miércoles 2 de julio de 2008

La historia de Ifi

Cuatro entierros, y ninguna boda (segundos entierros)

Pachi:

Disculpá lo de ayer, pero cuando miré el marcador de la compu, ya no tenía ni tiempo para despedirme.

Pero me acuerdo perfectamente dónde quedamos. Es más, dudo que alguna vez en la vida pueda olvidarlo: yo, en brazos del Bruto, que trataba por todos los medios de consolarme.

¡No sabés qué bien se sentía estar así!

¿Pero acaso yo me conformé con eso, y me dediqué a disfrutar?

¡No!

¡Por supuesto que no!

¡Te juro que no sé por qué hago esas cosas!

Cuestión que le grité que, después de todo, no había nada de malo si yo salía con el Empanada, porque los dos éramos libres. Entonces me replicó que, si lo hacía, estaba todo mal, porque a mí su amigo no me gustaba ni un poquito. ¡Y ahí sí que se me volaron los pájaros! ¡Me puse como loca!

“¿Y vos qué sabés quién mierda me gusta a mí?!, le grité, enfrentándolo... Y el muy gallina se fue al mazo. Se salió por la tangente, y desviando la mirada, me largó un “Sabés que a mí no me va que digas malas palabras”, que no tenía demasiado que ver con nada.

Después me invitó a tomar algo a un barcito que estaba por ahí, y una vez sentados retomó la charla, evadiendo el tema principal, (principal al menos para mí).

“José Luis estuvo muerto por vos desde que apareciste en mi casa la primera vez”, me confesó. “Y si a vos no te gusta, no me parece correcto que lo uses para...”

¡Te juro que no lo dejé terminar! ¿Ahora me acusaba de aprovechadora? ¡¿Yo?!

La verdad es que me puse como loca.

¡Aprovechador es él, que, a pesar de saber que me gusta, (¿por qué otra cosa desvió el tema?), me tiene en reserva por si las cosas le fallan con esa novia que nunca termina de volver de España. (Por cierto, ¿en qué viaja la niña? ¿En ferry?)

Cuestión que empezamos a pelear tupido respecto de si el Empanada gustaba de mí, o no. Él insistía con eso de que era su amigo, y que lo conocía mejor que nadie. Y al final me sacó tanto de mis casillas que...

¡ay!

Es horrible lo que hice.

Pero le conté lo del Empanada con Ine.

Ay, ya sé que es de cuarta traicionar la confianza de un amigo... Pero, después de todo, a José Luis apenas lo conozco.

Ni bien escuchó mi verdad, (o la del Empanada, para ser más precisa), Juampi no se la creyó, y empezó a burlarse de mí. Pero se ve que después lo pensó mejor, o que algo le sonó en la cabeza, porque se puso re serio.

Y fue gracias a esa indecisión que logré serenarme un poco, e intentar aprovechar el momento. Después de todo, ni bien llegara la novia, cada vez iba a ser más difícil volver a estar solos.

“Mirá Juampi, yo entiendo que a vos no te guste que yo lo lastime. ¿Pero por qué le prohibiste a José Luis que me llamara? ¿Qué te pasa a vos conmigo, para que eso te moleste tanto?

¡Te juro! Se lo largué así, de una...

Él me miró...

¡No sabés cómo me miró!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

¡Y entonces le sonó el maldito celular!

¡¿Eso no se llama tener desgracia, Pachi?!

Justo cuando lo tenía acorralado, viene algún idiota a mostrarle la salida.

¡Qué recontra bajonazo!

Y no fue cualquier idiota. Fue la novia, llamándolo del más allá.

¿Podés creer mi mala suerte? Yo, por supuesto, la quería matar. ¡Y no era la única! A Juampi tampoco le cayó demasiado bien la llamada, porque la trató súper frío. Tomó algo de distancia para poder hablar tranquilo, pero yo escuché todo igual. ¡Hasta oí algo de la voz de ella! Por lo que calculo que del otro lado, la charla no era nada amable.

De lo que estoy segura es que, en un momento, ella le preguntó con quién estaba, y él le contestó que “con nadie”

¿Por qué me oculta, si soy sólo una amiga?

La charla por el celular por supuesto fue breve. Así que yo, que ya no estaba dispuesta a permitir que este infierno se extendiera para siempre, insistí.

“Dale, Juampi: ¿qué te pasa a vos conmigo, como para que te hinche tanto las pelotas que yo salga con José Luis?”

Y ahí, lo creas o no, volvió a sonar el celular. Pero esta vez fue... ¡el mío!

¡Mi celular!... Jamás se acuerda nadie de mí, y justo anteayer tenía que llamar... ¡mi mamá!

¡Te juro! ¡Era mi vieja, con ese don de la oportunidad que la caracteriza!

¡La quería matar!

Me estaba llamando por no sé qué pavada. Yo no hice rancho aparte, porque quería darle el ejemplo a Juampi de lo grosero que podía ser eso. Así que me quedé ahí, firme en mi silla, estoica, mientras del otro lado de la línea mi vieja gritaba cosas. Al final, por supuesto, me hizo la pregunta de rigor. “¿Con quién estás ahí?”

Y yo, no sé si de apurada, conmocionada, o qué, le respondí: “Con el Bruto”

¡Con el Bruto!

