lunes 31 de marzo de 2008

La historia de Ifi

Un par de huevos duros, por favor

Pachi:

¿Sabés lo malo de las telenovelas? Que la vida nunca funciona así.
Es decir, si mi vida fuera una telenovela, mi jefe hubiera sido Facundo Arana, (que es un bombón de la tele, re lindo, pero con una cara super masculina)
Pero no.
Es cierto que mi nuevo jefe, como Arana, tiene el pelo rubio y los ojos celestes. Y también es cierto que es soltero. Diría que el dinero no le falta, y en cuanto a su inteligencia, me sorprendió. El tipo parece una verdadera biblioteca ambulante. Es decir, si esto fuera una telenovela, mi nuevo jefe sería un galán hecho y derecho. Pero como es la vida real, Aurelio, (que así se llama, lo creas o no), es... gay.
No, si yo tengo un imán para eso. Es decir, hasta hace unos meses no conocía a ninguno, y ahora estoy prácticamente rodeada.
Imaginate: el tipo se presenta, y es semejante bombón. ¡Me quería morir! Pero de inmediato noté que tenía algo raro. ¿Será porque estoy desarrollando un sexto sentido para eso?
Creo que lo que me dio una pista fue su comentario acerca de la tela de mi camisa. O la planta que trajo para decorar su escritorio. O, lo más probable, que hablara re acaramelado al teléfono, sólo para aclararme después que era con su pareja, un tal Néstor. Y entonces yo solita me di cuenta. ¿No es increíble mi poder de deducción?
¡Puaj, puaj, puaj! Porque, todo de onda con los p , digo, con los gays, pero si las cosas siguen así, voy a terminar muriéndome virgen.
Y hablando de eso...
¿Te conté lo de mi vecino?
Ya me confundo un poco entre lo que te cuento a vos, y lo que discuto con el Bruto. Ayer lo llamé, (al Bruto, que no va a ser a mi vecino) Dos veces me atendió Ine, así que tuve que colgar.
La verdad es que re extraño a mi amiguita. Y es que, por ejemplo ayer, más me hubiera gustado charlar con ella, que con el hermano. Porque hay cosas que es difícil charlar con un hombre, por más gay que sea.
¿Te cuento?
Ayer me encontré con el vecino en la vereda. Me re disculpé por el papelonazo del otro día, cuando lo dejé pagando en medio de la calle.
La verdad, él parecía otro. De repente ya no era tímido, sino canchero, (es decir: piola, avivado..., ¡ay!, ¡qué sé yo cómo se dice eso en lenguaje culto!)
Durante un rato nos quedamos charlando en medio de la calle.
Quién lo hubiera escuchado hablar, habría pensado que era el director de la película de Coppola, y no un simple sonidista, (de esos que aparecen en letra chiquita, cuando ya no queda nadie en el cine)
Su vanidad me cayó un poco mal, te confieso. Pero como últimamente ando aburrida, y bastante solitaria, preferí pasarlo por alto. Después de todo, el tipo ocupaba un puesto por el que muchos matarían, y era lógico que sintiera orgullo.
¿Sabés que creo del Bruto? El pobre será un poco IDEM, y bastante gay, pero es un hombre, y sabe mucho del asunto. Es decir, conoce todas esas señales ocultas para nosotras, pero que resultan evidentes para ellos...
Sí, porque el Bruto me lo había advertido...
Pero, como siempre, tampoco ayer hice caso de sus buenos consejos, e invité al vecino a comer unos huevos fritos a mi casa. Yo se lo dije re bien, onda tranqui, pero creo que en su cabeza sonó más o menos así: “¿Querés que nos quedemos SOLOS en mi departamento, para que yo CALIENTE tus HUEVOS?”, o algo por el estilo, porque fue cuestión de cerrar la puerta, para que el tipo se me echara encima. Es decir, primero fue sólo de palabra. Empezó con un: “Qué buenas piernas tenés”; y terminó con un: “Me encanta como esa mini te marca el culo”
¿Viste que yo me hago la superada? Bueno, te sorprenderá esto, pero resulta que no lo soy. La verdad es que, a medida que la cosa subía de tono, yo entraba más y más en pánico.
¿Y si el tipo pasaba del dicho al hecho?
¿Acaso la chusma de mi vecina, siempre atenta a todo lo que hago, iba a venir en mi auxilio, en caso de necesitarla?
Vos no conocés a mi vecina. Si lo hicieras, te darías cuenta que estoy siendo sarcástica.
Si yo comenzara a los gritos, la muy turra se limitaría a pegar un poco más el oído a las paredes, para contar todo con lujo de detalles a la mañana siguiente.
Bueno, te la hago corta...
En realidad, esa es una elección de palabras muy oportuna, porque al que se la hice corta fue a él. Y es que cuando el chico ya estaba por demás entusiasmado, intentó apoyarme mientras yo me agachaba a buscar la sartén. ¡Pedazo de boludo! Como te imaginarás, le partí la sartén en la cabeza, (menos mal que era livianita), y los dos huevos se le hicieron, pero en la frente.
Te lo cuento, y todavía me agarra taquicardia.
¡Me re asusté! ¿No soy pelotuda? A mi edad tendría que saber manejar esas cosas...
Cuestión que lo llamé al Bruto para contarle, medio llorando por el susto, y él enseguida vino a custodiarme por el resto de la noche. ¿No es un amor?
Hoy se supone que va a pasar a buscarme a la biblioteca, pero visto y considerando las inclinaciones, (en un sentido literal), de mi jefe, mejor me apuro a llamarlo para anular, ¿no te parece?
A estas alturas de mi ego, lo último que necesito es pasar dos veces por la misma humillación.
Bueno, te dejo porque esto ya está muy largo.

