaba que si cada cosa es una delicia, todo junto era todavía mejor.
Ni bien pinché lo último, sin más preámbulos me llevé todo a la boca. ¡Hasta mis hermanos se hubieran sorprendido!... Y eso que mi boca es re-chiquita.
Nada mal considerando que, además, a último momento decidí incorporar un tomatito cherry que no me había entrado de movida, (desde un principio)
Masticar eso, aún con la boca abierta como estaba haciendo yo, no era nada fácil. Y, entonces, entre mordida y mordida, hete aquí que escucho la voz del Toti, (Toti= “mi ex con el que nunca corté”), que me estaba saludando.
¡Me quería morir!
Fue tanta la impresión, que sin querer me lo tragué todo de una.
¡Eso todavía fue peor!
Empecé a toser, y a escupir a todos los presentes, incluido Toti.
Como diría abuela: “Esas cosas pasan por atolondrada”
Con los ojos saltándose de mis órbitas, y un salame atrancado en la garganta, me dirigí con paso rápido al toillete, (¿para qué me hago la fina? ¡Al baño!)
Una vez repuesta, y con todos aquellos manjares ya digeridos, decidí aprovechar que estaba ahí para peinarme.
¡Qué pelotuda!
Fue todo cuestión de abrir mi carterita, (mi bolso, ¿me entendés?), para que mi vecina, (la que habían premiado, ¿te acordás?), mirara en su interior. La desgraciada clavó sus ojos en mis preservativos, y luego hizo una risita mordaz. ¡De envidia, seguro! ¡Qué bien le hubiera venido una cartera como la mía, catorce años atrás!
Con vecina, o sin vecina, con bolso o con cartera, yo no me dejé intimidar. La verdad es que, quizás por la poca luz, o por el espejo miserable lleno de humedad que había ahí, o, lo más probable, por los dos aperitivos que había tragado con el estómago vacío, me sentía una diosa total. Después de todo, no se trataba de conquistar a mi profe-bombón, ¿entendés? ¡Era Toti! Mi Toti...
¡Pan comido!
Uy... Me llaman a comer. Te la sigo mañana.
yo
***

lunes 29 de octubre de 2007

La historia de Ifi
La novia premiada


Día 26

Pachi:

Hoy se casó mi prima.
¡Qué bajón!
No lo digo por ella, pobrecita, que está preñadísima... ¿Te parece raro el término? Pues cuando yo era chica, mi abuela solía hablar en clave los temas “difíciles” para que yo no entendiera sus chismes. Un día vino con la noticia que la vecina, (una pibita de quince años por aquel entonces), estaba preñada. Lo dijo susurrando, y mi vieja se escandalizó al escucharla. Por fortuna para mi vieja, yo siempre fui medio caída del catre, como dicen en el pueblo, (literalmente significa: caida de la cama, pero quiere decir que uno es una dormida, o, en el mejor de los casos, muy cándida) En vez de “preñada”, entendí “premiada”. Así que cuando comenzó a hacerse evidente lo que le ocurría a mi vecinita, a mí me quedó claro que no siempre era necesario comprar la lotería para sacar el premio gordo.
Esa inocencia mía, (que por cierto siempre me fomentaron en casa), terminó salvando a mi santa madrecita de algunos papelones, (vergüenzas) Como aquella vez con la abuelita de mi prima que, con ochenta y cinco kilos, había decidido ir al balneario con bikini. Yo, que para aquel entonces tenía apenas cinco años, me acerqué, contemplé su panza, (=vientre), y le dije con seguridad: “¡Qué premiada que estás, nona Adela!”
Como yo estaba parada justo debajo del colchón de grasa que sobrevolaba la parte inferior de su malla, la buena mujer no me entendió. Y aunque los demás presentes sí, por fortuna nadie preguntó.
La segunda vez que usé esa palabra, (siempre me gustó lucirme como una persona culta, aunque no levantara más que un metro diez del piso), fue con el cura del pueblo, Don Venancio. ¿Te acordás?... Durante toda la Misa no había podido sacarle los ojos de encima al gran bulto que escondía su sotana. Así que cuando mis viejos fueron a saludarlo, yo, con ese pitidito vibrante que suelen tener los chicos, le grité: “¿A usted, Padre, lo premió Dios?”... Yo quería saber, nada más. Y como el hombre no tenía esposa, y estaba todo el día “Dios esto, Dios aquello”, saqué mis propias conclusiones.
Lo que no entendí hasta dos años después, fue el motivo por el cual el viejo se había emocionado tanto al escucharme, muerto de satisfacción. Y es el día de hoy que todavía está convencido de que soy una santa.
Y, la verdad, no está tan equivocado...
Paso a contarte:
Lo primero fue el vestido. ¡Un horror!
Mi mamá había tirado los viejos, (incluso uno azul, que me encantaba), porque pensaba que eran anticuados. ¡Qué pavada! ¡Si ahora la década del setenta está de última moda! Ponés cara de superado, y decís que es vintage, y que lo pagaste una fortuna. Es más, estoy segura que en algún sitio de la ciudad debe estar mi compañerita “Diana la malvada” comprando uno de los modelitos que mi vieja tiró tan desaprensivamente.
Cuestión que el único que podía usar era uno de mi prima Titina... ¿Te acordás de ella? Sí, la hija de mi tío Tato, que es hermano de Toto, mi papá. Es decir que si hilás toda la frase, resulta algo como que Titina, la hija de Tato, le prestó a su tío Toto un traje para su hija Titi, que es la novia de Toti.
¡Puaj! Vivir en un pueblo es un bajón.
No nos engañemos. Los vestidos prestados son siempre una garcha, (no te lo traduzco, pero por las dudas nunca lo repitas delante de tus padres) Titina es re-gorda. Pero mientras que eso para mí significa pesar cincuenta y seis kilos, en mi dulce primita no baja de los ochenta. El vestido, aparte de horrible, me quedaba gigantesco. Y quizás por el tamaño, era re-escotado. Y como el modelo era de espalda descubierta, se me veía el orto, (= el culo)
Mi vieja, como siempre, empezó a desesperarse. Faltaban apenas veinte minutos para que empezara la ceremonia, y yo estaba en pelotas, (= en ascuas) Literalmente en pelotas, (=desnuda)
Yo, en cambio, que nunca fui tal hábil como práctica, saqué a relucir mi nunca bien ponderada ristra de alfileres a gancho, (imperdibles, bah) Toda mi ropa, (incluida la interior), tiene al menos uno. Los uso en vez del hilo y la aguja. ¡Son tan prácticos!
Al principio mi santa madrecita se horrorizó. Pero cuando ya iba por el quinto, el maldito vestido comenzó a tomar forma. Y al terminar, casi te diría que no estaba tan mal. Lo único era el corpiño. Yo no soy precisamente chata, pero ahí había lugar como para cuatro tetas como las mías.
Ya se escuchaban las campanadas de la Iglesia. ¿Creerás que entré en pánico?
¡Por supuesto que no!
Agarré, (=tomé), un par de medias de mi hermano, de esas bien gruesas que se usan para jugar al football, y me las calcé con arte, una de cada lado y convenientemente enrolladas para así resaltar las dotes que me ha dado Dios.
Satisfecha, me dirigí hacia la ceremonia.
Pero eso te lo cuento mañana, porque hoy me estoy cagando de sueño, (cayendo de sueño, para ser más fina)

