jueves 31 de enero de 2008

La historia de Ifi


Día VIERNES


El retrato perfecto


Pachi:


El Bruto cumplió, y trajo la foto.
El tipo no es lindo...

¡ES UN BOMBONAZO INCREIBLE!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Alto, rubio y de ojos celestes.
Bueno, lo de alto me lo imaginé, porque sólo se le veía la cara. Y el color de los ojos también, porque los tenía cerrados. Y es que Juampi sacó la foto mientras el otro dormía.
Te tengo que confesar que cuando me dijo eso, un poco desconfié, porque... yo nunca veo a mis amigas cuando duermen.
“¿Tu amigo no será gay, no?”, le pregunté, por las dudas. (Vos sabés: el que se quema con leche, ve una vaca y llora)
La respuesta de él tampoco me dejó muy tranquila.
“¿Por qué? ¿Tenés algo contra los gays, acaso?”
¡Pobre! Se ve que está a la defensiva y por eso no se anima a salir del closet, (o, como decimos nosotros, del placard)
No debe ser nada fácil resignarse a ser distinto a los demás. Por ejemplo yo, cuando me deliro con el helado y aumento tres kilos, enseguida me siento como un monstruo y no quiero salir a ningún sitio... ¿Te imaginás si, en vez de gorda, fuera tan diferente?

Disculpá. Me quedé pensando en el Bruto.
¡Uff! ¡Qué desgracia que los gays no se arrepientan!

Olvidate. No dije nada.
Como sea, Juampi me prometió venir a casa antes de mi encuentro con Santi, (el bombón de la foto), para fiscalizar mi ropa.
¿No es un amor?
Bueno, se hace tarde. Si puedo, mañana me comunico con vos.



Besos



Ifi

P.D: Estaban estudiando para un examen, y el otro se quedó dormido.
Me refiero a que así fue como Juampi obtuvo la foto de su celular...
Nada raro.

¡Ah!, pará...

P.D 2: El Bruto le mostró una foto mía,
(el muy cerdo no me quiso decir como era que andaba por el mundo con una foto mía en el bolsillo, y, por supuesto, mucho menos me la quiso mostrar),
y parece que, al verla, fue el mismo Santi el que le pidió conocerme.
¡Cosa de no creer!!!!!!

P.D 3: ¡DESEAME SUERTE!!!!!!!!!!!!!!
La historia de Ifigenia


Día 82, jueves, (falta sólo uno para el viernes)


Joda C


Pachi:


Anoche lo llamé al Bruto para pedirle una foto del tipo que pretende presentarme. Esta vez quiero ir preparada. Y no es que me importe lo físico, pero...
¡Bah! Nos conocemos demasiado, ¿no te parece?
La verdad es que si nos esforzamos tanto por lucir bien, (yo me la paso puteando cada mañana mientras me pongo los lentes de contacto), es porque sabemos que lo físico importa, y mucho. Resulta asqueroso confesarlo, pero es así.
No me malinterpretes. No es que nunca nadie se enamore de un feo, pero, a que negarlo, no way de conformarte con uno al que le sobren kilos, si, además, le faltan neuronas.
Ponele un tipo con una nariz inmensa, por ejemplo. El chico no puede tener menos que grandes aspiraciones, porque, de lo contrario, sería sólo un narigón patético.
Y, en cuanto a un petiso... Si no mira para arriba, y es aunque sea un poco espiritual, queda reducido a un simple chichón de piso, ¿no te parece?
Es decir, cualquier defecto físico puede perdonarse en tanto y en cuanto el candidato de turno tenga alguna virtud que se destaque, y te distraiga del resto.
De lo contrario estaríamos hablando sólo de un tipo feo, y encima calentón.
Creeme, lo digo por experiencia propia. Los feos tenemos que remarla para poder ligar algo, (traducción: esforzarnos a la hora de la conquista)
Claro que para vos debe ser algo duro de entender, porque hasta de chiquitita eras linda, pero hay algunos que nacemos con un físico difícil de domesticar. Y entonces lo único que nos queda es la personalidad o, en mi caso, la inteligencia. Pero como una no es como esos jeans de marca, que son re feos, pero que como llevan una etiqueta colgada todos los quieren igual, lo mejor para una piba como yo es ponerse las pilas, y dejarse de pavadas.
Yo no inventé las reglas. Sólo las sufro.
Lola.
Joda A, Joda B, Joda C
Por eso esta vez quiero tomar mis precauciones.
Ponele que el viernes, (mañana), (¡mañana!), aparezca otro bagarto, (adefesio), como el anterior. Pero que, a diferencia del primero, este sea simpático. ¡Yo me conozco! Por las malas no me sacás nada, ¡pero por lástima! Y entonces voy a estar en el horno.
Y es que a un lindo, si no te gusta, lo podés mandar a la mierda tranquila, porque sabés que el tipo pestañea y tiene cien como vos. ¡Pero a un feo! Ves que el tipo deja la vida en la primera cita. Que es simpático. Que te halaga... Y para cuando comprobás que, además de feo, tampoco tiene inteligencia o personalidad, ya estás casada y tenés cuatro hijos tan feos como él...
No, en una cita a ciegas lo más sabio es abrir bien los ojos, y abstenerse de un feo.
Y hablando de abstenerse... El que no está nada mal es mi vecino. ¡Lástima que sea mi vecino! Es decir, empezar algo con él sería poco conveniente, y acabarlo, imposible.
¿Alguna vez tuviste algo con un vecino? ¿Cómo te fue?
La verdad es que al principio Hugo no me impactó demasiado. Pero ahora que Juampi lo criticó tanto, ¡qué sé yo!, le tomé un poco de cariño. Decía tantas barbaridades, que yo me vi obligada a asumir su defensa, y tal parece que me la creí.
¡No sabés cómo le dio al pobre chico!
Te juro que si no supiera que el Bruto es gay, pensaría que estaba celoso.
¿O estaría celoso porque el otro sólo tenía ojos para mí?

Disculpá, ya me fui para el carajo. Y es que, de verdad, no me resigno a lo de mi amigo/a. Ya sé que parece una boludez, pero a veces pienso que si “vos sabés quién” se pusiera celoso, quizás “el que te jedi”, (me refiero a lo que no usa), se despertaría y
Disculpá.
Otra vez me deliré.
Pero es que... ¡te juro que no entiendo que puede tener el Empanada, que yo no!
Olvidate.Ayer dormí poco.

Mañana la seguimos

La historia de Ifi


Día 81


Grupo y factor


¡Holis, Pachis!


¡Yo no sé cómo no me di cuenta antes de que el Bruto era gay!
Ayer a la noche vino a visitarme. Yo estaba re feliz porque, la verdad, lo extrañaba a morir. Y a pesar de que la última vez no habíamos acabado en muy buenos términos, ni bien abrí la puerta y lo vi paradito ahí, mirándome con esos ojos increíbles, me le eché al cuello para abrazarlo. Incluso debo haber sido demasiado efusiva, porque me parece que se puso colorado.
Eso es lo bueno de andar con gays: no te tenés que preocupar por lo que el tipo pueda pensar de vos, así que es fácil ser espontánea. Por ejemplo, pude decirle que lo había re extrañado. ¿Te imaginás si el Bruto fuera el bruto que yo creía, macho posmo y conquistador imbatible? ¡Ni muerta lo tocaba así! Creo que ni siquiera me hubiera atrevido a darle la mano. Pero como ahora se ha convertido en una especie de amiga con pito, puedo darme el lujo de ser yo misma.
Bueno, como te decía al principio, no sé como no me di cuenta antes de las preferencias de mi amiga/o. Ayer, mientras estábamos en lo mejor de la charla, los dos juntos, y tirados sobre mi cama, (no me preguntes cómo acabamos así), llegó mi vecino para invitarme a ver una película.
(¿Te acordás de Hugo, el que estudia cine?)
¡Para qué!
Por supuesto que cuando el pobre vio que estaba acompañada, intentó echarse atrás, pero ya era demasiado tarde. Antes que pudiera decir “esta boca es mía”, estábamos bajando... ¡los tres!
Al principio, tengo que confesártelo, me sentía un poco inquieta. Y es que la última vez que había mezclado al Bruto con alguien que me gustaba, había terminado en desastre, (¡todavía no me puedo sacar de la cabeza ese maldito beso!!!!)
Pero después de un rato empezamos a pasarla bárbaro.
Mirá cómo habrá sido, que Juampi no se fue hasta que salió el sol, a pesar de que había anunciado sus intenciones de partir temprano.
Primero, como te conté, nos pusimos a mirar películas y a comer una pizza. Pero una vez que acabamos, mi chusmo/a amigo/a insistió en acompañarme a casa,
(reconozco que hay chorros y/o ladrones en todas partes pero, que se ofreciera a custodiarme para subir un piso, me pareció un poco exagerado, ¿no te parece?)
Cuestión que nos quedamos como cuatro horas criticando al pobre vecino. Te juro que mis risotadas debieron escucharse hasta en Alaska. ¡Juampi no le dejó pasar una! Que se había operado mal la nariz, porque más que un apéndice nasal parecía el hueco de un enchufe, que a pesar de que se le había escapado el caballo, las piernas le seguían chuecas, etc., etc., y todos los etcéteras que se te puedan ocurrir.
¡Y después dicen que nosotras somos criticonas!
Para colmo, ni bien conoció al vecino, mi querido amigo/a descubrió que le bastaba con sacar el tema femenino para que el otro tartamudeara. ¡Para qué! Se la pasó la noche entera trayendo a colación el asunto: “¿Tuviste muchas novias”, “¿Qué tipo de chica te gusta?”, y cosas por el estilo. Pero lo más sádico de todo fue cuando, estando el pobre Hugo en plena masticada de un pedazo gigante de pizza, le preguntó sin anestesia: “¿A vos te gusta Ifi?”
No te confundas. Estoy segura de que no lo hizo por “hacerme gancho”, sino más bien para divertirse un rato, porque cada vez que el otro se enredaba con las palabras, Juampi me miraba victorioso.
Está mal que diga esto, lo sé, pero fue re divertido.
Y es que cuando nosotras hablamos mal de un chico, nunca nos atrevemos a ser tan, tan despiadadas. Si opinamos sobre otras pibas, quizás, pero a los varones les perdonamos todo. Ellos, en cambio, no paran de herir con su lengua, hasta cubrirse enteros con la sangre de su víctima.
Y te juro que anoche corrió sangre suficiente como para varias transfusiones.
Como sea, Juampi me prometió que el próximo viernes me va a presentar a alguien. Esta vez me garantizó que el tipo iba a ser re lindo, (¡y se supone que él sabe de eso un rato largo!!!!!!)
Esperemos que no me falle, porque cada vez que estoy tan cerca del Bruto, con todo y ese olorcito a hombre que tiene, (¡qué buenos perfumes hacen ahora, ¿no?!), y esos músculos que se le salen de la camisa, y esas manos que... Bueno, vos me entendés, todas esas cosas que vuelven loca a cualquier mujer que se precie, me doy cuenta de que ando necesitando con urgencia un novio, porque ya estoy tan desesperada, que me conformo hasta con los gays.
Chau, Pachi, me tengo que ir. Le prometí a una de las secuaces de Diana la Malvada que le iba a alcanzar unos apuntes a la facultad.
Todo el mundo está encerrado estudiando, menos yo...
¡Eso me pasa por ser un cerebrito!


Ifi


P.D:
Un dato curioso: el Bruto promocionó casi todo en Ingeniería.¡Mirá si, al final, resulta que no es tan bruto!

viernes 25 de enero de 2008

La historia de Ifi

Día 4, (desde que no me llama), y 80 (desde que te escribo)


Viaje de un largo día hacia la noche


Pachi, Pachi, Pachi...

¿De qué puedo charlar con vos?

De nuevo no me pasa nada.

Estoy re aburrida.

A ver..., dejame pensar...