Besos

Yo

jueves 27 de marzo de 2008

La historia de Ifi

The argentinian Playboy Mansion

Pachi:

¡No sabés todo lo que me pasó!
¿Por dónde empiezo?
Ayer, como te dije, me llamaron de la Municipalidad. ¡Me quería morir! ¡Pensé que iban a despedirme!!!!
Bueno, te la hago corta: “Ni”
Ni me despidieron, ni me ascendieron.
Me llamaron para informarme que iba a tener un nuevo jefe. Y si bien eso significa volver a cumplir órdenes, la verdad es que ya estaba extrañando tener otro ser humano con el cual discutir. Cuestión que me puse contenta. Además, ¿quién te dice?, por ahí me toca un jefe lindo y soltero, y, por qué no, inteligente.
¿Le pido demasiado a la vida?
¿Alguna vez alguien tuvo un jefe así?
O, mejor aún: ¿Alguna vez alguien tuvo un jefe así, y que además le diera bola?
(Le diera bola= le diera pelota= le tirara onda= fuera sensible a sus encantos)
Y hablando de jefes...
¿A qué no sabés quién vino a visitarme anteayer?
¡El Hurón!
O mejor dicho, el ex- Hurón, porque está re cambiado.
¿Lo tenés al de Playboy? Bueno, ahora el tipo es un viejo re pelot..., digo, re pelente, pero cuando era joven... ¡todavía era peor! Como si de verdad las mujeres que lo rodeaban hubieran estado dispuestas a servirlo... gratis, o por lo lindo que era.
Pues al Hurón sólo le faltó el pijama y el vaso de whisky.
De repente se portaba como si, más que un local en la calle Florida, hubiera heredado el mismísimo Reino de Inglaterra, con todo y Camila Parker Bowles.
Incluso fue a su ex escritorio, y con total descaro abrió el cajón y comenzó a ojear las revistas pornográficas que escondía ahí, delante mío, para después tirarlas en el tacho de la basura, entre risitas.
¡¿Creerás que tuvo la caradurez de invitarme a salir?!
Sólo por ser sarcástica acepté. Es decir, le dije que mejor esperaba a que yo lo llamara, porque andaba muy ocupada. Y aclaré, (te juro que lo aclaré), que descontaba que en su casa nueva había una silla lo suficientemente cómoda como para que lo hiciera.
¿Sabés lo que me contestó?
“O.K... Entonces nos estamos viendo. Y elegí un buen lugar, y no uno de esos como los que te lleva tu novio, porque no me gusta mezclarme con tirados, y vos merecés lo mejor”
(tu novio= el Bruto) (tirados= pobretones)
¡¿Me podés creer eso?!!!!!!!!!!
¿Cómo puede haber pensado que yo hablaba en serio, con la cara de culo que le puse?
Aunque, si tengo que ser franca, parece que desde que uso lentes de contacto y minifalda, mi cara de culo ya no intimida a nadie.
¡El Hurón!
¡Me quiero matar!
Está bien que esté determinada a dejar de ser virgen, pero no por eso intento convertirme en santa, ¿no te parece?
A su lado la castidad, más que una virtud, es una ventaja.
Puf... Mejor la corto, porque ya me deliré.
Te dejo.
Ifi

martes 25 de marzo de 2008

La historia de Ifi
Lunes, día 93


Ñoquis, y pan con mermelada

Pachi:

¿Vos también coincidís con eso de que todo lindo es necesariamente un idiota?
Ayer nos la pasamos discutiendo toda la noche con el Bruto,
Sí, reapareció. Había estado estudiando para un examen, y por eso le perdoné la vida.
Volviendo al tema: a mí lo que me parece idiota es semejante afirmación.
El Bruto mismo es una prueba de lo contrario. Porque Juampi no es lindo... ¡es increíble!, (ya te lo dije muchas veces, ¿no?), y no es nada tonto por cierto.
Él, en cambio, insistía dale que dale con lo mismo. Decía que sólo me había presentado al idiota de Juan Cruz, (así se llamaba el lindo del otro día), para establecer su punto, pero que sabía a la perfección que cualquiera que estuviera tan pendiente del espejo, no podía ocuparse de las cosas más importantes de la vida, y, por lo tanto, era un idiota.
Al final no me aguanté:
“Según tu tesis, ¿vos sos idiota o feo?”, le grité enfurecida.
Y su respuesta me descolocó.
“Respetuoso de la gente”, me dijo. “Está bueno arreglarte, porque los demás se lo merecen. Pero hasta ahí”
No sé. Ese razonamiento es bastante confuso. ¿Cuál es el límite?
Y entonces le conté lo que me había pasado con el vecino. Todos esos viajes inútiles, (las paredes del ascensor todavía están impregnadas del 212 Sexy que me dieron como muestra gratis), sólo para toparme con él cuando... ¡era yo misma! ¿No te parece una prueba concluyente de que “caretear” es algo estúpido? Por respeto, calentura, o lo que sea, tarde o temprano las máscaras caen, para dar paso únicamente a lo que somos de verdad.
A mí, mi historia con el vecino me pareció una prueba concluyente de que ocuparnos sólo de nuestra imagen, más que estúpido, es inútil.
Al Bruto, en cambio, mi cuento no le gustó ni un poquito.
“¿Y para qué fuiste a buscar a ese pelotudo?”, me preguntó con mal gesto.
(Cuándo Juampi pone esa cara, la verdad es que asusta)
En mi defensa le conté lo que me había sugerido Marcela, mi amiga del Blog.
¡No quieras saber lo que opinó sobre sus consejos! ¡Estaba furioso!
Al parecer Juampi está firmemente convencido de que, para salir con alguien, primero hay que averiguar hasta su calendario de vacunación. Como en un trabajo, para él lo mejor es guiarse por recomendaciones y experiencias previas.
“El que un hombre sea tu vecino, sólo significa que vive en tu misma casa, y no que es una buena persona”, me dijo, todavía enfurruñado.
Para refutarlo, le conté acerca de Francis Ford Coppola, pero él se apuró a gritarme que un tipo que había hecho “El Padrino” seguramente estaba acostumbrado a codearse con mafiosos, y no se asustaba fácilmente.
Desconozco el motivo por el cual el Bruto la tiene emprendida con mi vecino, pero lo cierto es que ya me está inquietando.
¿Tendrán los gays mejor instinto que las mujeres?
¿O estará celoso?
¿No le gustará ni un poquito..., o le gustará demasiado?
Como sea, igual la pasamos re bien. Comimos ñoquis que preparé yo, y pan con mermelada que fabricó mi abuela. (No es un postre, pero era lo único que había)
Ah... ¡Me olvidaba de contarte! ¡No sabés!!!!!! Resulta qu

Disculpá. Me están llamando de la Municipalidad.

Chau

jueves 20 de marzo de 2008

La historia de Ifi

Un monumento a la derecha, por favor

Pachi:

Más allá del consejo de mi amiga Marcela, no podía dejar así las cosas con el vecino. Es decir, ayer cuando me choqué con él, (literalmente: lo pisé, y me lo llevé por delante), fue tanta mi sorpresa y mi espanto que, en vez de saludarlo, huí despavorida.
¿No soy el monumento a la boluda?
¿Por qué me taro delante de los tipos?
Creo que esa es la única razón por la cual la paso tan bien con el Bruto. Como me siento a salvo con él, puedo ser yo misma. Bueno, algo es algo... Aunque ahora tendría que aprender a hacer lo mismo con un tipo de verdad.
Como te decía, me parece que en medio del choque, hasta le di un puñetazo. ¡Y tengo una manita!
¡Pobre pibe!
Así que anoche fui a la casa a pedirle perdón. ¡Para qué!
Juzgá por vos misma si estoy meada por los perros o no:
¿Viste que nadie consigue trabajo en la Argentina?
¿Viste que el cine nacional, si bien es muy bueno, es muy poco?
Bueno, lo creas o no, la mamá de mi vecino me contó que ya casi nunca estaba en la casa porque lo había contratado la productora de Coppola, (Francis Ford, que está filmado en el país)
¡Joder!
O más propiamente: Joda A, Joda B, JóDOME.
¡Justo ahora que lo empezaba a mirar con cariño!
¡Eso me pasa por no apurarme a seguir los consejos de mis amigas!
Bueno, mejor te dejo porque, lo creas o no, esto está que arde. Hoy entraron dos personas a pedir libros. ¡Increíble!
Chau

Ifi

P.D: El Bruto sigue desaparecido, y, la verdad, lo re extraño. Ya sé que soy una boluda. De hecho me propuse no hablar más de él, porque me parece que a las chicas del Blog ya las tengo hartas con tanto insistir, pero, si te voy a ser sincera, anoche hasta lloré y todo. ¿No soy una boluda?


