miércoles 30 de abril de 2008

La historia de Ifi

Una cara de bragueta recalentada

Pachi:

Ayer me re costó dejar de escribir, porque me muero por contarte. Pero era simple: o seguía tecleando en el cyber, o compraba carne para la cena. Y la comida es sagrada.

Volviendo a lo nuestro: anoche estaba haciendo guardia frente a la casa del Bruto, cuando me encontré cara a cara con su hermanita, (alias: mi ex, ex, ex, amiga del alma)

Y como yo me moría por enfrentar a alguien, y a esa altura de mi calor y mi cansancio ya no distinguía, no la dejé pasar hasta que escupió la última gota de veneno.

¡No te imaginás!

Escuchá esta, por favor, porque es increíble: ¿sabés por qué me ponía esa cara de bragueta recalentada cada vez que estábamos juntas?

Porque la joyita de su novio, (v.g: ese Jorge Luis Borges fracasado), la había convencido que yo, yo, YO, me le había tirado.

No, no me refiero a tirarse arriba de él para aplastarlo como una sucia cucaracha, que bien se lo hubiera merecido, sino “tirado” tipo como las pibas se abalanzan sobre un actor de la tele re lindo, o, peor aún, para tumbármelo en la cama.

YO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

No sé si te acordás, pero fue justo todo lo contrario. Pero ni bien le conté mi parte de la historia, Ine no me creyó. ¡A mí, que conviví casi cuatro años con ella, codo a codo! ¡Que nunca la traicioné, ni siquiera a la hora de repartir un helado!

Estaba tan ofendida, grité tanto, que la muy boba se puso a llorar, (Ine es re floja) Claro que, entre medio de tanta lágrima, me quedó claro que no era para nada feliz. Que se aferraba al idiota de Borges porque, como yo, estaba más sola que un perro, y él le había hecho creer que era la única persona confiable en todo el planeta.

BORGES!!!!!!!!!!

¿Acaso se puede estar de novia por descarte, tipo: “me conformo con lo que hay”? Me juego a que ni siquiera funcionó el sexo, porque de lo contrario el muy estúpido no hubiera salido de cacería.

A pesar del cansancio, el calor, y la mala noche, traté de mantenerme serena y calmada. Creo que le dije algo como: “jamás me interesaría en alguien como tu novio”, aunque más bien sonó a: “¿Qué te pasa, pelotuda? ¿Para qué quiero un huevón como ese? ¿Para metérmelo en el culo? Porque al menos así no tendría que mirarle la cara”

Sé que juré no reincidir con las malas palabras, pero... estaba tan enojada, que me desaté.

Te aseguro que mis intenciones eran buenas, pero se ve que Ine no pensó lo mismo, porque se puso como loca. Gritaba que, si lo que contaba era cierto, no entendía por qué no se lo había dicho antes...

Y, la verdad, ese es un buen punto.

Grito va, grito viene, hasta salieron los vecinos para ver qué estaba pasando, (por cierto, hay uno nuevo que está bastante bueno)

Al final tuve que volverme a casa peor de lo que había llegado. Ahora no solamente lloraba porque el Bruto era gay, sino también por la taradez de la hermana.

¿Es mi palabra contra la de Borges, y ella no me cree? ¿Me está jodiendo????????????

Di tantas vueltas en la cama, que en la última me caí al piso. ¡Y ahí sí que vi la luz!, (aparte de las estrellas, porque mi piso es re duro)

Como sea, Pach

Che, que raro... Vino Aurelio a mirar por encima de mi hombro lo que estaba escribiendo. Eso no es raro, porque ya te dije que es re curioso. Lo que no me gustó, en cambio, fue que, entre apoyar la cabeza y mover el mouse, tocó demasiado. ¿O será que ya estoy obsesionada?

Ahora se fue al baño... ¿No hará como el otro, no?

Como sea, ni bien vuelva a aparecer te corto, porque no le confío mucho.

Bueno, como te decía: ¡encontré la solución a mi problema!... ¡Yo tengo un testigo! ¡Y el más confiable!... ¡El Bruto! El Bruto conoce a la perfección toda mi historia con Borges. ¡Fue él, y no otro, quién me aconsejó no contarle nada a Ine!

Sí, mañana mismo voy a apretarlo. Y no me refiero en el sentido en que me gustaría hacerlo, sino como hacen los mafiosos con el tipo que se niega a hablar.

¡Eso! ¡Basta de secretos! ¡Me harté!

Si es gay, que lo diga, y si es macho, que le cuente toda la verdad a Ine, ¿no te par

Ay, ya viene

Chau

Ifi

lunes 28 de abril de 2008

La desventura de Ifi

Viaje de un largo día hacia la noche

Uffffffffffffffffff

Ay, Pachi... ¡Me quiero morir!

Decime, ¿qué pasa conmigo?

A cualquier pibita normal le basta con ir a un boliche, levantarse a alguien, llevárselo a la cama, y ya está. ¿Por qué todo tiene que ser tan complicado para mí?

Bueno, mejor te cuento, porque si me doy cuerda..., no paro.

Resulta que anoche, como te dije, salí del laburo con el firme convencimiento de enfrentar al Bruto.

Durante dos horas me dediqué a bailotear alrededor del teléfono, tratando de encontrar el valor para llamarlo. Y no sé si fue por tanto baile, pero empezó a llover como si nunca fuera a parar. Te juro que mil veces llevé la mano al auricular, y otras mil cambié de idea. Hasta que por fin me animé...

A discar me animé, porque en cuanto marqué el último número corté enseguida.

¿No soy patética?

Así habré estado otra media hora, discando y cortando, hasta que un trueno me distrajo, y me olvidé de colgar. Creo que fue por el susto que me quedé inmóvil, esperando a que la llamada se conectara. Y entonces resonó esa maldita voz, informándome: “el número solicitado se encuentra temporalmente desconectado o fuera de servicio”

¡Qué bajón! ¡Toda esa adrenalina para nada!

Tanta bronca tenía que, con la misma terquedad con que había evitado comunicarme antes, me empeñé en hacerlo después. Literalmente me colgué del teléfono. ¡Y nada!

En la desesperación, hasta me animé a llamarlo a la casa, pero cuando después de cincuenta “rines” me atendió mi ex amiga del alma, tuve que cortar de inmediato. Ine conoce todas mis voces falsas, ¿cómo hacia para engañarla?

A pesar de la hora y la lluvia me vine para acá, como una tromba. “Acá” es el cyber de la vuelta de casa. Desde “acá” te estoy escribiendo ahora, porque en el trabajo no pude, y no me aguantaba sin contarte.

Bueno, cuestión que busqué como una loca para ver si Juampi estaba navegando, y nada. Al final me hice pasar por él, en el msn, (¿te acordás que yo ya había usado su clave cuando estuve de cuarentena en su cuarto?) Te juro que fue cuestión de conectarme para que la pantalla estallara de lucecitas naranjas. ¡No era la única que lo estaba buscando! Al parecer, luego del escándalo en el bar, había desaparecido de todas partes.

La verdad, me fui a la cama de lo más preocupada, y apenas pude dormir. Tanto, que a eso de las ocho de la mañana lo llamé de nuevo a la casa. Esta vez me atendió la mamá, por lo que me atreví a usar mi voz de “pendeja fashion” para despistarla.

