martes 17 de junio de 2008

La historia de Ifi

Los estragos de un buen vodka

Pachi:

Ayer nos quedamos en que yo estaba en la puerta del boliche, tratando de sostener al Empanada, justo en el preciso momento en que llegó el Bruto.

La verdad, me re sorprendió su presencia ahí. Pero todavía más me sorprendió que se dirigiera directo al Empanada, y que le cruzara un flor de zurdazo, embocándole el único ojo que al pobre chico le había quedado sano, mientras le gritaba: “¡Te dije que con ella no!”

¡Casi me muero ahí mismo!

Y te juro que no fui la única.

Porque ni bien el Bruto notó que el Empanada se deshacía, tal cual como si en verdad lo fuera, (¿te acordás de las empanadas, que al primer mordisco empiezan a chorrear grasa y carne picada por todos lados?), se dio cuenta que el pobrecito estaba totalmente borracho, y que no era tanto que él me estuviera “apoyando”, como que yo lo estaba sosteniendo.

¡No sabés como se puso Juampi!

Entre los dos logramos, con esfuerzo, volver al chico a este mundo.

Ni bien el Empanada reconoció a su amigo, ignorando de seguro que también se trataba de su agresor, se puso a contarle todos sus dramas, casi sin respirar. Y siguió haciéndolo en el taxi, y en el ascensor, y...

Una y otra vez repetía siempre lo mismo: “No me quiere”; “está embarazada”; “nunca me quiso”; “me usó”...

¡Pobre chico! A veces las mujeres podemos ser muy malas, porque de verdad creo que la muy turrita de la camionera sólo lo usó para celar al marido.

Lo más raro de todo aquel encuentro, (bueno, aparte del inexplicable golpe que el Bruto le propinó a su mejor amigo, y su aún más extraña advertencia), fue la forma en que Juampi me miraba. Era como... como con bronca. Odio, vaya uno a saber por qué.

Después de circular un largo rato con el taxi, por fin llegamos. ¡No sabés qué mansión! Es decir, no era una mansión, porque era un departamento, pero re suntuoso. ¡Y todo del Empanada!

Ver tanta riqueza y esplendor me devolvió un poco la fe en la gente. Si la camionera había despreciado a semejante candidato, era porque de verdad estaba muy enamorada del marido. Porque el Empanada, gastadas aparte, tan feo no es... ¡Y si además tiene plata!

La sala era inmensa y tenía un piso re brillante de madera tarugada, como el que mi mamá siempre quiso tener, y que mi papá sistemáticamente se negó a comprar. Pero, por desgracia, fue todo cuestión de trasponer la puerta, para que tanto alcohol en el cuerpo del pobre muchacho intentara hallar la salida, recorriendo el camino inverso.

¡Ahí!... ¡En medio de esa sala elegante y hermosa!... ¡Qué bajón!

Si yo hubiera estado en otro momento de mi vida, semejante evento se hubiera convertido en toda una metáfora. Pero como estaba ahí, y el Bruto andaba tan cerca, lo único que atiné a hacer, mientras él arrastraba al amigo al dormitorio para desvestirlo, fue buscar algo para componer semejante estropicio.

No sé por qué hice eso. Quizás al fin estaba rindiendo su fruto tanta prédica materna acerca de la limpieza. O me dio pena que la madera se arruinara. Pero lo cierto es que ahí estaba yo, con zapatos de TACO, y mi vestido más caro, (bueno, descontando el que se manchó de grasa), fregando el piso de alguien que de seguro podía pagar para que otro lo hiciera.

Ni bien regresó del cuarto y me vio, el Bruto, (¡¿quién lo entiende?!), cambió la cara, y se arrodilló a mi lado, para ayudarme.

¡No sabés cómo me hacía el corazón!

Ahora que lo pienso, debíamos vernos ridículos, los dos agachados en silencio, y recontra concentrados en desmanchar cada pequeña tablita.

Y, a pesar de que el piso ya estaba totalmente limpio y desodorizado, seguimos lavando todo como por diez minutos más. Por fin fue el Bruto el que se puso de pie, y me extendió la mano.

