viernes 22 de agosto de 2008

La historia de Ifi

Saboreando el olivo

Pachi:

Vas a tener que disculpar que ya no te escriba con tanta frecuencia, pero es que este viaje me está enloqueciendo. No paro en todo el día, que aquí es súper corto. A las nueve de la noche están todos guardados. ¡Nada que ver con nosotros, que estamos trabajando o de fiesta, pero siempre de sol a sol!

¿Será por eso que estamos tan locos?

Bueno, acá tampoco son una joyita. Ayer Gino se ofreció a mostrarme la bellísima Costa Azul italiana, rumbo a San Remo, y creí que me moría. ¡Qué forma de manejar! A estos italianos tanto aceite de oliva les licuó las neuronas. ¡No sabés! Con decirte que ni bien puse mis pies otra vez en el suelo, besé la tierra, (no exagero, lo hice de verdad) Gino se reía, porque él siempre se ríe por todo.

¿Te hablé de Gino, no?

Viene a ser un primo décimo quinto, por parte de madre. No te podría decir a qué se dedica, aparte de conquistar mujeres, porque está todo el día subido a su auto, (¡un Audi negro que la rompe!), haciendo rostro, (=careteando, =haciéndose ver)

Lo conocí la primera noche de mi llegada, el día del casamiento de la prima Gina, (acá tampoco son muy creativos con los nombres de pila, y encima se apellidan todos iguales)

La mayoría de las invitadas llevaban unos vestidos súper cursis, a media pierna. Algunos, (¡gracias a Dios!), con mangas abuchonadas, pero muchas, (¡horror!), dejando al descubierto la pésima costumbre de las chicas italianas, (y las no tan chicas), de no depilarse.

Yo, después de lo que había pasado en el casamiento de mi otra prima, me decidí por algo sencillo, pero mío. ¡Nada de cosas prestadas! Me puse una de las minis que había comprado en mi época de linda, con unos zapatos de taco altísimo, (que en mi caso no es mucho decir)

La verdad, se me veía muy distinto que a las otras, y parece que, aunque no me lo propuse, súper llame la atención. Y cuando a los italianos algo les llama la atención, ¡agarrate!, porque son de todo, menos discretos, (y eso que estamos en una elegante región del norte del país. ¡Qué será el sur!)

Varios me susurraron vaya a saber qué a mi paso, (sonaba muy chancho!!!!) Otros, (incluso mucho que se jactaban de ser parientes), aprovecharon para saludarme con gran efusión, (si entendés lo que te digo...) Creo que pocas veces me han tocado tanto, y en forma tan descarada. Decí que mi viejo estaba entretenido con la comida, porque, de lo contrario, aquello hubiera calificado de masacre. Yo misma estuve a punto de bajarle los dientes a más de uno, pero me contuve. En cambio la que no lo hizo fue la “fidanzata” de Gino. Una especie de novia “familiar” según me explicó él. Es decir, una chica que le cae bien a su familia, pero que a él no le mueve ni un pelo. Bueno, yo no sé qué pasó, pero lo que puedo asegurarte es que para cuando me di vuelta, Gino tenía una ensaladera en la cabeza. Parece que el chico me miró de forma más que explícita, y la otra se cabreó, (=chivó, =enojó)

A partir de esa noche Gino y su hermano Carlo se convirtieron en mis guías oficiales.

La verdad son súper divertidos, pero hay que estar esquivándolos, porque tienen más manos que un pulpo. Decí que acá es invierno, y voy vestida hasta con calzoncillos largos, ¡porque si no!

La verdad, no me quejo. Sus locuras me hacen olvidar, al menos durante el día, del Bruto.

¡Lástima que las noches sean tan largas!

Porque lo súper extraño, Pachi.

Encima me contestó re frío el mensaje de texto en que le contaba mi viaje. “Que te diviertas”, me puso. Nada más...

Se nota que ya me olvidó. Que está en otra...

¡En fin! Decidí que mañana me voy a ir a un locutorio, (si es que encuentro alguno), para llamar a Ine. No sé cómo voy a hacer para no parecer desesperada, pero me muero si no averiguo en qué anda Juampi.

¿Te dije que lo súper extraño, no?

Besitos

Mañana si puedo te escribo otra vez.

Yo