“Hace dos días que está en lo del amigo, estudiando para un examen”, me explicó Luz.

Por un lado, poder charlar con ella me emocionó, porque la re extraño, (vos pensá que yo antes me pasaba la vida entera en su casa) Pero por otro, sirvió para enloquecerme un poco más, porque si de algo estoy segura es que Juampi ya rindió todas las materias.

Cuestión que esta tarde llegué a la Biblioteca recontra alterada. Lo curioso es que, al lado de mi jefe, parecía tranquila. ¡No sabés! ¡Aurelio estaba como loca! Había llegado dos horas antes, sólo para esperarme. Y ni bien aparecí, comenzó el interrogatorio. Quería saber todo acerca de..., ¡morite!: ¡Empanada! ¿No es loco?... De dónde lo conocía, cuál era su relación con el Bruto, cuántos años tenía... ¿Raro, no? Me refiero a... ¿el Empanada?... ¿Que le ven todos al Empanada?... ¿Acaso los gorditos panzones son sex symbols para la comunidad gay?

Como te imaginarás mucho no pude contarle, porque lo único que sé del grasa ese es que me cae re mal. Al final, cuando llegué a la parte de las sospechas que tengo de que él, y no otro, es la pareja de Juampi, me puse a llorar como una idiota. Creo que cayó más agua con mi llanto, que anoche, con todo y diluvio. ¿No es un bajón?

Le conté también que creía que las últimas dos noches las habían pasado juntos, porque no existía examen que justificara su presencia en casa del Empanada, como no fuera uno físico, presencial y chancho. ¡Qué bajonazo!

A esa altura yo ya estaba deshecha. Aurelio, en cambio, parecía fascinado por la noticia. Cuestión que no me dejó en paz hasta que busqué la guía de teléfonos, y empecé a discar a tontas y locas, tratando de dar con el número del Empanada.

¡Menos mal que no se apellida Rodriguez, o Fernández, porque todavía estaría allí!

Al final, al tercer intento logré mi cometido.

“Me podrías comunicar con Juampi, por favor”, dije, ni bien me atendieron.

Del otro lado escuché la voz inconfundible del Empanada. “¿Juampi?... ¿De parte de quién?”

Me quedé dura.

“La hermana”, dije, por decir algo. ¿No soy pelotuda? Él re conoce a Ine...

Como ves, no sirvo ni para mentir.

“¿Ine?”, preguntó confundido. Así que, por las dudas, me apuré a cortar. Un poco porque no hubiera sabido qué decirle, pero otro mucho porque tenía un nudo horrible en la garganta.

Me puse como loca. Pero lo raro es que Aurelio se puso todavía peor.

¿Quién entiende a los hombres

gays

bis

o heterosexuales curiosos?

Ni bien corté, Aurelio empezó a hablarme pestes de Juampi. Me exigió que no confiara ni un poquito en él, y que me lo sacara de la cabeza cuanto antes.

¡Cómo si fuera tan fácil!

Los dos segundos que Aurelio se quedó callado para tomar aire, los aproveché para preguntarle su opinión sobre mi amigo. Si para él Juampi era un gay furioso, o simplemente un bisexual indefinido.

¡Para qué!

“¡¿Gay?!”, gritó como si hubiera ofendido al gremio. “Ese tipo no es gay”

Por un maravilloso segundo me volvió el alma al cuerpo. Pero fue sólo un segundo, porque enseguida terminó la frase, con más rabia todavía:

“Ese tipo es un depredador. Hombre, mujer, viejo, gato o bebe, no le hace asco a nada... Tu amiguito es muy peligroso. Usa su carita de bueno para acostarse con todos, y después dejarlos pagando”

¿Te parece que eso es cierto, Pachi?

Juampi me trató siempre de diez... Y, de haber querido aprovecharse de mí, yo no sólo no se lo hubiera impedido, sino que hasta le hubiera dado las gracias.

“Cuidate de ese, Ifi”, insistió Aurelio, al ver mis dudas. “Es un tipo muy peligroso”

La verdad, la reacción de mi jefe me sorprendió. Todo el tiempo me dio la impresión que estaba más interesado él, que yo, en ubicar al Bruto. Y ese asunto del teléfono...

Ah, disculpá, no te conté, pero Aurelio me hizo llamar al Empanada desde un celular que llevaba en el fondo de su maletín. Era un teléfono rotoso, a tarjeta. Dijo que lo usaba para comunicarse con su amante, sin que pudieran rastrearlo. Pero después resultó que, además de ese, y otro reluciente con cámara, también tenía un tercero. ¿No es loco?

Ahora entenderás por qué no tuve tiempo para escribirte desde el laburo.

El tema es que cuando salí de la Biblioteca por fin recapacité. Es decir: POR FIN RECAPACITÉ. Mis amigas del Blog tienen razón. Yolandita, Yuyu y las otras se la pasan diciéndome, y tienen razón... De verdad necesito saber, porque esta no es vida... O será que estoy sensible, porque con su último mensaje mi amiga Marcela me hizo re llorar... Me dijo que yo también tenía derecho a algo de besos, abrazos, y todas esas cosas lindas que un hombre de verdad podía darme...

Como sea, ni bien salí del laburo me decidí.

Después de tanto llover, el calor empeoró. Esto ya es casi como un horno de microondas. Pero eso no me acobardó. Por el contrario, me dirigí a paso firme a la casa del Bruto. Por supuesto no pensaba tocar el timbre, pero sí me propuse montar una discreta guardia para cuando él volviera. ¡Porque seguro iba a volver!... Ni Luz es tan ingenua como para no desconfiar de una ausencia tan prolongada.

Y ahí estaba yo, paradita en la esquina como un soldado, cagándome de calor, mientras mascaba chicles como para mantener mi aliento fresco por el resto de mi vida.

¡Y entonces apareció!

Ay... Sólo tengo cinco pesos, y esto ya marca como cuatro con cincuenta...

Pero no te hago misterio, para que no protestes:

No fue el Bruto quién apareció, sino Ine, mi ex ex ex ex amiguita del alma. ¿Podés creer que ni bien me vio intentó hacerse la distraída?

¡Me puse como loca! Yo había ido ahí para enfrentarme con alguien, y a esa altura de mi calor y mi cansancio, ya me daba lo mismo a quién.

“¿Se puede saber que mierda te pasa conmigo, nena?”, le grité, furiosa.

Y ella, ¿podés creer?, por primera vez en su vida me gritó todavía más fuerte.

“Mirá, chiquita, no sé con qué cara venís acá, después de lo que me hiciste”.

Y ahí sí que exploté.

“¡¿Qué YO te hice?!!!!!!!!!!!!!!!!!!”, pregunté al borde del delirio.

Y entonces

Ay, no... Pará... De verdad... Si sigo escribiendo, hoy no como. Y con la comida no se juega.

Hasta mañ

***

jueves 24 de abril de 2008

La historia de Ifi


Pero...


Pachi:

Mis amigas del Blog tienen razón. Ellas dicen y dicen que le pregunte al Bruto, pero...

