La historia de Ifi
La histeria de Ifi, primera parte.
Pachi:
Perdoná el drama de ayer, pero últimamente estoy... , no sé, inestable.
¿Serán las hormonas?
¿O habré cometido la torpeza de enamorarme en serio de Juan Pablo?
Porque, de verdad, cuanto estoy sin él lo extraño tanto, que duele. Y cuando él está...
Ayer Ine me pidió que fuera a la casa para ayudarla con su último final del año. Yo, la verdad, no quería... A mí me pasan muchas cosas con el Bruto, y su indiferencia me pega demasiado mal, como para insistir con el asunto.
Antes que mi amiga abriera su bocota, yo había decidido tratar de olvidarlo. Arrancarme de la piel su fuerza y su calor. Peinarme de la cabeza todas sus palabras. Borrar de mi corazón ese sentimiento dulce que él, y sólo él, había creado en mí.
¡Ay, Pachi!...
Temo que todo esto, más que poético, suene cursi. Y es que me siento así, como heroína de telenovela, suspirando por su galán... Vos viste como es en la tele: un beso, un abrazo, y quedan embarazadas... Pero la triste realidad es que entre el Bruto y yo nunca pasó nada de nada. Él jamás hizo algo equívoco o malintencionado. Quizás porque me respeta, como dicen las chicas del Blog. Yo, en cambio, algunas veces pienso que es porque nunca le gusté. Pero, otras, me imagino que...
(Disculpá, últimamente estoy así todo el día. ¡Ni yo me aguanto!)
Lo cierto es que al principio me negué a ayudar a Ine. Ella lo tomó re mal. Pensó que no le perdonaba su relación con el vecino chuchi. Que estaba resentida, o algo por el estilo.
¡No way! Pobre mi amiguita... ¡Si supiera!!!!!!!!!
Al final tuve que aceptar ir a su casa. En la mía no hay compu, (=ordenador), y hubiera sido imposible estudiar allí.
Ni bien llegué, me choqué con Luz, la mamá. Como ya te conté, ella es una mina re dulce. ¡Una divina total! ¡No sabés cómo se sorprendió al verme!... Claro, hacía como mil que no estábamos juntas, así que ignoraba lo de mi cambio de “look”. Ella es tan amorosa y buena persona, que estaba fascinada porque, de repente, me hubiera transformado en una persona normal, (o, al menos, me pareciera a una)
Le gustó todo lo que tenía puesto. Y eso que no me había esmerado demasiado en...
A vos no te puedo mentir. Tengo que confesarte que, antes de ir para allá, no solamente me había arreglado un poco más que de costumbre... Me había arreglado para él.
¿Qué boluda, no?
Durante tres horas estuvimos con Ine, encerradas en la sala, estudiando. Yo, como te imaginarás, estaba pendiente de cada ruidito que pudiera delatar SU cercanía. ¡Pero nada!
A eso de las nueve de la noche, Luz me invitó a cenar. ¡Me super horroricé! Lo último que quería era darle la impresión al Bruto de que estaba tan desesperada por él, que había ido hasta su casa para buscarlo.
Pero cuando ya comenzaba a negarme, la mamá de mi amiga pronució las palabras mágicas: “De verdad no es ninguna molestia... Juampi acaba de llamar para avisar que no viene, así que hay comida de sobra”
Sí..., por un lado se me rompió el corazón por su ausencia. Pero por el otro, la perspectiva de una buena y abundante comida casera, sirvió para mitigar parte del dolor.
Sin embargo, ni bien me choqué con el papá de Ine, volví a arrepentirme de haber aceptado el convite. ¡Me miró con una cara! ¡Te juro! Otra vez me sentía en pelotas, como la última vez que nos habíamos encontrado. ¡Qué vergüenza!
Por fortuna su actitud dejó a las claras que nadie más en la casa estaba enterado de lo ocurrido en el galpón, el día del robo. ¡Menos mal!
El primer plato fue un matambre casero bue- ní- si –mo. Y eso te lo digo yo, que hago uno espectacular.
El segundo plato, (sí, porque en la casa de Ine todos los días se come entrada, plato principal y postre), unas milanesas de carne de ternera, bien finitas, fritas hasta dejar el pan rallado que las cubre de un color bien dorado, y un puré de papas posta... ¡Nada de paquete!
Te cuento todo esto, para que entiendas hasta que punto me conmocionó lo que ocurrió después que Luz me sirvió el plato. Porque, lo creas o no, casi ni probé semejante manjar.