Chau!

Ifi

viernes 26 de octubre de 2007

La historia de Ifi
Heidi en la dimensión desconocida

Día 25

Ifigenia comunicándose desde la dimensión desconocida.
¡Qué bajón! No entiendo nada.
Es como si un grupo de alienígenas se hubiera apoderado de toda la gente que conozco.
Te cuento, para que puedas juzgar si la loca soy yo, o los demás.
Me bajé del micro, y caminé hasta casa. O, al menos, hasta la dirección de mi casa.
Ahí, para mi sorpresa, salió a recibirme alguien que decía ser mi mamá. Y si bien se parecía un poco a ella, estaba mucho más flaca , y vestida a la moda. Tampoco sus actitudes eran las mismas que las de mi vieja: en vez de arrastrarse hasta mí, pegó un salto atlético. Mi cara de sorpresa debió ser evidente, porque de inmediato se justificó diciendo que estaba haciendo... ¡Pilates! ¿Podés creer? Yo la escuchaba hablar, pero no le entendía. En vez de chismear sobre la vida de todos, me empezó a contar sobre unos cursos que había empezado. ¡Cursos!!!! ¿Desde cuándo mi vieja hace cursos?
Era demasiado raro. Era como..., no sé, como si de repente tuviera una vida.
A esas alturas lo único que yo quería era correr escaleras arriba, y refugiarme en la dulce soledad de mi cuarto, como solía hacerlo cuando era chica. Siempre amé mi cuarto. No sólo sus ventanas, (todas con vista al jardín), sino también hasta el piso de madera. Claro que muchas tablas estaban sueltas desde mi infancia, pero yo conocía tan bien su geografía, que cada vez que llegaba tarde podía recorrerlas sin pisar ninguna que me delatara, aunque estuviera con la luz apagada y varias copitas de más.
Sí, siempre amé mi cuarto. Claro que no todo lo que había en él. Por ejemplo, ahora arrancaría sin pensar el póster de Brittney Spears, y el de Justin Timberlake, (como ves, hasta yo he hecho alguna locura en mi juventud) Pero, fuera de eso, aquel lugar era perfecto. Y digo “era”, y no “es”, porque el pobrecito ya no existe.
En efecto, como tantas cosas de mi pasado, mi cuarto desapareció en las turbulencias del tiempo.
¿No se supone que eso sólo le pasa a la gente cuando ya tiene un futuro, o, al menos, un presente?
¿Por qué a mí, entonces?
Cuestión que mi viejo, (=papi), revoleó mi cama, arregló el piso, (¿ahora se acordó?), e instaló un televisor GIGANTE.
Encima, cuando le dije que no me gustaba el maldito aparato, se ofendió porque lo llamé televisor, y no PANTALLA. Como sea, esa cosa es monstruosa.
Tampoco el hermoso sillón inglés en que me quedaba dormida estudiando, sobrevivió. Por obra y gracia de algún desalmado, se convirtió en uno de esos adefesios modernos, como los que tienen en la serie “Friends”. ¡Qué bajón! ¡Si al menos lo hubieran traído con un Chandler incorporado...!
Mi adorada 486 también ha desaparecido. Y junto con ella, los archivos de mis primeros poemas. Por supuesto, nunca hice un back up, (¿quién lo hace?) Y ahora te escribo desde una Pentium IV reluciente y aburrida. ¿Sabés qué? Estoy re arrepentida de no haber salvado nada. Y no por mis poemas, (por lo poco que recuerdo, eran bastante malos) Mi infancia, como mis archivos, está perdida en algún lugar del basurero, junto con mi 486, mi cama, mi sillón, y mi mamá gordita y querendona.
No te digo “¡qué bajón!, porque esto ya supera el bajón, para convertirse en una catástrofe...
¿Qué falta ahora? ¿Descubrir que mi papá se unió a un club de lectura? ¿O que mis hermanos contribuyen con un centro de lucha por los derechos de la mujer?
¿Estaré dormida, y esto no será más que una pesadilla?
¿O seré, (como presiento), una dormida a tiempo completo?
Por suerte mañana llega al pueblo Toti, (alias “el ex con el que nunca corté”) Él, (¿te acordás que era un cerebrito?), estudia en el Balseiro, en Bariloche..., algo de energía nuclear, creo. Sé que si te bochan, (=te hacen mierda; = te reprueban), ¡sonaste!, (es decir: te rajan sin ninguna piedad, y te echan a los perros)
Yo, por las dudas, ya saqué y metí tres veces los preservativos de mi cartera, (o como vos le debés decir: bolso) Los saqué para que mi vieja no me los pescara, (porque en lo metida no cambió), y los metí porque no quería olvidármelos. Como los boy-scouts, prefiero estar siempre lista.
Como sea, mañana domingo es el casorio... (¡qué antigüedad! Ni mi abuelita dice así)
Es por la mañana, pero la fiesta dura hasta bien entrada la noche. Espero que Toti llegue temprano, y que venga de humor, porque a estas alturas ya me siento un tanto avergonzada de ser la única en el pueblo que no ha cambiado.
Disculpá la lata, pero como acá nadie me corre... Y yo escribo como hablo: ¡hasta por los codos! Y si estoy nerviosa, como ahora, todavía más.
Me voy a comer unas milanesas bien finitas, con puré del posta. Nada de esos copos disecados que vienen en paquete, y que te venden en lugar de papas. Puré, como sólo mi mami sabe hacerlo. Ya te
Mi viejo me avisa que ya está la comida.
Y con eso no se juega.
¡Chau!

