jueves 29 de noviembre de 2007

La historia de Ifi


Pretty woman
Día 44

Pachi:

Hoy mi mamá me giró la plata, y sólo por hacerme la interesante falté a la facultad, (porque yo no falto nunca)
La verdad es que al principio no me atrevía ni a mirar vidrieras, (escaparates), porque comprar ropa sola es un bajón. Pero poco a poco me fui animando.
Como estoy más flaca y no tengo panza, las cosas me quedan mejor. Claro que al principio sólo miraba ropa negra y aburrida, pero después me di cuenta que, si vistiéndome como la vieja Ifi me iba para la mierda, tenía que intentar con aquello que nunca me pondría.
E intenté.
Era raro. Entraba a un negocio y preguntaba: “Si vos fueras yo, ¿qué te pondrías?”
Algunas vendedoras me cortaban el rostro, (que turras siempre hay), pero otras se lo tomaban muy en serio. Una, más inteligente que el resto, me vendió medio negocio.
Eso sí, cuando ya me iba, se ve que no aguantó más, y mirándome con lástima me dijo: “Lindo tu pelo... ¿Nunca pensaste en cortártelo, para darle un poco de forma?” Demás está decirte que me recomendó una peluquería.
Pero no fui. No me animé.
En realidad no me animé a nada.
Es decir, la ropa la compré. Las zapatillas, el corpiño, las bombachas, (bragas), unas remeras, (camisetas), re cortas y ajustadas, unas minis, de esas que no tapan nada, los lentes de contacto, unos de sol...
¡Todo!
Lo tengo todo.
Menos el valor para usarlo.
Es como ponerse un disfraz cuando todavía no llegó el carnaval.
¿A vos que te parece?
¿No voy a parecer desesperada si cambio así, de un día para el otro?
¿Vos que harías en mi lugar?
Te dejo, porque alguna vez tengo que trabajar.
Chau

Indecisa

P.D: Todas esas cosas que compré... Mal no me queda.
Raro, ¿no?

miércoles 28 de noviembre de 2007

La historia de Ifigenia Pacheco (alias Ifi)

La venganza de los nerds

Día 43

Pachi:
Después de pasar un fin de semana de infierno, llora que te llora, decidí resurgir de mis cenizas.
El día empezó bien porque, con tanta enfermedad, bajé tres kilos.
Claro que no sé si lo que perdía fue grasa, u orgullo. Pero igual, la balanza y el pantalón no mienten.
Después tomé valor y llamé a mi vieja. Por supuesto buscaba su consejo, pero ya que estaba aproveché para pedirle ayuda financiera. Fue humillante, pero como ya no puedo caer más bajo...
Mi mamá, ¡una divina! Mañana me gira el dinero, con la única condición de que invierta una parte importante en lentes de contacto.
¡Uf! Los lentes de contacto me dan paja. Es decir, ¿no es molesto tener que ponérselos todas las mañanas? ¡Y todo ese quilombo de los líquidos! Soy re vaga para esas cosas. Y, aunque tengo que reconocer que se ve con más claridad, creo que...
¡Qué estoy diciendo!
¿Ves? Ni bien me descuido me salta la vieja Ifi.
Mañana, después de la facu, me voy a ir derechito a la óptica.
Y me voy a comprar ropa. ¡Una pollera bien cortita!, (o una falda, como le dicen ustedes). Algo para infartar a todos los que piensan que soy la hija de Chucky.
Eso sí, las All Stars son inamovibles. Pero me voy a comprar unas nuevas, sin agujeros, y de todos los colores, para combinar.
¡Ah! Y un corpiño, (o sostén, como te guste)...
Y si después de todo eso todavía no me arrepentí, voy a ir a la peluquería. Al menos para depilarme, ¿no te parece? Porque no creo que nadie se anime con mis rulos.
¡Ya vas a ver!
¡Ese Bruto idiota se va a tener que comer sus palabras!
Y, por supuesto, también Ine.
¡Vas a ver como soy muy capaz de encajar!
Besos

La nueva Ifigenia Pacheco(ex Ifi)

lunes 26 de noviembre de 2007

La historia de Ifi

La carta encontrada

Día 39

Pachi:

