lunes 12 de mayo de 2008

La historia de Ifi

Interruptus

Pachi:

No creas que ayer te corté por hacer suspenso, porque a mí cada interrupción me duele más que a vos. ¡Me muero por contarte!, pero últimamente mi jefe me tiene loca. A estas alturas ya no me queda claro si el muy idiota es “bi”, (bisexual), o se está haciendo el “vi”, (el vivo) Lo cierto es que con cualquier excusa me anda tocando. Como sea, Aurelio no me cae para nada bien, y después de todas sus advertencias acerca de Juampi, no quiero darle el gusto de que me vea llorar por él.

¡Ay, Pachi!, mi vida es un desastre... Pero dejá que te siga contando, así podés juzgar por vos misma. Aprovechemos ahora que Manotas recibió una llamada de su camionero, y se fue.

Imaginate la escena, Pachi: el Bruto debajo de mí, y yo, histérica y en pelotas, a los saltos. Estaba tan asustada, que gritaba como loca para que alguien nos rescatara, mientras me sacudía sobre él.

Al principio Juampi se quedó inmóvil por un buen rato, y después, muy despacito, empezó a repetir: “Pará, pendeja”

¿Tendría que haberme dado cuenta, no?

Digo, por el tono en que lo hizo, mezcla de desesperación y súplica.

“Pará, pendeja”, repetía una y otra vez, debajo de mí. Pero yo, nada...

¿No soy pelotuda?

Yo seguía como si tal cosa, golpeando mi voluminoso trasero contra sus piernas. Sacudiendo mis lolas, meciéndome, corcoveando de susto.

Y entonces escuché su grito enfurecido: “¡Pará, Ifi!... ¡Te lo pido por favor!”

“Bancatelá si te aplasto”, mugí con soberbia.

¿No soy boluda? ¡Yo creía que le resultaba pesada!

“Nena, soy un hombre, y vos estás en pelotas”, bramó, con la misma voz que había usado para alejar al chorro de mí. Un tono que, de verdad, daba miedo.

¿Pero acaso me detuve por eso???????? ¡No!, porque yo soy así, lenta para caer. Y además estaba re pirada por la situación, y re enojada con él, que se empeñaba siempre en ocultar todo: lo suyo con Empanada, nuestra amistad, ¡todo!

Tan enojada estaba, que le grité: “¡Cortala vos, nene! Conmigo no te hagas el machito. ¿Acaso te crees que no sé tu historia con José Luis, tu amiguito grasoso?”

Te juro que, al escucharme, Juampi empalideció. Es decir, yo no lo vi, porque estaba detrás de mí, (o más bien, debajo de mí), pero pude sentirlo.

“¿Quién te dijo?”, preguntó, electrizado. “Seguro que fue el camionero ese, el amigo de tu jefe... Flor de puto tu jefe”

Y ahí todo ocupó su lugar.

“Ah... Así que el Empanada, y el amigo de Aurelio, fueron amantes”, reflexioné en voz alta. “¡Por eso se pelearon el otro día en el bar!”

¡Para qué! ¡No sabés el grito que pegó el Bruto!

“¡¿Qué decís, pendeja?! ¡¿Te crees que José Luis también es puto?!

¡Guau!

No te puedo decir todas las cosas que cruzaron en ese instante por mi mente.

Ese “también” era una confesión tan explícita, como innegable. Y, lo peor, el pobre Empanada no era el pervertidor, sino un simple heterosexual que, como yo, transitaba por un mundo extraño y resbaloso, tratando de sobrevivir.

“No entiendo”, me rendí por fin. “¿Cuál es la relación de tu amigo con el amigo de mi amigo?”, pregunté en un exceso de claridad, propia de mi condición de universitaria.

“José Luis se encama con la mujer del camionero. Es más, no sólo se encama... ¡Está enamorado! Pero ella lo usa para darle celos al marido... ¡Y eso que, me juego, el tipo se acuesta con otra mina! ¡Y seguro que el gay de tu jefe sabe todo, y lo tapa!”

¡Vaya si Aurelio sabe todo!, pensé divertida. Pero me callé. Un poco porque esa no era mi historia, y otro poco porque tanto desencuentro entre los sexos me resulta patético. Pero, sobre todo, porque ya estaba suficientemente desesperada con mi situación, como para ocuparme de la de otros.

Así que, después de tamaña revelación, volví a las andadas. Es decir, a las sacudidas.

“¡Basta de hacer eso, por favor! Decime, pendeja..., ¿vos no te das cuenta que estás arriba mío, y en pelotas?”

No, no me daba cuenta de eso, ni de nada.

¡Me quería morir!

Pero como no lo hice, y, en cambio persistí con los saltitos, el Bruto no tardó en perder la paciencia.

“Mirá, nena...”, se enojó por fin. “Lo único que me falta es tener que aguantar a una mujer desnuda bailando en mi falda, mientras estoy atado”

“¿Por qué? ¿Te doy asco?”, grité enfurecida. Y al decirlo, te juro que casi me pongo a llorar de la bronca y la decepción que tenía.

Pero la reacción de él me dejó muda: no me chilló ni un poquito. Ni siquiera parecía estar enojado por mi tono... Más bien..., resignado.

“No, pendeja, no me das asco”, dijo de una manera que daba lástima.

Pero yo, en vez de conmoverme con su súplica, aproveché para escupirle mi rabia y mi rencor.

“¡¿Estás seguro?! ¡Vamos, Juampi! ¡Conmigo no tenés que gastarte en mentir! Sé muy bien cuales son tus gustos”

Tardó un ratito en contestar, como si no entendiera.

“¿Qué mierda querés decir con eso, pendeja?”

“Que a mí no necesitás mentirme más. Que hace rato me di cuenta que sos gay”

Al escucharme, el Bruto pegó un salto que, a pesar de estar atados re apretaditos, casi me tira al piso.

“¡¿Qué decís pendeja?! ¡Te re fumaste!”

Su reacción fue tan violenta, que me asusté.

“Te vi con mi profesor”, llegué a susurrar antes que

Ay, ahí vino Aurelio.

Chau

***

2 comentarios:

| | |V4RoL| | | dijo...

Mamá no puedo tener amores...

Marcela dijo...

mmmmmmmmmmmmmmm, a ver no nos dejes así, porfa