Ifi

***

miércoles 24 de octubre de 2007

La historia de Ifi

Con la frente marchita

Día 24


Pachi:


Te escribo desde un cyber, (=lugar donde se alquilan compus =PCs), en medio de la ruta y de la nada. La verdad, la verdad, es que anoche no pude pegar un ojo. Me siento como Carlos Gardel cantando el tango:

“Volver, con la frente marchita,
las nieves del tiempo platearon mi sien.
Sentir que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada...”
Claro que, en mi caso, mis sienes permanecen iguales, y veinte años son... ¡un bajón!
Volver al pueblo me da vértigo. Reencontrarme con Toti, (mi “ex”, ¿te acordás?), con mis hermanos, mi cuarto, y todo lo demás, va a ser raro. Como volver el tiempo atrás. ¡Y yo estoy tan distinta! Vivir sola en una gran ciudad como Buenos Aires me abrió la cabeza. La facu, (=facultad), me abrió la cabeza.
¡No way! No hay forma de que el pueblo vuelva a atraparme. Te digo esto porque anoche, mientras daba vueltas en la cama y miraba la tele, llegué a la conclusión que este “viajecito” era una trampa de mi vieja, (=madre), para recuperarme. Ella estaba re pegada a mí, ¿sabés? Pero ¡lola!, (=lo lamento), yo ya estoy “en otra”
¡Ay!, ¿sabés lo que no te conté?: como acabó la historia de la pendeja, (alias chica masca chicles), a la que le dije que “el bruto” se había muerto. ¡No me lo vas a creer! La muy marmota, junto con tres pelotuditas más, se tomaron el cole, (=colectivo, =bus), y viajaron durante hora y media, flores en mano, para rendir postrer homenaje a su galán. ¡¿Podés creer que las muy boludas cruzaron la Plaza de Mayo, (sí, la misma que aparece en la película “Evita”, o en cualquier documental sobre la Argentina), y se dirigieron con paso firme rumbo a Balcarce 50?! Ni siquiera el que la casa mortuoria fuera enorme y rosada las hizo sospechar.
El granadero de la puerta, (¿te acordás de los granaderos? ¿No es cierto que se los ve re lindos con su uniforme y su sable?), en vez de quedarse quieto y callado, como se supone, se les rió en la cara, y les dijo que allí, lejos de haber muertos, estaba repleto de “vivos”, (o avivados)
¿Creerás que la cosa quedó ahí? ¡Por supuesto que no!
¿Acaso no te dije que las chicas estaban enamoradas del bruto?
¿Qué clase de inteligencia puede albergar alguien capaz de semejante disparate?
La cuestión es que, en vez de darse cuenta de que todo no era más que una cargada, (una burla), pensaron que la dirección no era la correcta, y se fueron con todo y flores a lo de Ine, (y eso que ya debían estar algo marchitas después de más de dos horas de viaje), y casi se mueren de un ataque cuando el mismo “bruto” les abrió la puerta, vivito y coleando.
Recién entonces se avivaron que su pito, (su sexo, bah), y lo poco que tiene pegado a él, estaban a salvo.
Claro que ahora la que corre peligro soy yo. El bruto me está buscando para asesinarme.
¡Pero fue él quien empezó!
Uy... Me están llamando para subirme al micro. Ya tengo todo: el pasaje, la revista de crucigramas, dos alfajores de maicena, con muchísimo dulce de leche, y, por supuesto, el mate.
De más está decirte que entre el pasaje no viaja mi príncipe azul. Ni siquiera, aunque más no fuera, su paje.
¡Qué bajón!
Besos
Ifi

lunes 22 de octubre de 2007

La historia de Ifi

La miseria del hombre

Día 23


Pachi:


Como podrás imaginar la hazaña del ladrón de galletitas no quedó impune. Mi venganza fue inmediata. Aquel maleante, manipulador, mentiroso, no terminaba de abandonar el lugar del hecho, cuando sonó el timbre del teléfono. Como siempre, era una de sus admiradoras. ¡Llaman por decenas! Lo curioso es que, a pesar de que el bruto ya cumplió veinticuatro, todas sus nenas tienen voz de quinceañeras. ¡También!, ¿qué mujer hecha y derecha se fijaría en semejante ejemplar?