Ayer fui a lo del vecino, y eso estuvo bueno. El corto que había hecho con un amigo era acerca de un tipo que se encontraba consigo mismo en la calle, y se seguía. Interesante, pero un poco rebuscado...

Es decir, yo sé que tengo abajo de la cama una novela de mi autoría que se llama “Persona”, y que, de tan tirado de los pelos, hace ver el guión que escribió Hugo como novela policial barata, pero eso no me enorgullece.

Antes, cuando era más pendeja y no me pasaba nada, pensaba que era inteligente complicar la vida y el arte. Ahora, en cambio...

No sé. Creo que el Bruto me cambió la cabeza, y estoy comenzando a apreciar el valor de las cosas simples y sencillas. Meses atrás, la película de mi nuevo vecino me hubiera parecido una genialidad. Ahora, en cambio...

Espero que no se haya ofendido.

Me refiero al Bruto, por supuesto.

¿Te conté que no me llamó, no?

Mi vecino no se llama Hugo. Le dicen así, porque se parece al personaje del jueguito de video. Y de verdad se parece. Tanto, que a pesar de que me aclaró que su nombre era Joaquín, yo insistí con lo de Hugo toda la noche.

Espero que no se haya ofendido.

Me refiero a mi vecino, claro...

¿Por qué no me habrá llamado?

La madre de mi vecino se parece a Marge Simpson. No por el pelo azul, por supuesto, sino porque nos andaba rondando de puro aburrida, y nos trajo jugo y galletas.

Me dio la impresión de ser buena mina.

Luz también es buena mina. Pero el Bruto no está tan pegado a ella, como Hugo lo está a Marge.

Yo no sé que pasa con los chabones de hoy en día, pero son re “mameros”. Juampi no, pero parece ser el único en la tierra. Es decir, la re quiere a Luz, y habla con mucha dulzura de ella, pero sus opiniones personales no la incluyen en forma directa. Es una presencia amorosa en su pasado y su presente, pero no un fantasma o una imposición. Eso lo admiro mucho del Bruto, porque yo misma no sé como tomar distancia de mamá, sin putearla o lastimarla. Él, en cambio, parece haber logrado el equilibrio justo. Es re independiente. Vive con sus padres, pero no porque no pueda hacerlo solo, sino porque lo elige... Al principio yo creía que era un mantenido, como tantos tipos de su edad, pero resulta que no, que trabaja en algo de la computadora en su casa, y gana re bien. Por eso que me lo chocaba a toda hora del día... Trabajaba ahí.

¿Estará trabajando ahora?

O estará con ese estúpido de Empanada. Pura grasa y maldad, que estoy segura que él era el gay, y terminó confundiéndolo...

Olvidate de eso. Son delirios.

Hugo también gana lo suyo, pero no es demasiado. Así que la plata de su subsistencia y de su arte provienen de un mismo bolsillo: el de su madre, principal admiradora y mecenas.

¿Sabés cuál es el problema con mi vecino? Es tal cual yo. Se esfuerza demasiado por dejar de ser lo que es. El Bruto, en cambio, es auténtico.

Bueno, excepto por el hecho de que niega su sexualidad, pero eso es perdonable, ¿no te parece?

Disculpá la interrupción, pero se había cortado la luz. Menos mal que la máquina backupea sola, que de lo contrario...

Ahora estoy pensando... ¿Y si el tostador no anduvo, y el Bruto me llamó mientras estaba en el piso de abajo?

Mejor hoy no me arriesgo. Es decir, el vecino me invitó de nuevo, pero mejor no voy, ¿no te parece?

Chau

Ifi

La historia de Ifi


Día 79


Y van...


Pachi:


Todavía nada.


Ya estoy a punto del suicidio. Decí que a mí, últimamente, sólo me pasan cosas raras.


Como hoy en el trabajo, por ejemplo.


¿Viste que desde hace como una semana que al Hurón se le ha dado porque limpie cuanto libro se ubica en la parte más alta de las estanterías, y yo no entendía bien el motivo de tanta higiene?


Bueno, ya resolví el misterio.


El muy desgraciado es un pajero.


Es decir, cuando en Argentina llamás a alguien de esa forma tan ofensiva, podés significar muchas cosas distintas, a saber:


1) Que es perezoso.


2) Que es un tacaño.


3) (literalmente) Que le gusta retirarse a algún sitio tranquilo, (tipo los pajonales en el campo, o el baño en una biblioteca municipal), para satisfacer así sus más oscuras necesidades, sin más recurso que sus propias manos, y una frondosa imaginación.


Bueno, decididamente el hurón es perezoso y tacaño, pero... Sé que es la tercera opción.


¿Cómo estoy tan segura?


Obvio que él no me lo contó.


Hoy, ni bien llegué, me puse a buscar un artículo sobre Machado que había aparecido en una revista de 1960, y que estaba buenísimo. Lo había descubierto la semana pasada, por casualidad, (buscando material barato para nivelar la pata de una mesa) Después de darle una larga hojeada, lo había dejado apartado sobre mi escritorio. Ahora no estaba. Raro, porque te juro que a la biblioteca no entra nadie, pero nadie, nadie. Así que revolví cielo y tierra. Busqué por más de dos horas. Y entonces me choqué con un cajón en el escritorio del Hurón que nunca había visto antes. El lugar donde estamos es re chiquito, y me conozco cada rincón, pero ese cajón estaba tapado por un cartel de “Las reglas del buen bibliotecario”, ese tipo de pavadas que no sé de dónde saca mi jefe, y que de tanto en tanto gusta de enrostrar.


¡No sabés cómo se puso el Hurón al descubrir mi hallazgo! Parecía un loco, (bueno, más que de costumbre)


Yo me alejé prudentemente, esperando que se fuera a su retiro bañístico diario, y entonces me abalancé sobre el maldito cajón.


Estaba cerrado con llave, y tenía uno de esos candaditos que suelen traer los diarios íntimos de nuestra infancia. Abrirlo fue una paparruchada para mí.


Y entonces me espanté.


Ahí estaba mi artículo de Machado. Pero no sólo eso. Tambíen mi lapicera de Winnie The Pooh que había desaparecido un mes atrás, y el pañuelo de Pluto que pensé que me había robado el último pendejo que pidió un diccionario. Todo eso lo calificaba de frick (freak), y era re creepy. Pero lo peor estaba abajo: miles de revistas pornográficas, manchadas y ajadas por tanto uso.


Te imaginarás que me apuré a cerrar todo antes de que volviera, y después me hice la boluda. Pero bastó que se sentara, para que yo empezara a contarle lo preocupada que me tenía mi novio, el Bruto, porque era re celoso y no perdonaba a nadie. Que a uno casi lo había mutilado por mirarme las piernas. Que a otro lo había cagado a trompadas, perdón, molido a golpes, porque le había contado a un amigo que una vez había pensado en mí.


Mientras yo hablaba, el Hurón se iba poniendo azul, verde y amarillo. Por fin le pregunté si necesitaba que siguiera limpiando los estantes superiores, (de puro mala que soy), y me dijo que no, que hasta el próximo año, por lo menos, no había que volver a hacerlo.


Yo me reí por lo bajo, y seguí con lo mío.


Es decir, seguí pensando en el Bruto.


¿Se habrá enojado de verdad?


Lo peor es que no puedo llamarlo, porque tengo miedo que me atiendan Ine, o Luz, y me reconozcan.


Te juro que si no me llama nunca más, me muero, porque lo re extraño.


Además estoy re aburrida. Bueno, ayer no la pasé tan mal, porque por fin le di el gusto al vecino, y fui a ver su cortometraje, pero eso te lo cuento mañana, porque el horario ya se acabó, y me muero por llegar a casa y chequear los mensajes del tostador que tengo por contestadora.


Besos


Ifi

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Día 78.


La increíble y triste historia de la cándida Ifigenia y su amigo desalmado.


Pachi:

Todavía nada.

No me llamó.

El Bruto, porque el vecino ya me invitó como tres veces para que bajara. Y algún día voy a ir, pero no ahora, porque... ¿y si el Bruto llama justo cuando no estoy?

Bueno, nada más quería ponerte al tanto. Te dejo, porque...

Vos sabés.

Hasta mañana


Ifi

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Día 77, sábado

Los gozos y las sombras

Pachi:

Ahora estoy arrepentida.

De todo.

Es decir...

Ayer el Bruto no me llamó. Y cuando Juampi no me habla es muy aburrido.

Es cierto que hoy por la mañana me tocó el timbre el morocho de abajo, para pedirme prestado el teléfono.

¿Te hablé del morocho de abajo?

Es mi nuevo vecino del primero, y no está nada mal. Se mudó hace una semana, mide como dos metros, y es re simpático.

Ayer se había cortado la luz, como siempre desde que tenemos crisis energética, (es decir, como siempre), y él, todo un caballero, no dudó en acompañarme con una linterna hasta casa.

Parece muy simpático.

¿Por qué no me habrá llamado el Bruto?

Lo gracioso de hoy fue que él, (mi vecino, no el Bruto), subió para pedirme el teléfono, y al rato de estar charlando cayó la madre para avisarle que tenía una llamada. ¿La cazás? Había subido para pedirme prestado el aparato, porque se suponía que el de él no le funcionaba...

Sí, fue gracioso.

¿Por qué no me habrá llamado?

Por ahí se enojó para siempre, (el Bruto, no mi vecino), y no se comunica conmigo nunca más.

La verdad, estoy arrepentida de haberle gritado como le grité. Después de todo, sus intenciones eran buenas.

Es cierto que Norberto era horrible, pero, considerando que el novio del Bruto es Empanada, es obvio que el pobre chico tiene un gusto pésimo en materia de hombres.

El vecino es re simpático. Reparte lácteos, así que empieza a trabajar de madrugada, y duerme toda la tarde. Además quiere hacer cine, o algo así. No sé, no lo escuché mucho porque estaba preocupada por el Bruto.

¿Se habrá ofendido?

Me refiero a Juampi. ¿Se habrá ofendido?

Al final ese Norberto no era tan, tan feo. Era horrible, sí. Gordo y panzón. Y tenía granos. Pero tan mala persona no debía ser, si era amigo del Bruto. Dicen que los gays tienen un sexto sentido para relacionarse con la gente, así que...

Mi vecino me invitó a ver uno de sus cortos, una noche de estas, en su casa. Y yo acepté, porque últimamente estoy muy aburrida, y si el Bruto no me llama tampoco hoy, voy a suicidarme.

Te juro que estoy tan desesperada por no perder su amistad, que sería capaz hasta de pedirle perdón.

YO.

PERDÓN A ÉL.

Después de todo, Norberto no era tan feo. Y se notaba que era re bueno y santo.

Te dejo. El relojito del cyber no deja de correr.

Chau


La historia de Ifi

Día 76

Gritos y Susurros


Pachi:

¿No llegaron a tu casa los gritos que pegué anoche, mientras hablaba con Juampi?

Descubrí una cosa: el Bruto no es sólo un Idem, sino también un cabezadura de aquellos.

¿Viste el frick de ayer? ¿Sabés por qué lo dejó la novia? El tipo quería obligarla a casarse, tener hijos, y después hacer un voto de castidad. Créeme, conociéndolo, hacer un voto de castidad con él es una verdadera bendición.

¿Cuántos tipos existen en el mundo que sean así?

Según el Bruto la estuvo re pensando antes de decidirse por presentarme este. Y después me trató de insensible, y me dijo que no sabía valorar a alguien que se jugaba por sus principios. Yo le grité que el único motivo por que cual Norbertito tenía principios, era porque la mamá no lo dejaba acabar.

¡No sabés como se puso Juampi!

Me gritó que si lo que buscaba era un tipo para llevarme a la cama, bastaba que saliera a la calle vestida de puta, como lo había hecho la noche anterior. (¡!!!!!!!)

¡Cómo me puse!

