sábado 21 de junio de 2008

La historia de Ifi

Empanada criolla

La verdad, no sé que me pasa, Pachi.

No sé si son las hormonas, o qué, pero me doy cuenta que no estoy actuando en forma demasiado coherente: a veces creo que podría conformarme con pasar todas las noches de mi vida al lado del Bruto, sólo como dos buenos amigos, (que es lo único que él parece dispuesto a darme) Riendo juntos, criticando a todos, o simplemente sintiéndolo cerca. Pero otros días, como hoy, no me importaría perder todo eso, con tal que, aunque fuera una vez en la vida, me abrazara con pasión, me besara y me... Bueno, y me hiciera todas esas cosas que, sin haberlas probado nunca, comienzo a necesitar cada vez que lo tengo cerca.

Ayer me llamó el Empanada. Buen pibe. Y de verdad no es tan feo. Lamento que vos o alguna de las chicas del Blog no estén más cerca, porque se los presentaría con gusto. Es súper interesante, y aunque se nota que carece de experiencia con las mujeres, (la camionera fue su primera amante), se puede pasarla muy bien a su lado. Como yo, él también es del interior. Pero sus padres, a diferencia de lo que ocurre con los míos, son dueños de media provincia, y no dudarían en comprarle a su único hijito la otra mitad, si él se lo pidiera.

A pesar de eso, José Luis no es ni por asomo un pibe malcriado. Por el contrario, es re laburante, (=trabajador), sensato, y... ¡solitario!

Es raro, pero quizás porque fue al mismo colegio que el Bruto e Ine, tiene algún parecido con ellos. No me refiero a lo físico, pero de verdad que el chico es como una versión femenina de Ine: la misma timidez, igual sensibilidad... ¡El calco!

Y, por cierto, también comparte con ella la misma torpeza para dirigirse al sexo opuesto.

Ayer, cuando te corté tan abruptamente el mensaje, me tuvo dos horas al teléfono. Y te juro que a la hora y cincuenta y siete minutos todavía no podía adivinar el motivo de su llamado. Al final me invitó a tomar algo, y luego de los veinte minutos que le llevó hacerlo, todavía no podía adivinar el motivo de semejante convite.

Cuando llegué al bar, (¡y mirá que yo soy re puntual!), él ya llevaba más de media hora esperándome. Por supuesto, ni bien notó mi presencia se puso tan nervioso que, al pararse, por poco y no tira la silla. ¡Pobre! Me parecía verme a mí misma, cuando me mando una de esas. Te juro que de no haber estado yo tan relajada, no pasaban ni cinco minutos hasta que rompíamos todo el local con nuestras torpezas. Pero yo, a diferencia de lo que suele pasarme cuando está el Bruto presente, me sentía súper tranqui. Como si él fuera un amigo de toda la vida. Y es que me re hacía acordar a Ine. Los dos piensan igualito, y hablan muy parecido.

Ni bien pudo calmarse, lo primero que hizo el pobre pibe fue excusarse por el papelón de la otra noche.

“Juampi me dio tu teléfono. No quería, pero yo insistí. No creo que tampoco le guste demasiado la idea de que nos hayamos encontrado hoy, pero yo necesitaba pedirte perdón”

“¿Y por qué pensás que puede molestarle que vos y yo nos encontremos?”, pregunté, haciéndome la distraída.

“Porque odia que sus mundos se mezclen”

¿Qué pensás que quiso decir con eso?

Por cierto, no lo que yo esperaba.

Después, no sé cómo, pasamos el resto del tiempo hablando del Bruto. Ahora, pensándolo a la distancia, quizás fui yo un poquito la culpable de eso, porque últimamente estoy un tanto obsesionada. Pero lo cierto es que cuando ya llevábamos ahí un tiempo considerable, José Luis me miró fijo a los ojos, y me preguntó, así, sin anestesia:

“¿Tanto te gusta Juampi?”

¡Me quería morir!!!!!! ¿Será tan evidente?

Por supuesto me apuré a negarlo con vehemencia, sin por eso decir que no.

“¡Qué decís!”, chillé. “Que yo sepa, Juampi está de novio”

Una salida magistral de mi parte... que no lo engañó ni un poquito.

Así que ahí, y sólo para desviar el tema, como hago siempre, le largué un “al que a mí me parece que le gusta Ine, es a vos”

¡Pobrecito! Lo dejé más tambaleante que cuando se había tomado todo el vodka.

Te juro que yo lo había dicho sólo por despistar, ¡pero le recontra di en el clavo!

¡Mirá vos! Y no era algo reciente, por lo que pude sonsacarle después. Pero como estaba Juampi y toda su familia de por medio, el Empanada nunca había tenido el valor de arriesgarse... ¡Pobre!

Después me acompañó a casa. Se despidió sin mucha pompa, y ya había caminado media cuadra, (=calle), cuando veo que se da vuelta y corre de nuevo hasta mí.

¡Te juro que pensé que iba a besarme! Pero no. En vez de eso me dijo:

“Nunca le digas a Ine que...”

“¡Por supuesto!”, le contesté confiada.

“Yo tampoco le pienso contar nada a Juampi de lo tuyo”, concluyó.

Y ahí sí que me quedé muda.

¡Qué bajón!

Ya no engaño a nadie.

¿Sabés qué es lo peor? Luego de un larguísimo desierto sentimental, en los últimos meses, y vaya a saber uno por qué, he tenido un millón de oportunidades para enamorarme. Está bien, los demás candidatos dejaban bastante que desear. Pero José Luis es un pibe fabuloso. Sensible, sensato, razonablemente lindo e irrazonablemente rico, buena persona...

¿Qué más se puede pedir?

¡¿Y entonces por qué no se me movió ni un pelo cuando lo tuve cerca?!!!!!!!!!!!!!!!

¿Acaso porque no es Juampi?

¡Qué bajón!

Ifi

1 comentarios:

Rasia dijo...

Hola Ifi!!!!

¿Sabes? Últimamente te tengo algo de envidia. Chicos como el Bruto y el Empanada (no puedo dejar de llamarlos por el apodo, pero es de cariño) no se encuentran en todos lados.

Ahora entiendo porque son tan amigos esos dos, son dos trocitos de cielo.

Me alegro que te fuese bien con José Luis, por ahí y todo terminan haciendose buenos amigos...

Es una pena que nunca se haya animado a hablarle a Ine... A mí me da la impresión que el Bruto estaría más contento teníendolo a él de cuñado en vez de a Piti. Pero, como te digo siempre, todo se andará: tiempo al tiempo.

Respecto a que no te guste José Luis, ¿nunca te ha gustado un chico que no cumple tus espectativas? Quiero decir que muchas veces decimos que queremos a un hombre guapo, rico, simpático, inteligente, romántico, educado, etc, etc, pero que finalmente terminamos con uno bajito, entradito en kilos, que trabaja un montón pero que no llega ni al día 15, rudo, poco sensible... pero que nos vuelve locas con todos sus defectos... Porque al final lo que nos enamora de otra persona no es su perfección, sino esas pequeñas cosas únicas suyas que no esperábamos y nos mueven el suelo...

Ya me enrollé, ¿verdad?

Mejor me despido,
Ciao.