Cuestión que yo me apuré a atender. Ine me miró extrañada, porque no soy del tipo de tomarse esas atribuciones en casa ajena, pero me dejó hacer.
Unos grititos agudos perforaron mi tímpano. “Habla Ivana, ¿me das con Juani, please?”, chilló aquella sirena ambulante.
“¿Juan Pablo?”, le contesté con voz de circunstancia, “¿Vos querés hablar con Juan Pablo?”
“ÑÑÑ”, respondió la estúpida, que debía estar mascando un chicle, porque no se le entendía nada.
“¡¿Cómo?!!!! ¡¿No te enteraste?!, le respondí.
“ÑÑÑ”
“Juan Pablo se murió, pobrecito”
“¡¡¡¡ÑÑÑ!!!!!”, se escuchó del otro lado.
“El domingo. El pobre chico estaba corriendo una carrera de autos. ¿Viste que él corre, no? Bueh, mejor dicho, corría, porque ahora... Cuestión que estaba dando la cuarta vuelta, cuando el auto estalló en mil pedazos... No quedó nada del pobrecito. Lo único que pudieron rescatar fue su sexo”
“¡¿Su sexo?!!!”, preguntó espantada Ivanita, que para entonces debía haberse tragado el chicle.
“Sí, su sexo”, repetí yo con voz trágica.
“¿Y lo van a velar?”, insistió la chica envuelta en llanto.
Pero no me conmovió ni un poquito.
“Como sólo quedó su miembro, y no era gran cosa, ¿viste?, van a hacer algo simbólico. ¡Total! ¡Su pito cabe en una caja de fósforos!”
¡Qué actuación! No hay duda que lo mío son las tablas.
No me juzgues mal. Al final no fui tan turra con Ivana. Cuando me pidió la dirección del velorio le dije, sin dudar, “Balcarce 50”. Como entenderás, hasta alguien como ella podía darse cuenta de que la estaba jodiendo. Hasta el más idiota sabe que esa es la dirección de la casa Rosada. Y si a esta altura de la democracia todavía ignora el lugar adonde trabaja el presidente de su país, se merece sus desventuras.
Bueno, mejor te dejo. El hurón está mirando.
Ifi (alias: la Charlize Theron del subdesarrollo)
***

martes 16 de octubre de 2007

La historia de Ifi

El bichito del hambre


Día 22


Hoy, para alegría de todas mis amigas que me cargan con él, (es decir, se burlan), me dediqué a joder al bruto. Bueno, en mi defensa, tengo que confesar que fue él quien empezó. Yo, pobre, santa, inocente, había ido como todos los días a estudiar a la casa de Ine, (alias la hermana del bruto), llevando mis famosas galletas de coco para amenizar la tarde. Claro que no siempre tienen coco, porque, (en eso arrastro la costumbre del pueblo), cuando no hay, no hay. Ayer no había, así que hoy las galletas de coco tenían canela, pero estaban ricas igual. O al menos eso es lo que creo, porque no llegué a probar ninguna. ¡Cerdo!
Bastó llegar a la casa de Ine con el paquete para que el bruto se atrincherara, a la expectativa. Le encantan mis galletas, pero más le gusta joder, (=molestar). Pero esta vez yo estaba decidida a no darle ni una. ¡No después de lo que me había dicho la noche del baile!
Con Ine comenzamos a estudiar y, en un descuido, él emergió de las sombras como muerto vivo en busca de cerebros. Pero como mis reflejos son muy buenos, me apuré a levantar el plato, y dejarlo pagando, (como un idiota, bah). Por supuesto volvió a manotear, y sin que me diera cuenta ya estábamos disputando una final de rugby entre los dos, con el plato como pelota. Tirábamos sillas, corríamos por todo el comedor. Como te dije, él es alto y atlético, pero yo, habiendo padecido los horrores de dos hermanos que más parecían hermanastros malvados, siempre supe como defenderme. Sin embargo, por un segundo logró arrebatarme el plato, con todo y mantelito, (suelo ponerle un mantelito encima, por si las moscas). Su victoria fue breve. Le encajé de inmediato un flor de pisotón, y pude recuperar el preciado botín. Enseguida me atrincheré en una esquina del cuarto, escondiendo las masitas a mi espalda. La única forma de sacar una era tocándome, y el bruto podrá ser idiota, pero no es suicida.
Por un segundo reinó la calma. Enojado, me dijo que me metiera las galletas en el culo, (¡tarde!, porque ya lo había hecho), y se fue. O, al menos, eso creí. Porque ni bien volví a ubicar el plato en medio de la mesa, sentí su voz, (¿voz?, ¡vozarrón!). “¿Las van a comer igual?, preguntó. Con Ine nos miramos, pensando que quizás, en un descuido, las había escupido. ¡Pero no!
“Tienen un bicho”, nos dijo con cara triunfante. Yo no le creí, así que levanté el mantelito..., ¡y ahí estaba! Una cosa negra, con antenas y patas, que me miraba fijamente.
No suelo ser muy quisquillosa. En mi casa siempre maté las cucarachas con la mano, pero aquel bicho..., no sé... Tiré el plato hacia un costado, mientras que Ine se subía a la silla, y gritaba como desaforada.
“¿No las quieren, entonces?”, preguntó el bruto con fingida inocencia. Luego se aproximó, levantó el plato de las galletas, y.. ¡empezó a comérselas!
Ine seguía gritando, histérica. “¡Qué ricas!”, decía él, mientras usaba el mantelito bordado por mi mamá como servilleta.
Y entonces sospeché. Aquel bicho me había dado asco porque era muy raro. Demasiado raro. Demasiado estático. ¡Era un bicho de plástico, que el muy turrito había plantado en mis galletas! Para cuando me di cuenta, ya no quedaba ni una.
¡Qué bajón!
Como te imaginarás, la cosa no quedó allí.
Pero eso te lo cuento mañana. Hoy el hurón está descontrolado.

Besos

Ifi
***

lunes 15 de octubre de 2007

Una breve pausa en la Historia de Ifi.