¡Te juro! Lo dije así, de una.

“¿Yo soy el bruto?”, me preguntó Juampi enfurecido.

Como una idiota, me quedé muda.

Y yo no sé si por la rabia de conocer su apodo, o para escapar de responder mi pregunta, la cuestión es que me dejó pagando y se fue. Es decir, pagar, lo que se dice pagar, pagó él, porque en eso es re caballero. Pero me dejó pagando en el sentido de... ¡Vos me entendés!

Pero como a mí me cuesta arrancar, pero una vez que me mando, me mando con todo, me paré de un salto, y comencé a correrlo por la calle como si fuera una loca.

“¡Esperá, Juampi!”, le gritaba. Pero él, lejos de parar, apuraba el paso. Hasta que en la esquina lo alcancé.

“Esperá, Juampi”, le repetí, a pesar de que ya los dos estábamos quietos.

“¿Sabés cuál es tu problema, pendeja?”, me largó, luego de un silencio interminable. “Tu problema es que volvés loca a la gente”.

Salté como gata en alambrada.

“ ¡Yo no vuelvo loco a nadie!”, me defendí.

“Sí... Vos no te das cuenta, pero volvés locos a los hombres”

“¡¿Yo?!!!!!!!!! ¡Si soy una santa! Ni siquiera...”, comencé a chillar.

Pero no dejó que acabara. Me miró fijo a los ojos, (¿te conté que tiene unos ojos increíbles?), y me dijo:

“Me volvés loco a mí”

Te juro que en ese momento la tierra se abrió bajo mis pies. Y no es que me lo haya dicho tipo: “Me tenés loco, mamita. Vení que te parto al medio”. Pero tampoco sonó como cuando mi mamá dice que la vuelvo loca, ¿entendés?

Como sea, nos quedamos ahí parados, uno frente al otro, pero sin reaccionar.

Y entonces extendió sus brazos, los apoyó sobre mis hombros, me acarició el pelo, y... te juro que pensé que me iba a besar... Pero justo en ese preciso momento alguien lo chocó, (¡Puta! ¿Ni en la vereda se puede estar tranquila en este país?) ¡No sabés! Fue como si se despertara. Así que enseguida me soltó, y siguió de largo.

Esta vez no fui tras él. Un poco porque ya no podía sentir las piernas por la emoción. Y otro poco porque tenía miedo de enfrentarlo, y caer en la triste realidad: por ahí me hice la película, y él sólo había querido decir que le resulto insoportable.

Como sea, ni bien pude reaccionar, corrí, sí, pero en sentido opuesto. Más concretamente fui hasta el bar, porque me había dejado el celular nuevo sobre la mesa. Por suerte, cosa rara, todavía estaba ahí cuando llegué.

Te juro que el mozo, (=camarero), me puso una cara re extraña al dármelo. Y no sé si fue porque el tipo estaba tan sorprendido como yo de que nadie lo hubiera choreado, (=afanado, =robado), o porque, como una idiota, me había largado a llorar como si fuera la última vez.

Y, después de todo, capaz que lo es, ¿no?

Confundida

Ifi

5 comentarios:

Rasia dijo...

Ay, Ifi...

Añade un entierro más a la lista, ¡me acabas de dejar muerta!

Hoy no tengo ni palabras...

Un saludo.

Yolandita dijo...

auch....

ni que decir...

saludos

Marcela dijo...

Opa Ifi, los hombres son de lo mas raros, obvio el chico esta muerto por ti, nada que hacer, lo malo es que tiene novia, y nena uno en esas cosas no se mete, ahora mismo mi novio y yo estamos a la distancia y hacemos mucho para que las cosas funcionen, espero que no se fije en nadie por allá, jajjaa, como te decía los hombres son raros, con mi novio hacíamos todo juntos antes de empezar a salir, eramos amigos, y bueno, el no se arriesgo del todo, digamos que solo se dio jajajaja, dale tiempo, las cosas fluyen solas, saludos

natsumi dijo...

Hola ifi.

Que te puedo decir, al bruto cada vez lo entiendo menos.....

Es que no hay derecho! a que te emocione de esa manera y cuando crees que va a hacer algo se corta todo y se va, supongo que en ese momento se acuerda de que su novia va en el ferry!!!!

Bueno habra que esperar y ver que pasa....

Mucha Suerte.
Saludos.

Carolina dijo...

Querida, tanto llanto vas a terminar mojando los teclados en los que escribes. Ya no llores más, ok? No es eso que todo el mundo dice de: no vale la pena...

Si debe valer la pena querer y dejarse querer, pero en vez de llorar, levanta la frente y recibe lo que tenga que venir con la mirada limpia, sin culpas, sin miedos, sin ningún sentimiento que te empañe los sentidos.

Eso sí, jejeje, no te pongas histérica cuando te habla don Juanpi, solo contestale correctamente y sin alterarte... eso lo volverá más loco de lo que ya está jeje, o mejor, ya tratalo con indiferencia a los hombres (y a las mujeres también) lo que no está al alcance (o lo que parece que no está al alcance) apetece más...

Es como cuando una se pone a dieta y ve la torta de chocolate, pues esa torta es más deseada que si no estuvieramos a dieta.

bueno te dejo con mis teorias y mejor voy a ver a mis crios, un beso