La historia de Ifi
Mecánica ligera
Pachi, Pachi...
Me acuerdo perfectamente dónde quedamos la última vez que te escribí, porque te juro que todavía me estremezco al recordar el frío del arma en mis costillas. Es decir, ahora me estremezco, porque entonces estaba tan en otra cosa, que cuando el tipo me exigió que saliera así como estaba, lo único que me preocupó fue recordar si me había puesto ropa interior decente. Y no me refiero con eso a unas bragas de abuelita, sino a un conjuntito como el que por fortuna llevaba, de encaje, blanco impoluto, y con costuras intactas. Un verdadero milagro, porque en general mis prendas íntimas suelen estar descosidas, rotas o decoloradas, (ni te cuento cuando me quedo sin bombachas limpias, y recurro a la parte baja de una bikini o a un shortcito)
¡Con un chumbo en mis costillas, y yo, preocupada por eso! Ni por mi vida, ni por mi honor, sino por la estética.
Y es que soy así, ¿viste?, tardo en caer...
Pero ni bien el tipo me arrastró afuera y vi la cara de horror del Bruto..., ¡sí que me espanté!
La verdad, la situación lo ameritaba. El pibe, (el chorro), no parecía mayor de dieciocho, y era obvio que estaba más asustado que yo. Y, para colmo, cada vez que hablaba se ponía a gesticular, sin soltar el chumbo, meneando ese maldito artefacto de un lado para el otro. ¡Más peligroso que mono con navaja!
Él, (el Bruto, ¿quién otro iba a ser?), trataba de calmarlo. Le hablaba despacito, como si fuera el terapeuta y estuvieran en sesión. ¡No sé de dónde sacó tanta tranquilidad! Se portó fabuloso, y sólo se enojó cuando el chorro me dijo algo tipo: “Ay, mamita, que buen culo tenés...”
“Con la pendeja no jodas”, le escupió. “Ni vos ni yo queremos que esto se complique, así que mejor no jodas”
¡No sabés cómo se lo dijo! ¡Daba miedo!...
¡Miralo vos, al Bruto!
¡Guau!
Cuestión que el chorro la emprendió con los bolsillos de Juampi. Le sacó trescientos pesos, y un celular divino, con cámara y MP4, refinito... El problema es que después intentó continuar con mi cartera. ¡Qué bajón! ¡Debo ser la única persona del mundo que hace papelones hasta cuando la afanan! Sí, porque ni bien abrió el cierre de mi bolsito, saltó una toallita higiénica, y millones de pañuelitos descartables usados, (porque yo respeto el medio ambiente, y jamás tiro al piso nada que no sea biodegradable), y tres pesos con veinticinco centavos.
“¡Tres pesos!”, gritó el tipo ofendido. “¡Hasta yo salgo con más plata que eso!”
“Es fin de mes”, me disculpé.
Pero el tipo no me tuvo ni medio de lástima, porque la emprendió con mi celular.
Y ahí sí que me ruboricé.
Es decir, si ignorás la cinta adhesiva, la puertita faltante, y la antena que desapareció el día de la insolación, el aparato está bastante... hecho mierda. ¡Pero al menos anda! ¡Tampoco era como para que lo tirara de esa forma al suelo, al grito de “¡Qué porquería!”
¡Qué bajón!!!!!!!!!
Después buscó en unos cajones, pero de verdad ahí no había nada de nada.
Entonces le ordenó a Juampi que se sentara en una silla medio rotosa, y a mí... ¡arriba suyo!!!!!!!!!!!
Yo intenté protestar con calma, (tipo: ¡Ni en joda me pongo en pelotas sobre él!), pero el chorro no me hizo caso, y me empujó sobre el Bruto.
Una vez los dos sentados, nos obligó a tirar los brazos para atrás, y los ató en el respaldo. Después enredó el mismo cable en nuestros cuerpos y nuestros pies, con lo cual ya parecíamos un matambre arrollado, de esos que cocina mi mamá para la Navidad.
¿Sabés qué pensaba en ese momento? Que, así en pelotas, se me debían notar todos los rollos.
¿No estoy para atrás con eso de la gordura?!!!!!!!!!!!
Imaginate, yo ahí, en pelotas, y más cerca del Bruto de lo que había estado nunca, con un tipo apuntándome, y en lo único en que podía pensar era en la gordura. ¡Y en comida!!!!!!!! Sí, aunque parezca un contrasentido, además pensaba que iban a tardar horas en rescatarnos, y que la panza ya me estaba haciendo ruido.
¿No estoy para atrás?????
Demás está decirte que, una vez atados, el chorro intentó robarse el Torino del padre de Juampi. Y, recontra demás está decirte, que el auto no arrancó.
“No le anda el carburador”, me disculpé, como si yo fuera la vendedora, y el pibe, un cliente insatisfecho.
“No es el carburador”, murmuró Juampi enojado, desde detrás de mí.
¡Qué cabezadura!!!!!!!!
Cuestión que en menos de cinco minutos el ratero ya era historia.
Y entonces entré en pánico. No sé, me puse como
Ay, Pachi, disculpá, pero el idiota de Aurelio me anda rondando, y yo no quiero que se entere de la forma horrorosa en que el Bruto me partió el corazón.
Cuando se vaya la sigo.
O mañana.
Chau
2 comentarios:
Y Como dijo Marcela no quiero dejar ningún comentario hasta que se acabe el suspenso que me mata... por favor Ifigenia de mi corazón... manda a tu jefe a comprar a la esquina y cuentanos completo el episodio!!!!
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, como nos dejas así??? como???? es que no es justo, saludos, no te preocupes por la gordura si vieras los bananos míos, mi novio le dice el uraba (la zona bananera de acá de Colombia) jejeje, claro que es feliz molestándolos, jajajajja, a ver como termino todo amiga??? saludos
Publicar un comentario en la entrada