La historia de IfiA calzón quitado
Pachi
No sé el día. Después hago la cuenta.
¡NO SABÉS LO QUE ME PASÓ!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
¡Me Quiero Morir!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
¡Te juro que no fue a propósito!
¡Posta! Lo re juro.
Yo la estaba buscando a Ine, porque, mal que me pese, me tengo que mudar. Si, por desgracia me vuelvo a mi casa... Oscura, triste y solitaria.
Pero no me parecía bien irme así como así, sin una despedida, ¿no te parece?
Cuestión que abro el cuarto de Ine y... ¡nada! Vacío. [por cierto: si algún día entran ladrones a la casa, y abren placares y armarios, y tiran todo al suelo, este cuarto no va a verse muy distinto. ¡Y después mi vieja dice que la desordenada soy yo! ¡Porfiiiiii!]
Al entrar al dormitorio de los padres de Ine, toqué primero, porque soy muy educada. Pero también estaba vacío.
La casa de mi amiga es grande, pero tampoco la pavada. Ya había estado en la cocina, en la sala, los baños... Y entonces me acordé del escritorio. Bueno, para ser sincera, más que escritorio es una buhardilla. Pero es linda y luminosa. Por eso, cada vez que había que estudiar, nos peleábamos con el Bruto por ella. Demás está decirte que la mayoría de las veces nosotras acabábamos en la sala.
A ver, te quiero aclarar esto, porque después las chicas del blog me joden, (se burlan)
Eran las once de la mañana. Yo estaba a los gritos: “¡Ine, Ine!”, y mi voz es de todo, menos discreta. No había rastros de ningún ser humano por los alrededores.
Claro, la culpa es mía. Tendría que habérmelo imaginado: el bruto no es humano.
Cuestión que me mandé de una al escritorio, y...
¡ahí estaba él! ¡EN SU VERSIÓN TRIPLE EQUIS!
Sí. Para decirlo sin eufemismos, le vi el culo al Bruto.
Juro que sólo el culo, porque cuando se dio vuelta, cerré los ojos, (¡qué pelotuda, ¿no?!)
Él no paraba de gritar: “¡pendeja de mierda, ¿nunca te enseñaron a tocar?!”
Yo estaba paralizada. Te juro que sólo por miedo me quedé ahí quieta. Y no fui capaz de reaccionar hasta que por fin el mismísimo culo de aquel galán me cerró la puerta en las narices.
¿No es paradójico que el Bruto sea el primer tipo que veo desnudo, en vivo y en directo?
¡¿Justo tenía que ser él?!
¡Me quería morir!... Bah, ¡me quiero morir!
Así que corrí hasta mi dormitorio, (el del Bruto), junté todas mis cosas, y me dirigí con paso firme, (¡qué literaria!), hasta la puerta de entrada de la casa.
Y ahí todo empeoró.
¡Qué bajón!
Imaginate la chica más linda que hayas visto. Bueno, vos debés haber visto muchas, porque antes de, bueno, vos sabés, eras modelo, ¿no?
Pero de este lado del Trópico de Capricornio nuestras beldades suelen ser gorditas y retaconas.
Esta no. Esta es fabulosa. Debe medir como metro ochenta, es re flaca, y tiene unas lolas increíbles, (de verdad, ¿a quién le quiere hacer creer que semejante repisa es natural?), y, como si fuera poco, una carita de ángel triste.
“¿Está Juan Pablo?”, me preguntó.
Al principio dudé, pero no de guacha, sino porque para mí el Bruto siempre fue el bruto. Así, a secas.
Pero además se llama Juan Pablo.
¡Me quería morir!
¿Le decía que se había equivocado de dirección, o asumía la vergüenza de enfrentarme otra vez con aquel culo musculoso?
Sí, porque después de aquel encuentro cercano del tercer tipo, no importa cuál parte de su anatomía esté a la vista, siempre que me encuentre con el Bruto voy a pensar en su culo.
Cuestión que, al final, la carita de la pendeja me pudo, (me conmovió) Pero, más allá de mi buena voluntad, había un pequeño obstáculo: ¿cómo le decía? Me refiero a... siempre que me había dirigido directamente al Bruto, había sido con términos tales como: “pendejo de mierda”, “pelotudo”, “boludín”, etc., etc. Entonces, ¿cómo llamarlo, sin quedar yo como una bestia?
“Te buscan”, grité al final, mientras me asomaba a la escalera. “Romina te busca”
Y como si ese nombre fuera una palabra mágica, en un segundo tuve al mismísimo Bruto, (y su culo), parado frente a mí. Claro que, a pesar de lo gorda que estoy, más parecía mirar a través mío. Como si yo no existiera.
No le llevó más de un segundo encerrarse en la sala con aquel bombón.
Vos pensarás que soy una chusma, (chismosa), pero... ¿qué hubieras hecho en mi lugar?
Fija que la pendeja era la del msn. Y yo había perdido dos días completos de mi vida pensando en ella.
Por desgracia, la casa de Ine es de esas re antiguas, con techos altos y paredes gruesas. ¡No se escuchaba nada!
¡Mierda!
De más está decirte que cuando abrieron la puerta de un golpe, todavía discutiendo, prácticamente me caí sobre ellos. Por suerte lo pude disimular, (o al menos dejame con esa ilusión)
“Me hubieras avisado cómo eran las cosas, antes de que me enamorara de vos”, le gritó la tal Romina al salir.
¿No es raro?
¿Qué cosas? ¿Cómo eran esas cosas?
Como sea, la minita se fue llorando a los gritos, y re puteando.
Cuando cerró la puerta, el Bruto me miró con odio, y me dijo: “Y a vos, ¿qué mierda te pasa conmigo, pendeja? ¿Me estás acosando?”
Yo me quedé muda. Él estaba tan furioso que no me pareció prudente contestar.
“Lo último que me falta”, lo escuché gritar antes de que cerrara la puerta del escritorio.
¿No es paradójico?
A él le sobran, y yo no tengo a nadie.
Como sea, ya me voy de su vida, y de su casa.
¡Estoy re triste, Pachi!
Te escribo desde un cyber, con unas PCs re viejas. Todavía no encuentro el valor de ir a mi depto, (=piso).
¡Qué bajón!
Ifi