No creas que soy tan idiota: sé que seguramente Juampi no le estaba sacando una pajita del ojo a mi profe aquel día en el campo, pero....

Y además él mismo se lo confesó a mi vecina, pero...

A ver si me entendés, Pachi... Cuatro meses atrás yo estaba convencida que lo único que necesitaba a esta altura de mi vida era un poco de experiencia, para no quedar como pelotuda. Algo que me equiparara al resto de la gente normal...

Y entonces Juampi apareció en mi vida.

Es decir, él ya estaba ahí, pero como todos los demás hombres: muy afuera de mí, y muy lejos. Pero poco a poco él se fue acercando... Se me fue metiendo adentro , sin necesidad de tocarme...

Y ahora ya no estoy demasiado segura si lo que de verdad quiero es dejar de ser virgen, o me basta con tenerlo a él para contarle mis cosas, para burlarnos juntos de todo el mundo, para que me defienda, para que me acaricie, para que me rescate cuando me sienta mal de verdad, y hasta me haga una sopita...

Sé que Juampi puede darme todo eso y mucho más, pero...

¿Se puede vivir sin sexo?

Yo llevo diecinueve años haciéndolo, (o, mejor dicho, NO haciéndolo), y todavía no me morí...

Esperá... A vos no te puedo mentir.

¿Sabés lo que pasa?

Por mucho que yo acepte la posibilidad de ser sólo su amiga, cuando Juampi me toca..., cuando duerme a mi lado..., cuando lo tengo tan cerca...

Es difícil decirte lo que me pasa, porque cuando estamos los dos solos ya no pienso. De hecho, mi cabeza, (cosa rara en mí), se queda muda. Y entonces es mi cuerpo el que empieza a hablar... Te juro que siento una cosita en la panza que...

Y si fuera sólo en la panza pensaría que es indigestión.

Pero no.

Olvidate.

Yo sé que las chicas tienen razón, pero...

Si yo lo enfrento y me dice que es gay...,

¿no corro el riesgo de perderlo como amigo? Es decir, él no come vidrio. Se va a dar cuenta que me gusta. Y entonces se va a alejar para no lastimarme. Se va a ir... Y a esta altura del partido, me muero si lo pierdo. De verdad me muero. Es así de fácil, (y te juro que no exagero)

Si yo lo enfrento y me dice que es gay...,

¿no pierdo la chance de que él se termine enamorando de mí? En esta especie de limbo en el que vivimos todavía puedo conservar la ilusión. Quién te dice, y tanto vernos...

En cambio, si yo lo enfrento y me dice que es gay...,

me muero. Porque no va a haber vuelta atrás.

Sí, ya sé: mis amigas del blog tienen toda la razón. Tengo que enfrentarlo de una buena vez, para así sacarme de la cabeza todo el asunto, y pasar a otra cosa.

Pero...

En fin.................................................

Mañana voy a preguntarle.

Chau

Ifi

martes 22 de abril de 2008

La historia de Ifi


Empanadita frita


Pachi:


¡Cuánto más fácil parecía todo cuando éramos chicas!

Entonces sólo estaban los nenes, las nenas, y... pará de contar.

Claro que un buen día llegó al colegio Tito, el celador. Por lo bajo todos comentaban que era medio “rarito”. Pero tampoco eso logró alterar la paz del pueblo. Simplemente pasamos a tener nenes, nenas..., y Tito.

Fácil.

Las cosas acá en la ciudad, en cambio, se ponen cada día más complicadas.

Ahí tenés a mi jefe, por ejemplo.

Ahora resulta que no es gay. Es “bi”.

La otra tarde me vino con eso. Dice que él siempre fue, es, y será, “bi”, que significa bisexual. O dicho de forma menos elegante, “que en materia de sexo, todo le viene bien”

Su novio tampoco es gay. Es, en cambio, un “heterosexual curioso”.

¿Vos entendés algo?????????

Yo no.

Al parecer, a los dos tortolitos les gustan las mujeres. Y, según me contó mi jefe, de hecho se conocieron así: hablando de minas.

Resulta que a Aurelio se le había quedado el auto en medio de la ruta, y el otro, (“un dulcecito”, cito textual), lo había subido a su camión.

Charla va, charla viene, empezaron con las infidencias amorosas. La cosa se fue calentando tanto entre ellos, que para cuando pararon en Ramallo para cargar nafta, (=combustible), los dos ardían.

Aprovecharon entonces para almorzar, y Aurelio, que resultó ser bastante chancho y aprovechado, aprovechó todavía más para agradecerle a su salvador con un brindis. Cuando las botellas vacías se acumularon en la mesa, una “siestita” en la parte de atrás del camión se hizo impostergable... Y una cosa lleva a la otra... Digamos que a partir de esa experiencia, el pobre camionero tuvo que empezar a agregar el calificativo de “curiosa” a su heterosexualidad.

¿No es loco? Porque yo digo: se es, o no se es.

Pero parece que no es tan fácil...

El camionero mide, sin exagerar, como dos metros de pura hombría. Tiene una mirada torva, y un gesto desafiante, y lo único que yo nunca dudaría de él, es que es bien macho.

De hecho, al ver mi minifalda, el tipo se quedó bizco y babeante.

¿Yo me preguntaba si los gays miran? ¡Vaya que miran! ¡Y tocan!... Porque hasta el mismo Aurelio, mucha risita cómplice, mucho “vení que te ayudo a poner el libro”, pero a veces me parece que lo que quiere poner es otra cosa... Eso sí, todo sutilmente, ¿entendés?

En cambio la bestia de su novio no dejó de ponerme la mano encima, con cualquier excusa, en cuanto me vio.

Y ahí estaba yo, atajando las indecisiones de semejante semental, cuando, ¡gracias a Dios!, llegó el Bruto. Como se lo había pedido, el pobrecito me estaba esperando afuera, paradito como un soldado.

¿Te conté que a Aurelio no se le nota ni un poquito que es gay? Bueno, yo no sé si es por esa cosa de hermano mayor que tiene Juampi conmigo, o qué, fue cuestión que viera a mis otros dos galanes, para que me agarrara de la cintura, y no me soltara por nada.

¿Querés reírte un rato?: el Bruto se presentó como mi novio. ¿Te acordás que él ya se había hecho pasar por mi pareja la otra vez, para librarme del Hurón? Pero ahora nadie le había pedido nada, ni había motivo para esa mentira. Es más, yo me había cuidado muy bien de contarle acerca de las preferencias sexuales de mi jefe, por lo que él no podía saber si a mí no me gustaba, y lo que estaba intentando era levantármelo, (=conquistarlo)

¿No fue raro que se tomara semejante atribución?

Y no sólo a mí me pareció raro. ¡Aurelio también hizo una mueca al escucharlo!

Como sea, hasta ahí la cosa iba bien. Tensa, pero bien.

“¿Vamos a tomar un café a la esquina?”, sugirió mi jefe, conforme a lo planeado.

La verdad, esa invitación quedaba re colgada, pero el Bruto pareció no pensar igual, porque aceptó encantado.

Y ahí estábamos los cuatro, todavía tratando de bajar la persiana metálica de la biblioteca, cuando hizo su aparición triunfal... ¡el Empanada!