El hurón no deja de mirarme. Mientras escribo estas líneas estoy meta llora que te llora. Puedo leer en su cara que se muere por decirme que con tantas lágrimas se va a arruinar el teclado, pero seguro que no se anima, porque estoy tan mal, que hasta el hurón me tiene lástima.
¡Ay, Pachi! ¡Mi vida apesta!
¡Horrible! ¡Horrible!
Hoy a la mañana fui a casa de Ine. De verdad me parecía odioso acabar una amistad de años a los gritos.
Por supuesto, a pesar de que eran apenas las ocho, mi ex amiga ya se había ido.
“Fue con las chicas de la facu a un pueblito de la provincia”, me dijo Luz. “Creo que las acompañaba el profesor de Medieval (¡!!!!!!!!!!). Era por algo de unos romances”
En efecto, al comenzar el año mi profe-bombón había propuesto llevar a un grupo a las afueras de la ciudad, para relevar la forma en que se transmitían los antiguos Romances españoles de boca en boca. Una pelotudez, porque acá en la Argentina, tan pegaditos como estamos a la cumbia y al merengue, ya nadie se acuerda de la pobre Catalina, que estaba sentada bajo al laurel, mirando la frescura de las aguas al correr, esperando a su marido, que a la guerra el se fue (¿de qué se quejaba? Al menos tenía marido)
¡Mil veces le había propuesto a Ine anotarnos en esa! No tanto por los romances medievales, sino por mi romance con el profe de medieval.
Mil veces Ine se había negado. Toda excusa era buena. Y ahora...
Semejante traición ya me pareció muy bajonera. Pero la cosa no quedó ahí.
“Te dejó una carta”, me dijo Luz, y me alcanzó un papel.
Peor que un papel. Una simple hoja de carpeta, escrita con letra chiquita y apretada, como para hacer entrar todo, y no tener que desperdiciar otra. “Para Ifi”, decía.
No sé como resumirte todas las estupideces que puso ahí, (sobre todo no sé como hacerlo sin producir una verdadera inundación en mi escritorio) Más o menos era algo así como que me quería mucho, y lo había pasado re bien conmigo, pero que siempre había soñado con ser aceptada. Con ser una chica como las demás, y no el bicho raro del curso, (eso lo decía por mí, porque ella es lo más normal y aburrida que te puedas imaginar) Que ahora tenía un grupo que la aceptaba y la quería, pero que a mí no me iba a gustar, porque no era de mi estilo. Así que ella, muy generosamente, y para evitarme problemas, iba a hacerme a un lado. A ver si te explico..., como decíamos en el pueblo: si te he visto, no me acuerdo.
JODA A, JODA B, JODA C.
En resumidas cuentas: ella cambia, y la que se jode soy yo.
La verdad, su cartita me pegó mal. Yo ya estaba deprimida y sin dormir, así que no me faltaba mucho para desmoronarme.
Y me desmoroné.
Ahí, en el portoncito del jardín de la familia, lugar que había elegido para leer la carta con ¿tranquilidad?
¡No sabés que forma de llorar! Dudo que necesiten regar el pasto por toda una semana.
Y ahí estaba yo, llora que te llora, cuando una brisa de viento heló mi espalda y me hizo tiritar. Era el Bruto, que se escurría por detrás de mí, tratando de pasar desapercibido.
¡El muy cobarde!
Y se escurrió, nomás. Así, sin decir ni una palabra. Igualito que la hermana, ni se molestó en levantar la patita para no atropellar mi cadáver.
¿Cuánto tiempo me quedé ahí llorando?
No sé. Creo que diez minutos.
Y entonces, recién entonces, escucho la voz del Bruto, medio enojado, que me dice:
“Bueno, dale pendeja, no tengo mucho tiempo. ¿Qué mierda te pasa?”
Romántico, ¿no?
La verdad es que, de haber estado menos necesitada, lo hubiera mandado a la... de su hermana. Pero como estaba re mal, me eché en sus brazos, y continué con el drama, (que para eso me pinto sola)
“Dale, no puede ser tan terrible”, insistía él, tratando de calmarme. Y mientras lo decía, parecía... humano.
Romántico, ¿no?
¡No!!!!!!!!!! Una mierda de romántico. Porque ahí no más se me ocurrió preguntarle qué cosa había de malo en mí. Si era tan horrible y rara como los otros parecían creer...
Era una pregunta retórica, por supuesto. No esperaba respuesta.
Y, al principio, él no contestó. Pero yo insistía, dale que te dale. ¿Para qué mierda insistía?
Estaba ahí, cómoda y calentita entre sus brazos, con el Bruto acariciándome.
Y yo te dije que el Bruto es lindo. No “muy lindo”, sino lindo. Bastante lindo.
¿Para qué tuve que insistir? Pero yo y mi bocota, una y otra vez. “¿Qué tengo de malo? ¿Qué pasa conmigo?”
Bueno, por fin me contestó.
“Mirá pendeja”, me dijo sin anestesia, “vos sos un poco...”
¿Te la hago corta?
¡Me dijo de todo!
Desde que grito mucho, que hablo peor que un chabón del puerto, que soy grosera, que no me peino, que voy sucia por la vida, (eso es mentira, porque yo me baño todos los días), que tengo unos modales horribles, que soy mandona, metida, creída, etc., etc...
¡Hasta dijo que tenía que cambiar de corpiño, (sostén), y bajar un par de kilos!
¿Qué le pasa a ese tipo? ¿Es gay, que se fija tanto?
La verdad es que fue tan terrible su respuesta, tan inesperada, y el muy guacho hablaba tan claro y tan pausado mientras sin piedad hachaba mi orgullo, que por fin logró lo que quería: dejé de llorar.
(¡ah!, también dijo que era orgullosa y poco femenina)
¿De verdad te parezco así, Pachi?
¿Será por eso que las únicas amigas que conservo son las que no me ven, como vos, o las chicas del Blog?
Aún con mi autoestima por el piso, me parece que al Bruto se le fue la mano.
Después la quiso arreglar, por supuesto, pero ya era tarde.
Despacito, despacito, me fui por donde había venido.
Bueno, ahora te dejo, porque ya se me acabaron los pañuelitos descartables, y vos sabés lo que sigue a las lágrimas. Si no me apuro, de verdad voy a terminar arruinando el maldito teclado.
¡Qué se vayan a la mierda los hermanitos! ¡Si yo soy mala, ellos son uno peor que el otro!
¡Qué bajón!

viernes 23 de noviembre de 2007

La historia de Ifi

Ni que sí, ni que no

Día 38

Pachi:

Si hay una virtud que tengo, es la de ir de frente. No me banco las careteadas, o dicho en lenguaje culto: no soporto las falsedades.
Estoy harta de jugar al gato y al ratón con Ine. Es decir, entiendo que ya no pase tanto tiempo conmigo, pero... ¿cuál es el problema con saludarme?
Hoy la emboqué a la salida de la facultad. Sí, porque sé que los miércoles se va sola a su casa. Así que salí antes, y esperé, esperé... (¡total!, no tengo nada más que hacer)
¡Y ahí estaba ella! Irreconocible. Aunque la irreconocible debía ser yo, porque intentó gambetearme, (evitarme), como si llevara la pelota en una final de fútbol, y yo fuera del equipo rival.
¡Qué inocente! Por supuesto no lo logró. Conmigo no es tan fácil.
Lo primero que le pregunté fue si tenía intención de evitarme hasta el día que nos recibiéramos.
Y entonces, aquel espectro de mi amiga, me contestó: “No voy a decirte ni que sí, ni que no”.
¡¿Qué mierda significa eso?!
A partir de ahí, cada cosa que le decía, me respondía con lo mismo. Al final, le grité: ¡¿Se puede saber que te dio ese pendejo?! ¡Lo único que falta es que se hayan ido juntos a la cama!
Por increíble que parezca, Ine, mi ex amiga, susurró: “No te voy a decir ni que no, ni que sí”
¡Qué mierda le pasa a esta pendeja!!!!!!!!!!!!!!!! ¿Es pelotuda?
¡Cómo puede acostarse con el primero que pasa! ¡El sexo es algo muy serio!
No, esperá. No quiero que pienses que tengo un doble juego de reglas, según se trate de mi amiga o de mí.
Una cosa es una transa rápida, un “toco y me voy”, como quiero yo. Pero Ine, en cambio, deja, así como así, que cualquier tipo se meta en su vida y en su cuerpo, sin siquiera conocerlo.
Yo nunca dije que estuviera buscando el amor de mi vida, sino que quería dejar de ser virgen.
De eso no me arrepiento. De hecho, estoy más desesperada que nunca.¡Si hasta un bruto como el Bruto se da el lujo de elegir, yo soy un caso perdido!
Lo cierto es que cada vez quedamos menos vírgenes, y si sigo así, voy a ser la última.