martes 18 de marzo de 2008

La historia de Ifi
Día jueves 89


Una cebra en el camino

Querida Pachi:

¿Sabés lo que es un ñoqui?
Por si lo olvidaste, es una pasta re rica, y re suavecita, que se logra mezclando puré de papas, harina y sal. Hervila, agregale un poco de salsa, (soy una experta en hacerlas bien picantes), y es ES-PEC-TA-CU-LAR.
Bueno, no me preguntes por qué, pero acá en la Argentina existe la superstición de que si comés ñoquis todos los veintinueve, sin olvidarte de poner un billete abajo del plato, el dinero va a llegarte a baldadas durante el siguiente mes.
Ahora se pasó un poco la costumbre, (¿será porque descubrimos que, a pesar de hacerlo, seguimos sin ver ni un mango, ni siquiera en moneditas, y encima engordamos?), pero durante algunos años fue casi cuestión de fe.
Te preguntarás a que viene este comentario gastronómico.
¿Viste que yo trabajo en una biblioteca municipal?
Pues resulta que ahora descubrieron que nuestro municipio está lleno de ñoquis. Es decir, gente que sólo aparece el veintinueve, cobra, y se va.
Y no me refiero a buenas personas como yo, que si bien hacen poco, al menos tienen un horario, un lugar de trabajo, y una responsabilidad...
(Si vos te estás preguntando cuál era la mía, te diré que tolerar al Hurón no era moco de pavo)
Lo creas o no, nuestro gobierno citadino está lleno de empleados cuya única tarea es cobrar el sueldo, (previo pago de una “comisión” a su jefe, por supuesto)
Como es lógico tratándose de ñoquis, un buen día se destapó la olla.
No tengo que decirte que las cosas están que arden, así que han decidido censar a todos los empleados de la ciudad. Incluso a mí. Y como además de subordinada, ahora soy jefa, yo misma fui citada a dar mi “Evaluación de Desempeño”.
Por supuesto podría decir muchas cosas de mí misma, (como por ejemplo: que nunca me obedezco, y que suelo sabotear mis buenos propósitos), pero en aras de mi futuro, decidí concurrir a la entrevista vestida de punta en blanco, con una sonrisa de oreja a oreja, y dispuesta a que sólo salieran flores de mi boca. Y como la jornada era tan especial, además decidí ponerme... ¡TACOS!
¡Imaginate!!!!!!!!!
Siete y media de la mañana, y yo con tacos.
Pensé que mis All Stars podían dar una idea depreciada de mí misma, (como que era práctica y dinámica, virtudes poco valoradas en medio de tanta burocracia)
Como sea, ahora me doy cuenta que debería haberlo pensado dos veces.
Porque, como supondrás, mi torpeza habitual al caminar, el sueño que atenazaba mi mente, (¡bancate esa, y decime si no soy toda una "poeta"!), y la multitud que arreciaba los pasillos del subte, (no, si cuando empiezo, a mí no me para nadie!!!), no tardaron en fusionarse en la peor de las mezclas.
Al principio todo fue bien. Pero cuando ya casi estaba llegando a destino, pensando en todo lo que iba a decir en la entrevista, sintiéndome de verdad en el pináculo de mi carrera como jefa, así como lo estaba de aquella escalera mecánica que me conduciría a la gloria, mi taco, (taco, taquito, tacón, o como mierda quieras llamarlo), simplemente, y por una de esas bromas del destino, se quedó atrapado entre los fierros y mecanismos de aquella trampa mortal.
La verdadera paradoja es que desde hace tres meses que esa escalera mecánica estaba en reparación. ¡Puta, ¿justo hoy tenía que funcionar?!!!!
Cuestión que el gentío, indiferente a mi percance, seguía subiendo y pasándome por encima.
Yo, que había ido toda vestida de blanco, no tardé en parecer una cebra, surcada de manchas negras, mudos testigos de todas las veces que me habían empujado contra la baranda grasosa.
Pasaron como cinco minutos hasta que a algún genio se le ocurrió parar la escalera.
Por supuesto para entonces el zapato ya estaba roto.
Rengueante, sucia, despeinada, y corriendo porque llegaba tarde, al fin me dirigí a la maldita municipalidad.
Y entonces, lo creas o no, me tropecé con él.
Sí, él.
¡Mi vecino!!!!!!!!!!!!!
¡¿A vos te parece?! ¿Por qué el destino se ensaña conmigo de esa forma? ¡Tanto viaje en ascensor, lista, peinada y perfumada, y me lo vengo a encontrar así!
¿Estoy meada por los perros, o no????
Bueno, está llegando gente, y tengo que dejarte.
Mi jefa, (o sea yo), que es muy responsable, observa, y el horno no está para bollos, (o ñoquis)
Besos
Ifi