Sí, el mismísimo novio de mi futuro novio.

Un montón de preguntas cruzaron de inmediato por mi mente, y cada una, más alarmante que la otra.

¿Quién lo habría invitado?

¿Habría sido Juampi que, presionado por sus celos, le había dado la dirección de la biblioteca?

¿O nos habría estado siguiendo para hacer una escena?

Y el peor de todos mis interrogantes:

¿Por qué cuernos, si estaba acompañada de CUATRO (4) hombres, yo seguía siendo la quinta pata?

¿NUNCA IBA A HABER PAREJA PARA MÍ?!!!!!!!!!

¡Terrible!

Pero vuelvo al relato...

Como habíamos quedado, fuimos al barcito. Y entonces sí que la cosa se puso rara.

Es decir, tanto Aurelio, como Juampi, y el camionero, se negaban a sentarse en algún otro sitio que no quedara al lado mío. Pero, por desgracia, yo sólo tengo dos lados, así que pronto aquello se convirtió en el juego de la silla: tres chicos, compitiendo por dos lugares.

Más que por interés en mí, me parece que lo hacían por ese orgullo malsano, típico de los hombres, que siempre tratan de ver quién la tiene más larga.

Bueno, al final parece que todos esos años que el Bruto perdió jugando al rugby rindieron fruto. Yo no sé que tackle hizo, pero me encerró rápidamente en la silla que estaba contra la pared, aislándome de los otros dos. Mi jefe y su parejita libidinosa tuvieron entonces que conformarse con verme a la distancia. Pero más a la distancia todavía estaba el Empanada, que ni se había molestado en sentarse. Por el contrario, seguía parado ahí, con la vista fija en el camionero.

¡Amor a primera vista!, me dije. El tipo parecía encandilado.

El troglodita, en cambio, al principio ni lo registró. Pero con el correr de la charla, quedó claro que cada vez que el otro abría la boca, fogoneaba un poco más la antipatía que había despertado en él.

El Empanada, por su parte, que parece tonto pero no lo es, advirtió de inmediato lo que ocurría, y se ofendió. Así que también él empezó con indirectas.

¿Qué se dijeron?

¡Qué sé yo!

No entendí nada.

Parecía que estaban hablando del partido del domingo... Pero sus palabras más sonaban a película de Woody Allen, que a “Polémica en el fútbol”

¿A ver si me acuerdo las frases...?

Era algo así como: “Si sos tan idiota como para dejar solo el arco, después no te quejes si te llenan la canasta”, había musitado el Empanada, (en realidad lo había dicho en voz alta, pero quedaba tan chiquito al lado del otro, que apenas se lo podía escuchar)

“¡Cualquier pelotudo llena la canasta, si se la dejan meter!”, había replicado el otro, amargado.

Pero el Empanada tampoco se había quedado atrás:

“Mirá, nene... Si te golean, es porque no pusiste suficientes pelotas en la cancha”, terminó gritando a todo pulmón

Y entonces sí que se pudrió todo.

Para mí su frase era un contrasentido, pero parece que en cambio al camionero le quedó todo re claro, porque de inmediato revoleó la mesa por los aires, (¡SÍ!, ¡cómo en las películas!), y lo agarró al pobre chico del cuello.

¿Te conté alguna vez que el Empanada es re bajito? Bueno, sostenido a más de dos metros de altura, parecía uno de esos adornitos que cuelgan de los árboles de navidad.

Nunca antes presencié una pelea tan despareja. Pero en defensa de mi rival, tengo que decir que el Empanada se portó como todo un hombre. A pesar de su clara desventaja, el pobrecito no dejaba de tirar manotones en el aire, insultando de una forma tan salvaje, que hasta mis peores groserías parecerían bendiciones al lado de las suyas.

El camionero, en cambio, ni se molestaba en decir palabra. Sólo lo agitaba sin piedad, como si le quisiera arrancar la cabeza con el sacudón.

La verdad, no entiendo a los varones...

Bueno, la verdad, no entiendo a los varones, ni a los gays, ni a los “bi”... Ni siquiera a los heterosexuales curiosos. Porque a pesar de que el lugar estaba repleto de ellos, nadie hizo el menor esfuerzo por intervenir.

“¿No piensan pararlos?”, pregunté con inocencia.

“Dejalos, pendeja”, respondió el Bruto. “No te metas. Es cosa de hombres”

¡JA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Al final fue el dueño del local el que los separó, y, literalmente, nos echó a todos a la calle.

¡Y ahí todo fue más raro todavía!

“Espero no verte nunca más, porque si no, te mato”, le gritó el camionero sangriento a su rival.

“Entonces va a ser mejor que te olvides de volver temprano”, respondió Empanada con sarcasmo.

¿Vos entendiste?????

Yo no.

Para colmo, justo antes de irnos, tanto mi jefe, como el Bruto, me susurraron algo al oído. Y, lo creas o no, lo hicieron casi al mismo tiempo.

“¿De dónde sacaste a tu amiguito, muñeca?”, me dijo Aurelio. “Ese tipo no me gusta nada. Va a ser mejor que te cuides de él... Mañana hablamos”

“¿Este es tu jefe, pendeja?, bramó Juampi, en cambio, (porque al parecer no es muy bueno con eso de los susurros) “No me gusta nada este tipo. Va a ser mejor que lo tengas a la distancia, porque si lo llegó a pescar en offside, le rompo el alma... Esta noche te llamo”

Raro, no...

Dos tipos tan distintos, diciendo lo mismo.

¿O no serán tan distintos????????

Como sea, esto pasó ayer a la tarde. Y anoche el Bruto tuvo su teléfono desconectado todo el tiempo.

¿Vos entendés algo?????????????????

¿Podrías ayudarme a decodificar, por favor??????

Se aceptan teorías, por descabelladas que sean.


Tu amiga desesperada

Ifi

viernes 18 de abril de 2008

La historia de Ifi


“Cuando Aurelio conoció al Empanada”


Ay, Pachi...

¿Alguna vez viste “Cuando Harry conoció a Sally”? Al principio de la película Billy Cristal es re idiota, y uno no se explica que le podrá ver ella a un tipo tan desagradable, y para colmo, feo. Pero a medida que la historia transcurre y el tiempo pasa, haciendo que ella esté cada vez más diosa, siempre cambiando el peinado según la moda del momento, él, en cambio, permanece siempre igual o peor. Sin embargo, e inexplicablemente, con el correr de los minutos le vas tomando más y más cariño. Es decir, el pibe tiene sus defectos, pero es re dulce, cariñoso... Y entonces ya no te parece tan feo, ni tan antipático, ni tan estúpido. Así que cuando al final de la película Billy Cristal corre en pleno año nuevo para pedirle a Meg Ryan que lo perdone, para gritarle que la ama justo por lo que ella es, así, un poco obsesiva, algo terca, pero buena piba, una quiere que ella lo bese y terminen juntos para siempre.

La otra noche dieron “Cuando Harry conoció a Sally”. Y yo, en vez de reírme cuando la minita simula el orgasmo en medio del restaurant, y la vieja de la mesa de al lado le pide al mozo que le sirva lo mismo que a ella, yo, como toda una boluda, me puse a llorar.