¡Qué bajón!
Ifi

jueves 22 de noviembre de 2007

La historia de Ifi

La ciencia como último recurso

Día 37

Pachi

Hoy di el recuperatorio de Medieval. ¡No sabés! ¡Fue horrible!
Lo sabía todo, y no dejaba de escribir. Era como si estuviera poseída.
¡Y lo estoy!
Poseída por el espíritu de una nerd.
¡Claro! El tiempo me sobra, y como estoy sola todo el día, ¿qué otra cosa puedo hacer más que estudiar y escuchar al profesor?
¡Qué bajón!
Para colmo me encontré con Ine en el baño de la facu. La verdad es que no tenía que hacer ni lo primero, ni lo segundo, ni lo tercero, (es decir: peinarme), pero me sentía aburridíííísima, y fui igual. ¡Y ahí estaba ella! Con todo un grupo de amigas nuevas, (las de Borges)
¡No te imaginás cómo me cortó el rostro, (=apenas me miró)!
¿Sabés cuál es el problema? Que cuando una está tan sola como yo, comienza a obsesionarse con pelotudeces. Por ejemplo, la piba del msn. ¡No sabés lo linda que es! Y el Bruto no la quiere igual. ¿Qué mierda tiene que tener una chica para gustarle a ese idiota? Porque, ponele yo, sólo por dar un ejemplo, ¿viste? Yo no engancho a nadie, y eso que estoy de liquidación. ¡Claro!, si el muy estúpido se da el lujo de rechazar a semejante bombón, ¿cómo mierda se va a fijar en mí? Y no lo digo por mí, que vos bien sabés que a mí el Bruto no me gusta, a pesar de lo que aúllen las chicas del Blog, sino por tanta pibita que, como yo, andará sola y obsesionada por un buen culo.
Che, ando medio pirada o algo, (=medio loca) Me levanté cinco minutos a atender a un pendejo que buscaba un manual de ebanistería, y al volver al teclado me di cuenta de que había escrito “culo”, en vez de “hombre” La frase correcta es “obsesionada por un buen hombre”
No, si se ve que lo del Bruto me pegó mal.

Creo que mi amiga Marcela del Blog tiene razón. Va a ser mejor que vuelva a la realidad.
Bueno, me tengo que ir.
Chau

Ifi

lunes 19 de noviembre de 2007

La historia de Ifi

A calzón quitado

Pachi

No sé el día. Después hago la cuenta.

¡NO SABÉS LO QUE ME PASÓ!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
¡Me Quiero Morir!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
¡Te juro que no fue a propósito!
¡Posta! Lo re juro.
Yo la estaba buscando a Ine, porque, mal que me pese, me tengo que mudar. Si, por desgracia me vuelvo a mi casa... Oscura, triste y solitaria.
Pero no me parecía bien irme así como así, sin una despedida, ¿no te parece?
Cuestión que abro el cuarto de Ine y... ¡nada! Vacío. [por cierto: si algún día entran ladrones a la casa, y abren placares y armarios, y tiran todo al suelo, este cuarto no va a verse muy distinto. ¡Y después mi vieja dice que la desordenada soy yo! ¡Porfiiiiii!]
Al entrar al dormitorio de los padres de Ine, toqué primero, porque soy muy educada. Pero también estaba vacío.
La casa de mi amiga es grande, pero tampoco la pavada. Ya había estado en la cocina, en la sala, los baños... Y entonces me acordé del escritorio. Bueno, para ser sincera, más que escritorio es una buhardilla. Pero es linda y luminosa. Por eso, cada vez que había que estudiar, nos peleábamos con el Bruto por ella. Demás está decirte que la mayoría de las veces nosotras acabábamos en la sala.
A ver, te quiero aclarar esto, porque después las chicas del blog me joden, (se burlan)
Eran las once de la mañana. Yo estaba a los gritos: “¡Ine, Ine!”, y mi voz es de todo, menos discreta. No había rastros de ningún ser humano por los alrededores.
Claro, la culpa es mía. Tendría que habérmelo imaginado: el bruto no es humano.
Cuestión que me mandé de una al escritorio, y...
¡ahí estaba él! ¡EN SU VERSIÓN TRIPLE EQUIS!
Sí. Para decirlo sin eufemismos, le vi el culo al Bruto.
Juro que sólo el culo, porque cuando se dio vuelta, cerré los ojos, (¡qué pelotuda, ¿no?!)
Él no paraba de gritar: “¡pendeja de mierda, ¿nunca te enseñaron a tocar?!”
Yo estaba paralizada. Te juro que sólo por miedo me quedé ahí quieta. Y no fui capaz de reaccionar hasta que por fin el mismísimo culo de aquel galán me cerró la puerta en las narices.
¿No es paradójico que el Bruto sea el primer tipo que veo desnudo, en vivo y en directo?
¡¿Justo tenía que ser él?!
¡Me quería morir!... Bah, ¡me quiero morir!
Así que corrí hasta mi dormitorio, (el del Bruto), junté todas mis cosas, y me dirigí con paso firme, (¡qué literaria!), hasta la puerta de entrada de la casa.
Y ahí todo empeoró.
¡Qué bajón!
Imaginate la chica más linda que hayas visto. Bueno, vos debés haber visto muchas, porque antes de, bueno, vos sabés, eras modelo, ¿no?
Pero de este lado del Trópico de Capricornio nuestras beldades suelen ser gorditas y retaconas.
Esta no. Esta es fabulosa. Debe medir como metro ochenta, es re flaca, y tiene unas lolas increíbles, (de verdad, ¿a quién le quiere hacer creer que semejante repisa es natural?), y, como si fuera poco, una carita de ángel triste.
“¿Está Juan Pablo?”, me preguntó.
Al principio dudé, pero no de guacha, sino porque para mí el Bruto siempre fue el bruto. Así, a secas.
Pero además se llama Juan Pablo.
¡Me quería morir!
¿Le decía que se había equivocado de dirección, o asumía la vergüenza de enfrentarme otra vez con aquel culo musculoso?
Sí, porque después de aquel encuentro cercano del tercer tipo, no importa cuál parte de su anatomía esté a la vista, siempre que me encuentre con el Bruto voy a pensar en su culo.
Cuestión que, al final, la carita de la pendeja me pudo, (me conmovió) Pero, más allá de mi buena voluntad, había un pequeño obstáculo: ¿cómo le decía? Me refiero a... siempre que me había dirigido directamente al Bruto, había sido con términos tales como: “pendejo de mierda”, “pelotudo”, “boludín”, etc., etc. Entonces, ¿cómo llamarlo, sin quedar yo como una bestia?
“Te buscan”, grité al final, mientras me asomaba a la escalera. “Romina te busca”
Y como si ese nombre fuera una palabra mágica, en un segundo tuve al mismísimo Bruto, (y su culo), parado frente a mí. Claro que, a pesar de lo gorda que estoy, más parecía mirar a través mío. Como si yo no existiera.
No le llevó más de un segundo encerrarse en la sala con aquel bombón.
Vos pensarás que soy una chusma, (chismosa), pero... ¿qué hubieras hecho en mi lugar?
Fija que la pendeja era la del msn. Y yo había perdido dos días completos de mi vida pensando en ella.
Por desgracia, la casa de Ine es de esas re antiguas, con techos altos y paredes gruesas. ¡No se escuchaba nada!
¡Mierda!
De más está decirte que cuando abrieron la puerta de un golpe, todavía discutiendo, prácticamente me caí sobre ellos. Por suerte lo pude disimular, (o al menos dejame con esa ilusión)
“Me hubieras avisado cómo eran las cosas, antes de que me enamorara de vos”, le gritó la tal Romina al salir.
¿No es raro?
¿Qué cosas? ¿Cómo eran esas cosas?
Como sea, la minita se fue llorando a los gritos, y re puteando.
Cuando cerró la puerta, el Bruto me miró con odio, y me dijo: “Y a vos, ¿qué mierda te pasa conmigo, pendeja? ¿Me estás acosando?”
Yo me quedé muda. Él estaba tan furioso que no me pareció prudente contestar.
“Lo último que me falta”, lo escuché gritar antes de que cerrara la puerta del escritorio.
¿No es paradójico?
A él le sobran, y yo no tengo a nadie.
Como sea, ya me voy de su vida, y de su casa.
¡Estoy re triste, Pachi!
Te escribo desde un cyber, con unas PCs re viejas. Todavía no encuentro el valor de ir a mi depto, (=piso).
¡Qué bajón!