domingo 16 de marzo de 2008

La historia de Ifi

Apoyando el Cine Nacional

Pachi:
Demás está decirte que después de la “cita” que el Bruto arregló para mí el viernes, el muy cobarde no volvió a aparecer. Una brillante decisión de su parte, porque a estas alturas sólo quiero matarlo.
¿Cómo pudo hacerme lo que me hizo?
Te juro que me la paso pensando en eso.
Aunque, no sé si porque estoy más sola que un perro, o qué, también me la paso haciéndome el bocho, (la cabeza), de que algo malo debo tener, para que él creyera que un pelmazo semejante podía llegar a gustarme.
Como sea, y como el tiempo me sobra, decidí aceptar la sugerencia de Marcela, una de las pibas del blog, e insistir con mi vecino. Después de todo, más vale un cineasta machito en mano, que mil ingenieros dudosos volando, ¿no te parece?
Cuestión que durante la tarde de ayer hice veintitrés viajes completos en el ascensor de casa, (el elevador), con la tonta ilusión de llegar a encontrármelo “por casualidad”.
Por desgracia, después de tanto esfuerzo, (casi vomito en el último viaje), a la única que me encontré varias veces fue a mi vecina del quinto, una viejecita “encantadora”, que cada vez que me veía comenzaba a insistir con eso de que “¿Otra vez vas a salir? ¡Qué chica callejera! Tené cuidado, porque con tanto atorrante suelto por ahí, andar por la calle es un peligro”
Me la habré encontrado diez veces, más o menos, porque, (después me enteré), su perrito andaba con cistitis. Y las diez veces insistió con lo mismo.
La mujer, que es del interior, (provinciana, bah), no paraba con eso de “callejera”. Por supuesto, lo decía con buena intención, porque, estoy segura, debía desconocer el significado más ofensivo de esa palabra. Pero cuando lo repitió delante del vecino del tercero que es centroamericano, el tipo, te juro, puso cara de espanto. Y ahora nadie me saca de la cabeza que me está evitando, porque hoy, antes de ir al trabajo me lo encontré con la mujer, y, no sólo miró para otro lado, sino que se puso colorado como un tomate.
¡Eso me pasa por buscar novio en el edificio!
No sé si es buena idea seguir adelante con el consejo de Marcela. A estas alturas creo que si lo hago, el señor del tercero va a confirmar la idea que se ha formado sobre mí. Y la señora del señor del tercero es de todo, menos discreta.
¿A vos qué te parece?
Además, si mi cineasta privado insiste en no aparecer a ninguna hora por los pasillos, ¿cómo hago para contactarlo? ¿Le dejo una notita debajo de la puerta? ¿Y qué le pongo? Es decir, si el tipo tuviera una profesión más práctica, siempre podría inventar alguna excusa, ¡pero cine!
¿Te imaginás?

Querido Vecino:
Mi abuelita viene a visitarme, y mi copia de La Novicia Rebelde se estropeó.
¿Podrías acercarme una?
Tu vecina

¡Patético!
Como sea, aunque me rompa la cabeza buscando la mejor de las excusas, una notita por debajo de la puerta huele a desesperación. Y tampoco estoy tan

Sabés que ahora que estoy sola en la biblioteca, las horas no pasan nunca. Y no es que antes hablara con el Hurón, (que el tipo era todo un aparato), sino que la mayoría del tiempo lo transcurría inventando excusas para no hacer lo que él me mandaba, y eso era muy entretenido. Ahora que estoy sola, en cambio, el trabajo lo hago en un pedo, y el resto es mirar el reloj...

Ayer vi a Ine, pero casi ni me saludó. Estaba con Diana La Malvada y las otras, en un bar, estudiando.
Todos estudian, menos yo, que ya promocioné todo. ¡Qué aburrido!
¿El Bruto también estará estudiando? Lo re extraño.
Pero, ¿por qué me habrá presentado a
Mejor la corto con la obsesión.

¿A vos te parece que si le pido una filmadora prestada a alguien, y llamo a mi vecino para que me enseñe a usarla, quedaré muy mal?
Sí, ya sé... Suena desesperado, pero...
¿Me queda otra?
Bueno, mejor te dejo porque mi jefe, (es decir yo), quiere que limpie el estante de las enciclopedias, que es lo único que la gente viene a buscar de tanto en tanto.
Besos
Ifi
La desesperada

jueves 13 de marzo de 2008

La historia de Ifi

Letras perdidas

Querida Pachi:

¡A que no sabés!...
¡Me promovieron!
Ahora soy la jefa de la biblioteca. ¡Por fin puedo dar órdenes!
Lástima que no tenga a quien... Porque me quedé sola.
Esta tarde, ni bien llegué al trabajo, me imaginé que algo raro andaba pasando. La oficinita estaba cerrada, y todo lo demás, a oscuras, por lo que me vi forzada a hacer uso, por primera vez desde que estoy aquí, de la llave del local. ¡Menos mal que la tenía escondida en el fondo de la cartera, junto con las toallitas higiénicas y la libreta universitaria!
Cuestión que me instalé, y esperé durante un rato largo a que algo ocurriera.
A las dos horas comencé a desesperar.
¿Qué hacía? ¿Llamaba a la casa del hurón para ver si se había muerto por la noche, ahogado en su propia baba? Los hurones viven poco, y este en particular era muy baboso, (¿te acordás lo que te conté de sus visitas al baño, cada vez que me miraba limpiar los estantes superiores?)
La verdad es que no tenía ni medio de ganas de llamar. La perspectiva de que estuviera resfriado, o algo así, no me entusiasmaba. Él había sido siempre muy atento conmigo, (baboso, pero atento), así que lo menos que podía hacer por él en un caso semejante era ir a la casa y...
Brrrrr!!!!!!
Se me ponen los pelos de punta de sólo pensarlo.
Y peor todavía si contestaba la Sra. Hurón. ¿Con qué valor le anunciaba que su primogénito se había perdido en algún punto entre la casa y el trabajo?
¿Qué hacer?
Esperé, esperé... Y entonces sonó el teléfono.
Eran de la Municipalidad. Una piba con voz de contestadora telefónica me anunció que, debido a que mi jefe había renunciado, la biblioteca quedaba temporalmente a mi cargo.
¡Mirá vos!!!!!!
Buscar y entregar tres libros por día... ¿Podría con tanto trabajo y responsabilidad?
La verdad, era tal la emoción que sentía por no tener que verle más la cara al hurón, que ni siquiera pregunté si me correspondía un aumento.
Y es que la libertad no tiene precio.
Bueno, como te estaba contando, ahí estaba yo, a puro festejo, cuando, hete aquí que vuelve a llamar la misma pibita.
“Disculpá...”, preguntó con voz mecánica. “¿Yo me equivoco, o tu jefe era ese flaquito rubio y dientón...?”
Me pareció raro que en la Municipalidad necesitaran una descripción física del Hurón para liquidarle el sueldo, pero respondí igual, porque estaba muy aburrida, y últimamente me siento un poco sola. Así que durante más de veinte minutos me dediqué a detallar todas las virtudes físicas, morales e intelectuales de mi ex jefe, sin omitir ni el más mínimo detalle, (ni siquiera los escabrosos) La otra escuchaba atentamente. Su curiosidad parecía insaciable.
Al final de la conversación no pude resistir más.
“¿Y por qué estás tan interesada en el idiota de mi ex- jefe?”, inquirí.
Y desde el otro lado, la contestadora humana chilló:
“¡Cómo! ¿No sabés?... Tu jefe renunció, porque acaba de heredar la esquina de Corrientes y Florida”
¿Cómo se hace para heredar una esquina?, me pregunté de inmediato. Pero, por fortuna, no dije nada, porque de lo contrario hubiera quedado como una idiota.
Lo creas o no, el dueño de un negocio gigante, que está en una de los rincones más transitados de la ciudad y, me atrevería a decir, del planeta, era tío del Hurón. Bueno, pues tal parece que el buen hombre tuvo el buen gusto de morirse en buen momento, dejando el famoso local, más algunas otras propiedades, a nombre de su lascivo sobrino.
¡Miralo vos al Hurón! Con esa cara de idiota, quién hubiera pensado que provenía de tan buena familia.
Según me informó la chica, el alquiler mensual de semejante lugar rondaría los diez mil dólares. No sé si la piba lo mandó a cotizar, o qué, pero parece una cifra posible. Nótese que digo posible, y no razonable, porque diez mil dólares, como para que te des una idea, es algo así como sesenta veces mi sueldo.
Por quince minutos más seguimos hablando con la piba/contestadora, acerca de las veleidades de la diosa fortuna. Hasta ahí, una charla para pasar el rato. Pero cuando ya iba a cortar, su última pregunta me sorprendió.
“¿Por una de esas casualidades vos no tendrás el número de celular de tu jefe, no?... Desde esta mañana que estoy llamando a la casa, y nadie me contesta”
Yo, como una tarada, que para esas cosas me pinto sola, le respondí que no, pero que si quería, podía dejarme el mensaje, porque seguramente mi ex jefe iba a volver a buscar las pocas cosas que había dejado en su escritorio (v.g: sus revistas pornográficas)
¡Qué idiota!... ¡La piba quería el número para invitarlo a salir!
Y es que parece que ahora que es rico, el Hurón se ha vuelto también lindo e inteligente.
¡Qué bajón!
¿Será por eso que el pibe con el que salí el viernes a la noche se da el lujo de ser tan estúpido?
¿Le bastará con ser lindo?
Como sea, yo no estaría con el Hurón ni por un millón de super euros.
Y no... No basta con ser lindo.
Al menos a mi no me basta. os pr