Hoy se nos ha pedido a los bloggers que llevemos a nuestras páginas alguna reflexión acerca del medio ambiente. Si me permiten, he de transcribir unas pocas líneas de “A través de mis ojos”, capítulo final de la saga “Pequeños Pecados”. Para los que no la han leido, se trata de la historia de Fernando Aguirre, un médico de ciudad, (Buenos Aires, Argentina), que, por la exigencia de su novia, decide un día hacer una pausa en sus ocupaciones, y ofrecerse como voluntario.
Por supuesto, por tratarse de una novela de ficción, todos saben que sus protagonistas, por mucho que se inspiren en gente de carne y hueso, no son personas reales
Lamentablemente, la desgracia relatada en sus páginas sí lo es.
Ocurrió a principios de este año, y de seguro volverá a ocurrir una y mil veces, porque nadie hace nada para evitarlo...
¿Podremos cambiar juntos esta historia?


Fragmento de “A través de mis ojos”

—Mientras tú te preocupabas por las histerias de tu protegida, miles de argentinos lo han perdido todo.
—¿Qué dices?
—¿No te has enterado de lo que ocurrió en la provincia de Tucumán? La gente está cercada por el agua y el barro. Las lluvias han empujado la tierra de los cerros hasta los poblados más humildes. Se esperan todo tipo de epidemias, tú sabes, cólera, dengue..., hepatitis. Lo usual. Y la situación sanitaria ya es muy mala, sin necesidad de una desgracia. Desde temprano que están pidiendo médicos...

....
Sí, mejor no pensar...
Tenía unas nauseas insoportables, y la lluvia fría cayendo sobre su cuerpo no lo dejaba entrar en calor. El tipo de la lancha, por el contrario, no parecía estar incómodo, a pesar de que llevaba el torso desnudo.
No pensar...
—¿Siempre llueve así? –preguntó Fernando por distraerse.
—Llover siempre llovió. Esta es zona de selva. “El jardín de la república” lo llamaban cuando yo era chico. ¡Pero ahora!... ¿Sabe que aquí, en las provincias del norte, desmontan una hectárea de bosque cada dos minutos?
—¿Desmontan?
—Talan lo árboles para sembrar soja transgénica, u otra de esas porquerías. Como ya han desforestado todo el Brasil, ahora vienen por la Argentina. Y siempre encuentran un político dispuesto a vender lo que sea.
—Y sin árboles...
—Sin árboles no hay nada que pare la lluvia y el barro. Y aquí la gente no vive en medio del lujo. Hace unos meses vinieron de la Capital y armaron un escándalo por la nenita que lloraba porque no tenía para comer. Pero la verdad es que en los pueblos la mayoría ya no tiene ni fuerzas para llorar. Y encima, esto....
—Pero si ustedes los votan, no tienen derecho a quejarse.
—¿A quién votamos?... Cuando hay hambre no hay democracia.



Escribo estas lineas desde una Buenos Aires que apenas ha visto el sol en semanas. Para los que no la conocieron, les cuento que nuestra ciudad solía tener primaveras gloriosas. A esta altura del año ya todos lucíamos bronceados.
Ahora el sol lastima. Proliferan las camas solares, los paraguas y el mal humor.
Y entre tanta agua, yo me pregunto:
¿Serán gotas de lluvia, o simplemente lágrimas?

Clara Voghan

viernes 12 de octubre de 2007

La historia de Ifi


Una situación embarazosa


Día 19

Pachi:
Hoy recibí carta de mi vieja. Y cuando te digo “carta”, te hablo de una carta posta, con todo y estampilla, porque a mi santa madrecita eso de la tecnología no le va.
Parece que, por muy increíble que parezca, hasta la “bolas tristes” de mi prima se casa.
Según me dice mi madre en su carta, la situación entre ella y su novio se había puesto un tanto embarazosa, por lo que el novio se vio obligado a precipitar los acontecimientos, (luego de enfrentarse con mi tío, mi papá, mis primos y mis hermanos, que parecían bastante dispuestos a “precipitarlo” a él si no aflojaba) Aquí en Buenos Aires a lo sumo se hubieran ido a vivir juntos, pero ahí en el pueblo... ¿Te acordás?, si no te casas con el padre de tus hijos, (o, al menos, el estúpido designado), todos te miran con mala cara.
Cuestión que el miércoles es el Civil, y el sábado la Iglesia. Y mi vieja insiste con eso de que vaya. ¡Quinientos kilómetros para presenciar en primera fila la vida “careta” y cínica del lugar en el que nacimos!
¡Qué bajón!!!!
Estoy segura que mi mamá tiene segundas intenciones al insistir tanto. Para mí que lo hace para refregarme la ceremonia en la cara, y que tome ejemplo. O para que reavive mi amor por Toti, (alias Calculín, el Culín). Después de todo, él y yo nunca cortamos formalmente. En teoría seguimos siendo novios. Ya puedo imaginarlo: voy ahí, él empieza a suspirarme al oído, y yo termino aflojando. Por las dudas llevo forros, ¿no te parece? Después de todo, aunque más no fuera por esperarme tanto, creo que Toti se merecería ser el primero... ¿O será que ya estoy muy desesperada?
No sé. Desde que me llegó la carta no puedo dejar de pensar. Miles de dudas se amontonan en mi pobre cerebro... ¿Seré capaz de acostarme con Toti después de tanto tiempo?; ¿podrá ser mi primer novio mi primer hombre?; ¿será nuestro destino el pasar la vida juntos?; ¿me entrará el vestido de fiesta que usé para el casamiento de la prima de mi prima, o tendré que pasar de nuevo por la ignominia de usar uno de mi mamá?
Como ves, mi vida es un misterio difícil de resolver. Te dejo, para seguir pensando. O quizás sería bueno que dejara de “azotarme”, como me dijo mi amiga Isabel, una de las chicas del Blog... Pero ya ves, la carne, (en mi caso el cerebro), es débil.