Ifi

sábado 17 de noviembre de 2007

La historia de Ifi

La verdad infecto contagiosa

Día... Perdí la cuenta.

Querida Pachi:

Cada hora que pasa me siento mejor, por lo que estoy...
para la mierda.
Y es que de la mano de la salud, viene el desalojo. Volver a mi depto. (apartamento, piso, o como lo quieras llamar), frío y solitario. Nadie más va a hacer la cama, darme de comer, o charlar conmigo un poco.
Y no lo digo por Ine, que ha desaparecido por completo de mi vida, no vaya a ser que la contagie de algo, (sentido común, por ejemplo), sino por Luz, la mamá, que viene a la noche a saludarme, y se queda un buen rato conmigo. Ella es mi única visita. Bueno, salvo por el Bruto. Pero ese no cuenta. Solamente viene a levantar mensajes, o a buscar ropa, y cuando lo hace, siempre se dirige a mí con monosílabos, del tipo: “sip”, “nop”, “ah”, “cha”, (este último creo que quiere decir “chau”, aunque bien podría signifar “chamuscado estoy, transido de dolor por tanta desesperanza”, o cualquier otra cosa que empiece con “cha”, porque con el bruto nunca se sabe) Al principio me extrañaba que no se llevara la laptop, pero después me di cuenta de que la conexión de Internet no es wi fi, por lo que probablemente no tenga recepción en ningún otro sitio de la casa.
Ayer a la noche, muy tarde, estuvo acá contestando mensajes. Al principio yo andaba por ahí, revoloteando. Que “voy a buscar el remedio”, que “quiero apagar la luz”, cualquier excusa era buena para ver lo que escribía. La verdad es que para eso soy excelente. Tengo años de machetearme, (¿No sabés lo que significa? ¿Cómo explicarte? Digamos que es el arte de usar tu vista de rayos x en medio de un examen, para saber, sin que tu profe se dé cuenta, qué mierda escribe tanto la compañera que tenés adelante)
Aunque mi visión es deplorable, mis anteojos son “lo más” a la hora de disimular.
Pero el bruto, por más que lo parezca, no es idiota. Cada vez que me acercaba, abría una ventana de automovilismo, y se hacía el pelotudo.
Al final me metí en la cama, tosí un poco, (hay que justificar mi estadía), y me hice la dormida, con la aviesa intención, (¡mirá que culta!), de espiar lo que escribía.
Más que una intención aviesa, lo mío fue una fantasía estúpida, porque ni Superman podría haber leído algo a esa distancia. Por más esfuerzos que hice, lo único que pude ver con claridad fue el perfil del bruto.
Y hay que reconocerle que el tipo es un... bruto, pero que tiene un lindo perfil. Masculino, ¿viste? La nariz es un poco larga, pero no le queda mal, porque la cara es cuadrada y la mandíbula angulosa. Tenía la barba un poco crecida, (una sombrita apenas), pero lo hacía parecer interesante.
¿Por qué no se querrá acostar con esa minita?
¿Qué clase de mujer le gustará al bruto?
¿Hará como la hermana, y se olvidará del mundo cada vez que está enamorado?
No.
Dudo que el bruto se enamore de nadie.
Me parece que solamente nosotras nos enamoramos, o que sufrimos por amor. O que nos hacemos la novela mejicana, con todo y gavilanes, aunque el tipo en cuestión más parezca un cuervo.
Como sea, pronto voy a tener que dejar esta cama, (¡no sabés!, es re cómoda y mullidita), y voy a tener que volver a mi vida solitaria y a mi trabajo aburrido.
¡Qué mala pata!
¿Por qué mierda seré tan saludable?

Chau

Ifi

miércoles 14 de noviembre de 2007

La historia de Ifi

Un delito federal
Día 34

Pachi:

Ya sé, ya sé. Hice mal. Muuuuy mal.
Bueno, ¿qué preferís?¿Qué pase dos horas tratando de justificarme, o que te cuente lo del msn de la pendeja?
¡Rarísimo! Al parecer la minita lo estaba puteando porque el pibe no había querido transar con ella, (acostarse) ¡Y no era la primera vez!
¡Mirá vos!
La verdad es que ahora que me siento un poco mejor estoy re empelotada, (aburrida), y me divierto tratando de adivinar los motivos del Bruto para semejante ayuno.
¿Qué le andará pasando?
*Opción 1: De tanto usarla, se le gastó.
*Opción 2: Tiene alguna enfermedad vergonzosa, de esas que se curan con inyecciones.
*Opción 3: La minita es un poco más fea que la hija de Frankestein.
No, esa última no, porque aunque fuera un monstruito, de seguro los gustos del Bruto son muy amplios. Cuando uno es como él, no se puede andar con pretensiones.
*Opción 4: Esa noche llevaba puestos sus calzoncillos, (boxers), de los ositos cariñosos.
*Opción 5: ¿Le habré contagiado la gripe?
Eso lo dudo. Al menos, todavía no. Aunque estoy segura que con todo lo que estornudé sobre el teclado de su laptop, va a morirse ni bien la abra. No me importa. Se lo merece por todas las veces que no pasó mis llamados, o por esa otra en que me trató de gay. En lo que a mí respecta, Joda A, Joda B, Joda C.
Y hablando de gays...
*Opción 6!!!!!!!!!!!!
Siempre queda esa última posibilidad. Quizás, desilusionado de las mujeres, el bruto ha decidido pasarse al otro bando.
Lástima, porque es lindo.
No “muy lindo”, pero sí un poco lindo.
La verdad es que estoy arrepentida de haber leído aquel mensaje.
Porque ahora me muero de curiosidad por saber el resto de la historia.
Chau
Ah...
En tren de confesiones...
También leí otro.
Pero te juro que este era de un varón.
Parece que el bruto le ha estado usando el auto de colección a su viejo. El papá de Ine es fanático de los fierros, (autos) Es él quien “esponsorea” las carreras a su hijo, (el bruto), y como si fuera poco con eso, tiene un modelo re antiguo en un garage de la otra cuadra, y ya lleva gastados un montón de tiempo y plata, (dinero), en piezas originales para su bebé.
Según el amigo del bruto, el muy idem usó el auto del viejo sin permiso, (escuchá esto), PARA CORRER UNA PICADA, (esas carreras que se hacen en la calle) Parece que el carburador del auto quedó hecho mierda, y que, a pesar de que terminaron ganando, ni con la plata de las apuestas llegaron a comprar el original, por lo que lo reemplazaron por uno trucho, (falso)
¡Si el viejo se entera, lo liquida! (=lo mata, =lo destruye, =lo hace mierda, =lo corta en pedacitos, y se los da a comer a un perro sarnoso)
No me ves, pero estoy sonriendo. Siempre es bueno estar enterada de algún secreto de tu enemigo. Uno nunca sabe cuando puede llegar a servirle.
Ahora sí.
Chau

P.D: guardá este mensaje, y si algún día aparezco muerta en el Riachuelo, hacéselo llegar al juez.
Besos

Ifi

lunes 12 de noviembre de 2007

La historia de Ifi

Fiebre del viernes por la noche

Día 33

Pachi:

Disculpá por ayer, pero... estaba en una posición un tanto incómoda. Cuando te cuente me vas a entender.
Como te dije, el miércoles no tenía clases en la facu, por lo que había quedado con Ine que íbamos a dedicarle la tarde a la literatura medieval. La verdad es que me bajonea, (me deprime), un poco leer los libros de esa época, porque me doy cuenta que, por más viva que yo me crea, hasta los antiguos tienen más sexo que yo, (si no leete La Celestina, y después me contás) Cuestión que estaba con mi Cantar del Mío Cid en una mano, y unas galletitas de coco, (esta vez sí con verdadero coco), en la otra, cuando la veo salir a Ine, muy emperifollada, (= producida) ¡Me quería morir! No sólo se había olvidado de nuestro compromiso para medieval, sino que también había arreglado para estudiar TODAS las demás materias con su novio, el Borges trucho (= falso)
Yo no entendía nada. Me sentía para la mierda, y no sólo era por esa fiebre puta que me hacía temblar como una hoja.
¿Cuáles son las reglas del juego, que a mí nadie me las enseñó?
¿Acaso que consiga un novio quiere decir necesariamente que tengo que olvidarme de mis amigas?
No sé. Me parece que algo anda mal con nosotras las mujeres. Nos lavan el cerebro. ¡Si hasta cuando te casás, te enchufan el apellido de tu marido sin preguntar! Pasás de ser Ifigenia Pacheco, a Ifigenia del Boludo Que Puso La Firma. ¡¿Por qué?!!!!!!!!!!
Como si la vida de una mujer empezara recién cuando se casa.
No, no y no. Yo no pienso renunciar nunca a mi historia, ni a mi pasado. Sé que durante todo este tiempo he hecho millones de cagadas, pero son “mis” cagadas, y ya les tengo afecto.
Disculpá que me haya ido por las ramas, pero estoy re caliente.
Vuelvo a aquel miércoles, y al Bruto.
¿Qué mierda hace el Bruto en esta historia? No tengo ni la más puta idea, pero, a pesar de que estudia ingeniería, corre carreras de autos, y se acuesta con cuanta pendeja pelotuda anda por ahí, el Bruto siempre se las ingenia para estar presente.
Te cuento:
Cuando él se metió, yo estaba charlando amablemente con Ine. Bueno, para ser franca, puede ser que estuviera gritando un poco. Pero sólo un poco. Me sentía para la mierda, me estaba muriendo de frío, y la habitación me empezaba a dar vueltas. Por entre las nubes que poblaban mi cabeza escuchaba a Ine hablar de Borges como si en verdad fuera el escritor ilustre. Según ella, él era una fuente inagotable de sabiduría, y si la hubiera dejado seguir hablando, hasta habría llegado a la conclusión de que su novio era el verdadero autor del Poema del Mío Cid. ¡Ine está re pirada! Yo, por supuesto, le eché en cara que el pendejo no debía ser tan vivaracho, porque le había llevado casi tres años darse cuenta de la cara de pelotuda que ella ponía cuando el muy puto pasaba a su lado.
Y entonces lo dijo. “Me” lo dijo.
Y, la verdad, re dolió.
Según el muy hijo de puta, si nunca antes le había dicho algo era... ¡por mi culpa! Porque yo no me despegaba ni un segundo de mi amiga... Y que a él yo le parecía esto, y lo otro... Y entre tanta pelotudez, llegó incluso a poner en duda mi sexualidad ¡¿Por qué?! ¿Será que, así como en mi pueblo, si te acostás con uno, pasas automáticamente a la categoría de “puta”, en la ciudad, si no te acostás con nadie, sos una “torta”?
¿Qué pasa? ¿Somos todos vivos? Parece que, en vez de liberamos de los prejuicios, los cambiamos por otros.
¡Te juro que me agarró una bronca! Entre la fiebre, el frío, el recuperatorio de medieval, el pelotudo de Borges, esa mina puta que se había apoderado del cuerpo de mi amiga Ine, y todo lo demás, no sé, entre todo eso, de repente el mundo se me oscureció.
¿Qué pasó?
Eso era lo que me preguntaba yo cuando me desperté, vestida con un camisón que no era el mío, en una cama ajena y en un cuarto raro. Tardé un rato en reconocer el lugar. En realidad no lo reconocí, porque nunca antes lo había visto. Pero bastó mirar las paredes, para deducir la identidad de la víctima de mi usurpación.
¿A ver?, ¿cómo te digo?: minas en pelotas, con bikinis y sin ellas, afiches, (posters, bah), de grandes premios de fórmula 1, una bruta foto autografiada del equipo de los Pumas, al consagrarse tercero en el último mundial de rugby.
¡El bruto! Le había afanado el cuarto al bruto.
Y habrá sido por la fiebre, o porque me había dado “cosita” tenerlo sobre mí, me empecé a hacer la película.
Es lógico. Volaba de fiebre, y encima estaba medio pelotuda
En mi descargo tengo que decirte que, mientras pensaba esas cosas, me despertaba y me dormía. Me imaginaba otra vez en la sala de mi amiga, discutiendo con ella. Y después, no sé por qué, de repente estaba sola con el Bruto, y me desmayaba. Tipo novela mejicana, él me agarraba entre sus brazos, y me subía escaleras arriba, para depositarme con dulzura en la cama.
Abría los ojos, miraba a mi alrededor, y me volvía a dormir. Y entonces me lo imaginaba entrando al cuarto, vestido sólo con el pantalón. Y casi podía sentirlo acariciar mi frente.
¡Al Bruto!!!!! ¿Qué ridícula, no? Tengo que estar muy desesperada como para hacerme la película con él. Porque un poco lindo es, ya te dije, pero sólo un poco.
Y por cada músculo que tiene en el cuerpo, tiene un agujero negro en el cerebro.
Cuestión que parte de mi sueño había sido cierto. De verdad me había desmayado en la sala. Pero el Bruto, lejos de atajarme románticamente entre sus brazos, se había corrido, (no fuera cosa que lo aplastara), para así dejarme caer redonda al piso.
A la planta alta me habían llevado entre él y Luz, la mamá de Ine, pero más como una bolsa de papas, que como la heroína de una telenovela. Y es que la vida real nunca se parece a una de esas historias. ¿O acaso alguna vez te encontraste frente a frente con un bombonazo como esos que se ven en “Pasión de Gavilanes”? Yo nunca. Y ni te hablo del bruto, que más se parece al Chavo.
De más está decirte que el único motivo por el cual aterricé en ese cuarto es porque, al mudarse a esa casa, habían acordado que el que se quedaba con el cuarto con baño, tenía que resignarse a cederlo cuando llegaba algún invitado. Y esta vez la invitada era yo.
Me parece que al bruto no le gustó ni medio la idea.
Ayer escuché como me andaba puteando por los pasillos.
Y es que no hay nada con que darle. Mi anfitrión involuntario no es como te dije en un principio.
¡Es mucho peor!!!!!