¡Y cómo!

Porque en el fondo de mi corazón, y a pesar de que sé que eso es imposible, me muero porque el Bruto corra a mi lado para decirme que me quiere.

Uf... ¿No soy patética?

Cuestión que, todavía llorando por la película, la otra tarde llegué al trabajo. Si mi jefe hubiera sido como el Hurón, posiblemente no hubiera notado nada. Pero como es Aurelio, un verdadero abanderado del orgullo gay, se dio cuenta al toque.

Por supuesto, a la primera palabra me largué a llorar. ¿Viste que cuando llorás los tipos se ponen como incómodos, y no saben qué hacer? Mi nuevo jefe, en cambio, la tenía re clara.

Y es que me parece que dentro de la comunidad homosexual hay mucho drama...

(De verdad, ¿no seré gay yo también?!!!!!!!!)

Ni bien asomó la primera lágrima, gentilmente me alcanzó la caja de pañuelitos descartables, y me prestó oreja.

Y yo no sé si fue sólo mi impresión, pero parecía encantado con la idea de que estuviera enamorada de un miembro de su comunidad. Por supuesto yo le aclaré que tenía mis dudas respecto a si se trataba de un socio activo, un mero aspirante, o un veterano. Y entonces él, (un amor), se ofreció para conocerlo y clarificarlas.

Al principio me negué, explicándole mis razones. Y ahí me puse a llorar peor, porque todavía me hace re mal recordar aquel beso entre el imbécil de Literatura Medieval, y Juampi. Pero Aurelio me tranquilizó de inmediato. Dijo que lo citara para la hora de salida, al día siguiente. Que a esa misma hora iba a venir también su novio, que, como ya te conté, era un gay encubierto, que trabaja de heterosexual. Después pensaba proponer ir a tomar algo al barcito de la otra cuadra, y entonces, con tres pares de ojos observándolo, iba a ser más fácil sacar conclusiones respecto de Juampi.

¿Vos que hubieras hecho en mi lugar?

¿No era medio como tenderle una trampa?

Ay...

Yo acepté.

Cuestión que al otro día, (el martes pasado), Juampi estaba paradito en la puerta de la biblioteca como un soldado, esperándome. Ni bien salimos, se nos unió el novio de Aurelio. Y en verdad eso fue descorazonador, porque el tipo no sólo es re lindo, sino que tiene un aspecto de macho bárbaro. ¡Es el último tipo sobre la tierra del que una diría que es gay! Es gigantesco, descuidado con la ropa, tiene un corte de pelo anticuado, sólo habla de fútbol, le gusta el tango, y maneja un camión. ¡Te imaginás!!!!!!!!!

Y ahí estábamos los cuatro, mirándonos un poco incómodos. Pero en el preciso momento en que Aurelio hizo la proposición de ir al bar..., ¡a que no sabés quién llegó!

El Empanada.

Sí, el mismísimo novio de mi futuro novio.

Y entonces ahí sí que se armó la podrida.

Pero eso te lo cuento la próxima.

Besitos

Ifi

miércoles 16 de abril de 2008

La historia de Ifi


Parodiando a Agatha


Pachi:

De verdad, amiga...

Cuando por fin llegué a mi cama, después de haber sufrido la humillación de vomitar delante de mis vecinos, pensé que lo peor había pasado para mí. Pero, por supuesto, me equivoqué.

Porque ni bien se fue el doctor empezó el verdadero tormento.

Es decir, lo que el tipo me inyectó, (te juro que todavía camino renga), me hizo de maravillas. A eso de la medianoche ya estaba fantástica...

Y ahí empecé a sentirme para la mierda.

La confesión que el Bruto le había hecho a mi vecina chusma, aunque conocida, no dejaba de retumbar en mis oídos. Es decir, yo sabía que él era gay... Pero por algún motivo, a pesar de que nuestra amistad se incrementaba día a día, él seguía ocultándomelo. Y debido a esa mentira yo creía entrever algunas dudas de su parte. Quizás no era tan, tan gay. Quizás yo le gustaba un poco. Quizás me tenía de segundo puesto, después del Empanada...

Pero ahora que había pronunciado esas estúpidas cuatro letras en voz alta, (sí, las cuatro letras malditas), aquella fantasía mía se hundía para siempre. Dejaba de ser Ifi, la chica que podía soñar con el amor de su eterno salvador, a ser Ifigenia, la piba con el amigo gay.

¿Viste que la gente hace despedidas de soltero cuando se va a casar? Bueno, aquella noche fue para mí una larga bienvenida a la soltería. Sí, porque ahí entendí que nunca iba a haber otro para mí. Me guste o no, estoy enamorada de Juampi. Él reúne todo lo que yo puedo querer en un varón: es cariñoso, dulce, atento, divertido, chusmo, buen deportista, interesado en la gente, cariñoso...

Cariñoso ya lo dije, pero da igual, porque de verdad es algo que me importa. Y viste que ahora, con toda ese asunto de los machos posmo, el cariño es lo que falta. Yo no sé si la gente no lo siente, o si no deja que se le note, para no quedar como pelotudo.

Lo cierto es que hay que tener cojones para jugarse por un amor. Y cojones, en esta época de tanto sexo y vibrador, me parece que es lo que no se encuentra.

Disculpá, me zarpé.

Vuelvo a mi relato...

Cuando el médico se fue, yo debía oler para el car... cuerno, porque el Bruto mismo me sugirió que me pegara un baño. Me advirtió que no echara llave, y se ofreció a estar atento a lo que pasaba del otro lado de la puerta, por si me volvía a sentir mal.

¡¿No piensa en todo?!!!!

Bueno, en algo no pensó...

Porque te podrás imaginar que no suelo estar sola con un tipo en mi departamento. Y te imaginarás que mucho menos suelo bañarme si estoy sola con un tipo en mi departamento. Así que te recontraimaginarás que, a esta altura de mi virginidad, mi cabeza parecía una verdadera ratonera. La verdad, no me da vergüenza confesarlo: mientras me iba desvistiendo, mientras el agua de la ducha me daba todo su calorcito, yo me lo imaginaba a Juampi entrando al baño, sacándose la camisa, acariciándome...

¡Qué bocho!

¡Tengo que conseguir un novio con urgencia!

Generalmente no soy tan sacada, pero se ve que la insolación se había llevado todas mis defensas, y con ellas, mi pudor.

Mi pobre cabeza no dejaba de maquinar.

¿Qué haría mi gay favorito si yo volvíera del baño, sólo envuelta en una toalla?

¿Cuál sería su reacción si así, medio desnuda, lo besara en la boca?

Porque a mi me parece que, aunque sea un poquito, yo a Juampi le gusto.

¿Y si me apareciera sólo con la toalla, y comenzara a hablarle de sexo?

Como te dije, mi ratonera, como la obra de teatro de Agatha Christie, se rehusaba a bajar de cartel.

Y así estaba yo, más caliente ahora que me bañaba con agua fresca, que cuando había ardido por la fiebre.

De más está decirte que al final cedí a mis impulsos y salí del baño sólo envuelta en una toalla...