¡Me quería morir, Pachi!

¿Suena tan romántico como fue? Porque yo me agarré de él, y con el envión quedamos muy juntos.

¡No sabés! El silencio era tan intenso, que te hacía temblar...

Bueno, en realidad no sé si fue por el silencio, o que, pero yo estaba temblando como una hoja desde hacía rato.

¡Qué romántico! ¡Qué sensación! Yo, parada a su lado, sosteniendo todo un balde de deshechos tóxicos... Y hubiera seguido así hasta la mañana, de no haber sido por él.

“¿Te ayudo a llevar eso a la cocina?”, me ofreció de onda.

¿Creerás que fui incapaz de responderle? Tenía un nudo horrible en la garganta, así que me limité a alcanzarle el balde, y verlo desaparecer con él.

Para cuando volvió de la cocina, yo ya estaba algo más repuesta. Pero “algo”, en mi caso, nunca es suficiente. Y es que en situaciones como esa, me cuesta pensar con corrección. Cuestión que lo primero que hice fue preguntarle el motivo que había tenido para pegarle semejante puñetazo al pobre Empanada. Lo dije así: “al pobre Empanada”. Y no sé si por eso, o qué, volvió a enojarse.

“Se llama José Luis”, me dijo. “Y lo que no entiendo es qué mierda tenías que estar haciendo vos con él”, explotó a continuación.

¡Estaba celoso!!!!!!!!!

¡Celosísimo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

¡¿No es un dulce?!

Yo no sé la cara de Juampi, pero yo tenia una sonrisa de oreja a oreja.

Y creo que eso lo terminó de enfurecer. Y, viste cómo soy yo, en vez de consolarlo, lo apreté un poco más.

“¿Y qué hay de malo si con el Empanada estamos saliendo? Después de todo, los dos estamos solos”, le respondí de puro mala.

(O de puro ilusa, porque, por ahí, las cosas no eran tan como yo me las imaginaba)

¡No sabés cómo se puso! No decía nada en concreto, pero no por eso dejaba de hablar.

¿De hablar?... ¡De gritar!

Y entonces, como pude, le expliqué que no, que no había salido con el Empanada, sino con el amigo de Piti.

¡Para qué!

¡Todavía peor!

Ahora pienso que ahí mismo tendría que haberlo encarado. Haberle dicho algo como: “¿Y qué querés? ¿Qué me quede sola, mientras vos paseas por ahí con tu novia?”

Pero eso lo pienso ahora, porque en ese momento me quedé muda.

Y, aprovechando, ¡cosa rara!, mi silencio, Juampi se mandó todo un discurso acerca de lo poco que le gustaba Piti, y como lo había pescado tocando a su hermanita de forma non santa. Y que si el muy estúpido pensaba que podía llevársela a la cama así como así, estaba en el horno, porque él mismo le iba a demostrar lo contrario.

¡Si supiera!!!!!!!!!

Sé sincera, Pachi... ¿Es bruto..., o no? ¡Viste que no exageré ni un poco! El pobrecito es un troglodita, con todo y garrote.

Y fue en ese momento, que era justo cuando tenía que quedarme callada, que se me ocurrió abrir mi bocota: “¿Y qué hay si ya tuvieron sexo?”, lo enfrenté.

¡No sabés cómo me miró!!!!!!!!!!!!

Lo pienso, y todavía me pongo a temblar.

Y entonces, de la nada, me largó la dichosa pregunta: “¿Vos ya te acostaste con alguien?”

¡Ay!, yo ya sé que quiero ser escritora. Que tendría que poder, a esta altura de mi carrera, expresarte con palabras la forma en que lo dijo. ¡Pero no puedo! Es que... Lo dijo con una voz tan grave y desesperada, que... ¿Entendés?... No fue como algo dicho al pasar. No fue una simple pregunta. Fue como... Como si de mi respuesta dependiera el resto de su vida.

¡Guau!