Le gruñí que si todas las putas eran como yo, las fábricas de forros, (condones), hubieran quebrado hace rato, y que si buscara a alguien para que me diera la bendición todas las noches, dormiría en una Iglesia.

Después de gritar hasta quedarnos roncos, permanecimos callados. Es decir, ninguno de los dos quería cortar y dar el brazo a torcer, por lo que nos quedamos mudos por una hora completa, (yo podía darme el lujo de ser porfiada porque el que había llamado era él)

Al final el primero que habló fue el Bruto (que a mí, a testaruda, no me gana nadie)

Me dijo que si lo que buscaba era un chico lindo, que estaba bien, que me iba a conseguir un chico lindo.

Y ahí nomás me cortó.

¿No es re loco todo esto?

No entiendo nada.


Ifi

La historia de Ifi

Sin nombre


Decime, Pachi, ¿de qué tengo cara yo?

Ya sé que hace como mil que no me ves, pero...

A lo que me refiero es..., ¿parezco tan desesperada?

¡Pará! Mejor esa no la contestes.

Quiero decir que...

¡Ay! No sé que quiero decir...

A ver... Si a vos alguien te dijera que tiene el tipo justo para vos, el hombre de tu vida, y a vuelta de correo se apareciera con un gordo chancho que mea agua bendita, ¿no te ofenderías?

No te puedo explicar lo que era el tal Norberto...

Cerrá los ojos, e imaginate el tipo más anodino, sin gracia y aburrido del mundo.

Bueno, “Tito” es todavía peor.

El pobre va más allá de toda imaginación. Lo raro no es que la novia lo haya dejado, sino que alguna vez haya conseguido una.

Disculpá. Olvidate eso último. No es justo bardear tanto a alguien... Pero, con todo el respeto que otro ser humano me merece, el tipo es un desastre.

¿Te cuento desde el principio?

Como te dije, yo estaba re diosa. ¡Hasta tacos me había puesto! Unos zapatos altísimos que me prestó la vecina de acá abajo. Y una mini re cortita. Y la remerita barata que me compré el otro día, y que me hace ver como una Marilyn Monroe del subdesarrollo, porque deja buena parte de la espalda descubierta.

Tan mal no debía estar porque, si bien el Bruto puso cara rara al verme, e insistía que llevara un saquito, porque decía que estaba demasiado desabrigada, el Empanada, en cambio, me comió con los ojos ni bien llegué.

Definitivamente los gays miran, y mucho.

Y también tocan.

Porque si de algo estoy segura, es que Empanada es re puto y, sin embargo, varias veces tiró el manotón.

Norbertito, (alias “la víctima”), por su parte, resultó ser Norbertazo.

Debía pesar como ciento treinta kilos, tenía la cara repleta de granos, y el gesto típico de un bebé llorón. ¡Era horrible, pobre! Y a vos te consta que yo no me creo ninguna Jennifer Aniston, ¡pero tampoco soy un Flavor Flave, como para tener que agarrar lo primero que pasa!

Ese último comentario sonó hueco y tonto, lo sé. Y te juro que si el tipo hubiera tenido algo de personalidad, aunque fuera un poco, el aspecto no me hubiera importado nada. ¡Pero no!

Una vez en el lugar, no la pasamos tan mal. Hablamos de cine, libros, política, viajes... Pero sólo lo hicimos Juampi, Empanada y yo. El tipo nos miraba como si hubiera sido de otro planeta. Y no fue hasta que salió del tema religioso, que se interesó. Más que “se interesó”. Se enloqueció. Te juro. Decía ser católico, pero más parecía un Testigo de Jehová.

¿Oíste alguna vez la frase “mear agua bendita”? Bueno, estoy segura de que el pobre muchacho no sólo la meaba.

Y no lo juzgo porque dijo que asistía a Misa todos, (TODOS), los días. Ni siquiera porque contó que pasó el último mes asilado en el Convento de la Trapa, disfrutando de los placeres de la vida monacal. Si el tipo hubiera sido un místico o algo así, hubiera estado de diez, porque no hay nada que me abra más la cabeza. ¡Te juro! Una vez me la pasé hablando una tarde entera con un Trapense de verdad, y fue increíble. Pero “Tito”, en cambio, parecía hacer las cosas más profundas de la manera más superficial. No tanto por convencimiento propio, o por una búsqueda personal, sino porque se las había sugerido su madre. No había frase que no empezara con un “Mami conoce...”, “Mami me dijo...”, “Mami me recomendó...”

¡Qué bajón!

Demás está decirte que ni bien nos quedamos solos me llevó directo a casa, previo avisarle a “mami” el motivo de su demora.

La verdad, estoy un poco ofendida con el Bruto.

Muy ofendida.

Dolida.

¿Qué le pasa? ¿No me conoce?

Te juro que anoche no podía dormir de la bronca.

En fin... Esta noche lo llamo para putearlo.

Chau


Ifi


La historia de Ifi

Día 74. Un día de miércoles.

La novia fugitiva

Pachi:

Hoy me llamó JP de lo más contento, para avisarme que había conseguido a alguien, justito para mí.

Como te imaginarás, JP es el Bruto, que todavía no encuentro una forma cómoda para nombrarlo.

La verdad, su llamada me cayó para la mierda. Es decir, yo tenía la secreta ilusión que...

Digo, eso de ser gay, ¿es para siempre?, o...

Nada. Olvidate. Pavadas.

Cuestión que esta noche va a presentarme a un amigo. Un tal Norberto, al que, por supuesto, le dicen Tito, (¡o mío con los apodos es todo un sino trágico!) Al chabón lo conoce de la facultad, la familia tiene toda la plata, y acaba de romper con su primera y única novia. Según JP no hay mejor candidato.

De más está decirte que Empanada es parte del complot para enganchar a Tito. El pobre chabón no tiene ni idea de la que le espera, y, de saberlo, huiría despavorido. No lo digo por mí, por supuesto, sino porque parece que lo de la novia fugitiva le pegó fuerte, y no se considera listo para una nueva relación.

Como te imaginarás, cuando el Bruto me contó eso, enseguida le pregunté la razón por la que pensaba que yo estaba lista para alguien que no lo estaba. Y él, con esa voz grave masculina y hermosa que tiene, me respondió: “Porque confío en vos, pendeja”

¡Guau!

Al escucharlo me sentí tan... Es decir, ni yo confío en mí misma...

El plan es re pedorro: esta noche me pasa a buscar Juampi, y vamos juntos al Museo Renault, que, a pesar del nombre, es un bar re paquete, (lujoso), y con toda la onda. A su vez Empanada, que va a estar regresando de la facultad con el tal Norberto, (de ahora en más “la víctima”), le va a pedir que lo acompañe allí, porque tiene que reunirse con el Bruto. Nos encontramos los cuatro, con besos, saludos y tragos. Nos quedamos charlando dos horas, y entonces suena el teléfono del Empanada, avisándole de una urgencia familiar en el barrio de La Boca, muy al sur. Solícito, el Bruto va a ofrecerse a llevarlo, pero, ¡horror!, ¿quién me acompaña a mí, que vivo en Belgrano, por el lado norte, y justo a unas pocas cuadras de la casa del tal Norberto?

La verdad, el Bruto y Empanada son pésimos a la hora de enganchar a alguien. ¡No se puede ser más obvio! Además, hay mil cosas que pueden fallar. Desde que Tito falte a clases, hasta que no lleve el auto, o se niegue a acompañar a Empanada sin motivo alguno al Museo Renault.

No tengo ni medio de ganas de ir. Pero tampoco puedo negarme, ¿no te parece? No después de todas las molestias que el Bruto se tomó por mí.

Como sea, pienso arreglarme de lo mejor, tipo diosa, y ser lo más encantadora y femenina posible. Quiero que Juampi se sienta orgulloso de mí. Que sepa que nunca voy a defraudar su confianza. Pero, por sobre todo, quiero que él...

No, nada.

Dejá.

Es que no me resigno...

Mejor me voy a arreglar.

Besos

Ifi

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Día 73, martes

El lado de los tomates

Pachi:

Anoche nos quedamos con el Bruto hasta la madrugada. Lo de Borges no le causó ni medio de gracia, porque está convencido de que Ine sigue muy enamorada, y no quiere que sufra.

Ahí me largó una extraña teoría de que, como su hermanita no había aflojado en materia de sexo, (¡!!!!!!!), su novio había ido a abrevar a praderas que él, erróneamente, consideraba más complacientes. Yo no lo saqué del error, por más que me moría de ganas, porque lo que te cuenta una amiga es sagrado.

Después de darle y darle al asunto, llegamos a la conclusión de que es mejor no decirle nada a Ine. Borges igual está dispuesto a irse, así que es mejor no incrementarle el sufrimiento.

Por supuesto, aclarado ese punto, intenté desviar la conversación hacia el lado que me viene obsesionando desde que presencié aquel horrible beso. La verdad, me muero porque el Bruto se sincere conmigo, y me confiese que es gay. Y no lo hago de chusma, sino porque me duele que no confíe en mí.

Cuestión que le pregunté cuándo me iba a presentar a su “amorcito”

Se rió con picardía, (es re lindo cuando se ríe así), y me dijo que todavía no. Que hay muchas cosas de él que yo no sé, y que sólo me las va a contar cuando esté lista para escucharlas.

¡Si él supiera!

Como sea, no lo contradije. No me parece bien arrancarle de mentira, verdad. Es evidente que el que todavía no está preparado es él, y pienso respetarlo.

Bueno, Pachi... El Hurón está empeñado en que le pase el plumero a los libros que están más altos. No sé si lo hace de higiénico, o por puro pajero, para mirarme las piernas, pero no puedo negarme.

En fin... Como dice mi abuelita, mañana será otro día.

Besos

Ifi

La historia de Ifi

Día lunes, 72 (el sábado y el domingo no escribí, porque me daba paja)


El jardín de los senderos que se bifurcan

Estoy re perdida, Pachi.

Es decir, ¿quién entiende a los hombres?

Hoy no tenía que ir a la facultad. Ya estamos muy cerca de los finales, y yo, por suerte, parece que promociono todas. Ahora el sistema es distinto, y si sacás buena nota en los parciales, te dan por aprobada la materia sin más trámite. Yo, de pura aburrida, me la pasé estudiando, así que, al parecer, me espera un verano larguísimo. A Ine, en cambio, esto de Borges le pegó mal, y, por lo que pude escuchar, (incluido lo que me chusmeó anoche el Bruto), parece que le fue para la mierda. Cuestión que la pobre anda re deprimida, porque ella, como yo, solía ser una alumnita perfecta.

Hoy, como te decía, no tenía que ir a la facultad, así que me arreglé de punta en blanco, con la intención de hacer shopping toda la mañana, y comprarme alguna remerita barata, (baratísima, porque estoy quebrada)

Más que la ropa, quería levantarme la autoestima, y practicar algo de lo que me había enseñado el Bruto. Me gustaría sorprenderlo con mis habilidades, cuando me presente al candidato.

Cuestión que estaba saliendo de mi casa, toda bella y emperifollada, (hecha una diosa, bah), cuando aparece...

TA TAN, TATAN...

¡Borges!

Sí, el mismísimo Jorge Luis estaba parado enfrente de mí.

“¡Qué sorpresa! ¿Qué hacés por acá?”, pregunté con inocencia.

Y entonces el sorprendido fue él.

Auténticamente sorprendido.

Al parecer el otro día, la mañana fatal en que yo estaba esperando al Bruto, y que lo único que quería era sacármelo de encima a él, habíamos arreglado esta “cita” (¡!!!!!)

Te juro que no me acuerdo.

Me abrís la cabeza, y no hay nada.

Por fuera puse mi mejor cara de estúpida, pero por dentro me moría de incomodidad.

Ese horrible Borges trucho, (=falso), nunca me había caído bien, y en el fondo de mi corazón siempre había albergado la secreta esperanza de que Ine se aburriera de él, y volviera a ser mi amiga. Sabía a la perfección que ese renacuajo infecto que ahora me sonreía embobado era la única causa de nuestro alejamiento.