Besos


Conflictuada, (alias Ifi).***

martes 9 de octubre de 2007

La historia de Ifi

Harry Potter en el medioevo
Día 18

Pachi:
¿Te hablé de mis amigas del blog?
Cada vez que menciono al “bruto”, (=hermano de Ine=futuro ingeniero), ellas me gastan, (=me cargan =me joden =se burlan).
¡Cómo si a mí me pudiera gustar semejante metrosexual del subdesarrollo!
¡Imaginate! El pendejo representa todo aquello de lo que intenté escapar al venir a Buenos Aires: un tipo aburrido, insensible, orgulloso, ¡igualito a mi viejo y mis hermanos! Salir con alguien así es siempre un bajón. Ponele, ir al cine... ¿Podría arrastrarlo a ver algo cuyo argumento no incluyera las palabras “fuck you”, “motherfucker”, o “asshold”. ¡Imposible! Y, para colmo, las películas de acción, a pesar de ser aburridísimas, no te dejan dormir por tantas corridas y explosiones.
¡Y de libros, mejor no hablar!
¡Y el fútbol!!!! ¿Te acordás lo que son los argentinos con el fútbol? En época de campeonato no piensan en otra cosa. ¡Y siempre hay un campeonato! Está el torneo de apertura, el clausura, el mundial, el mundialito, ¡hasta el mundial gay! Un macho argentino que se precie, cuando su equipo favorito gana, no te puede dar bolilla, (= hacer caso), porque está muy ocupado verdugueando a los caídos. ¿Te definí “verduguear= burlarse”?... ¡Pues te lo expliqué mal! Porque significa mucho más que eso. Es gozar la desgracia del otro como sólo un reverendo hijo de su madre podría hacerlo. Cuestión que cuando a nuestros varones les llega el turno de poner la cabeza en la guillotina, por culpa de los pies de los jugadores, tampoco te dan bolilla, porque están muy deprimidos.
¡Qué bajón!!!!!
Por fortuna a Rubén D. no le gusta el fútbol, (Rubén D. es el nombre de mi profe= dios del Olimpo =Harry Potter del Medioevo) ¡Me quiero morir! ¿No estuvo romántica la vieja? Porque con Ine estamos seguras que la “D.” es de Darío.
Te preguntarás como sé que a mi profe-bombón no le gusta el fútbol, si casi no le hablo... ¡Fácil! Al principio del año jugó la selección nacional contra... ¡vaya a saber Dios quién! Cuestión que, como siempre, el país entero se paralizó. Pero él, mi bomboncito, dio clases como si nada. ¡Creo que ahí me enamoré!
¡Es tan lindo!
¡Lástima que en el parcial me fue para la mierda!
En fin..., no se puede todo en la vida.
Hasta mañana

Ifi

lunes 8 de octubre de 2007

La historia de Ifi

La maldad contagiosa
Día 17

Pachi:
Vos debés pensar que soy una chusma bárbara, (una metida, bah), porque ya estamos a miércoles, y no he hecho más que hablarte de la vida de los demás. ¡Acostumbrate! A mí nunca me pasa nada. Y, además, por ser la facultad de Letras un reino de mujeres, se vive rodeado de víboras, y uno se contagia.
Hoy, sin ir más lejos...
Todo el mundo conoce a “Madame le Idioté”, y casi nadie ignora que su novio es el re millonario Carlín. Cada dos palabras ella lo menciona. Si alguien dice que está por llover, ella cuenta que su novio, “Carlín Sobrado”, (porque siempre se refiere a él así, con nombre y apellido), compró un auto descapotable. Si te quejás porque tenés hambre, ella no para hasta relatarte con lujo de detalles el lugar adonde el buen Carlín Sobrado la llevó a comer el día anterior. Es como si el muchacho fuera el centro del mundo. Algo así como que si vos le decís “Bin Laden habría sido el responsable de la caida de las Torres Gemelas”, ella te responde “mi novio, Carlín Sobrado, cuando viaja en avión, siempre lo hace en primera clase”
A veces pienso que el único motivo que tuvo para no dejarlo después de haberse enterado de su infidelidad fue porque, de hacerlo, se hubiera quedado sin tópico de conversación.
La cuestión es que hoy aparecieron unos extraños carteles pegados por los pasillos. Una rima estúpida, impropia de una facultad de Letras, pero bastante pegadiza.
El versito decía esto:
“A Carlín, con disimulo,
por ser tan bueno y tan boludo,
es que hoy lo bautizamos
con el nombre de cornudo”
¡Qué gente mala! Creo que mi amiga Jeny, del Blog, tiene toda la razón del mundo cuando dice que tengo que cuidarme de esas brujas.
Algunos acusan a “Diana, la malvada”, otros “al Cardo”. Yo, en cambio, sonrío. Y es que, como te dije, la maldad es contagiosa.
Mejor acabo acá. Hoy te la hago corta porque tengo parcial de Medieval, y todavía no estudié nada. Y es que cada vez que empiezo con el Cid, termino con Harry Potter. Es decir, cada vez que empiezo con El Cantar, me pierdo en los ojitos miopes de mi profe soñado. La verdad es que mis amigas, (esas que me escriben al blog), tienen razón. No puedo acostarme con cualquiera, sólo por probar. Algo, aunque sea un poco, el tipo me tiene que gustar.
¡Y mi profe me encanta!!!!!!!
Bueno, ahora de verdad te dejo.
BesitosYo (alias “Ifi la malvada”)

sábado 6 de octubre de 2007

La historia de Ifi

Sófocles cibernético


Día 16


Pachi:

Ya es martes, y todavía no te conté lo que pasó después de la “fiestita” del sábado.
Como te imaginarás, la “idiota mayor” no sería merecedora de semejante título de haber dejado impune al basilisco, (alias “Diana la malvada”, alias “la amante del novio de la idiota mayor”). Durante la semana anterior, mientras yo me regodeaba contándote acerca del único día del año en que me había pasado algo, las demás, por supuesto, siguieron con su vida.
El lunes posterior al baile llegué a la facultad esperando con ansias la reunión de las dos “amigas”. Había llevado pochoclos, (pop corn), para así poder disfrutar de, lo que anticipaba, iba a ser el encuentro pugilístico del año.
¡Qué va! En eso se nota que soy de un pueblo. Yo voy de frente. Ellas, en cambio, llegaron a los besos. Según me contó “el cardo”, (en realidad me murmuró, mientras con asco intentaba no mirarme), el día anterior las “chicas” se habían encontrado para aclarar los tantos, y llorárselo todo. Así que el lunes...
Pero eso fue sólo el lunes.
El martes, (hace ya una semana), la idiota mayor llegó con cara trastornada. Más que un personaje dramático, parecía heroína de telenovela. Tenía carita de pelotuda atómica, onda “a mi nadie me quiere”. En resumen: daba lástima.
Yo la veía sonarse la nariz, y enjugarse algunas lagrimitas, mientras mi profe-bombón hablaba. Más que clase de Medieval parecía una de Griego. Y es que aquella era una tragedia digna de un Sófocles cibernético. Al parecer “alguien” había “hurtado y/o robado” el celular de Diana, y había subido a la red las imágenes más comprometidas ocultas en el aparatito. Claro que lo que no cerraba en esa historia era el motivo que había tenido ese “alguien” para tomarse el trabajo de editar el videito candente, a fin de que no se viera el rostro del caballero a quien la generosa Dianita le estaba brindando tan íntimo servicio. ¡Qué conveniente!
Sin embargo, “Madame le idioté” ponía su mayor cara de Idem, mientras exigía simpatía por ser víctima de aquel proceder rastrero de la que, hasta entonces, había considerado su mejor amiga. Y para obtenerla, no dudaba en brindar la dirección exacta en que se podía ver tal infamia. Bue, en realidad, eso a nosotras. A los profesores, en cambio, y a todos lo otros que no sabían que el protagonista masculino del video era su novio, (y, aunque no lo creas, todavía futuro marido), simplemente les alcanzaba la dirección de You tube, fingiendo estar escandalizada por la actitud desfachatada de su compañera.
En cuanto a la filmación que ella estelarizaba, de más está decirte que el miércoles anunció que había llegado a manos de su novio, (=futuro marido= cornudo reciente). Por supuesto, culpó a “la malvada”, pero nadie me quita que también fue ella.
¡Me da lo mismo! Madame le Idioté, y su novio Carlín, son tal para cual, y el día que se casen podremos decir que fueron creados el uno para el otro.
El hurón mira, y esto ya está larguísimo.

Besos


Ifi

miércoles 3 de octubre de 2007

La historia de Ifi

La dieta de los bombones


Día 15
Pachi:
Lunes otra vez.
Después de mi aventura en el boliche quedé mal. No te miento, sé que, a pesar de lo que dicen mis amigas del blog, soy demasiado vieja para ser virgen. Pero a estas alturas debo concordar con ellas en que no soy capaz de irme a la cama con cualquiera.
Pero hay algo más...
Estuve toda la noche sin dormir, pensando.
¿Sabés?, nunca me sentí demasiado atraída por un chico, y eso me da un poco de miedo.
¿Acaso se puede ser lesbiana sin saberlo?
Todo el día me explotó la cabeza con ese asunto.
Y la culpa de todo la tiene “el bruto”, (=hermano de Ine= metrosexual de cerebro subderrollado) ¿Por qué habrá hecho ese chiste estúpido? ¿Te acordás? Aquello de haber pensado que yo era el novio de su hermana.
La cuestión es que ayer me la pasé mirando raro a mi amiga, y creo que ella se dio cuenta.
Claro que también me la pasé mirando raro al bruto, y creo que él también se dio cuenta, (aunque eso sólo fue porque el muy idiota me miró raro primero; ¿qué le pasará?)
“¿Qué te pasa?”, me preguntó Ine a la media mañana. Por supuesto, no le contesté. Pero mientras estaba distraída, aproveché para mirarle las tetas fijamente, a ver si... , no sé, si sentía algo, o...
¡Nada!
Lo único que me quedó claro es que su corpiño, (o sostén, o bra, o como quieras decirle), está bárbaro, y que, a diferencia del mío, le mantiene todo en su sitio. Mañana, como quien no quiere la cosa, voy a preguntarle dónde lo compró, y, lo más importante, el precio.
¡No! Me parece que no soy para nada lesbiana. Sobretodo considerando que cuando, en la última hora, se me acercó el bomboncito de Medieval, me puse toda colorada.
¿Te hablé de mi profe-bombón?
Es re-lindo. Alto, rubio, re-flaquito. Y lleva anteojos, como yo. A otras podrán gustarle los tipos como “el bruto”: atlético, musculoso, decidido, con aires de ganador, pero a mí, no. Yo soy más del tipo intelectual.
Y, pensándolo bien, creo que ese es mi problema: no soy lesbiana, sino que me gustan los tipos con algo más que pelo en la cabeza. Y esa es una especie en peligro de extinción. ¡Claro que soy incapaz de sentirme atraída por un idiota como mi ex, (alias Calculín, el Culín), o un bueno para nada como “el bruto”. Los dos son verdaderos monumentos a la insensibilidad. ¿O acaso te crees que el aspirante a ingeniero, (=el bruto), no se dio cuenta que me lastimaba? ¿Por qué otra cosa me dijo semejante barbaridad, si no?
No importa. Un día escuché que a la cantante Janice Joplin los cerdos de sus compañeros de colegio la habían votado como “el varón más feo del curso”. ¿Acaso a alguien le importó alguna vez la opinión de esos pelotudos?
De la misma form
Ay... Ahora es el hurón el que mira feo. Y, para mi desgracia, es a mí.
Me tengo que ir.
Besos
Ifi
¡Pará! Después de lo que dije de ser lesbiana, no pienses que
Mejor lo dejamos en

¡Chau!

Ifi

lunes 1 de octubre de 2007

La historia de Ifi

¡Qué la inocencia te valga!


