La historia de Ifi
La histeria de Ifi, segunda parte
¿En qué quedé anoche, Pachi?
¡Ah!, sí...
Juampi estaba en la puerta de la cocina, y yo me quería morir.
¿Alguna vez te pasó algo semejante? Esa inquietud dulce, que te hace sentir viva, atenta..., feliz, y que, a la vez, te da tanto miedo, que te hace querer morirte ahí mismo.
Si..., yo me sentía así. ¡Y, al parecer, no era la única!
El Bruto estaba tan shockeado que, sin moverse, sólo atinó a repetir: “Mi mamá... Fue mi mamá la que me mandó...”
Parecía un nene, tratando de justificar una travesura ante la directora del colegio. Era como si quisiera dejar bien en claro que estaba ahí en contra de su voluntad.
Y ahí me enojé.
Después de todo, yo también estaba ahí en contra de mi voluntad. Sólo porque me lo había suplicado Ine. ¡¿Qué se creía, entonces?!
Así que lo miré con asco, y le dije: “Si te mandó tu mama, ayudame, y secá”
Él agarró el repasador, y se paró al lado mío. Parecía uno de esos mozos molestos, esos camareros que están pendientes de tus movimientos, en los restoranes caros.
Por supuesto, me puse re nerviosa, e intenté apurarme. Y, como ya sabrás, los nervios y el apuro no combinan, tratándose de mi torpeza.
Enjuagué el primer plato, e intenté dárselo. ¡Para qué! Se me fue a la miér... coles.
Por desgracia, Juampi y yo tenemos unos reflejos fantásticos, así que los dos nos agachamos a un tiempo para atajarlo. Y fue entonces cuando...
¡Ay!
Fue entonces cuando terminamos muy juntos, sosteniendo el mismo plato, y mirándonos a los ojos.
¡Guau!
Y cuando creía que ya no podía sentir más cosas, él se sonrió (¡!!!!!!!), y me dijo: “Tenés crema chantilly en la cara”.
¡No sabés!... Te juro que ni en mil años podría describir la dulce sensación de sus dedos acariciandome la boca, para limpiarme.
¿Alguna vez, yendo por la ruta, encandilaste a una liebre?
Pues yo debía verme igualita, porque ni bien me tocó, me quedé ahí, petrificada.
Excepto porque cerré los ojos, emocionada por la suavidad de su contacto.
Creo que, de no haberse caído el dichoso plato al suelo, no hubiera vuelto a reaccionar jamás.
Por supuesto, cuando me di cuenta de la cara de idiota que debía tener, me hundí de nuevo en la pileta de lavar, mientras él intentaba arreglar el estropicio.
¡Me quería morir!
Te juro que, si hasta anteayer Juampi albergaba alguna duda acerca de mis sentimientos, con semejante cara de boluda que habré puesto, de seguro ahora los tiene bien claritos.
¡Qué bajón!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Para colmo, para arreglarla, me forcé a usar un tono relajado, mientras le preguntaba por la novia. Pero justo en el preciso momento en que abrí la boca, él también dijo algo, por lo que no se entendió nada de nada.
Nos reímos, y, por suerte, pude aflojarme un poco. Por supuesto, como yo soy una niña buena, lo dejé que hablara primero...
Mal hecho.
Porque entonces me lo largó:
“¿Por qué pensaste que era gay?”, me recriminó.
Sí... De verdad me recriminó. Como si hubiera sido yo la que estaba en falta. Como si hubiera sido él al que le tocaba estar ofendido.
Yo, por supuesto, le respondí lo obvio. Pero él, ¡ni me escuchó! Ignorando mi presencia, comenzó a reflexionar en voz alta: “Por eso te daba igual que subiera a tu departamento... Por eso no te importaba pasearte en bolas adelante mío... O que nos quedáramos toda la noche charlando, acostados en la cama... ¡Si hasta me ofreciste dormir juntos! ¡Es increíble!”
¡Me quería morir! Te juro que no sé como es que Luz todavía tiene platos, porque a esa altura ya parecía una malabarista.
Como te imaginarás, no lo dejé continuar. Dicho así, y sin anestesia, era too much.
“¿Y tu novia?”, pregunté, sacando el tema de la nada. “Me enteré que está por volver, ¿no?”
¡No sabés la cara que me puso!
“¿Quién te habló de mi novia?”, se enojó.
“Ine... Y además me mostró la foto... Y me bastó verla, para saber que te super merece, porque es re fea y estúpida como vos”, le dije.
Bueno... En realidad, eso último no lo dije. ¡Pero lo pensé!
Y no fue por cobarde que me callé la boca, sino porque justo en ese momento llegó mi amiguita del alma.
Y fue cuestión de que ella apareciera, para que Juampi le colgara el repasador del brazo, y se borrara al instante.
¡Qué cobarde!
Cuando terminamos con los platos que todavía estaban sanos, con Ine volvimos al estudio.