“¿Qué busca este pelotudo ahora?”, no dejaba yo de preguntarme, mientras caminábamos hacia el barcito de la otra cuadra de casa, para hacer Dios vaya a saber qué.

La verdad, para entonces ya estaba convencida de que, con ese tonito de superado que tanto fastidia a cualquiera que lo escucha, Borges iba a exigirme que me alejara aún más de su novia. ¡Y entonces sí que lo iba a mandar a la mierda!

Pero no.

Hablamos de Ine, sí, pero no como yo lo esperaba. Me dijo que él se había acercado a mi amiga pensando que eran almas gemelas, pero que al conocerla más se daba cuenta que no calificaban ni para familiares políticos. Por supuesto, de inmediato le di la razón, alborozada, (¡chupate esa! Y si no sabés qué significa, buscala en el diccionario)

Hasta ahí, todo bien.

Pero de inmediato comencé a transitar por la “Dimensión desconocida” del mundo masculino.

Primero comenzó a describirse a sí mismo, sus intereses, y sus logros.

Te juro que quien lo escuchara hubiera pensado que era Brad Pitt. Es decir, ¿viste que Brad Pitt es el raro caso de un lindo, inteligente, divertido y humanitario? Dicho de otra forma, es un lindo reversible.

Justo, justo, como Borges se considera a sí mismo: lindo por dentro, lindo por fuera.

¡Yo no lo podía creer!

Es decir, cuando antes él me había dicho que Ine y él no estaban a la misma altura, y yo asentí complacida, los dos estábamos pensando en una ubicación distinta de los platillos de la balanza.

Y como cuando Borges habla es tan aburrido que produce sueño, tardé un buen rato en entender el significado de sus palabras.

¡Qué bajonazo!

Con su prosa pomposa, y su léxico de crítico literario, aquel pelotudo estaba criticando a mi amiguita del alma. Y a Ine sólo la critico yo.

O el Bruto.

Nadie, pero nadie, más.

Ni bien me di cuenta de lo que decía, dejé de hablar. En el fondo estaba feliz, porque calculaba que me iba a pedir que lo ayudara a cortar su noviazgo, sin que nadie saliera lastimado. Y en caso de ser esa su intención, no iba a encontrar mejor aliado.

Pero el tipo, en cambio, seguía dale que te dale, diciendo pelotudeces, mientras yo soñaba con pasar los días con mi amiga, como antes, y las noches con el hermano, como ahora.

Y en eso estaba, cuando sonó la alarma de mi reloj. Yo tengo un reloj de esos chinos, baratísimos, del tipo de los que se compran de urgencia, en las terminales de buses, (de hecho, lo compré en la de Retiro) Un reloj con miles de botoncitos que generalmente nadie sabe para qué sirven. Yo sí. Y los uso todos. En especial, las alarmas. Como mi cabeza está siempre ocupada en asuntos elevados, como la unidad trascendente de las religiones, o el sentido místico del Romance de la Infantina, o la comida que voy a preparar a la noche, tengo un timbre que me despierta por la mañana, otro que me informa que debo ir a trabajar, y uno que me recuerda que ya es hora de dormir. La alarma que sonó tenía el mismo timbre estridente de la voz del Hurón.

Y me espanté.

“Tengo que ir a trabajar”, dije con seriedad, conciente de que todavía no habíamos llegado a la parte en que simplemente declaraba su firme intención de alejarse de la vida de mi amiga para siempre. Hasta allí sólo habían sido críticas y quejas.

“Te acompaño”, dijo él, para mi horror.

Me quedé de una pieza.

Y entonces, al ver mi cara, comenzó a decir, rapidito y todo junto, que él había creído otra cosa, que se había equivocado, y que la que siempre le había gustado era yo, que era mucho más libre con mi cuerpo que Ine, (¿me estaba llamando puta?), más sincera y desenfadada.

Y entonces...

¡Me tiró un pico!

El muy pelotudo cerró los ojos, y alargó los labios.

¡¿Lo podés creer?!!!!!!!

La verdad, me reí en su cara.

Es decir, el Hurón me conmovió, porque se notaba que sufría. Este, en cambio, se había largado un discurso tipo: “Soy tan maravilloso que me di cuenta que tu amiguita no está a mi altura, pero vos, en cambio, si te esforzás y sos complaciente, quizás sí”

¡No se puede creer!

Por supuesto, entre risotada y risotada, lo mandé a la mierda.

¿Qué hago? ¿Le cuento a Ine, o me hago la boluda, para no humillarla?

Esta noche lo llamo a Juampi para que me asesore.

¿Vos que opinás?




Ifi


La historia de Ifi


Día viernes 69 (sin doble sentido)


Manual de primeros auxilios


¡Holis, Pachis!

Ayer, de nuevo, vino el Bruto a casa.

Así, solito, sin que nadie lo invitara. Dijo que andaba por el barrio, y que había decidido subir a saludar.

¡La pasamos re bien!

Es lógico. Yo la pasaba re bien con Ine, y se nota que son hermanos.

Aunque tengo que confesarte que con el Bruto me divierto más. Es decir, tener un amigo gay es definitivamente mejor que tener una amiga. Un hombre, (que me disculpen los gays), es siempre un hombre, y puede darte una visión masculina de todas las cosas que hacen los varones, y que para nosotras son un enigma. Ellos saben, aunque sea de oídas, secretos que, de otra manera, nos estarían vedados.

Ayer, por ejemplo, Juampi se dedicó a pasarme tips de batalla.

Escuchá esto:

Al parecer los hombres no escuchan, pero miran. Es decir, te podés desgañitar hablando, que ellos sólo van a reparar en detalles tales como si te depilaste las piernas, o llevás minifalda. Ellos decodifican todo, menos lo que les decís expresamente. Eso, justo, es lo que no entienden.

Por ejemplo. Todas sabemos, (bueno, yo me enteré recién cuando él me lo dijo, pero da lo mismo), que tenés que mirar fijamente a un tipo para que sepa que estás interesada. Pero la forma en que te comportes al hacerlo va hacer la diferencia entre que el fulanito se acerque, o que huya despavorido.

Si vos lo mirás todo el tiempo, a pesar de que esté con otra, y mientras lo hacés te abrís el botón de la camisa haciendo un gesto invitante, o te pasás la lengua por los labios, el tipo se va a acercar seguro. Es decir, si lo haces muy evidente, no, porque va a pensar que cobrás. Se trata de algo sutil, por supuesto. Así que si le dejás en claro que querés guerra, el tipo se acerca seguro, aunque sea Mahatma Gandhi. Al parecer es una cuestión de orgullo. Un código interno que hace que, aunque sea impotente o tímido, se sienta atraído a vos de inmediato.

Si en cambio lo mirás fijo, y cada vez que sus ojos coinciden ponés cara de carnero degollado, o suspirás, el susodicho macho va a huir despavorido, porque va a sonar que estás desesperada, y la desesperación, (sobretodo en su forma más extrema, que es el matrimonio), asusta al varón. (Algo así ya me había advertido Jeny, una de mis amigas del blog)

¿Cómo hacer entonces para levantarte a un tipo sólo con mirarlo?

¿Cuánto me das si te lo digo?

La clave está en hacer contacto visual todo el tiempo, pero cuando sus ojos coincidan con los tuyos, desviar la mirada hacia otra parte con desdén, tipo, “tanto no me gustás”, mientras te tocás el escote, o sacás tímidamente la lengüita por los labios. ¿Me entendés? Onda, “tenés posibilidad, pero sólo si te esforzás más, porque no soy fácil” ¡Esas cosas enloquecen a los hombres! Lo fácil los aburre, y lo complicado los asusta.

Claro que después de esta pequeña lección, también me aclaró que el hecho de que un varón se acerque y se interese no significa que vaya a acceder a una relación seria. Sólo quiere joda. Un trofeo para su pared. Y eso es así aún cuando el tipo sea un santo, o un bicho espantoso, que en eso no parece haber mucha diferencia. Para ellos, conquistar a una mujer no es tanto una cuestión de sexo, como de orgullo.

Y con eso, de paso Juan Pablo aprovechó para justificar la infidelidad masculina. Dijo que algunos, a pesar de amar a su pareja, no podían evitar la tentación de correr detrás de una desconocida, y probar que podían conquistarla.

Ahí me saqué.

Yo con eso de que lo que está bueno para un sexo, no funciona para el otro, no la voy. Y mucho menos justifico la infidelidad, así que, al taco, le aclaré que si un tipo no me quería a mí más que a su orgullo, simplemente no me quería.

Bastó que dijera eso, para que me mirara raro.

Tanto, que empecé a sospechar.

Le pregunté si alguna vez había cagado a su pareja, y me confesó que sí, que varias veces..., pero que lo había hecho sólo por subir su autoestima, y que recién ahora se daba cuenta que había obrado mal. Y entonces, de nuevo me miró con esa cara. Extraño, ¿no?

Sabés lo malo: que cuando me mira así, me olvido que es gay, ¡y me da una cosa!

Como sea, nos quedamos jodiendo hasta la madrugada. Al final me prometió que iba a buscarme un buen pibe para mí, y que me iba a ayudar a conquistarlo.

Re cool, ¿no te parece?

Lástima...

Mejor la dejamos ahí.

Chau

Ifi

La historia de Ifi


Deshojando la margarita


Día Jueves 68

Pachi:

Como ves, vuelvo a contar los días, porque últimamente no tengo nada mejor que hacer.

Es decir, como hacer, tengo mucho pendiente, porque ya casi están encima los exámenes finales. Pero como no tengo ganas de hacerlo, cuento los días.

Ando medio pachucha, (eso lo dice mi abuela, y quiere decir algo así como cabizbaja o tristona)

Ayer vino el Bruto. Disculpá que le siga diciendo así, pero ya estoy acostumbrada. Además, si le cambiara el apodo, tendría que llamarlo “el Suave”, y eso suena ofensivo, ¿no te parece?

Cuestión que ayer vino Juan Pablo, y nos quedamos charlando hasta las mil quinientas. Lo curioso es que cayó sin avisar, y ni se molestó en hacer la parodia de negarse a subir. Yo lo invité a comer pizza casera, porque ando sin un mango, ($$$), y él me ayudó con el bollo.

Claro que mientras en la mesa se formaba un bollo de masa, en mi corazón se hacía otro, de sentimientos encontrados.

¿Sabés cuál es el problema con los gays?

Que son re lindos. Incluso más lindos que los otros hombres. Será que se arreglan más, ¡vaya una a saber!

Tomalo a mi hermano mayor, por ejemplo. No sé si te acordás, pero en el pueblo era toda una leyenda. Fue el novio de todas, chicas y grandes. Es alto, rubio, de ojos claros, y re musculoso. Podría ser un bombón. Pero la verdad es que no llega ni a bizcochito de grasa. Es decir..., siempre lleva los pantalones rotos y caídos, no conoce más zapatos que las ojotas, sus manos y su pelo suelen estar repletos de grasa, y el noventa por ciento del tiempo huele a desodorante barato y transpiración, todo junto, en una mezcla funesta. ¡Un desastre, como buen heterosexual!

El Bruto, en cambio, huele fabuloso. Lleva siempre el pelito re peinado, se viste súper a la moda, y cada músculo está exactamente en su lugar. Y, a pesar de ser él también fanático de los fierros, jamás le he visto ni un atisbo de grasa, (¿escuchaste? Atisbo. ¡Cazá esa palabra!)

Y hablando de grasa...

Entre tomate y tomate, aproveché para preguntar por Empanada. Y, como quien no quiere la cosa, ni le importa el asunto, le tiré si su amiguito del alma estaba involucrado en alguna relación.

Me contó que sí. Que estaba saliendo, pero que la otra persona no quería que lo de ellos se supiera, (¡!!!!!!!!!!)