Y no por la dieta, o alguna pavada semejante, sino porque ni bien me llevé el primer trocito de carne a la boca, apareció
Juampi!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!,
dispuesto a ocupar su sitio en la mesa.
Me quedé dura.
¡No! ¡ “Nos” quedamos duros!
Los dos.
Petrificados.
Luz se apuró a poner otro plato... ¡al lado del mío!, y el Bruto se ubicó, sin mirarme.
¡Guau!
¿Cómo puedo contarte toda esa adrenalina? Sentirlo otra vez tan cerca. Escuchar su voz...
Y, para colmo, a Luz se le ocurrió decir, sólo para alabarme:
“¿Y, Juampi?... ¿No decís nada de Ifi? Mirá que cambiada está. ¿No se la ve más linda, ahora que ya no lleva anteojos?”
¡Me quería morir! Pero peor le fue a Juan Pablo, que se atragantó. Y, para colmo, el padre nos miró con mala cara.
¡Me re quería morir!
“Sí, le queda mejor”, dijo él, ni bien logró tragar el bocado.
“¿Mejor?... ¡Está preciosa!”, insistió Luz.
¡No hay nada que hacer! ¡Yo me quejo de la mía, pero las viejas son todas iguales! Desde Marge Simpson en adelante, siempre están dispuestas a hacerte pasar un papelón.
De postre había duraznos en almibar, con crema chantilly, que tampoco probé... Bueno, quizás algo de la crema...
A la hora del café, incapaz de soportar aquel suplicio, me ofrecí para lavar los platos. Es decir, “nos” ofrecí, porque, por supuesto, mi buena voluntad incluía a mi amiga del alma.
Y ahí, en la cocina, cuando pensaba que ya estaba a salvo, la cosa se puso todavía peor.
“¿Te diste cuenta, Ifi?”, atacó Ine, ni bien nos quedamos a solas. “Últimamente Juampi está re raro, ¿lo notaste?”
Por toda respuesta me limité a pronunciar algo ininteligible, mientras me hundía un poco más en la pileta, atenta al detergente que comenzaba a espumarse.
Yo miraba los platos, pero podía sentir como Ine me observaba con desconfianza, buscando decodificar mi reacción.
Como siempre que había que lavar, a mi me tocaba la parte del agua, y a Ine, la del repasador. Pero cuando yo ya estaba a mitad de mi tarea, mientras que ella todavía no había empezado, sonó su celular. Por supuesto era Piti. Y, por supuesto, la charla era tan privada, como impostergable.
Fue cuestión de dos segundos, para que me quedara sola en la cocina. La verdad, lo agradecí, porque, lejos de miradas indiscretas o presencias inquietantes, por fin pude respirar.
Pero duró poco.
“Mamá me mandó para que te ayude”, anunció Juampi desde la puerta.
Y entonces sí que, de verdad, me quise morir.
Pero mejor te lo cuento mañana. Hoy se me acabó la plata para pagarle al idiota de la compu. Igual, escribo hasta llegar a los cinco pesos, porque no le pienso regalar ni una letr
4 comentarios:
Hola, Ifi!!
Cuenta, cuanta rápido como terminó esa historia con el Bruto... ¿Rompiste todos los platos? ¿Los rompió él? ¿Qué te dijo?
La verdad es que todas las madres son iguales... ¡Nos meten en cada embrollo! Aunque lo peor es que, en el fondo, no sabemos vivir sin ellas.
Ánimo, Ifi, ánimo.
Hola Ifi, cuéntame lo de l bruto, jejeje, de lo de las mamas no se que decirte mi mama era muy discreta pero supongo que no tubo oportunidad, murió cuando yo tenia 15, así que crecí con mi papa, que es un loco, pero no se mete jejjee, esperando a ver que paso chica!!!
Ifi, estoy considerando en hacer una coperacha (cooperacion :P) entre todas las del blog para comprarte una compu (ordenador, pc, etc) para ti solita con internet banda ancha, y así no nos dejes en ascuas ...
eso de que nos dejes a mitad de historia porque se te acabo la plata es más que inhumano... me puede dar un paro cardiaco o taquicardia por tanta emocion niña...
así que ya sabes ehhh si no te escribo de repente es que me morí de la emocion jaja
Saludos
Hola ifi
Se que queria saber del bruto pero lo que te paso es mucha emoción en un solo dia. Ya quiero saber como acabo todo esto porque de verdad no lo imagino. Saludos
Publicar un comentario en la entrada