La historia de Ifi
Sintiendo las lágrimas
Ay, Pachi...
No te miento: me siento re mal. Estoy para la mierda.
Porque sé que la otra noche lo perdí para siempre. Que ese beso no fue más que una dulce despedida para una historia que lleva meses.
Pero, ¡pará!, me estoy adelantando, porque todavía no te conté nada.
Ahí va...
La otra noche, y después de habernos llorado todo, Luz me invitó a cenar. Creo que a causa de tanto llanto las malditas empanadas quedaron bastante saladas, aunque estaban ricas igual.
No me preguntes por qué, porque Juampi se sorprendió tanto como nosotros al verlo, pero el homónimo, es decir el Empanada, también estaba sentado a la mesa. Te haría un chiste acerca del canibalismo del suscripto, pero, la verdad, no estoy de humor.
Cuestión que todos comíamos en silencio, como si se hubiera muerto alguien. El único animado parecía el dueño de casa, que como tiene la sal prohibida, estaba encantado por el pequeño descuido de su esposa.
Se ve que para levantar el ánimo de los presentes, el pobre hombre nos fue preguntando algo uno por uno. Pero al que le tocaba responder, invariablemente lo hacía en monosílabos. Sonaba tan ridículo como:
“¿Este año también te vas a tu pueblo para las vacaciones, Ifi? Ayer pasé por la biblioteca y vi un cartel que decía que durante todo el mes próximo va estar cerrada... Me imagino que estarás rogando para ver a tu familia, porque debés extrañarlos un montón”
“Sí”
“Y vos, José Luis... El jueves me encontré con tu padre en el centro... No ve las horas de que te recibas para ponerte a cargo de sus negocios. De seguro, si estás tan adelantado como tu amigo, no debe faltarte mucho...
“No”
Y así, uno tras otro. A cada monosílabo le seguía un largo silencio, y el pobre hombre no entendía nada.
Después, cosa rarísima, Luz le pidió que la ayudara con el café. Digo “cosa rarísima” porque una vez que el papá de Ine se sienta a la mesa, es como el rey de la creación. Varias veces lo escuché decir que odiaba tener que levantarse.
Esta vez, en cambio, lo hizo de un salto, y volvió de la cocina con el café, y la misma cara de amargado que tenían todos los demás en la mesa. Era evidente que Luz le había contado, porque varias veces miró a Juampi, sin molestarse en ocultar un reproche.
Pero ni siquiera así, era el más enojado. Ine estaba furiosa. Es más, al pasarle las empanadas al IDEM, lo hizo con tanto enojo, que se desplazaron por la bandeja, directo a la bragueta del pobre muchacho. Raro, no, porque José Luis no sólo no se quejó, sino que más bien parecía resignado a su suerte.
Tantas extrañezas hubieran llamado por demás mi atención, despertando mi curiosidad, de no haber sido porque yo misma estaba concentrada sintiendo al Bruto. Y no lo digo porque lo estuviera “escuchando”. Me refiero a percibirlo, a instalarme en medio de su silencio, y a conmoverme con su dolor...
Porque el Bruto estaba sufriendo de lo lindo, era obvio. Y verlo así, a mí me puede.
Lavar los platos con él no fue nada fácil.
Bueno, en realidad se suponía que lo teníamos que hacer los cuatro más jóvenes, pero Ine se excusó porque le dolía la cabeza. José Luis, muy preocupado, se fue tras ella en dirección, según dijo, al baño. Raro, porque subió las escaleras, y en la planta baja hay un toilette divino.
Como sea, estar solos con Juampi no fue fácil. Era evidente que teníamos tanto que decirnos, que ninguno de los dos se atrevía a hablar... Pero sentir su cercanía, sentir su cuerpo casi rozándome, sentir la caricia de su mirada, sentir su voz entristecida, sentir su dolor, sentir...
Sentirlo así me estaba volviendo loca.
Al rato bajó José Luis para despedirse, con una cara peor todavía a la que tenía antes de subir. Le pedí que me acompañara a casa, pero Juampi se opuso de inmediato. Dijo que no quería apurarse para terminar, ni demorar a su amigo, por lo que tenía pensado hacerlo él, ni bien acabáramos con todo. Raro, porque a esa altura lo único que nos faltaba era guardar un (1) plato.
Una vez en la calle, pasamos en silencio primero por delante del auto de Juampi, y después por la parada del bondi (=bus) Era evidente que él quería caminar, así que no me opuse.