Y ahí de nuevo desperdicié la oportunidad de gritarle que si yo todavía era virgen, no era por gusto, sino porque no podía imaginarme en otros brazos que no fueran los suyos.

Pero en vez de eso, me salió un “No” de lo más deslucido.

Y entonces fue él el que se sonrió de oreja a oreja.

Pero no me quedó claro si de puro enamorado, o de estúpido machista. Porque ahí arrancó de nuevo con la hermana, y de lo inconveniente de mandarse en la cama o en la vida con cualquiera.

Esta vez no me quería morir... ¡Lo quería matar! Porque, que yo sepa, menos conmigo, el Bruto se revuelca con cualquiera.

Y a mí, esto de las diferencias entre hombres y mujeres, no me cierra. Y algo de eso se ve que le dije, (no estoy muy segura, porque los nervios me hacían hablar sin pensar), porque él enseguida me retrucó algo. Y sus argumentos me dejaron sin palabras:

“¿Y quién te dijo que para los hombres es distinto?”

¡No entiendo nada, Pachi! Para colmo, como no estoy muy segura de lo que le pregunté, no puedo entender del todo el alcance de su respuesta. ¿Me habrá entendido que yo no sólo hablaba de amor, sino también de sexo?

Lo peor de todo es que él me seguía mirando de “esa” manera. Como si de lo que yo fuera a decir dependiera el resto de su vida.

¡Ay!

Y justo cuando iba a agregar algo, (yo, porque él, como te dije, sólo me miraba), llamó su maldito celular.

(Mirá si no seremos almas gemelas, que después del robo los dos nos compramos el mismo celular. ¡Igualito! Claro que él eligió ese por pobrecito, porque el otro le había costado una fortuna, y todavía lo estaba pagando, mientras que yo lo compré por lujoso, para no volver a pasar vergüenza)

Juampi miró el visor del aparato, se puso pálido, y se fue a hablar a la cocina.

¡Era ella! Me juego a que era ella.

Pero ni bien volvió a la sala, el Bruto se apuró a decir que lo habían llamado por algo de trabajo, (¡a las siete de la mañana!!!!!!), y que era mejor que, como ya era de día, y pronto yo tendría que ir a la biblioteca, me volviera a casa, mientras él despertaba al amigo.

Por supuesto lo obedecí, porque no supe cómo negarme.

¡Me quiero morir, Pachi!

¿Vos qué entendés de todo esto?

Confundida

Ifi

3 comentarios:

Rasia dijo...
El autor ha eliminado esta entrada.
Rasia dijo...

Ay, Ifi...

Yo veo al Bruto tan confundido como a ti (casi me sale un vos, se me está pegando la forma de hablar argentina :) ).

No quiero ilusionarte, pero tú al Bruto lo tienes loquito... Lo único que tiene un cabo suelto que atar: la novia.

No sé, tiempo al tiempo... ya nos contarás. Pero yo estoy segurísima de que le gustas, si no, su comportamiento no tuviese sentido. Además, es relindo, quiere respetarte y todo eso... Si solo le gustases como mujer se habría abalanzado sobre ti, mucho más sabiendo que querías perder la virginidad. Los tíos no se lo piensan dos veces y se lanzan. Que el Bruto no lo haya hecho es un gran punto a su favor.

Es un sol, bruto, pero un sol.

¡Un saludo!!!

PD: A todos los hermanos les pasa lo mismo, nunca ven que sus hermanitas han dejado de ser santas, pero lo mínimo en las demás mujeres les escandaliza. ¿Quién entiende a los hombres?

natsumi dijo...

Hola Ifi yo tambien creo que le gustas al bruto, si hasta le pego al empananada porque penso q salieron juntos.

Para mi que por eso bloqueo a los contactos del msn que conociste la primera vez que salieron, y te organizo esas citas extrañas con el norberto y el juan cruz seguro sabia que no te gustarian.

Es un celoso, seguro te acuerdas como se puso cuando defendias a tu vecino, y cuando conocio a aurelio enseguida dijo que era tu novio.

Lastima que tenga novia el bruto... bueno ya veremos que pasa.......
Suerte