Y entonces me hice la boluda, y le largué un “¿Y vos? ¿Seguís con esa pareja que tenías?”

¡No sabés cómo me latía el corazón, pendiente de sus palabras!

Para mi desgracia, se apuró a responderme que sí, que seguía muy enamorados. Que salían desde chicos. “Es una pibita del cole”, me dijo. Y enseguida se me prendió la lamparita. Una vez Ine me había contado que Empanada había ido al colegio con ellos desde salita de tres.

Después, y de pura mala, le pregunté si Luz, su mamá, la conocía, y me dijo que sí, que antes iba a su casa todo el tiempo, pero que ahora su familia creía que la relación se había cortado (¡!!!!!), y ellos lo preferían así.

Demasiados misterios, para no tener nada que ocultar, ¿no te parece?

Después se autotituló como un tipo fiel, y, por supuesto, habló pestes de las minitas que suelen llamarlo todo el día. Sin ningún empacho las calificó de huecas y tontas, dejando bien en claro que no le gustaban las mujeres que iban al frente, atropellando. Pero después agregó que tampoco le parecían bien las complicadas, que careteaban, sin animarse. En resumidas cuentas: si no le gustan las que van al frente, y tampoco las que caretean, no le gustan las mujeres.

¿No es re gay?

Aunque, si voy a ser sincera, coincido con él en que todas las chicas que lo llaman son de cuarta. Y que no hay cosa más odiosa que las minas complicadas. Es decir, lo que decía es lógico, pero...

¿No es re gay?

¿Ves por qué estoy pachucha?

Mañana la sigo.

Chau.

La historia de Ifi

Mal de ojo

Pachi:
¿Te conté que anteayer, cuando vino a casa, el Bruto me miraba raro?
Bueno, considerando que estaba vestida con mi lujoso “pijama”, no era algo de extrañarse.
Pero no me refiero a eso.
Yo te conté que estaba sin corpiño, (=sostén), y que mis lolas, (=pechos), tienen vida propia...
Cuestión que me dio la impresión que a él le dio impresión.
Es decir, no dejaba de mirarme. Y no como lo hubiera hecho otra mina, o un gay, sino como todo un hombrecito. Es decir, yo le hablaba, y era evidente que él hacía esfuerzos por mirarme a la cara, pero los ojos se le piantaban, (huían), hacia otros rumbos de mi anatomía.
¿Los gays son así? ¿También miran?
¿Vos conocés alguno?
Bueno, hasta el “viajecito romancero” yo creí que no, ¡y mirá!!!!!
¿Se podrá “convertir” un gay?
Es decir, tanto no le falta para ser hombre. De hecho, lo principal ya lo tiene... Además, yo soy casi un varón...
¡De verdad!
Ya te dije que no me gusta arreglarme, no sé nada de pinturas o maquillajes, nunca pensé en cómo se iban a llamar mis hijos, no soy bruja con las otras mujeres, todo el tiempo digo malas palabras, puedo fajar a cualquiera, (cagarlo a trompadas), y, además, soy re fierrera.
Sí Pachi, tengo que confesártelo.
Mi viejo es mecánico, y los autos me fascinan. Manejo desde los siete años. Me crié entre ellos. Por eso, cuando el Bruto hablaba de eso con Rubén Descerebrado, tuve que hacer terribles esfuerzos para no participar en la charla, y quedar como marimacho.
Lo mismo me pasa con el fútbol.
No sólo me encanta, (soy millonaria a muerte), sino que, para muchos, soy una delantera de la puta madre. Tanto, que al final en el colegio tuvieron que prohibir los partidos mixtos. Los pibes lo pidieron, para que yo no los humillara, pero la Dirección accedió, porque ya había lesionado a más de uno.
No es algo de lo que esté orgullosa. De hecho, no se lo cuento a nadie. No pega con la nueva imagen que quise lograr en la ciudad. Se supone que soy una intelectual, con novela escrita y todo. Bah, no se supone. Lo soy. Pero, además, me gustan los fierros y el fútbol.
¿Está mal?
Por eso, cuando en aquel Mundial mi profe- bombón empalagoso y blandito había insistido en dar clase, yo por delante aplaudía, pero por dentro no veía la hora de pararme frente a un televisor, y gritar los goles.
Como ves, todos tenemos algo que ocultar.
¡Ojo! Ni Ine sabe de esta oscura faceta de mi vida. Sólo vos, y la gente del pueblo.
Entonces, considerando todo eso, ¿no soy casi un varón?
¿Cuál es la diferencia?
Excepto que a mí, por desgracia, me gustan los hombres.
Pero eso también está en duda, porque, como ves, sigo muerta por el Bruto, a pesar de saber lo que sé.
En fin, mejor te dejo. Y si conocés de algún gay que se convirtió, contámelo, (con todo y receta)
Besos

Ifi

jueves 24 de enero de 2008

La historia de Ifi

El amor en los tiempos de la inflación

Pachi:
Ahora sí voy a poder hablar tranquila, porque estoy laburando, (=trabajando), o eso se supone. De verdad, no soy tan misteriosa como pobre, y acá todo está carísimo, (la Argentina debe ser el único país del mundo en el cual, cuando el índice de inflación sube apenas un tres por ciento, las cosas aumentan más del treinta. ¡Si eso no es realismo mágico!)
¿En qué iba?
Ah, el Bruto. (últimamente soy como una película pornográfica: no importa a qué hora te conectes, siempre está en la misma parte)
Bueno, el Bruto había tocado el timbre.
“¿Bajás?”, me preguntó con su dulzura característica.
¿No soy una pelotuda? ¿Cómo no me di cuenta antes de que tanta dulzura no era normal en un hombre? Los tipos, (hay que resignarse), son naturalmente bestias. Éste, en cambio, sólo era bruto. Dulce, suave y bruto. ¡Tendría que haber sospechado antes!
La verdad es que me moría de ganas por enfrentarlo. De gritarle en la cara lo que había visto, con la secreta esperanza de que lo desmintiera, (como ves, no sólo soy pelotuda, sino también inocente)
Quería reprocharle su falta de sinceridad.
Quería verlo cuanto antes.
Pero no había forma de que yo bajara con esa facha. Llevaba una musculosa, (esas remeritas que usan los boxeadores), de cuando tenía quince años, (y, por cierto, pesaba cinco kilos menos), sin corpiño= sostén, unos shorts hechos con mi antiguo pantalón de gimnasia del colegio, (para colmo, agujereado en el culo), unas ojotas, y una maraña de pelo que ningún peine hubiera sido capaz de vencer. ¡Un desastre!
Pero estaba tan enfurecida que, ya que no podía bajar, le grité que subiera.
Al principio intentó negarse, con su cuento de la ética masculina. Pero como a esas alturas yo ya tenía una opinión formada acerca de su ética y su masculinidad, aullé que subiera, o se fuera para el carajo. Y lo debí decir con un tono muy convincente, porque me obedeció de inmediato.
Mientras él subía la escalera, yo me había preparado un discurso, que era, más o menos, así: “Escuchame, mal amigo del orto, te perdono que seas puto, pero no puedo dejar pasar el que hayas intentado robarme el tipo que me gustaba”
Así, sin anestesia. Nada de frases bonitas, porque ya no me interesaba su opinión sobre mí. Ni tampoco palabras complicadas, porque además de trolo, seguía siendo bruto, el pobrecito.
Pero ni bien abrí la puerta, fue todo cuestión de verlo, para que me deshiciese en un instante.
De repente lo imaginaba rodeado de todas esas chicas, simulando lo que no era. Suspirando de amor por Empanada, sin poder contárselo a nadie. ¡Qué injusticia, ¿no?! Porque, después de todo, además de hombre, mujer o trolo, el Bruto era, fundamentalmente, una buena persona. Me había ayudado en las malas, me había prestado su oreja cuando estaba desesperada, sin buscar obtener, (ahora estoy segura), nada a cambio.
Y entonces algo hizo click en mi cabeza. Lo que yo sentía por Juan Pablo era mucho más poderoso que el sexo. Era cariño de verdad. Sin posibilidad de envidias, ni resentimientos.
Y entonces le sonreí.
Sí, no me preguntes cómo, le sonreí en medio de las lágrimas.
Él, un dulce, (que se ve que, en serio, los gays tienen una sensibilidad especial), me tomó entre sus brazos y, sin preguntar nada, comenzó a consolarme.
“Igual ese tipo no me gustaba para vos”, dijo, tratando de calmarme.
Pero yo, como una tonta, me puse a llorar todavía más.
¡Pobre! Pensó que sufría por el otro, pero yo, te juro, lo hacía porque nunca antes me había sentido tan increíble en los brazos de un hombre, (o similar).
¡En fin! Mal de muchos...
Esa es la desgracia de todas las mujeres del siglo XXI: cada vez hay menos varones, y de los pocos que quedan, los mejores, se pasan de bando.
Poco a poco, caricia a caricia, me fui resignando.
El Bruto, por su parte, me aseguró que iba a conseguirme a alguien mejor, y que en menos de lo que me imaginaba, ya iba a estar perdidamente enamorada de otro.

Disculpá que me fui, pero el Hurón me preguntó el motivo de tanto suspiro.
¿Me podés creer que, en vez de responderle, le suspiré en la cara?
Y es que me va a costar acostumbrarme.
Con el Bruto la paso re bien.
Cuando calmé el llanto, empezamos a criticar a Rubén Dormido, y nos reímos a lo loco. De verdad, la paso re bien con Juan Pablo. Es decir, me divierto como lo hacía con Ine, porque los dos hermanitos son igual de agudos e inteligentes, pero, además, el Bruto se siente “rico”. Me encanta que esté cerca, que me mire, que me toque...
¡Qué bajón! Volví a suspirar.
Mejor te dejo, hasta que se me pase.
O, al menos, hasta mañana.

Chau.

lunes 21 de enero de 2008

La historia de Ifi

Honor y gratitud

Pachi:
Como anoche no había podido dormir, esta mañana no fui a la facultad, y después di parte de enferma en la biblioteca. Pero eso fue todavía peor, porque como soy medio Sarmientita, y no falto nunca, nunca...
(¿Te acordás de Sarmiento, nuestro prócer, ese que se dedicó a fundar escuelas por todas partes, y que como era gordo y feo, sólo se divertía yendo a ellas? Así soy yo)
Bue, la verdad es que el Hurón se re preocupó, y hasta se ofreció a ir a comprarme los remedios que pudiera necesitar. Después de su llamada, yo, que ya estaba para el culo por lo del Bruto, me sentía además como una sucia traidora y mentirosa.
Después que corté con mi jefe, continué haciendo lo único que me podía dar placer, dadas las circunstancias: devorando un pan con manteca, tras otro. Te juro que de ser norteamericana, o rica, hubiera comido helado, pero como a esta altura de mi belleza, (¡!!!!!), me encuentro en la ruina, tuve que conformarme con un más democrático pan, untado con una manteca, (mantequilla, bah), un tanto rancia, pero no por eso menos deliciosa. (En realidad estaba horrible, pero era mi única opción, y, como habrás notado, me conformo con poco)
Entre tanta miga y lágrimas, mi casa, como te imaginarás, era un desastre. La cama estaba sin hacer, y hasta mis pobres geranios se habían marchitado, (como su dueña) Y no es que yo habitualmente pueda concursar para “El ama de casa del año”, pero, modestamente, suelo ser bastante prolija. (En especial si no te molesta, como a mí, ver zapatillas regadas por todas partes, y libros amontonados hasta en el baño. Sobre todo en el baño, ya que, para que engañarnos, buena parte de mi buen desempeño estudiantil se lo debo a mis numerosos problemas digestivos)
Cuestión que ahí estaba yo, hecha un desastre en medio del desastre, cuando sonó el timbre. ¡Me quería morir! Y a menos que fuera el hombre de mi vida, estaba firmemente decidida a no abrirle a nadie.
Me apuré a encender mi televisor nuevo, (nuevo para mí, pero ya tiene como treinta años el pobrecito), un aparato triste y rotoso como su dueña, y rápidamente sintonicé el canal noventa y nueve, (el que muestra la puerta del edificio).
Y ahí estaba él, parado como si nada.
Por supuesto le abrí, pero eso te lo cuento la próxima, porque me quedé sin un mango, ($$$), y te estoy escribiendo desde un cyber.
Besitos
Ifi