Y mientras ella trataba de memorizar, yo me consolaba pensando que había sido mejor así. Que lo más inteligente era dejar de lado esa estupidez de los “mejores amigos”, para contentarnos con volver a ser simples conocidos, capaces de compartir una sala, (o, en este caso, una cocina), sin ruborizarse.
A las doce, cabizbaja y meditabunda, emprendí el regreso a casa.
¿Sabés?, como acá últimamente te matan por un par de zapatillas, me acostumbré a andar por la vida corriendo, y sin mirar a nadie. Pero antenoche no pude... Necesitaba caminar despacio. Sentir el viento en la cara. Despejarme, y enfriar mi corazón.
En Cabildo, cosa rara, casi no había nadie.
Digo “cosa rara”, porque acá en Buenos Aires la gente no distingue entre las doce de la noche, y las del mediodía. Sobre todo en verano, es fácil encontrar una pequeña multitud circulando a cualquier hora... Pero justo antenoche, no. Cabildo era como un cementerio. (¡Muy apropiado!, porque yo andaba por ahí como si fuera un zombi)
Sin apuro llegué hasta la parada del 152, y me quedé ahí, quietita, con la misma cara de idiota que debo haber tenido el resto de la velada. Y es que, como te imaginarás, todavía tenía el gusto de él en la boca. Me parecía sentir su mano acariciando mi labio, para limpiar la crema. ¡Te juro que nunca me sentí tan feliz por ser una torpe, incapaz de comer algo sin mancharme!
Y ahí estaba yo, rememorando aquella sensación tan increíble, tan dulce, cuando, como salida de mi memoria, escuché la voz del Bruto.
“¿Cómo supiste que era el carburador?”, me preguntó, como si no hubiéramos dejado de charlar nunca.
¡Me quería morir!
¡Sí! No era mi imaginación, ni mi deseo. ¡Era él! Paradito a mi lado, y con esa sonrisa que me vuelve loca.
¡Guau!
No sé que le contesté, pero sé que nos reímos de buena gana. Y entonces él dijo algo, y nos reímos un poco más.
Después nos quedamos callados, mirándonos. Y justo en el preciso momento en que me pareció que iba a decir algo...,
¡llegó el p... p...
el pobre colectivo!
¡El bus maldito! El mismo que nunca aparece cuando estoy apurada, y que ahora, por obra y gracia de mi mala suerte, surgía lo más campante de entre las sombras, ¡a la una menos cuarto de la madrugada!
¡Y después pretenden que no me largue ni una miserable puteada!
La verdad, de ser por mí, me hubiera hecho la distraída, pero Juampi se apuró a pararlo.
Así que tuve que resignarme a despedirme de él antes de que el maldito 152 estacionara. Le di un beso rápido en la mejilla, (¡A Juampi!, que no va a ser al colectivero...), y él....
¡Ay!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
¡Me quiero morir!
Él me agarró del brazo y me dijo: “Se te extraña, pendeja”
¡Ay!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Dudo que el mejor de los orgasmos pueda compararse a lo que sentí en ese momento.
¿Qué querés que te diga, Pachi?
Ya hace un millón de horas que pasó, y todavía no me repongo.
Sí, ya sé que eso que me dijo no significa nada.
Ya sé que no estoy ni un paso más cerca de él, ni el avión de la novia, ni un kilómetro más cerca de España. Pero permitime soñar, por favor...
Al menos esta vez quiero dejarme acariciar por su voz, y perderme en lo hondo de su mirada.
¡Sí!
¡Soy una cursi!... ¡¿Y qué?!!!!!!!!!!!!!!
Chau
Ifi
3 comentarios:
Ifi, en serio, si el Bruto reaccionó así es que es un amor. No sé, otro chico en su lugar se hubiese puesto mucho más furioso y hubiese soltado alguna de esas tonterías que siempre sueltan cuando se duda de su hombría.
En serio, ese chico es un cielo... Aunque, claro, un cielo con novia. Por fortuna tú tienes los pies muy bien puestos en la tierra y eres consciente de que estás soñando, y que por el momento algo entre ustedes es un sueño.
Pero Dios, ¿en serio que te dijo que te extrañaba? Lo dicho, es un cielo.
ayyyyyyyyyyyy
ifi.... me muero de la emoción =P
ayer leí tu mensaje recien lo subiste pero como ya iba de salida de mi trabajo ni forma de comentarte nada...
pero la vdd que emociónnnnnnnnnn
estoy de acuerdo con rasia... el bruto es un cielo, un amor... un principe... pero con novia :( aunque hay un dicho que dice "amor de lejos, amor de p....." así que no pierdas la esperanza, con soñar no se pierde nada...
Hola ifi, lo unico que me extraña del bruto es que solo es lindo cuando estan solos pero bueno que se le va a hacer igual es lindo, lastima que tenga novia.
Ahora que aclararon las cosas espero que vuelvan a ser amigos, suerte....
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