Chau
¿Sabés que abrí la máquina del Bruto, (desde ahí te escribo), y ahora está titilando la lucecita naranja del msn? Se ve que se conecta automáticamente. Es una tal “SABES QUE MI AMOR ES PARA TI”... ¿Quién es tan idiota como para ponerse un nick semejante?
Me muero por abrirlo...
Pero no voy a hacerlo, porque estaría muy mal, y yo soy una buena chica.

¿Alguna vez leíste una carta que no fuera para vos?

Bueno, hasta mañana.
Esta piba está meta jode que te jode. ¿Le contesto?
No, mejor no. No quiero líos.

¿No te parece?

Chau. Ifi

domingo 11 de noviembre de 2007

La historia de Ifi

Fiebre de jueves por la tarde

Día 32

Pachi:

Sé que no vas a creerme esto, pero...
Te escribo desde la cama del Bruto.
Mañana te cuento, pero todo lo que hasta ahora te dije de él, olvidátelo.
Son raras las vueltas de la vida, ¿no?


Chau

Ifi

viernes 9 de noviembre de 2007

La historia de Ifi

Una aspirina a la derecha, por favor

Día 31

Pachi:

Estoy re depre. Sola y aburridísima. ¡Con decirte que ni bien llegué me puse a hablar con el hurón!
Y, para colmo, me parece que de verdad tengo fiebre. Me siento horrible, y no paro de estornudar. ¡Hace un frío acá!
Igual, esta tarde pienso ir a lo de Ine. Hoy no tenemos clase, y ya hace un montón que habíamos designado este día para estudiar Medieval. Se re viene el final, y las dos tenemos que aprobar el recuperatorio.
De verdad me siento para la mierda, pero pienso ir igual. Necesito una amiga, y entre cagarme de embole, (aburrimiento), en la cama, o ir, prefie
No sabés lo que me pasó recién. Me quedé dormida sobre el teclado, o algo así.
No me siento bien.

Chau

miércoles 7 de noviembre de 2007

La historia de Ifi

La primavera de mi descontento

Día 30

Pachi:

No puedo creer que ya haya pasado un mes desde que te escribí por primera vez.
Cuando empecé, creí que lo mío era un desastre. Pero ahora, apenas a un mes de distancia, las cosas están todavía peor.
Soy una idiota, ya sé. Estoy tecleando esto y se me caen las lágrimas sobre la compu, (menos mal que es la de mi trabajo) Anoche no dormí nada. ¡Soy patética!
Es decir, que tenga diecinueve y sea virgen ya me parece el colmo. Pero esto que me pasa ahora es mil veces peor.
Ayer llegué a la facultad y, como siempre, reservé dos lugares en la última fila del aula de Inglesa, (la literatura es inglesa, porque la profesora se llama Ramona Reboiras) Con Ine siempre nos sentamos atrás porque la clase es re empelotante, (= aburrida), y, para colmo, la mina escupe.
Y ahí estaba yo, sentadita junto a la pared fría, y con mi saquito estratégicamente ubicado en la silla contigua, cuando me la veo a Ine charlando como si nada, ubicada a miles de kilómetros de distancia, en el primer banco de la primerísima fila. ¡El primero de la primerísima! Un sitio reservado sólo a los nerds, o a los chupamedias...
¡Y entonces entendí!
¿Cuál era el chupamedias, lameculos, lamebotas por excelencia en toda la facultad? ¿Quién era el pelotudo que para la primera clase siempre se traía marcada la mitad de la bibliografía?
¡Jorge Luis Borges, por supuesto! Y no lo digo por el difunto, que de seguro nunca necesitó arrastrarse para destacar, sino por nuestra versión local, nuestro compañerito adulador. El mismo imbécil que desde primer año se dedicó a ignorar las atenciones de mi pobre amiga.
¡Qué bajón!
El resto de la clase me la pasé recordando la cara que me había puesto el bruto cuando estaba encima mío. Temblaba, te juro.
¡Pará! No me malinterpretes. Temblaba porque me daba cuenta que, como él había estado diciendo todo el tiempo la verdad, yo había quedado como una reverenda pelotuda. Temblaba de rabia, ¿entendés? Porque no me gusta que él... Bueno, que él, o ningún otro, piense que lo soy.
Cuestión que le hice una encerrona a mi amiga en el baño, y terminó confesando lo que yo ya imaginaba. ¡Borges y ella son novios!
¡Qué bajón!
Todo bien con Ine. Me encanta que sea feliz, pero...
Me siento re sola. Eso de que tu mejor amiga se ponga de novia antes que vos es re extraño. ¿Alguna vez te pasó?
¿Qué se supone que tengo que hacer ahora?
Y lo peor es que no puedo dejar de pensar en como se debe estar riendo el bruto de mí, en este preciso momento.