P.D: No, no te hago misterio.
El que había llegado era el Bruto, porsupu, (por supuesto)
Pero eso, como te dije, te lo cuento mañana porque, de lo contrario, voy a tener que entregar mi honor al dueño de esta PC.

sábado 19 de enero de 2008

La historia de Ifi

La feria de las tinieblas II

Pachi:
Disculpá la telenovela de ayer, pero de verdad estoy hecha mierda.
De alguna manera llegué a pensar que Juan Pablo era el hombre de mi vida. Mi otra mitad. El tipo que podía sacarme de esta ridícula soledad. Sobre todo eso, porque a estas alturas ya no me importa mi virginidad perpetua, ni mi estupidez congénita, sino esta tristeza, que me hace replantear todo.
¿Por qué, de todos los tipos del mundo, tuve que enamorarme justo de él?
¿Habrá algo malo en mí?
Aunque, ahora que lo pienso, ¿no fue su sensibilidad, su trato respetuoso y galante, lo primero que me atrajo de él?
Bueno, como te decía, estuvo veinte minutos enteros dándome instrucciones que yo, como una idiota, me encargué de seguir al pie de la letra. ¡Qué pelotuda!
Una de las cosas que me “sugirió” fue que viajara adelante, junto a él, pero que todo el tiempo mirara para atrás, para que mi profesor entendiera que había onda.
¡Buen consejo!
¡Y te juro que es re efectivo!
Me recomendó que me interesara por cuanta boludez saliera de la boca de mi boludo profesor. Si no sabía de un tema, lo mejor era preguntar, escuchando con un dejo de contenida admiración (¡!!!!!!!!!!!!!!)
Bastó que Rubén Desilusión subiera al auto, para que el Bruto me hiciera un gesto con el pulgar hacia arriba.
¿Sabés adónde se puede meter ese pulgar?
Mejor no respondo, porque, a pesar de todo, soy una dama.
Una vez en camino, la charla giró sobre asuntos diversos: fierros, (=automovilismo), fútbol, rugby. Como te imaginarás, una conversación a mi medida.
Yo, obediente, no le sacaba la vista de encima a Rubén Delincuente, que hablaba y hablaba con el Bruto. Como me habían ordenado, asentía sistemáticamente a cada una de sus afirmaciones, por más estúpidas que me parecieran. Parecía un perrito que tenía mi abuelo en la parte de atrás del auto. Era un engendro de plástico, cuya cabeza flotaba al compás de los numerosos baches y pozos de las calles del pueblo. ¡Un bajón!
Los cincuenta kilómetros se hicieron enseguida. Al Bruto le encanta meter pata, (acelerar), y llegamos a los pedos.
El viejecito que cantaba los romances era un amargo, y ni siquiera quiso abrirnos la puerta. Fue el Bruto el que lo convenció, que para eso de la lengua se ve que, (también), está bien dotado.
Nos llevó casi dos horas y una botella de ginebra poner al viejo puto a cantar. Los romances se los había enseñado una novia española. Conocía el de Abenámar, La Catalina, y uno que es fabuloso, aunque poco recordado, de la Infantina.
Después que se nos acabó el espacio de grabación en el MP3, decidimos dar la entrevista por terminada, e ir a comer. Yo había preparado varias cosas, (lástima que no incluí galletitas de arsénico), y decidimos comprar unas cocas frías, (el calor era infernal), y hacer un picnic antes de volver.
Ahí el puto de mi profesor, Rubén Dámela-a-mí, explicó el sentido del romance de la Infantina. Habló del “locus- amoenus”, “lugar ameno” en una mala traducción, que es el sitio adonde se da la revelación de la belleza, (en el caso de la Infantina), o la sabiduría, (en el caso de la divinidad) Mirá, la cosa es más compleja que eso, y él lo dijo más complejo todavía, porque para hacerse el raro está pintado, (literalmente), pero mejor lo dejamos ahí. Algún día, si querés, me explayo sobre el asunto, pero ahora no.
Cuestión que el Bruto lo escuchaba embelesado, participando. Y yo lo miraba embelesada a él, porque, por las cosas que decía, ni siquiera parecía tan, tan bruto.
Te juro, en ese prado me sentí casi como viviendo una experiencia mística. Las palabras de mi profesor hacían resonar miles de campanas en mi interior. Y el sándwich de mortadela, otras miles, pero en mi panza.
Y entonces pasó.
No. No es que haya hecho alguna grosería en presencia de mis galanes, que yo para eso soy toda una dama. Salvo algún eructo traicionero, nada más. Pero, como tampoco era cuestión de tentar al destino, decidí pedir permiso, y dirigirme con paso acelerado hacia el lugar adonde vendían la coca, a dos cuadras de distancia.
Te juro que la panza me dolía tanto, y hacía tanto ruido, que, a pesar de mi paso rápido, divisaba el cartel de la coca como quien ve una luz en la oscuridad del tiempo.
Cuando ya faltaba una sola cuadra, comencé a temer lo peor. Pensaba cómo mierda iba a hacer para volver al lado de mis galanes, si ocurría lo que ya parecía inevitable.
Por fortuna, pude contenerme, y llegué a aquel lugar que ya sentía como mi segundo hogar.
Por desgracia, en ese segundo hogar no había una madre como la mía, sino, más bien, un millón de moscas que sobrevolaban los recuerdos más íntimos de miles de turistas anteriores, arrastrados allí como yo, por pura fatalidad.
Hice lo que tenía que hacer, como pude. Y es que, como yo siempre digo: denme un paquete de pañuelitos descartables, y conquistaré un baño.
Una vez desahogada, comencé a correr de regreso a mi punto de origen.
Y entonces los vi.
Mejor dicho, no los vi.
No estaban.
Por un instante tuve miedo que se hubieran ido sin mí, mal interpretando mi premura. Pero el auto estaba ahí, y sé que el Bruto asqueroso es incapaz de abandonar su auto. Otras cosas sí, pero no su máquina.
La siguiente conclusión posible era que habían ido a hacer lo propio, pero usando a la madre naturaleza como baño público. ¡Típico de los hombres! Primero se desgañitan haciendo filosofía barata, y después no tienen empacho en mear en medio de ella.
Esperé cinco minutos, pasados los cuales fui a buscarlos. Después de todo, no habíamos tomado tanta coca como para que tardaran tanto.
Me acerqué al río, (me parecía lo más lógico), y por unos minutos me quedé contemplando la belleza del atardecer.
Y entonces lo vi.
Los vi.
A los dos.
Se estaban besando.
No un piquito.
Un chupón. Y estoy segura que hasta hubo lengua y todo.

Te escribo esto, y sigo llorando.
Demás está decirte que me fui por donde vine, y todavía se tardaron otros diez minutos en volver.
La vuelta fue silenciosa. Nadie parecía demasiado entusiasmado en hablar.
¡Ahora entiendo tantas cosas!
La belleza del msn que el Bruto rechazó sin ningún empacho. Las visitas eternas del Empanada. Esas llamadas de “alguien”, que no se podía blanquear.
¡Todo!
¡Me quiero morir!
Literalmente.
Chay.
Ya no vei de tanta láfrima.
Ifu***

miércoles 16 de enero de 2008

La historia de Ifi

El día D, de desilusión


Pachi, amiga...
Estoy en shock.
Confundida.
Desesperada.
¿Por dónde empiezo? Ya sé: por el final.
¿Viste la excursión al culo del mundo gracias a la cual yo esperaba ganarme al menos uno, de dos tipos?
Bueno, pues sólo a mí me puede pasar el perder a los dos a un mismo tiempo.
¡Y para siempre!
¡Me quiero morir! Y te juro que no es una metáfora. De verdad me siento horrible, y soy muy infeliz.
Bah, soy una infeliz, y punto.
Mejor te cuento las cosas cronológicamente, así puedo ordenar mis sentimientos a lo largo de ese día maldito, que prefiero borrar de mi memoria.
Como te conté ayer, el Bruto, (=el horrible, =el odioso, =el estúpido), vino a buscarme a la hora pactada. Porque, eso sí, no será otras cosas, pero se luce siempre con su puntualidad.
¡Ahí tenés! Ayer eso me parecía un rasgo admirable de su carácter. Hoy, en cambio, me resulta sólo algo típico de los tipos obsesivos como él.
Pero esperá. No quiero adelantarme, para no hacer lío.
Ni bien llegó comenzó a instruirme acerca de la forma en que,
(según él, que hablaba como todo un experto),
debía comportarme con mi puto profesor. Sobretodo hizo hincapié en que lo tratara a él, (el Bruto), de forma tal, que al otro no le quedaran dudas de que éramos sólo amigos. De lo contrario, Rubén Domingo,
(¡sí!, porque el muy estúpido se llama Domingo, y no Darío, como el poeta),
Rubén Do- min- go, si era un verdadero caballero, no iba a intentar interponerse entre nosotros por mucho que yo le gustara.
¡Justo!
Pues al final del día, Rubén Dañino no tuvo el menor empacho en demostrar lo contrario.
Pero no quiero adelantarme.
Después de largar una interminable parrafada acerca de lo bueno de comportarme como una dama,
(¡a mí!, como si yo alguna puta vez en la puta vida no hubiera actuado putamente bien),
el muy bruto me instó,
(Sí, me instó. ¿Por qué? ¿Hay algo de malo en que use todas las palabras del diccionario? Si se me canta las pelotas ser culta y refinada, lo soy, y que los demás se vayan al carajo)
¿Por dónde iba?
¡Ah! El Bruto me instó,
(aunque él sea tan bruto que no tenga ni la más puta idea de lo que significa esa palabra, lo hizo),
a que, por ninguna razón, me fuera de mambo con el imbécil de mi profesor.
Dicho en buen romance: que no lo tocara demasiado, ni lo dejara meter mano.
¡Cómo si yo hubiera podido hacer algo para evitarlo!
Te juro que, de saber lo que se venía, al inicio de la jornada lo hubiera dejado más manco que el mismísimo Cervantes.
Apuesto a que si el Bruto leyera esto no lo entendería, porque no muchos saben que el autor del Quijote lo llamaban “el manco de Lepanto”. Y como él es, además de bruto, ignorante, idiota, horrible, y

Disculpá. Tuve que buscar un pañuelito descartable, porque se me estaba mojando todo el teclado con las lágrimas.