Yo estaba más calladita que en Misa, (es una forma de decir, porque siempre en Misa fui recontra quilombera), y sólo él se animaba a mirarme fijo de tanto en tanto.
“Qué lástima que Ine se sintiera mal”, dije, por romper ese silencio que me estaba matando.
“Es por lo de Piti. Y eso que hablé con ella...”
“¿Hablaste?”
“Sí. Ine tiene que sacarse a Piti de la cabeza. No es culpa de nadie. Cuando algo es el deber de un hombre, es el deber. Si hay un compromiso previo, no se puede dejar de lado. Yo no respetaría a un tipo que dejara de lado sus compromisos”
“Pero no es justo permanecer atado a algo que ya fue. No es justo para nadie, y no hace feliz a nadie”, le dije yo, que para esa altura ya imaginaba la verdad atrás de nuestra charla.
“Hay veces en que sentís que te necesitan. Que sólo vos podés hacer la diferencia, y resolver algo. No podés..., no debés ignorar tu obligación. Aunque cumplirla te destroce el alma”
“¿Aunque lastime a otro?”
“Vos no entendés, Ifi...”
Y ahí le largué un “Tenés razón. No entiendo”, que más sonó a un cachetazo.
Por unos segundos nos quedamos callados.
Después se despidió con un pálido “chau”, y me dio un beso deslucido en la mejilla.
Pero no había dado dos pasos, cuando se dio media vuelta, me tomó entre sus brazos, y me dio un beso como jamás había recibido uno en toda mi vida.
Fue un beso en la boca, largo, profundo. Lleno de caricias y deseos. Repleto de pasión.
Te juro que nunca me había pasado algo así. Jamás me había sentido tan cerca de alguien. Tan adentro de otra persona. Tan mujer... Y no era sólo placer. También había mucho de desesperación.
Creo que si Juampi me hubiera hecho el amor ahí mismo, en medio de la calle, no me hubiera importado. Porque era Juampi, y porque se notaba que me necesitaba tanto como yo a él.
¿Cuánto nos estuvimos besando?
No sé. Sólo puedo decirte que nos separamos sólo porque un tipo nos llevó por delante para salir del edificio.
Después de semejante beso, me miró de la forma más triste y dulce que puedas imaginarte, y me dijo.
“Chau, pendeja... Va a ser mejor que no nos veamos más”
¡Y se fue!
¡SE FUE!
¡ME DEJÓ!
¡POR AMANDA!
Ay, Pachi... Lo perdí. Sé que lo perdí. Y esta vez es para siempre.
¡Me quiero morir!
Y, lo peor, después de un beso semejante, ya no me queda ni la ilusión de ser su amiga.
Es evidente que él me tiene tantas ganas como yo a él.
(¿Ya te dije eso, no?)
¿Sabés lo peor?
Mientras pensaba que el Bruto era sólo eso, un bruto como todos los demás hombres, no me gustaba ni un poco. Pero a medida que fui descubriendo que era un tipo sensible, no puede evitar enamorarme de él.
Ahora, además, sé que es un tipo de principios.
¿Cómo voy a poder arrancarlo de mi corazón?
Para colmo, ni bien cambie el mes, voy a tener que volver a mi pueblo por las vacaciones.
¡Qué bajón, Pachi!
¡Qué recontra bajón!
2 comentarios:
Ifigenia querida, que te puedo decir, cualquier cosa ahora es meter cosas en costal roto, es decir, por mas que leas buenos consejos ahora no los vas a entender o no los vas a asimilar por que cuando el corazón duele no se escucha, no se ve y no se siente más que el dolor.
Solo te puedo recomendar que regreses a tu pueblo lo antes posible, quizá el estar en otro sitio que no te recuerde el dolor te haga algun bien y puedas respirar hondo y decir... bueno, aquí empezaré de nuevo...
Besos,
Caro
Ay ifi :( ni que decirte
la vdd no se hubiera sido mejor, que te besara o que no lo hiciera... pq ese beso solo hace más dificil olvidarlo...
Pero bueno, concuerdo con el consejo de Carolina, ve a tu pueblo, y ya la distancia y el tiempo quizás te ayudan un poco a pensar y poner en orden (o al menos intentarlo) ese caotico corazon tuyo =( la vdd estoy triste...
Saludines y animo... que no se puede hacer más....
Publicar un comentario en la entrada