Un verdadero bajón.

Ifi
***

lunes 5 de noviembre de 2007

La historia de Ifi
El tackle de la derrota

Día 29

What!!!!!!!!
¡Paren el mundo! ¡Me quiero bajar!
Desde que volví a Buenos Aires que todo está patas para arriba. ¡No entiendo nada!
Anoche, ni bien puse un pie en mi depto, (= mi apartamento), me colgué al teléfono para poder comunicarme con mi amiga Ine. Llamaba cada media hora, pero siempre me atendía el Bruto, (= hermano de Ine), y me decía que ella había salido con el novio. ¿Escuchaste esa? ¡El novio! ¡Como si Ine pudiera tener un novio sin que yo lo supiera!
Obvio que es mentira. Una venganza. Pero yo me moría por hablar con Ine y contarle lo de Toti. Necesitaba que alguien me hiciera sentir un poco menos pelotuda, y para eso mi amiga es fantástica.
A la mañana siguiente, como el teléfono es carísimo, y el Bruto, un desocupado con todo el tiempo del mundo para hacer mi vida miserable, decidí ir directamente a la fuente.
La verdad es que había amanecido muerta. Re cansada, hambrienta, (tengo que volver a acostumbrarme a la comida chatarra), y medio resfriada. Es más, hubiera jurado que cuando salí de casa tenía un poco de fiebre. Mientras te escribo esto, todavía estoy caliente, pero me parece que eso es más por rabia, que por enfermedad.
Con temperatura o sin ella, esta mañana, antes de entrar al trabajo, me fui derechito a la casa de mi amiga.
Durante un rato me colgué del timbre. ¡Total!, los padres estaban en el laburo, (=trabajo), así que a los únicos a los que podía joder era a Ine o a su dulce hermanito, y los dos se lo merecían, (una por dormilona, y el otro... por bruto)
Cuando mi dedo empezó a ponerse violeta oscuro, cambié al de la otra mano.
¡Y entonces apareció la bestia!
¿Creerás que el muy pelotudo no encontró oportunidad de ponerse una miserable camisa antes de atender?
¿Se habrá pensado que era una de sus “súper pendejas”, y querría ahorrar el tiempo de desvestirse?
¿O habrá imaginado que, si lograba hipnotizarme con sus músculos, me iba a dejar de joder?
Lo malo de los tipos lindos es que se la creen. Y este en particular no es tan lindo como creído.
Cuestión que ni bien me vio la cara, volvió con esa pavada de que Ine había salido con el novio. ¿Te parece que me puedo creer semejante boludez? ¡Imposible! Porque si ya es difícil que mi amiga tenga novio sin que yo lo sepa, que se levante antes de las nueve por un hombre es ¡im-po-si-ble!
Yo seguía ahí sin creerle, y el muy idiota estaba dale que te dale con eso de que no tenía motivo para mentirme. Decía que no sólo no quería vengarse por mi chistecito telefónico, sino que me estaba re agradecido. Que con el cuento de su muerte, habían vuelto a aparecer un millón de sus “ex”, tratando de convencerlo de que abandonara el automovilismo porque era muy peligroso. ¡Qué pelotudas! El bruto corre un “turismo carretera” re light. Tengo más probabilidades de morirme yo, que subo al 60 cada mañana para llegar al trabajo, que él, en esos autitos que valen una fortuna.
Durante un rato estuvimos discutiendo en la puerta. “Que quiero pasar” “Que no te dejo”. Pero como no soporto perder a nada, me las ingenié para salirme con la mía. Le hice creer que me iba, y ni bien se descuidó, me escurrí rumbo al dormitorio de Ine. Pero, para mi desgracia, el muy bruto es todavía más tozudo que yo, por lo que empezó a correr atrás de mí, intentando frenarme.
Cuando ya estaba en el cuarto de mi amiga, por fin me tackleó.
¡Fue horrible! ¡Un bajón!
De repente yo estaba tirada sobre la cama deshecha de Ine, con semejante mole semidesnuda sobre mí. Te juro que el corazón me iba a mil, y me sentía una pelotuda, (después de todo, era verdad eso de que estábamos solos), así que me quedé quieta, sin saber como reaccionar. ¡Y entonces él me miró con una cara! Todavía tiemblo al recordarla. Y después me empezó a insultar. Que me había portado como una pendeja pelotuda, que no tenía derecho a desconfiar de él, que era una metida, que parecía un varón. Lo curioso era que él tampoco se movía. Me insultaba, pero seguía arriba mío.
Al final sonó le teléfono, y los dos nos estiramos para atender. Gané yo, pero no demasiado, porque era para él. Una de sus súper pendex.
Yo aproveché para irme.
Hoy la agarro a Ine en la facultad para que me explique que mierda estaba haciendo, que no me atendía.
Y ahora te dejo porque el hurón me está mirando.
Tengo que reconocer que todas esas pendejas no están tan equivocadas. Un poco de razón tienen. Pero sólo un poco. Porque el bruto, un poco bueno, está.
Chau, me voy, porque el hurón mira.
Digo, no “re bueno”. Bueno. Músculos, pelito largo, esas cosas. Bueno a secas.
Chau
Aunque por ahí no está “tan bueno”, como yo desesperada, ¿no te parece? Después de todo, es la primera vez que tengo a un tipo arriba mío en una cama.
Mejor ni se los cuento a mis amigas del blog porque van a hacer un escándalo de algo que no es.
Está bueno nada más.
Chau
(no "re bueno").
***

