Un par de huevos duros, por favor
Pachi:
¿Sabés lo malo de las telenovelas? Que la vida nunca funciona así.
Es decir, si mi vida fuera una telenovela, mi jefe hubiera sido Facundo Arana, (que es un bombón de la tele, re lindo, pero con una cara super masculina)
Pero no.
Es cierto que mi nuevo jefe, como Arana, tiene el pelo rubio y los ojos celestes. Y también es cierto que es soltero. Diría que el dinero no le falta, y en cuanto a su inteligencia, me sorprendió. El tipo parece una verdadera biblioteca ambulante. Es decir, si esto fuera una telenovela, mi nuevo jefe sería un galán hecho y derecho. Pero como es la vida real, Aurelio, (que así se llama, lo creas o no), es... gay.
No, si yo tengo un imán para eso. Es decir, hasta hace unos meses no conocía a ninguno, y ahora estoy prácticamente rodeada.
Imaginate: el tipo se presenta, y es semejante bombón. ¡Me quería morir! Pero de inmediato noté que tenía algo raro. ¿Será porque estoy desarrollando un sexto sentido para eso?
Creo que lo que me dio una pista fue su comentario acerca de la tela de mi camisa. O la planta que trajo para decorar su escritorio. O, lo más probable, que hablara re acaramelado al teléfono, sólo para aclararme después que era con su pareja, un tal Néstor. Y entonces yo solita me di cuenta. ¿No es increíble mi poder de deducción?
¡Puaj, puaj, puaj! Porque, todo de onda con los p , digo, con los gays, pero si las cosas siguen así, voy a terminar muriéndome virgen.
Y hablando de eso...
¿Te conté lo de mi vecino?
Ya me confundo un poco entre lo que te cuento a vos, y lo que discuto con el Bruto. Ayer lo llamé, (al Bruto, que no va a ser a mi vecino) Dos veces me atendió Ine, así que tuve que colgar.
La verdad es que re extraño a mi amiguita. Y es que, por ejemplo ayer, más me hubiera gustado charlar con ella, que con el hermano. Porque hay cosas que es difícil charlar con un hombre, por más gay que sea.
¿Te cuento?
Ayer me encontré con el vecino en la vereda. Me re disculpé por el papelonazo del otro día, cuando lo dejé pagando en medio de la calle.
La verdad, él parecía otro. De repente ya no era tímido, sino canchero, (es decir: piola, avivado..., ¡ay!, ¡qué sé yo cómo se dice eso en lenguaje culto!)
Durante un rato nos quedamos charlando en medio de la calle.
Quién lo hubiera escuchado hablar, habría pensado que era el director de la película de Coppola, y no un simple sonidista, (de esos que aparecen en letra chiquita, cuando ya no queda nadie en el cine)
Su vanidad me cayó un poco mal, te confieso. Pero como últimamente ando aburrida, y bastante solitaria, preferí pasarlo por alto. Después de todo, el tipo ocupaba un puesto por el que muchos matarían, y era lógico que sintiera orgullo.
¿Sabés que creo del Bruto? El pobre será un poco IDEM, y bastante gay, pero es un hombre, y sabe mucho del asunto. Es decir, conoce todas esas señales ocultas para nosotras, pero que resultan evidentes para ellos...
Sí, porque el Bruto me lo había advertido...
Pero, como siempre, tampoco ayer hice caso de sus buenos consejos, e invité al vecino a comer unos huevos fritos a mi casa. Yo se lo dije re bien, onda tranqui, pero creo que en su cabeza sonó más o menos así: “¿Querés que nos quedemos SOLOS en mi departamento, para que yo CALIENTE tus HUEVOS?”, o algo por el estilo, porque fue cuestión de cerrar la puerta, para que el tipo se me echara encima. Es decir, primero fue sólo de palabra. Empezó con un: “Qué buenas piernas tenés”; y terminó con un: “Me encanta como esa mini te marca el culo”
¿Viste que yo me hago la superada? Bueno, te sorprenderá esto, pero resulta que no lo soy. La verdad es que, a medida que la cosa subía de tono, yo entraba más y más en pánico.
¿Y si el tipo pasaba del dicho al hecho?
¿Acaso la chusma de mi vecina, siempre atenta a todo lo que hago, iba a venir en mi auxilio, en caso de necesitarla?
Vos no conocés a mi vecina. Si lo hicieras, te darías cuenta que estoy siendo sarcástica.
Si yo comenzara a los gritos, la muy turra se limitaría a pegar un poco más el oído a las paredes, para contar todo con lujo de detalles a la mañana siguiente.
Bueno, te la hago corta...
En realidad, esa es una elección de palabras muy oportuna, porque al que se la hice corta fue a él. Y es que cuando el chico ya estaba por demás entusiasmado, intentó apoyarme mientras yo me agachaba a buscar la sartén. ¡Pedazo de boludo! Como te imaginarás, le partí la sartén en la cabeza, (menos mal que era livianita), y los dos huevos se le hicieron, pero en la frente.
Te lo cuento, y todavía me agarra taquicardia.
¡Me re asusté! ¿No soy pelotuda? A mi edad tendría que saber manejar esas cosas...
Cuestión que lo llamé al Bruto para contarle, medio llorando por el susto, y él enseguida vino a custodiarme por el resto de la noche. ¿No es un amor?
Hoy se supone que va a pasar a buscarme a la biblioteca, pero visto y considerando las inclinaciones, (en un sentido literal), de mi jefe, mejor me apuro a llamarlo para anular, ¿no te parece?
A estas alturas de mi ego, lo último que necesito es pasar dos veces por la misma humillación.
Bueno, te dejo porque esto ya está muy largo.
Besos
Yo