lunes 25 de agosto de 2008

La historia de Ifi

“Subí, agarrate, y callate”

Querida Pachi:

¿Por dónde empiezo? ¿Por lo que me hace desgraciada, más desgraciada, o un poco feliz?

Empiezo por lo peor, porque yo soy así...

No quiero ser quejosa, Pachi, pero... Hoy no me aguanté más, y le mandé un mensaje de texto por el celu a Juampi. Mis primos me habían llevado a una casita increíble, en medio de la montaña, con una vista espectacular del mar, en plena Génova. En la parte de más arriba de arriba, había un pequeño banquito, que los dueños de casa, unos amigos de Gino, llamaban “el pensatorio”. Había que trepar bastante para llegar hasta él, pero era fabuloso permanecer sentada allí, con esa vista impresionante. Te juro que me estaba tan feliz y plena, que la ausencia de Juampi me dolía. Y entonces, así nomás, sin pensarlo dos veces, agarré mi celu. Sabía que me iba a salir carísimo ese mensaje, pero me moría por comunicarme, así que le puse:

“Juampi: estoy acá, en un lugar increíble. ¿Cómo te está yendo con Amanda? Si necesitás una oreja, escribime. A veces la distancia hace que todo se vea más claro. Tu amiga, Ifi”

¡Para qué! A los cinco minutos mi telefonito vibraba tanto, que por un segundo tuve miedo que fuera un terremoto. Y bueno, más o menos lo era. Porque la respuesta del Bruto hizo que el mundo se me cayera encima.

“Con Amanda todo increíble. Lo único que necesito es que no nos jodan. Gracias”, fue su respuesta.

¡¿No es un súper bajón, Pachi?! Me refiero a... no puedo reconocerlo en esas palabras. Yo conozco a Juampi, y él no es así.

Aunque...

También me acuerdo lo que me contó Luz aquel día: el efecto devastador que Amanda produce en el pobre chico. Pero... ¿podrá ser para tanto?, ¿o simplemente se habrá aburrido de mí?

¡Me quiero morir, Pachi! Y lo peor es que estoy cada día más enamorada, porque... ponele anoche, por ejemplo. Anoche salí con Carlo. Pero no el hermano de Gino, sino un amigo del hermano del Gino que es amigo de Carlo. Bueno, algo así, pero menos complicado. Digamos que este Carlo era rubio, y con unos ojos claros increíbles. ¿Por qué salí con él? Porque a mi tía Elena, (bueno, tampoco tan tía, sino más bien prima de mi mamá), le pareció que podíamos llevarnos bien, ya que él estudiaba filosofía, (y por cómo lo dijo se nota que para la buena mujer la filosofía y las letras son más o menos lo mismo: un plomazo insoportable)

La cuestión es que anoche salimos. Me llevó a comer pizza, lo cual estaría buenísimo, si no fuera porque la pizza es tan distinta, que casi me costó reconocerla. Al principio igual estuvo todo bien. El tipo parecía simpático, y era re lindo. Después se empezó a delirar, (todo esto en italiano!!!), acerca de la polivalencia del lenguaje según Lacan..., o algo por el estilo. En realidad podría haber estado hablando de su cachorro, que a mí me hubiera dado lo mismo, porque me la pasaba pensando en Juampi. Después de un rato me llevó a ver las estrellas, y ahí, sin que nada pudiera advertírmelo, me enchufó un beso, que... ¡agarrate!

Después, sin esperar mi respuesta, se paró frente a su casa, (un lugar hermoso a orillas del mar), y pretendió que yo subiera, (más bien trepara, porque era un altillo)

Como te imaginarás, lo saqué vendiendo almanaques, (¿cómo te explico?: le súper corté el rostro)

Entonces el tipo no encontró mejor cosa que tratarme con condescendencia, como si yo fuera una pelotuda que llegaba directo de un convento del tercer mundo.

¡Justo a mí!

Después se mandó una conferencia de dos horas acerca de las bondades del sexo libre, tipo década del setenta. ¿Sabés lo peor de todo? Creo, (porque en realidad le entendí la mitad de su discurso), que me recitó las mismas pelotudeces que yo te decía antes de conocer a Juampi, cuando quería dejar de ser virgen. ¿No es patético? Digo, porque el tipo tiene como treinta, y con todo y su filosofía, piensa igualito que una pendeja de diecinueve, recién llegada de un pueblo, y que nunca se enamoró.

¡Hasta yo misma ahora soy más inteligente que eso!

El tanito, aparte de arrogante y creído, parecía bastante determinado a darme clases gratis, y no sólo de filosofía, así que decidí tomar medidas extremas. Me bajé primero, le juré que me parecía que se le había pinchado una goma, (=ponchado un neumático, o como le digan ustedes), por lo que el tipo, medio infartado, porque tenía un convertible que era un autazo, se bajó corriendo, cosa que aproveché para tomar su lugar, y partir a toda máquina. Te dije que manejo desde que era muy chica, y, como a todos en mi familia, me encanta meter pata (=acelerar) Creo que en algunos momentos el pequeño convertible despegó del suelo. ¡Lástima para Carlo!

Bueno, tal parece que ni en Italia las cosas mejoran para mí...

Ah, me olvidaba de la buena noticia...

Aprendí a hacer un postre fantástico. Si lo comés, tenés diez kilos más asegurados, pero te morís de placer.

Como ves, ya me estoy resignando a compensar con la comida, ya que por otro lado seguro que me muero virgen.

Gorda y virgen.

Yo

1 comentarios:

Carolina dijo...

mi querida gorda y virgen Ifi, jejeje, vamos no seas pesimista, habras aprendido a hacer postres ricos, pero tampoco no te los comas sola no?

Con respecto al Brutus, si tu crees que esa no es la forma de comportarse de Juanpi, debe ser por que ese no era Juanpi, no sera que se equivoco el celular con alguien asi como equivocaron tu y el una vez los suyos? quiza otra persona te quiera joder y te escribio haciendose pasar por el... es un misterio para develar... lo mejor que puedes hacer es escribirle a Ine... y ella como ya sabe todo tu rollo te puede decir como esta el Bruto sin que tu tengas que escribirle a el directamente.

Pero creo que estas vacaciones te estan ayudando de alguna manera pues estas conociendo otras personas, otra cultura y otra manera de ver la vida con los ojos de unos italianos medio familia...

No dejes que nada te cambie, ni un corazon roto, ni unos italianos locos, ni nada del mundo, tu siempre sigue siendo tu misma, la Ifi que habla con palabras rebuscadas y lindas y la que de vez en cuando suelta una palabrota cuando tiene ganas de soltarla...

Un beso