domingo 4 de noviembre de 2007

La historia de Ifi

La feria de las tinieblas parte II

Todavía el Día 27

¿Por dónde iba? Ah, ya sé...
Salí del baño como si fuera Claudia Schiffer. La gente seguía admirando mi culo, y yo me sentía “a mil”.
Toti, como todos los demás, también estaba cambiado.
Con diecisiete ya cumplidos, se veía más alto y varonil. Como yo, ya no llevaba ortodoncia, y sus caderas, si bien todavía eran generosas, no desentonaban con el resto de su anatomía.
¡Nada mal!
Después de disculparme, me senté en su mesa.
Al principio, como me pasaba con los otros, pude sentir sus ojos posados directamente en mi culo. ¡Pero después...!
Era como si no pudiera despegar la mirada de mi escote. Dos palabras, y vuelta a mirar.
Yo te conté que siempre había sido un tanto baboso y desesperado. Pero aquello ya excedía toda medida.
Más me hablaba él, más apretaba yo la famosa carterita.
A esas alturas de las circunstancias, con suerte había puré de forros en ella.
Habremos hablado durante dos horas. Nada importante. Pavadas del pasado.
A mí me costaba concentrarme en lo que él decía. Trataba de imaginar, en cambio, con cuál excusa iba a besarme, y adónde me llevaría después.
Finalmente, como me pasa todo el tiempo, me impacienté.
“¿Bailamos?”, le dije con voz de Jessica Rabbit.
El Toti puso cara de espanto. Me miró el escote. Me miró a la cara. Y de nuevo el escote.
“Se te está saliendo algo blanco de ahí”, murmuró señalando mis pechos. ¡La media de mi hermano! En efecto, aquel maldito trapo de algodón afloraba como una tercera lola, en medio de las otras dos. ¡Me quería morir! Después me confesó que eso era lo que había estado mirando todo el tiempo.
No me alcanzaron los pies para correr de nuevo al baño. ¡Qué bajón! Revoleé mis pechos postizos, convencida de que era mejor una lola propia, que cientos de medias volando. ¡La puta madre! Me quería matar. Me moría de la vergüenza...
Volví a la mesa en cuanto pude. Pero ya no era la diosa del principio.
Y ahí estaba yo, hablándole de nuevo como si estuviéramos en séptimo grado, cuando, de ningún lugar, y sin previo aviso, apareció mi abuela Tata. De más está decirte que me quería morir. Mi abuelita cocina como los dioses, pero es de todo, menos discreta. Si llegaba a abrir la boca, las cosas sólo podían empeorar.
¡Y empeoraron!
“¡Qué grande estás, Totito!”, gritó, (porque como es sorda, siempre grita) “Siempre pensé que te ibas a volver un chichón de piso, como tu tío Alberto”
Yo la miraba sin poder creerlo.
Y entonces vino lo peor.
“¿Y tu nena, cómo anda?”, le preguntó.
Para mis adentros pensé que mi abuelita estaba pirada, (no es la primera de la familia en volverse loca) Y ya le iba a explicar que andaba diciendo pavadas, cuando lo escucho a Toti, (mi Toti), decir: “Bien, gracias, doña Tata. El año que viene Carola la va a mandar al jardín de infantes que queda frente de su casa.”
¿Te dije que tengo una boca chica? Y también sabés que la puedo abrir muy grande... ¡Pero esto fue el colmo!
¡No lo podía creer!
“¡¿Tenés una hija, Toti?!”
“De año y medio”, me respondió sin dudar.
Yo me quedé muda.
Toti, (=mi ex; =el novio con el que nunca corté; =el tipo con el que no me acosté porque no se animaba a comprar forros), tenía una hija.
Y no necesité ir al Balseiro para sacar mis propias cuentas. Yo me fui del pueblo dos años atrás. La nena tiene un año y medio. Dieciocho meses, más nueve de embarazo...
Al menos en algo no me mintió: evidentemente el chico tiene un problema con los preservativos.
Cuando el silencio se hizo insoportable, terminó de embarrarla. “La mamá es Carola”, me informó. “¡¿Carola, se te escapa una lola?!”, grité yo, que no necesito ser sorda para chillar.
Los de la mesa de al lado se dieron vuelta, y sonrieron.
Una pregunta comenzó a taladrarme el cerebro. ¿En todo este tiempo, nadie se había tomado el trabajo de informarme?
Y entonces descifré la causa de esa mirada extraña que todos tenían para conmigo: ¡era lástima!... Y hasta yo empecé a sentirla.
¿Cómo hubiera sido mi vida sí, hace dos años, en el pueblo hubieran existido máquinas expendedoras de preservativos?
Me estremecí.
De más está decirte que el resto de la noche lo pasé sola. Y, para colmo, cuando me senté junto a la mesa de los dulces, (para ahogar en azúcar mis penas), me clavé uno de mis alfileres, con todo y gancho. ¡Qué dolor! Las lágrimas se me caían solas. Y, más lloraba, más la gente me miraba con lástima. “Lloro porque me clavé un alfiler en el culo”, aclaraba yo. Pero fue inútil. Nadie me creía. ¡Y es que un pueblo, siempre es un pueblo!
Para el final de la noche se me acercó Gia. ¿Te acordás? No, cómo te vas a acordar, si entró en tercero del bachillerato. Gia es... No, pará, no se llama Gia de verdad. Se llama Nicanor. Pero para cuando teníamos quince, los versitos ya no estaban de moda. Por ejemplo, “Marcela, agachate y conocela” pasó a ser Pongo. ¿Entendés? “Mar ce la Pongo”. La dulce Carola se convirtió en Memela. Caro laMemela. Y ahora me doy cuenta que probablemente el apodo se lo puso Toti. En cuanto a Gia... Se llama Nicanor. Y, por como miraba a las chicas, no parecía mal nombrado. El tipo daba miedo: ojos saltones, manos rápidas, lengua afilada, y mucho morbo.
A pesar de los años, lo reconocí de inmediato porque está igualito. Pero ya para entonces yo estaba tan desesperado que, ni bien se me acercó, le sonreí.
“Disculpame...”, comenzó a decir con un tonito sobrador, que dificultaba el hacerlo. “Tu vestido...” Yo me hice la cool, (=la canchera; la vivaracha), y le respondí: “¿Te gusta?”
Y entonces aquel gusano, medio en joda, medio en serio, me largó: “No, pero tenés una agujero en el culo. Creo que lo reventaste... Por cierto, estás más gordita. ¡Se ve que en Buenos Aires te alimentan!”
Me di vuelta, incrédula, pero no, no estaba jodiendo. ¡Por eso todos miraban mi espalda!
Otra vez volví a correr, pero esta vez no en dirección al baño, sino hasta la salida.
Humillada hasta lo indecible, inocentemente creía que ya nada más me podía pasar. Y en eso, los tacos de diez centímetros se me enredaron con el vestido y con las tres copas de champagne que había tomado, y me caí derechito sobre la ensalada de frutas.
Igual estaba picada, así que no hubo nada que lamentar.
Lo peor de todo fue que nadie se rió. Les daba tanta lástima, que varios se deben haber meado, pero ninguno hizo ni el menor esbozo de una sonrisa.
¡Quiero irme de acá cuanto antes!
¡Que bajón!***