Mirá, por hoy te dejo, porque estoy hecha mierda.
No puedo seguir.
Mañana, en cambio...
Mañana de nuevo no voy a tener un motivo para levantarme.
Soy muy desdichada.
Chau

lunes 14 de enero de 2008

La historia de Ifi

El día D, de deseo

Pachi:

Uff!!!!!!!!!!!!!!!!!
Por fin llegó el día.
Me la pasé toda la noche rezando para que hoy hubiera sol, y parece que dió resultado. Se ve que tan mala no soy. O serán los huevos que le prometí a Santa Clara... (Esa es una pavada que hace mi mamá. Cuando no quiere que llueva, promete una docena de huevos para los pobres, a cuenta de Santa Clara. No puedo decirte que haya sido siempre un ciento por ciento efectivo, pero más de un casamiento o un copioso asado se han salvado gracias a los buenos oficios de la Dama celestial. Claro que cuando igual diluvia, mi vieja no se resigna, y se apura a echarle la culpa a la falta de inocencia de la novia, o a la mala calidad de la carne... ¡Hasta es capaz de acusar al servicio meteorológico!... Como sea, a pesar de que no creo en esas cosas, igual voy a donar los huevos. Después de todo, es una obra de caridad como cualquier otra, ¿no te parece?)
El día no puede ser mejor, y el pelo, (=cabello), me quedó bárbaro. ¡Buenísimo!
Lo malo es que todavía faltan dos horas para las diez de la mañana, (que es cuando me tiene que pasar a buscar Juan Pablo), y yo ya estoy lista. ¡Qué baj

Disculpá que te corté así, pero sonó el timbre.
¡No sabés cómo me puse! En seguida pensé que era el Bruto, y el que viniera tan temprano era
era
era
No. No era nada.
Me refiero a que no era el Bruto. Era
Ahora que lo pienso, ¿no es muy raro que justo hoy haya decidido venir a verme?
Me refiero a que...
Yo nunca le di mi dirección. Al menos que yo recuerde... Aunque tengo que confesar que siempre que hablo con él estoy en un estado de semi inconciencia. ¡Es super aburrido!
Disculpá. Otra vez te estoy haciendo misterio. Pero no es deliberado.
¡Ni te imaginás quién era!
Borges.
Jorge Luis.
Ni el mismísimo fantasma del escritor me hubiera sorprendido tanto.
“¿Qué mierda andás haciendo por mi casa, pelotudo?”, me moría por preguntarle. Pero, en vez de eso, puse mi mejor sonrisa de idiota, y le dije: ¡Qué sorpresa! ¿Vos por acá?
La verdad, no tengo ni idea de lo qué me respondió. Ni el motivo de su ignominiosa visita. Porque ni bien me di cuenta de que el Bruto podía llegar en cualquier momento, me puse como loca. Lo último que quería era que el idiota de mi compañerito le fuera con el chisme a su novia.
Cuestión que en tres minutos me lo saqué de encima. Literalmente, porque el tipo es bastante pajero.
Disculpá, quise decir: toquetón.
(¡Qué difícil es esto de hablar como señorita, cuando una tuvo que criarse junto a dos hermanos- bestias!! Lo más raro es que ahora, cuando a alguno de mis sobrinos se les escapa una mala palabra, vuela un golpe de inmediato. ¡Qué careta es la gente!)
¿En qué estaba?
Ah, sí, Juan Pablo.
Me muero porque

Me morí.
Es él.
Mañana te cuento.

Ifi

miércoles 9 de enero de 2008

La historia de Ifi

Falsas esperanzas

Pachi:
No. No fue él.

Disculpá... A veces me olvido que vos, además, y aún a pesar de lo que te pasó, tendrás una vida.
Yo, en cambio, no hago más que pensar y pensar obsesivamente en

Disculpá. Lo que te estaba diciendo es que el del mensaje en la contestadora no fue el Bruto. Ayer lo llamé. No una, ni dos... Tres veces. Bueno, en realidad fueron cinco, porque las dos veces que me atendió Ine, me apuré a cortar.
Está mal estar tan desesperada, ¿no?
Creo que él se avivó, porque al tercer llamado ya colgaban estalactitas de la línea telefónica.
Quedamos en que mañana vamos a encontrarnos para ir al culo del mundo. Primero me pasa a buscar a mí, y después, JUNTOS, vamos a lo de Rubén D., (= mi profe- bombón)
La gran decepción es que mi profesor vive acá nomás de mi casa, casi a la vuelta, por lo que no vamos a poder estar solos con el Bruto por demasiado tiempo. ¡Lástima! Me hubiera encantado hacer esos cincuenta kilómetros sin más testigos que los chicos de Coldplay.
(Es una metáfora, por supuesto. No digo que intento transarme al Bruto y a toda la banda, sino que quiero escuchar música romática mientras me transo al Bruto)

Olvidate eso último.
Tengo que concentrarme en mi profe- bombón.
De verdad él me gusta mucho.
O me gustaba.

Olvidate eso último.
Rubén D. es el tipo para mí. Culto, inteligente... Lindo, pero sin exageraciones. Digamos que está bien. Un tipo a mi medida.
El Bruto, en cambio, es un bruto. ¿Qué película podría ir a ver con él? ¿De qué podríamos charlar cuando acabáramos de despellejar a Borges? ¿O si Ine cambiara de novio, por uno que nos guste a los dos?
No. Lo mío con el Bruto es imposible. Además, casi no me da pelota. Es obvio que en su mente yo no califico. Debe pensar: “¿Con quién salgo hoy? ¿Con la rubia de lolas como melones? ¿Con la morocha de culo tipo pan dulce?... ¿O con Ifi?”
No tengo con qué darle.
Mejor dicho, tengo con qué darle, y me muero de ganas por hacerlo, pero para él yo no califico. Creo que nunca voy a pasar de ser Ifi, la pendejita amiga de Ine.
¡Qué bajón!

Decime, Pachi, ¿alguna vez tuviste que elegir entre el tipo que de verdad te gustaba, y el que creías que era mejor para vos?
Mi corazón tiene el nombre del Bruto grabado a fuego. Pero mi mente reclama por Rubén Darío, (que me juego la cabeza a que se llama así, porque se ve que desde la cuna fue signado como poeta)
¡Ya me salió lo snob otra vez! ¡No puedo con mi genio!
¿Ves lo que te digo? ¿Cómo puedo querer conquistar al Bruto si en mi discurso meto palabras tales como “poeta” o “signado”?... ¿Te imaginás su reacción al escucharme? “¡Dale, pendeja! ¿Otra vez dándotelas de culta? Por qué no dejás toda esa mierda para la facultad, en vez de rompeme las pelotas a mí?”
¡Qué bajón!
No se puede vivir la vida midiendo las palabras, eligiendo sólo las películas cómicas (que, para colmo, suelen ser tristísimas), y comentándole el último libro que una leyó, a la pared.
¡Es una locura!

¿O no?

Mañana te cuento.
Besos
Ifi

lunes 7 de enero de 2008

La historia de Ifi


Danza con bobos


Pachi:

Últimamente me pasan cosas muy raras.
De más está decirte que ayer el Bruto no volvió a llamarme. Es decir..., no había ningún motivo para que lo hiciera, pero...
Hoy fui a la facultad, ¡y a que no adivinás quién se me acercó!
Sí.
Ine.
Mi ex amiga del alma.
Al principio tuve la tentación de ignorarla, para que sufriera en carne propia el desprecio, pero después me dio lástima... Y es que últimamente ando muy sensible. Rara, bah. Hasta te diría que “buena”...
Le pregunté cómo andaban sus cosas con Borges, y me dio la impresión de que Jorge Luis había mutado ante sus ojos de literato excelso, a simple columnista del mundo del espectáculo. Es decir, la máscara había caído, y el intelectual de otrora daba ahora paso a un simple conventillero barato (¡qué prosa la mía!!!!) Tampoco en cuestiones de sexo parecía demasiado satisfecha, porque dos veces me preguntó si yo seguía siendo virgen, y las dos veces que le juré que sí, me dijo que hacía lo correcto, (¡como si fuera adrede!!!)
Como sea, me dio mas pena que bronca, y le dije que estaba a su disposición si necesitaba una oreja. En efecto, mi aparato auditivo estaba a su disposición... sobre todo tratándose del Bruto. Eso, por supuesto, no se lo dije. Pero de ahí en más comencé a tirarle de la lengua, y me puse a escuchar. Primero le pregunté por su mamá, (Luz es una divina, y estaba de maravillas), por su papá, (iban a tener que operarlo de una verruga dentro de dos semanas), y, por supuesto, por el Bruto...
No era que a mí me interesara, pero...
Para mi desgracia, Ine me contó que su hermanito estaba muy raro, como ocultando algo. Le pregunté si estaba de novio, y me respondió que se pasaba todo el tiempo con Empanada, (su amigo grasoso) Que se encerraban en el cuarto por largas horas, por lo que descontaba que no debía estaba saliendo con nadie.
Hasta ahí todo bien. Me había portado discreta, digamos... Pero enseguida me pasé de rosca.
“¿No lo llama ninguna chica?”, pregunté como una idiota.
Ine me miró con desconfianza.
¡Qué pelotuda que soy!
Como te darás cuenta, estaba en el horno. Pero en vez de retirarme elegantemente, encima terminé embarrando un poco más la cancha.
“Digo, porque como tu hermano es tan lindo, me cuesta pensar que esté solo”, añadí, haciendo uso de mi bocota, grande como una casa.
¡Para qué!
“¡¿Desde cuándo te gusta mi hermano?!”, preguntó-aulló mi ex amiga.
Y yo no supe qué contestar.
Por fortuna en ese mismo momento entró al aula mi profe- bombón. Demás está decirte que aproveché su llegada para correr a su lado, sin siquiera despedirme de Ine. Enseguida pasé a contarle lo del perverso polimorfo, (Vg.: el petiso orejudo cantante de Romances), intentando pactar con él un encuentro para ir en su cacería.
Claro que todavía podía sentir la mirada de mi ex amiga clavada en mí, (más precisamente en mi culo, porque yo estaba de espaldas), pero igual seguí como si nada, haciéndole caritas al bombón que tenía enfrente. Y cuando digo que le hacía caritas, no te estoy jodiendo. Te juro que nunca fui tan simpática y afable con un tipo. Claro que para lograrlo tuve que componer una versión intelectual de lo que yo considero una rubia pelotuda. Y creo que lo logré de mil maravillas, porque hasta las idiotas de la primera fila, (Diana la Malvada, y las demás extras), me miraban con envidia.
Lo malo fue cuando el profe tuvo que confesar que carecía de auto para ir hasta el culo del mundo en busca de un Romance. Parece que con lo que le pagan en el Conicet, (el Consejo nacional de investigaciones científicas y técnicas), no le alcanza ni para el boleto del colectivo, (=el ticket del bus), por lo que solicitaba mi gentil ayuda al respecto. Yo le informé que tampoco tenía auto, ni siquiera un monopatín, pero que en cambio, contaba con un amigo que podía hacer el favor de llevarnos.
¡Eso fue lo mejor!
¡No!
Eso fue lo peor.
Porque no dejo de pensar en esta noche, en que voy a hablar con él, para que me ayude a conquistar a otro.
¿Me parece a mí, o la verdadera Bruta de esta historia soy yo? ¡Mirá que complicada y retorcida que resulté!
Bueno, empecé diciéndote que últimamente me pasan cosas muy raras, y después me fui para el carajo. Ahora te cuento mis motivos para semejante aseveración.
Esta noche, al llegar a casa, me encontré un mensaje en la contestadora, (¡sí! tengo contestadora. Es una máquina viejísima que rescaté de la basura, y que anda como la mona) Fue todo cuestión de entrar, y ver la luz titilando, para que me pusiera como loca.
Pensaba que el único que me podía llamar era el Bruto. No me preguntes por qué pensaba eso, porque generalmente mi máquina está llena de consejos maternos, o chismes de mis cuñadas, pero yo, por algún motivo extraño, ignoré tal evidencia, y me concentré en la idea de que él, (Juampi, Juan Pablo, El Bruto de mi corazón), me había llamado. Esta vez, sí, sin ningún motivo. (Esa es la parte realmente emocionante, ¿me entendés?, porque de haber TENIDO que decirme algo, inmediatamente todo perdía la gracia)
Cuestión que corrí al teléfono, tropezando a mi paso con las All Stars amarillitas que había dejado tiradas la noche anterior, la Celestina, abierta en el anteúltimo capítulo, olvidada en el piso por más de un mes, la mesa, y con ella, (¡horror!), la última porción de tarta que había reservado para la cena. En menos de un segundo, mi casa se convirtió en un absoluto desastre, pero yo igual estaba contenta, porque al fin había podido accionar el maldito botón.
“Ifi... Eh... Me gustaría... Eh... Pensé que...”, escuché decir a una voz masculina, que podía ser la de cualquiera, (¡hasta de mi tía Clarita, que hace más de diez años que debería haber largado el pucho, es decir, dejado de fumar!).
Y, después de eso, enseguida...
¡SE CORTÓ!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
¡¿Podés creer mi mala suerte?!!!!!!!!!!!!!!!!!!
¡¿Quién sería?!!!!!!!!!!!
Que yo sepa, no muchos tienen mi número. El Hurón, por supuesto. El Bruto. Algunos compañeros de la facu. Mi ex novio, actual traidor. Mi primo Pocho. Ah, y el Profe Bombón. A él se lo di esta mañana.
Mi jefe está descartado, porque dudo que se anime a enfrentarse a “mi novio”. Así que sólo queda el Bruto...
Tendré que llamarlo, ¿no te parece?
Es decir... Pensaba hablarle igual por lo del viajecito romancero, (que no es lo mismo que decir “el viajecito romántico”), pero me parece que primero lo voy a llamar por eso, y después, como quién no quiere la cosa, lo voy a volver a hacer, para preguntarle si fue él quién dejó el mensaje.
Suena muy desesperado, ¿no?
¡Qué bajón!
Ni con peine fino.