Discu pá.
Acabo de romper a “ “. Apreté tan fuerte que se rompió a tec a. a hice pe ota.
Ahora, si cae agua de cie o, voy a tener que decir que ueve.
¡Qué bajón! Eso me pasa por ca entona.
Ya mismo amo a técnico de a compu, para que a arreg e.
¿O mejor espero a que se me pase a furia?
Y s qu cada v z qu pi nso n mi cita de vi rnes, qui ro matar a Bruto.
Ay!!! Ahora jodí la

sto s un qui ombo. Así no pu do scr b r más...
Chau!
f

lunes 10 de marzo de 2008

CLARA VOGHAN CUENTA LA VERDADERA HISTORIA DE IFI

Cuando uno vive de este lado del hemisferio, durante enero y febrero el termómetro sube hasta el infinito, y la gente huye desesperada a sitios menos cálidos.
Yo, tengo que confesarlo, escapé hacia Europa. A un invierno al que, durante todo el mes transcurrido allí, (en sitios tan diversos como Londres, Paris, Venecia, Milán, Turín o Roma), le gustó disfrazarse de primavera. Ni un día pude abrir el paraguas que me regalaron en Inglaterra, y las botas Columbia, para temperaturas de hasta treinta y tres grados bajo cero, (que a mí a precavida no me gana nadie), se burlaron de mi desde el fondo de la valija durante todo el recorrido.
Resumen: la pasé increible, y gasté MUCHÍSIMO dinero comiendo combos hamburguesas en los Mc Donalds británicos, (ustedes entenderán: una libra= dos dólares = siete pesos)
Bueno, pero no es acerca de mis desventuras gastronómicas que quería hablarles, sino de lo que sucedió con Ifi en mi ausencia.
Previsora, como les dije que era, antes de irme había dejado preparadas todas y cada una de las entregas del mes de febrero. Sólo había que apretar un botón, pero... ¿quién lo haría en mi ausencia? Cecilia se estaba asoleando desde fines de enero en un pais vecino, y no tenia el valor para sugerírselo...
Entonces me acordé de Mariano.
Lo bueno de pedírselo a él era que, estaba segura, ni muerto iba a tentarse de leer el contenido de los envios, o las respuestas. Mariano, como muchos hombres, es alérgico a todo lo que pueda oler a amor y romance, así que pensé que Ifi iba a estar segura en sus manos....
¡Qué ilusa!
¿Acaso se puede confiar una muchacha inexperta de diecinueve años a un bombón de veintitrés, egresado de cine, con aire bohemio y horror al compromiso?

A las pruebas me remito.

Por fortuna Cecilia regresó a tiempo para subir las últimas entregas, y ahora sí, ya estamos todos.
Incluso Mariano.

