Amenábar y Juramento
Pachi:
¡Estoy re feliz!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
¡Se me ocurrió!
Es decir, la idea vino hasta mí. Literalmente chocó conmigo.
Esta mañana había ido a comprar canela a la dietética que queda a la vuelta de casa. Había un mundo de gente caminando, y acá nunca es como en el pueblo, en que las personas pasean. Acá sólo se corre. Todos van con mala onda, como si les dolieran los pies, y tuvieran que hacer cola en el banco. Te empujan, te chocan, te insultan... Pero a la hora de los colegios la cosa se pone todavía peor. Porque, además, está lleno de petisos orejudos, (¿no conocés esa historia? El petiso orejudo era un tipo que mataba nenitos, y era tan malo, tan malo, que cuando lo pusieron preso en una cárcel de máxima seguridad, terminó matando al gato que era la mascota de los demás asesinos. Te imaginarás lo que pasó después)
¿Por qué te estaba contando lo del petiso orejudo? ¡Ah, sí!... De repente la calle estaba llena de nenitos que tenían de todo, menos inocencia. Monstruos asesinos, enfundados en guardapolvos blancos. ¡No sabés lo que era eso! Patadas voladoras, insultos, carreras enloquecidas, etc., etc., etc., y yo tratando de sobrevivir, mientras las madres me miraban con mala cara ni bien osaba pegarle un pequeño empujón al infante de turno, para así abrirme paso. Cuestión que iba yo por allí, tratando de sobrevivir lo mejor posible, cuando una de las bestias corrió por delante mío, sólo para pararse abruptamente, (eso de que dije abruptamente no se lo cuentes a nadie, sobre todo al bruto. No sé si se enojaría porque usé una palabra culta, o porque pensaría que es un insulto) Como sea, el pibito se paró de repente, y casi me voy al piso con él. Se ve que el pequeño perverso polimorfo debía estar aprendiendo a leer, (¡lástima que además no le enseñan modales!), porque comenzó a deletrear el nombre de la calle.
“A- me- na- bar”, leyó, triunfante. Y en seguida, dirigiéndose a una mina que tenía cerca, agregó: “Mirá, mamá... Como canta el abuelo de Piti... Amenábar, Amenábar, moro de la morería, el día que tu naciste cuantos milagros había”
¡La bestia estaba recitando un Romance!
En seguida me puse como loca, y encaré a la mujer. “¿De dónde conoce el nene el Romance de Abenamar?”, pregunté con solicitud... (¿no soy culta?) Porque el moro se llamaba así, y no como la calle. Pero cada vez que lo decía bien, el pibito me andaba corrigiendo. “No, se dice Amenábar”
Cuestión, que después de mucho rogar, y cuando ya no sólo no estaba segura del nombre del moro, sino tampoco del mío, la madre me contó que en el verano solían ir a un pueblito que queda a cincuenta kilómetros, y que ahí había un paisano que conocía una millón de esos versitos. ¡Justo lo que estoy buscando!... Bueno, en realidad, justo lo que mi profe- bombón está buscando. Él quiere el Romance, y yo intento lograr un romance con él. ¿No es justo?
Como te dije, al Bruto ya me lo saqué de la cabeza. Como si fuera uno de esos piojos que pican, y vivís rascándote, lo mejor fue usar el peine fino. Porque no hay derecho a que me entusiasme, y después no me llame, ¿no te parece? Ya sé que se suponía que la que tenía que llamar era yo, pero
Ya me estoy enroscando de nuevo. No. A mí no me gusta el Bruto. No me gusta para nada. Con él jamás podría tener una charla edificante, (ni siquiera decir una palabra como edificante) A él le daría lo mismo que el moro se llamara Abenamar, o Cabildo... Y yo, a esta altura de mi vida, tengo claro que lo mío es la cultura... Sí... No voy a dejar que esos ojitos divinos, ni esos músculos re bien formados, ni esa voz increíble que tiene, ni esa forma de sonreírse cuando dice una maldad, que te hace reír el alma, me terminen obnubilando. Obnubilando, sí, que no veo el motivo para dejar de hablar como lo he hecho siempre. Porque al fin y al cabo, si soy una persona culta y me gusta hablar en forma elegante y coherente, no tengo por que mierda ocultarlo.
Bueno, ya está... Ya tengo el plan para enganchar a mi profe bombón. Un viaje hacia el pasado, que viene a quedar justito a cincuenta kilómetros de la Capital... No es mucho, ¿no? Y el Bruto nos va a acompañar, (sí, porque él me lo prometió), y va a tener que presenciar todo el romance, (y no me refiero al moro, que Dios lo tenga en su santa gloria, pero que a mí, la verdad, me importa un carajo)
Y entonces va a arrepentirse por no haberme llamado. Y yo ya sé que habíamos quedado que la que iba a llamar era yo, pero
Ya me estoy enroscando otra vez. Mejor lo dejamos acá.
Mañana te cuento
BesosIfi