Chau
Ifi
***

jueves 3 de enero de 2008

La historia de Ifi

Una cumbia villera a la derecha, por favor

Pachi:

¿Te conté acerca de mi firme intención de sacarme al Bruto de la cabeza, con peine fino? Pues no va a ser suficiente. Creo que para lograr mi propósito voy a tener que sumergir mi cerebro en ácido, escuchar cinco horas seguidas de cumbia villera, (mejor no preguntes), y aprenderme de memoria el código penal, con todo y sus incisos.
El Bruto, (Juampi, Juan Pablo), es
es
es
ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh
Te cuento, y vos juzgá.
Ayer, ¿te acordás?, estaba desesperada. El Hurón me había pedido ¡matrimonio! ¡A mí! Y yo había reaccionado de la peor manera. Lo había dejado pagando, sin decir “esta boca es mía”. (¿Ustedes también dicen eso de “dejar pagando”? Es re feo cuando te lo hacen)
Yo me sentía para la mierda, porque no me gusta lastimar a nadie. Así que fue cuestión de que llegara Juampi, para que me largara a llorar entre sus brazos.
¡Y se siente tan lindo estar entre sus brazos!!!!!!!!
Bueno, cuando se enteró de lo que me pasaba, un poquito se burló. Pero fue sólo un poquito. Después se puso a consolarme, (me re acariciaba, ¡un dulce!)
Una vez que logró calmarme, Juampi me arrastró de nuevo a la biblioteca. ¡Me quería morir! Y, además, no entendía nada.
“¿Vos sos el jefe de Ifi?”, le preguntó al Hurón, ni bien llegamos. El pobre tipo, al ver todo ese montón de hombre que lo encaraba, se puso a temblar. De inmediato asintió con la cabeza, porque quedaba claro que a esas alturas de su susto ya no podía articular palabra.
“Yo soy el novio de Ifi”, le dijo el otro, sin anestesia. Y entonces la que se puso a temblar fui yo.
Después de eso estuvo re dulce. Le aseguró que no lo culpaba por haberse enamorado de mí, porque yo era re linda (¡!!!!!!!!!!!!!!!!). Le contó que salíamos en secreto. Que mi familia era muy exigente, y él no les gustaba. Creían que un ingeniero era poca cosa para su hija (¡Justo mi viejo, que ya no ve las horas de entregarme aunque sea al barrendero, con tal de no seguir pagando mis gastos!) Según él, mis padres no pensaban conformarse con menos de un millonario para yerno.
Bueno, la verdad es que en eso un poco de razón tiene, porque mi viejo es re fana, (fanático), de River Plate, es decir, es "millonario" hasta la médula. Como te dije antes, no tendría ningún empacho en aceptar un barrendero, en tanto y en cuanto él también defendiera la gloriosa camiseta roja y blanca.
Como ves, el Bruto también resultó creativo. Y, la verdad es que se lo dijo tan bien, que el Hurón prometió ayudarnos en lo que pudiera, y juró no mirarme con otros ojos nunca más.
Hasta ahí, todo maravilloso.
¡Pero después!!!!!!!!!!!!!!!
Juampi me dejó en mi escritorio, y se agachó para susurrarme en el oído que a la noche me iba a llamar. Y entonces se acercó el Hurón, y le dijo: “Podés besarla, si querés. Yo no me ofendo, ni se lo voy a contar a nadie”
El Bruto lo miró. Me miró a mí.
Y me dio un pico.
Un piquito, me entendés... ¿Cómo le dicen ustedes a ese beso dado en la boca, con los labios muy apretados, que apenas te roza, pero que sirve para moverte el piso, hasta dejarte temblando?
¡Guauuuuuuuuuuuuuuuuuuu!
Creo que ni escuchando diez días completos de cumbia villera voy a poder sacarme al Bruto de la cabeza.
¿Qué hago? Porque hoy cuando me llamó, se cuidó muy bien de tratarme de nuevo como una amiga y/o conocida, y/o parienta próxima lejana, (tipo hermana, o prima)
¿Qué mierda hago? Porque yo no dejo de pensar en él, y en ese piquito que se sintió mucho mejor, y me shockeó más, que todos los besos que me dieron nunca, (incluido ese en la mejilla que me dio el ratón Mickey cuando mis viejos me llevaron a Disney, y que como para entonces apenas tenía cuatro años, me pegué tal cagazo, que salí corriendo espantada)
Ahora quedamos que yo iba a hablar con mi profe bombón, para arreglar una salida, en busca de un Romance, (en los dos sentidos)
Bueno... Tendré que resignarme con mi profe.
No me malinterpretes. El profe de Medieval es re lindo. Flaquito, rubión, con anteojos, pero lindo. Un bochazo, (=inteligente), interesante, simpático...
Perfecto.
Lástima que no es el Bruto.
¡Qué se le va a hacer!
Besitos. Mejor voy a seguir suspirando en el baño, porque el Hurón ya me mira con mala cara.
Ifi

martes 1 de enero de 2008

La historia de Ifi

El gran D.T.

Pachi:

Ahora sí que esto ya se fue para el carajo.
¡Estoy en el horno!!!!!!
¿Viste que te conté lo del Bruto y el profe bombón?
Olvidátelo.
Es decir...
Te estoy hablando desde un cyber, porque me salí de la biblioteca. Sí, ya sé que se supone que a esta hora debería estar trabajando, pero me salí igual... Y, la verdad, no estoy muy convencida de volver.
¿Me alcanzará para sobrevivir con lo que mis viejos me mandan para pagar el alquiler del depto., (=la renta de mi pisito)? Bueno, quizás si lo estiro un poco... Si tomo agua de la canilla, (el grifo), y si camino, en vez de tomarme el bondi, (=colectivo, =bus) Y si evito la carne, (cosa difícil, porque soy justo lo contrario a una vegetariana) Aunque, en realidad, para que me alcance el dinero sin trabajar tendría que, además, dejar algunos otros vicios, tales como las frutas, las verduras, las pastas, y ni te digo el pescado, (que igual no lo como, porque acá en la ciudad es carísimo, y porque las dos veces que lo hice, tuve que vivir el resto de la semana con olor a merluza en el pelo)
No sé...
¿Vos qué harías en mi lugar?
Nunca me había pasado algo así.
Como sea, lo llamé al Bruto para pedirle asistencia técnica. (¡Te juro que fue sólo para eso!), y me prometió que viene en quince minutos, (re gauchito, ¿no?)
Claro que estos prometen ser los quince minutos más largos de toda mi vida.
De verdad, ¿vos volverías ahí?
Pará.
¡Qué pelotuda! ¡No te conté nada!!!!!!!!!!!
Disculpame, es que... Estoy en la luna.
Hoy fui a trabajar como todos los días. Bueno, como todos los días, no, sino como ahora voy todos los días, es decir, peinada, con minifalda, y blusita corta y escotada. Por supuesto, nada de anteojos, o cualquier otra cosa que delatara mi condición de nerd.
Cuestión que estaba yo ahí, esperando a que el Hurón se distrajera, para así llamar al Bruto y contarle mi plan, cuando de repente
Sí, ya sé que no era lo más piola, (prudente), usar el teléfono del trabajo. Es más, las llamadas personales están totalmente prohibidas. Pero como desde que me disfrazo de chica, gasto una pequeña fortuna en pelotudeces, me pareció que ahorrarme una comunicación no era una idea tan mala, (¡total, con lo que la municipalidad aumentó el impuesto de alumbrado, barrido y limpieza, no creo que se vaya a fundir!!!)
Como te dije, estaba pendiente del Hurón, esperando a que se fuera al baño. No es raro que el tipo se encierre ahí por más de una hora. No tengo ni la más puta idea de lo que hace todo ese tiempo, pero, eso sí, estoy segura de que no fuma, porque yo para esas cosas tengo una nariz privilegiada.
Y ahí estábamos los dos. Yo lo miraba, él me miraba. Y dale, y dale... Y entonces se paró, y caminó hasta mí. El tipo marchaba como soldado, estaba sudando, y el flequillito se le pegaba a la frente. Parecía un Hitler rubio, por lo que todo el cuadro era estremecedor.
“Señorita Pacheco”, me escupió, “tengo algo muy importante que discutir con usted”
Para mis adentros, comencé a temblar. Como te dije, en la biblioteca municipal no hay mucho trabajo, y yo siempre me las ingenio para hacer todavía un poco menos. Creo que una parte importante de mi buen desempeño en la facultad se lo debo a las largas horas de aburrimiento que paso en este lugar oscuro y tenebroso. Así que cuando vi que el Hurón se acercaba con tanta pompa, me dije: “Chau, sonamos, este me raja, (me despide)”
¡Ojalá!
“Señorita Pacheco”, volvió a decirme, mientras temblaba tanto, que creo que hasta los dos dientotes de adelante se le movían de un lado al otro, “Señorita Pacheco, he decidido que las cosas no pueden quedar así”
Yo lo miraba con los ojos abiertos como el dos de oros. Y, la verdad, no tenía ni la más puta idea a lo que se estaba refiriendo. Es decir, como el otro día lo había surtido para que tuviera y guardara, (¿te acordás la paliza que le di ni bien osó poner un dedo en mi culo?), pensé que, quizás, iba a despedirme con justa causa, para garcarme, (=molestarme, o cagarme, bah) Creí que me iba a acusar de robar un ganchito, o algo por el estilo, para así poder echarme sin tener que pagar un peso.
Pero no.
“Señorita Pacheco”, dijo por decimoquinta vez, y siempre con esa voz finita que lo caracteriza, “creo que lo mejor será que nos casemos, porque estoy perdidamente enamorado de usted”
¡Casamiento!!!!! El tipo me pidió casamiento.
¿Te imaginás? Aceptarlo sería como condenarme a una virginidad perpetua, porque, ni modo que yo me acueste alguna vez con alguien así.
¡No sabés cómo me quedé!
Es decir, yo ahora lo recuerdo, y es hasta gracioso. Me refiero al hurón ahí, sudando como un cochino, y yo, mirándolo como si se tratara de un extraterrestre.
Pero cuando lo vivís es distinto. La verdad es que podía sentir el dolor del pobre tipo. ¿Cuántas horas de su vida habría invertido en decidirse? Pensá que estamos hablando de alguien que tardó dos semanas en animarse a decirme que mi horario de trabajo se acababa a las cuatro, y no a las tres.
La verdad, reaccioné para el carajo. No le respondí nada, agarré mi cartera, y me vine acá, a mandarle un S.O.S. al Bruto, y a hablar con vos.
¿Alguna vez te pasó algo así?
¿Cómo se le dice que no a un tipo, (que será un Hurón, pero además es una persona que sufre), y no se lo lastima?
Ahí viene Juampi.
¡Gracias a Dios!
Mañana te cuento.
Ifi