Sí, era sólo una, y la tenía atada tipo turbante, en la cabeza. El modelito se completaba con una bombacha XXL, (¿viste tipo las bragas de las abuelas?), un hermoso pijama de algodón grueso, bastante rotoso, y... ¡corpiño! Sí, también llevaba sostén, o como quieras decirle, porque ni siquiera tuve el valor de permitir que mis pechos se mecieran en libertad.

¡Qué estúpida!

¡Por eso soy virgen todavía!

Mi cabeza va a mil, pero el muy estúpido de mi cuerpo es tímido, y nunca acelera.

Da lo mismo. Estoy segura que Juampi tampoco hubiera respondido a mis insinuaciones. Durante mi baño, el pobrecito, lejos de ratonearse como yo, se había dedicado a cambiar la cama, ventilar el cuarto, y a hacerme una sopita... Más actuaba como mi mamá, que como un galán de película erótica...

¿Querés que te confiese algo? Ese es el problema conmigo. Si él hubiera estado esperando ahí, listo para atacarme, o si hubiera entrado al baño sin mi permiso, yo, a no dudarlo, lo hubiera corrido a sartenazos, (y vos sabés que mi sartén ya tiene experiencia en eso)

Porque hay cosas que funcionan en la imaginación, pero en la vida real son horribles. A mi no me gusta que me apuren...

Pero como él estaba ahí, esperando como un santito, lejos de toda insinuación romántica, el Bruto, Juampi, mi amigo gay, me enamoró un poco más.

¡Qué bajón!

¡Es tan lindo!... ¿Alguna vez te conté lo lindo que era?

Y es dulce, y bueno.

Cuestión que no fue una noche demasiado romántica... Eso sí, cuando me corrí un poco el pijama para mostrarle la marca que me había dejado el sol, él, te juro, miró. Es decir, “miró”, ¿me entendés?... Como mira un tipo. Como miraba el sucio de Diego Ochongo, el de “si te agachás te la pongo”, ¿te acordás?, pero más lindo.

Como yo no tengo experiencia con gays, me pregunto: ¿será normal que te miren así? Es decir, con ganas... No ganas chanchas, sino ganas a secas.

A la una de la madrugada los dos nos moríamos de sueño, así que le sugerí que se fuera a casa. Pero él, como todo un caballero, se negó. Acto seguido le propuse compartir la cama, y... ¡entonces “sí”que se negó! ¡Se puso como loco!

Cuestión que yo dormí como una princesa, y él en el piso. ¿No es un dulce?

De verdad necesito un novio urgente.

Porque me la pasé toda la noche viéndolo dormir.

Porque es lindo despertarse así, con alguien al lado.

Porque ni siquiera me molestó que roncara.

Pero lo más importante: porque estoy re enamorada de mi amigo gay.

O puto, como él dice.

¿No es un bajón?

Creerás que todo quedó ahí, pero no. A mí a boluda no me gana nadie, y siempre me las ingenio para meter un poco más la pata.

¡No sabés el lío que armé!

Pero eso te lo cuento mañana.

Chau

Ifi

lunes 14 de abril de 2008

La historia de Ifi

Reunión de consorcio

Pachi:

¿Por dónde me había quedado?
Ah, sí... Entre el piso primero y el segundo.
Yo, como te dije, me sentía para el culo, digo, para la mie...,
me sentía mal, y estaba tirada en medio de la escalera de mi edificio, porque, como siempre, el ascensor no funcionaba. ¡Imaginate!
La primera en llegar fue la pibita del quinto.
Ni bien me vio ahí, se puso histérica. Me parece que se había hecho la película, y creía que yo estaba muerta. (Mucho no se equivocó, porque como te dije me sentía para la..., mal)
En todos los años que vivo ahí, pocas veces me había chocado con la chica, y lo único que sabía de ella era lo que decía mi vecina chusma, es decir, que la pibita era gato.
No, pará... No me refiero a que era gatúbela, o la reencarnación del gato de Cleopatra. Acá en Argentina le decimos “gato” a las que viven de sus rondas nocturnas, por decirlo con un eufemismo. A las que son putas, bah.
Lo que te puedo asegurar es que mi vecinita, así de delicada y frágil como la ves, no perdió el tiempo maullando. Más bien pegó unos gritos increíbles, que retumbaron por todo el edificio y en mi cabeza, hasta hacerlos trepidar.
Por supuesto la primera que salió a ver lo que estaba pasando fue la vieja chusma. Pero después cayeron todos los otros.
¿Podés creer que la única que hizo el intento de ayudar fue la esposa del portero?
Y justo cuando iba a suplicarle que me llevara hasta mi casa, surgió de la nada el abogado del cuarto. ¿Te hablé alguna vez de mi vecino abogado? Es alto, buen mozo, elegante..., y un turrito de primera. Llegó ordenando que nadie se acercara a mí, hasta tanto se deslindara la responsabilidad del incidente, y se liberara al consorcio de todo reclamo ulterior por daños o perjuicios. Después de eso, el muy cerdo se paró a mi lado, y comenzó con toda su parafernalia jurídica. Pero, por desgracia, cuanto más códigos, artículos e incisos insistía en recitarme, más ganas tenía yo de vomitar.
Y lo peor es que, por debajo de la voz del tipo, se podía escuchar clarito a la vecina chusma, diciéndole al que quisiera oírla, que esas eran las tristes consecuencias de tanta visita masculina a mi departamento. Y que por eso ahora me encontraba borracha, (versión para la vecina del octavo), drogada, (dicho al viejo del segundo), embarazada, o las tres cosas juntas.
La verdad, a esa altura de mi nausea, a mí me daba igual.
“Ya que te dedicás a eso, querido, ¿porque no filmás todo?”, le escuché decir a alguien.
Y entonces me di cuenta que también debía estar ahí mi vecino cineasta.
“Si quieren yo la subo a la casa, y me quedo cuidándola”, se ofreció de inmediato el muy baboso, y sin esperar respuesta me levantó entre sus brazos.
¿Romántico, no? ¡A que ahora sos vos la que se hizo la película!
Si yo fuera mala como dicen mis amigas del blog, te la cortaría acá. Pero como soy buena, mejor la sigo.
Ahí estaba yo, alzada por los aires, cuando siento que algo me empuja de nuevo hacia abajo. Y no, no era la ley de la gravedad. Era la pibita del quinto, que se puso como loca.
“¡No te hagás el vivo! Yo te conozco a vos, y sé como querés cuidarla” –le gritó a mi ¿salvador?, mientras intentaba por todos los medios que me soltara.
Demás está decirte que terminé de nuevo en el suelo.
Por un segundo pensé que nada podía ser peor que ser víctima de semejante reunión de consorcio, pero me equivoqué. Porque todavía estaban discutiendo la pibita y el cineasta, cuando se abalanzó sobre ellos la divorciada del primero.
“¿Y a vos qué te importa lo que él haga?... ¿Qué sos? ¿La novia?”
“Sí”, respondió mi vecina/gato, enfrentándola.
¡Y entonces sí que se armó!
Las dos mujeres empezaron a los arañazos, mientras el baboso se escabullía por un costado, y la vecina chusma tomaba debida nota de todo.
¡Miralo vos, al cineasta! ¡Con esa carita de boludo!... ¡Ya no se puede confiar en nadie!
Estoy segura que de haberme sentido un poco mejor, me hubiera sentido bastante mal por esa revelación. Es decir, yo pensaba que había impactado a mi vecino por ser yo, y no que el tipo buscaba sus citas en la liquidación de expensas, (=los gastos comunes del edificio)
Lo curioso es que mis dos vecinas estaban enfurecidas entre ellas, y la gente horrorizada por su actitud... Pero del vecino libidinoso nadie se acordaba. Como si él hubiera sido sólo una víctima inocente de aquellas arpías. ¡De no creer!
Por supuesto que a mí, que me re dolía la cabeza, tanto grito no me hizo nada bien. Eso, sin contar las patadas que las contendientes me pegaban de tanto en tanto en el fragor de la lucha.
En cuestión de segundos el cuarto entero comenzó a darme vuelta, y de repente ahí, en medio del pasillo, y sin pedirle permiso a nadie, me mandé una vomitada de esas que hacen historia.
Te juro que yo no apunté a ningún sitio en particular, (con lo mal que me sentía, eso hubiera sido imposible) Pero como por una suerte de justicia divina, aquella catarata imparable cayó de lleno sobre el cineasta fugitivo, y la vieja chusma. Los demás, sin embargo, tampoco salieron ilesos, por lo que pronto la asamblea de copropietarios se disolvió hasta nuevo aviso.
Sólo yo me quedé ahí, en el medio del pasillo frío, sintiéndome peor que antes, y encima más apestosa.
La verdad, no puedo asegurarte que no me haya desmayado.
Me parece que un poquito perdí la conciencia, porque lo único que recuerdo después de eso fue la sensación de volar por los aires.
Cuando por fin me acosté en mi cama, estaba tan agradecida, que hubiera besado al responsable de tal maravilla, aunque fuera un sapo, (aunque después de semejante vomitada, ni un sapo hubiera querido besarme)
Pero no era un sapo.
Era ÉL.
Sí, el hombre de mi vida que, por desgracia, es de todo menos hombre.
¡El Bruto!
Parece que Juampi me había llamado mientras yo estaba muriendo en la escalera. Alguien había atendido el teléfono por mí, y le había contado de mi triste situación...
Demás está decirte que le bastó escuchar la noticia, para correr de inmediato a socorrerme.
¿No es un divino?
Ya en casa, vagamente recuerdo la presencia de un médico, y que después me inyectaron. Te juro que intenté con todas mis fuerzas prestar atención a las palabras, pero lo único que pude entender fue que varias veces dijeron “insolación”.
Después sonó el timbre, y escuché la voz de la vecina chusma, y al Bruto respondiéndole que no había nada malo en que él se quedara a pasar la noche conmigo, porque él era (cito textual) puto.
¡Ay!!!!!!!!!!!!!!!!