Clara Voghan

Día 86, lunes
La historia de Ifi


Un retrato hablado


Pachi:
El problema con las citas a ciegas es que, además, deberían ser mudas.
Al menos en mi caso, eso hubiera facilitado mucho las cosas.
Siempre que salgo por primera vez a solas con alguien, (ya sea hombre, mujer, o similar), o que entro en un trabajo, o comienzo con un nuevo estudio, me transformo, invariablemente, en una máquina de decir pavadas.
Las situaciones nuevas me incomodan.
Como la primera vez que fui a un velorio. Tenía diez años, y el difunto era mi pediatra. La viuda, una vieja pelada, medio ciega y rengueante, no hacía más que llorar y quejarse de su suerte. “Lástima que Dios se lo llevó”, gritaba, guiñando el ojo sano. “¿Qué voy a hacer sin él?”, repetía al que la quisiera oír, mientras se arrastraba con un bastón de tres patas. Yo estaba aterrada sólo con verla. Entonces, lo más temido, ocurrió. Se acercó a mí, y dándome un beso con su boca fétida, murmuró: “¿No es una lástima que se muriera mi marido?” Y yo, de puro sincera, le respondí: “Sí, mejor se hubiera muerto usted, porque él estaba sanito”
La verdad es que se lo dije por atolondrada, porque a mí las situaciones nuevas no me van. Como la primera vez que salí con el primo de Lolita, (¿te acordás? ¿La de la cola chiquita?)... El pobre pibe era petiso, feo, y estaba lleno de granos, así que cuando me confesó que nunca había estado de novio, yo, por comedida, lo miré con cara de circunstancia, y le respondí: “Me imagino”... Te juro que no lo dije con tono de sarcasmo, pero igual el chico se ofendió.
O la vez que Ine me presentó a un amigo de la infancia. “¿Así que estás en la facultad? Por la forma en que hablabas pensé que no habías terminado el secundario”, le escupí sin piedad. De más está decirte que no me refería a que el tipo no pudiera terminar una frase con coherencia, (que, por otro lado, era cierto), sino a algo equívoco que había dicho al comienzo de la charla, y que me hizo pensar que había dejado el colegio a los quince años... Pero, ¿para qué me gasto en dar más explicaciones? El amigo de mi amiga se re ofendió, incluso con ella.
Por eso, ni bien lo vi, me propuse firmemente pasar la mayor parte del tiempo callada, para no espantar a semejante bombón.
Sí, porque el tipo era un bombón. Mucho mejor que en la foto. Y sí, tenía los ojos celestes. Así que era bajo, rubio, y de ojos celestes.
(No me malinterpretes: dije bajo, no enano. De mi altura, digamos)
¡Y con una cara! Era igualito a Brad Pitt... ¡Perfecto!
Ni bien lo vi pensé que esta vez sí. Que él era el tipo de mi vida. Que por fin conocía a un hombre con el que podía estar toda la noche, sin aburrirme.
El chico me llevó a tomar algo, y nos sentamos frente a un espejo. Yo estaba tan emocionada, que por un rato largo no registré nada de su charla. Así que, mientras él hablaba, yo no hacía más que mirar nuestro reflejo y la cara de envidia de las demás chicas. ¡Increíble! Nunca me había pasado algo así.
(Bueno, excepto por esa vez que fui a bailar con el Bruto, pero, en vista de las circunstancias posteriores, eso no cuenta)
Pasaron quince minutos gloriosos. Y después empecé a aburrirme de tanto mirar...
¿Qué pelotuda, no? ¡Con lo entretenido que es el cine mudo!
Entonces cometí el primer error de la noche: me puse a escuchar lo que él decía con tanto entusiasmo.
“¡No sabés!”, chillaba exaltado. “Había jeans Levis de todos los largos. ¡Un paraíso! Porque yo odio que me arrastren...”
Así que cometí mi segundo error: “¿Adónde había tantos jeans?”, pregunté sólo por dar charla.
“En Ciudad de México... Fui de vacaciones a Ciudad de México”
“Pero... aparte de jeans, en México debe haber muchas otras cosas...”, aclaré, pensando que se trataba de un malentendido.
“Sí, sí, claro... Unas pirámides, un museo y esas cosas... Pero no fui. Me habían pasado el dato de este boliche que vendía los jeans, y como iba a estar solamente un par de días no me lo quise perder... Cuatro me compré. Mi vieja puso el grito en el cielo, porque ya tengo más de treinta, pero, ¿viste?, a mí la pilcha me puede...”
Y ahí debo haberlo mirado con horror, porque de inmediato agregó:
“¿Por qué ponés esa cara?... Ya sé. Viste el grano, ¿no? Me salió esta mañana. Intenté cubrirlo con un poco de máscara de mi hermana, pero...”
¡Guau!
Nunca pensé que un varón pudiera ser tan superficial... ¡Vamos! Ni yo soy tan femenina.
A las dos horas y cuarenta y cinco minutos de escucharlo discurrir acerca de temas tan variados como la planchita para el pelo, la crema de enjuague, y la forma correcta de usar una camisa, (¿sabías que hay más de quince formas distintas de ponerse una? Por desgracia, ahora yo sí), pensé que lo mejor iba a ser romper mi voto de silencio, y comenzar a hablar. Después de todo, hasta el más idiota tiene un libro preferido, una película, o, al menos, un programa de tele.
Pues te diré una cosa: no, no y MTV.
(Que eso último no te haga albergar falsas esperanzas: sólo le interesa la música bailantera, y Enrique Iglesias)
Aburrido, aburrido, aburrido.
A las dos horas y cuarenta y siete minutos de empezada nuestra cita interminable, de tanto mirar su rostro perfecto ya había descubierto el volcán, y otros tres granos. Su piel me resultaba demasiado blanca, sus ojos muy juntos, y su sonrisa seductora, una triste mueca.
Me gustaría pensar que el tipo es gay. Pero no: machito, nomás. ¿Cómo lo sé? Ni bien me fui un momento al baño aprovechó para levantar el número de teléfono de tres desconocidas, y retocarse el peinado.
¡Un bajón!
La verdad, Pachi, estoy furiosa. Pero no con mi cita a ciegas, sino con el Bruto. Me siento estafada. Estoy segura de que debe tener cientos, no, que digo cientos, ¡miles! de amigos heterosexuales y solteros mejores que este. ¿Por qué intentar engancharme con semejante espécimen, entonces? ¿Tan poco me conoce?
Sí, Juampi es lo que más me duele de esta historia. Es decir, todas sabemos que a veces los bombones, a pesar de que parecen apetitosos por fuera, esconden alguna porquería por dentro. ¡Quién no se ha ensartado alguna vez! Pero lo que me parece imperdonable es que semejante bombón te lo sirva en bandeja de plata uno que dice ser tu amigo, ¿no te parece?

Bueno, mejor dejo de escribir. Mi horario de trabajo ya se acabó, y no quiero hacer horas extras para no dejar asentado un mal precedente.
Hasta mañana
Ifi