Día 12

¿Por dónde estaba?
Ah, si. Te iba a contar acerca de la noche en que perdí mi inocencia.
¡Qué bajón!
Habíamos llegado al boliche, y la idiota mayor, (=la cornuda), lejos de estar entristecida o preocupada, era el alma de la fiesta. No me malinterpretes, habitualmente no me alegraría que alguien descubriera una infidelidad del hombre con el que planea casarse. Pero conociendo a “madame le idioté” no podía sacarme de la cabeza que aquello no era más que un pequeño castigo a sus numerosas faltas. Cuestión que “la dama” no buscaba ni aceptaba consuelo. Por el contrario, fue todo cuestión de llegar, para que saltara al medio de la pista, y comenzara a bailar con sensualidad, haciendo ver a las “chicas” que trabajaban en el lugar como inocentes palomitas. Hubiera creído que lo hacía por despecho, pero “la malquerida” me aclaró que no era la primera vez que su amiga montaba ese tipo de numeritos.
De las cuatro que habíamos llegado allí, era obvio que tres ya habían quebrado. “Madame le idioté” bailaba alucinada, “la malquerida” casi me vomita en el zapato, y “el cardo” dormía la mona, (por la resaca), a mi lado. Yo, en cambio, y a pesar de ser lejos la que más había tomado, estaba fresquita como una lechuga.
¿Acaso es necesario estar en ayunas para quebrar con facilidad?
¿Otra vez una puta pizza sería la culpable de mi desgracia?
Ahora no sólo atacaba mis caderas, sino que me había vuelto invulnerable al alcohol.
¡Qué bajón!
Cuestión que me di vuelta para hablar con “la malquerida”, (que después de aliviarse en el piso ya estaba chupando otra vez), pero en su lugar me encontré con un flaco que comenzó a apoyarme, (si no sabés que significa eso, ¡imaginátelo!)
De la nada el tipo me metió un lengüetazo que me hizo recordar a uno de los cantantes de Kiss, tal como se ve en una revista que mi vieja guarda con sus cosas de juventud. ¡Qué asco! Me moría por ir a casa y lavarme la boca con alcohol.
El aroma a porro era generalizado, pero el pendejo se las ingeniaba para sobresalir del resto. ¡Puaj, puaj, re puaj!
Sacando todo eso, el pibe no estaba tan mal. La ropa era buena, y no se veía feo.
Pero, sin dudarlo, su mayor atractivo era que yo estaba desesperada por dejar de ser virgen.
Por un rato nos estuvimos besando, (creeme, eso suena mejor de lo que en verdad fue), pero después, la pizza y los “sex on the beach”, más la ginebra y la cerveza, comenzaron a hacer efecto.
“Voy al baño”, le dije, a lo que él, muy desilusionado, respondió: “¿Ahora? ¿Por qué primero no esperás a que acabe?”
¿A qué se referiría?
Me levanté rumbo al “toillete”, (¿sabías que en Inglaterra no le dicen “restroom”, y mucho menos “bathroom”, sino simplemente “loo”?)
En el camino juraría que me tocaron cuatro veces el culo, y tuve la certeza que si no me apuraba, iba a perder mi virginidad ahí mismo, y de parada.
Cuestión que fui a hacer lo mío, y cuando estaba saliendo, la vi.
Ahí.
Detrás de una puerta que ni se habían tomado el trabajo de cerrar. Parada, tranquila, como quien está esperando el colectivo, (o el bus, como te guste) A su espalda, un pendejo estaba dale y dale, de lo más entretenido. ¡Te juro!, nunca me voy a olvidar la cara que tenía la idiota mayor, mientras cuidaba que la cámara de su telefonito celular no se perdiera detalle de como estaba siendo culeada por un perfecto extraño, (¡bah!, mejor lo dejamos en “extraño”, a secas) Lo curioso era que cuando se enfocaba ella en primer plano, hacía gestos, como si estuviera muerta de placer.
No te miento, me quedé mirando. Primero porque nunca antes había presenciado en vivo y en directo lo que tantas veces había visto en una pantalla.
Pero además...
Para cuando volví a la mesa, mi pendejo estaba a punto de “acabar” con “el cardo”, (¿estaría ella despierta?)
Detrás de mí no tardó en llegar “madame le idioté”. Me daba vergüenza mirarla a los ojos. Sentía que, de alguna manera, había vulnerado su intimidad. ¡Qué pelotuda! ¡Si lo que ella más quería era que todos se enteraran! De haber podido, lo hubiera transmitido por cadena nacional.
Esperó a que el pibe que estaba con “el cardo” se fuera, nos reunió a todas, y comenzó su relato. ¡Qué historia! ¡Y pensar que la que quiere ser escritora soy yo! No sabés lo imaginativa que estuvo. Su aventura en un rincón sucio, con un fulano emporrado que la hacía bostezar, se convirtió, por arte de magia y sus habilidades para la edición de imágenes, en un encuentro amatorio digno de los dioses del Olimpo. Su amante no sólo había alcanzado sin dificultad el punto “G” de la muchacha, sino también, a juzgar por sus palabras, el “H”, “I”, “J”, o cualquier otro que alguien descubriera en el futuro. Ella se había venido, no una, sino tres veces, en medio del más absoluto delirio.
¡Un horror!
Creeme, esa noche, si bien no perdí mi virginidad, dejé de ser inocente.
¿Acaso todos mienten cuando hablan de sexo? ¿Será esa una parte importante del juego?
Cuando la intimidad se hace pública, surge de inmediato la comparación, y la competencia.
¿Cuál es la verdadera medida del éxito cuando de la cama se trata?
De una cosa estoy segura: no es ese el tipo de sexo que estoy buscando. No quiero sólo abrir las piernas y cerrar los ojos. No me interesa que alguien vea un video y piense que fui feliz, mientras me moría de empelotamiento.
¡Qué bajón!!!!!!!!!!!!
Ifi