Yo estaba mareada, pero estoy segura que lo dijo.
Para cuando me desperté posta, era casi la medianoche.
Y como ahora es casi la hora de irme del laburo, el resto de la historia lo dejo para mañana.

Besos

Ifi

viernes 11 de abril de 2008

La historia de Ifi, (o lo que queda de ella)

Ángel de la Guarda, dulce compañía...

Pachi:
Sí, ya sé, no me mates...
Hace mil que no te escribo. Pero cuando escuches lo que tengo que contarte, me vas a entender.
Acá en B.A, (eso de “buenos aires” es sólo un eufemismo, porque la ciudad apesta cada día un poco más), bueno, como te decía, aquí es pleno verano. Y, a pesar del agujero de ozono, o quizás por el agujero que todos tenemos en el cerebro, a la gente le parece re cool estar tostada, (=bronceada; =quemadita)
Ni bien asoma el primer rayo de sol, se establece una suerte de loca carrera por llegar a la dichosa tonalidad marrón, quedando en inmediata deshonra los pálidos, o arrebatados.
Como te imaginarás, yo hace rato que estoy quemada. Pero eso no afecta el color de mi piel, porque, por desgracia, soy indeleble.
¿Te acordás cuando éramos chicas? Pasábamos el día completo a orillas del río, y hasta las más blancas acababan con un colorcito “saludable”. Pues yo no. ¡Nunca! A pesar de estar todo el tiempo jugando con los varones al aire libre, nada. Blanca como la leche.
Pero como a mí a porfiada no me gana nadie, y como el tiempo se me hace de chicle porque estoy más sola que un perro, decidí ir a tomar sol.
¡Sí, yo!!!!!!!!!!!!
¿Te imaginás?
Así que el fin de semana pasado me calcé mis ojotas, me puse un shortcito y una musculosa, guardé el mate y el Ulises de James Joyce en el bolso, y me fui derechito a tomar el tren, rumbo a Perú Beach.
¡Sola!
¿No es un bajón?!!!!!!!!!
Perú Beach no es exactamente tan glamorosa como suena. Me refiero a que en verdad queda en Perú, pero no en el país, sino en la calle. Y en cuanto a eso de Beach, digamos que se trata de un poco de arena y pasto que la municipalidad tuvo el buen gusto de poner junto al río.
Si no sos muy exigente, la vista está buena. De lo contrario, si osas asomarte a la playa, verás acumulada toda la incultura de una población, en forma de botellitas y bolsas de plástico, que nos sucederán largamente, para horror de nuestros nietos.
Yo había escuchado mil veces hablar de ese sitio, pero te confieso que era la primera vez que iba. El lugar es igualito al resto del país: a primera vista parece relleno de chetos. Es decir, gente linda y banana... No, pará, banana no es por la fruta, sino por... Bueno, no tengo ni idea de por qué es, pero digamos que significa algo así como “que se la creen”. Lo inverso de gente humilde, bah...
Pero si en un arranque de entusiasmo te llegas a confundir de lado al bajar del tren, te encontrás derechito con lo que nadie quiere ver. Es decir, la otra gente, que, ¡oh casualidad!, vive apiñada en una villa miseria, muriéndose de hambre. Y a la gente no le gusta cagars, disculpá, morirse de hambre, así que hay que tener cuidado, porque de lo contrario corres el riesgo de quemarte, sí, pero no con el sol precisamente. Porque acá, al primer descuido, te queman con un chumbo, es decir, te pegan un tiro.
Cuestión que como yo estaba advertida del peligro, y como era mi primera vez, al bajar del tren tuve la precaución de seguir a un grupete enfundado con buzos GAP, (¿allá no le dicen buzos? Son esos abrigos de algodón, con capucha, re cómodos)
Como te imaginarás, no podía errarle. Y, en efecto, a los pocos pasos los bucitos GAP comenzaron a multiplicarse...
A ver si nos entendemos: esos pibes van a la playa mejor vestidos que yo, cuando voy a bailar.
¡Qué bajón!
¡Y yo que había hecho semejante viaje con la esperanza de levantarme a alguien!
No te voy a mentir. Lo que me diferenciaba de esa gente no era sólo la ropa. De hecho, cuando se desvistieron para tomar sol, la cosa se puso todavía peor. Es decir, los pibes estaban re buenos, onda metrosexual, y re bananas, (en el sentido que te quieras imaginar), ¡pero las pibas!...
¡Guau! ¿Qué comen esas pibas para tener semejante cuerpazo?.. O, mejor dicho, ¿qué vomitan?
Sí, porque al lado de ellas, yo parecía una gorda rechoncha. (Y eso que hace rato que abandoné los dulces ¡Te lo juro!)
Me sentía tan mal, que busqué el rinconcito más alejado, y no tuve valor de sacarme la ropa en toda la tarde.
¿Yo, en bikini, junto a esas? ¡Ni muerta!
(Es decir, aunque me muriera de verdad, no me vería tan flaca. Soy de huesos grandes, qué se le va a hacer)
Tengo que confesarte que, con todo y complejo, al principio no me rendí. Los pibes estaban re buenos, y yo miraba para todos los lados... ¡Pero nada! ¡Me sentía invisible!
¿Quién puede culparlos?
¡Con semejante competencia, ni yo me hubiera mirado!
Después de un rato decidí tomármelo con calma. Después de todo, no había ido ahí para deprimirme, ¿no te parece?, (por cierto, ¿a qué había ido?), así que me serví un matecito, y me puse a leer mi Ulises de James Joyce.
¿Alguna vez lo intentaste? No, no me refiero al mate, sino a Joyce.
El tipo es un genio. Un escritor de primera. Y toda la novela está redactada “al fluir de la conciencia”. O, dicho en otras palabras, como uno piensa. Es decir, si yo hubiera sido la autora, el libro estaría lleno de boludeces. Porque yo pienso así, todo junto y muy complicado. Pero como lo escribió Joyce, está buenísimo...
Lástima que me dormí a los cinco minutos de haberlo abierto.
Y cuando te digo que me dormí, me dormí posta.
Imaginate:
Estaba ahí, rodeada del top del top. Gente hermosa, y, para colmo, en pelotas.
No sé si logras visualizarme a mí, en cambio: tirada en una lona barata, toda vestida, con un gorrito que llevaba la propaganda de un supermercado en la cabeza, chancletas, un libro gordo sobre la cara, y babeando.
¡Y después me pregunto por qué todavía soy virgen!
Para cuando me desperté ya eran las seis de la tarde. Es decir, había dormido más de tres horas. Tenía la boca reseca, la piel tirante, y no me sentía nada bien. ¡Un horror!
Como pude, volví a casa. Por desgracia mi Ulises no lo logró. Yo estaba tan mareada, que al parecer ni me di cuenta que se caía, (dudo que alguien me lo haya robado) ¡Una lástima! Y lo que más me duele es que, como el libro tiene un montón de papel, y la gente es re inculta, nadie me saca de la cabeza que para esta altura ya debe estar viajando en el carrito de algún “cartonero” rumbo a su destino final.
¡Pobre Joyce!
Aunque más afortunado que yo. Es decir, yo, a diferencia de él, pude llegar a casa. Pero tuve que hacerlo por mis propios medios. Y ya no los tenía. Me sentía para la mier, me sentía muy mal, así que a duras penas logré arrastrarme hasta mi edificio, soñando con la cama.
De verdad, era como si me fuera a morir. Y mirá que yo no me asusto fácil. Pero la cabeza me daba vueltas, la piel me dolía, y mi puto estómago hacía su mejor esfuerzo por salirse de mi boca.
Para colmo, cuando traspuse la entrada principal, el ascensor, ¡qué raro!, no funcionaba.
Me sentía tan mal, (no estoy jodiendo), que hasta pensé en tocarle el timbre al cineasta libidinoso. ¡Pero no llegaba hasta ahí! Y es que, a esas alturas, ya me arrastraba por el piso, doblada por el dolor.
Cuestión que me quedé varada, cual ballena, entre la escalera del primero y el segundo, sin saber qué hacer, (para que te ubiques: entre el vecino calentón, y la vieja chusma)
¡De verdad me sentía horrible! Tan mal, que comencé a gritar lo más alto que pude, (que no fue mucho) Te juro que a esas alturas ya me daba igual que el vecino me violara, o que la vieja le contara a todos al día siguiente que había llegado borracha.
¡Uf! Esto se me hizo re largo.
Mejor la corto acá, y espero a mañana para contarte lo de mi ángel protector, y como terminó pasando la noche conmigo...
Todavía estoy suspirando por él. ¿No es un bomboncito re dulce?!!!!!!!!!!
Bueno, chau
Hasta mañana

Ifi

jueves 3 de abril de 2008

La historia de Ifi

Juego sucio

Pachi:

¡Estoy re caliente!
Y eso no significa que mi virginidad haya llegado a un punto límite, (aunque también), sino que estoy furiosa.
¡Esto es el colmo!
Y como, por desgracia, me he propuesto ser más fina y educada, no te puedo decir que me cogieron de parada, pero lisa y llanamente fue así. ¡Qué bajón!
Esta mañana fui a la facultad.
¿Qué fui a hacer?
Nada. A perder el tiempo.
Bueno, en realidad me había enterado por el Bruto que Ine rendía hoy, y quise ver como le iba... Ayudarla, si le faltaba algo... Y es que re extraño a mi amiguita del alma...
Cuestión que me aparezco por ahí, y la otra, literalmente, me cortó el rostro. (¡Qué antigüedad! Disculpá, pero esa frase salió del fondo de mi memoria y de mi bronca... Lo que quiero decir es que Ine no me pasó pelota, no me hizo caso, ignorándome hasta que dolió)
¡Hasta Diana la malvada me saludó con más cariño!
¡Y el pelotudo de Borges!
Mi amiga se liga un boludo, y a la que joden es a mí.
Perdón.
Sin malas palabras.
Vuelvo a empezar.
Ayer otra vez se quedó el Bruto en casa. La pasamos re bien, mirando películas. Parece que viene tanto porque está medio peleado con Empanada, y se siente solo. ¿Podés creer que el gordo grasoso está con alguien más? ¡Qué estúpido el gordo ese! Yo ya le tenía bronca, (=fastidio), pero ahora sí que no me lo banco, (=lo soporto) ¡No se le hace algo así a un bomboncito como el Bruto! Casi, casi tengo ganas de agarrarlo de los pelos, para hacerlo entrar en razón. ¿Adónde piensa conseguir otro tan lindo, inteligente y buena persona, como Juampi? ¡Es imposible no estar enamorado de él! Si yo misma, a pesar de saber que es gay, me muero de amor cada vez que está conmigo. ¡Y este boludo...!
Dios da pan...
Pero parece que los gays se las traen. Hoy estuve charlando con mi jefe, y hablamos un montón de su pareja, que lo re hace sufrir. El tipo, (escuchate esta), es CASADO.
¿No te da como “cosita” pensar que la mujer esté tan en otra como para ignorar las verdaderas inclinaciones del marido?
¿Tendrán sexo en forma regular, o justificará su desinterés con un “pobre, está cansado”, o “cada vez viene más agotado del partido”?
Uff... Ahora que lo pienso... Cuando sale para encontrarse con mi jefe, ¿le dirá a la mujer que se va a jugar a la pelota con los muchachos?
¿Eso calificará como mentira, o como metáfora?
Bueno, mejor te dejo. Aurelio tiene toda la onda, pero prefiero no abusar.
Besos

Ifi