La historia de Ifi
Empanadita frita
Pachi:
¡Cuánto más fácil parecía todo cuando éramos chicas!
Entonces sólo estaban los nenes, las nenas, y... pará de contar.
Claro que un buen día llegó al colegio Tito, el celador. Por lo bajo todos comentaban que era medio “rarito”. Pero tampoco eso logró alterar la paz del pueblo. Simplemente pasamos a tener nenes, nenas..., y Tito.
Fácil.
Las cosas acá en la ciudad, en cambio, se ponen cada día más complicadas.
Ahí tenés a mi jefe, por ejemplo.
Ahora resulta que no es gay. Es “bi”.
La otra tarde me vino con eso. Dice que él siempre fue, es, y será, “bi”, que significa bisexual. O dicho de forma menos elegante, “que en materia de sexo, todo le viene bien”
Su novio tampoco es gay. Es, en cambio, un “heterosexual curioso”.
¿Vos entendés algo?????????
Yo no.
Al parecer, a los dos tortolitos les gustan las mujeres. Y, según me contó mi jefe, de hecho se conocieron así: hablando de minas.
Resulta que a Aurelio se le había quedado el auto en medio de la ruta, y el otro, (“un dulcecito”, cito textual), lo había subido a su camión.
Charla va, charla viene, empezaron con las infidencias amorosas. La cosa se fue calentando tanto entre ellos, que para cuando pararon en Ramallo para cargar nafta, (=combustible), los dos ardían.
Aprovecharon entonces para almorzar, y Aurelio, que resultó ser bastante chancho y aprovechado, aprovechó todavía más para agradecerle a su salvador con un brindis. Cuando las botellas vacías se acumularon en la mesa, una “siestita” en la parte de atrás del camión se hizo impostergable... Y una cosa lleva a la otra... Digamos que a partir de esa experiencia, el pobre camionero tuvo que empezar a agregar el calificativo de “curiosa” a su heterosexualidad.
¿No es loco? Porque yo digo: se es, o no se es.
Pero parece que no es tan fácil...
El camionero mide, sin exagerar, como dos metros de pura hombría. Tiene una mirada torva, y un gesto desafiante, y lo único que yo nunca dudaría de él, es que es bien macho.
De hecho, al ver mi minifalda, el tipo se quedó bizco y babeante.
¿Yo me preguntaba si los gays miran? ¡Vaya que miran! ¡Y tocan!... Porque hasta el mismo Aurelio, mucha risita cómplice, mucho “vení que te ayudo a poner el libro”, pero a veces me parece que lo que quiere poner es otra cosa... Eso sí, todo sutilmente, ¿entendés?
En cambio la bestia de su novio no dejó de ponerme la mano encima, con cualquier excusa, en cuanto me vio.
Y ahí estaba yo, atajando las indecisiones de semejante semental, cuando, ¡gracias a Dios!, llegó el Bruto. Como se lo había pedido, el pobrecito me estaba esperando afuera, paradito como un soldado.
¿Te conté que a Aurelio no se le nota ni un poquito que es gay? Bueno, yo no sé si es por esa cosa de hermano mayor que tiene Juampi conmigo, o qué, fue cuestión que viera a mis otros dos galanes, para que me agarrara de la cintura, y no me soltara por nada.
¿Querés reírte un rato?: el Bruto se presentó como mi novio. ¿Te acordás que él ya se había hecho pasar por mi pareja la otra vez, para librarme del Hurón? Pero ahora nadie le había pedido nada, ni había motivo para esa mentira. Es más, yo me había cuidado muy bien de contarle acerca de las preferencias sexuales de mi jefe, por lo que él no podía saber si a mí no me gustaba, y lo que estaba intentando era levantármelo, (=conquistarlo)
¿No fue raro que se tomara semejante atribución?
Y no sólo a mí me pareció raro. ¡Aurelio también hizo una mueca al escucharlo!
Como sea, hasta ahí la cosa iba bien. Tensa, pero bien.
“¿Vamos a tomar un café a la esquina?”, sugirió mi jefe, conforme a lo planeado.
La verdad, esa invitación quedaba re colgada, pero el Bruto pareció no pensar igual, porque aceptó encantado.
Y ahí estábamos los cuatro, todavía tratando de bajar la persiana metálica de la biblioteca, cuando hizo su aparición triunfal... ¡el Empanada!
Sí, el mismísimo novio de mi futuro novio.
Un montón de preguntas cruzaron de inmediato por mi mente, y cada una, más alarmante que la otra.
¿Quién lo habría invitado?
¿Habría sido Juampi que, presionado por sus celos, le había dado la dirección de la biblioteca?
¿O nos habría estado siguiendo para hacer una escena?
Y el peor de todos mis interrogantes:
¿Por qué cuernos, si estaba acompañada de CUATRO (4) hombres, yo seguía siendo la quinta pata?
¿NUNCA IBA A HABER PAREJA PARA MÍ?!!!!!!!!!
¡Terrible!
Pero vuelvo al relato...
Como habíamos quedado, fuimos al barcito. Y entonces sí que la cosa se puso rara.
Es decir, tanto Aurelio, como Juampi, y el camionero, se negaban a sentarse en algún otro sitio que no quedara al lado mío. Pero, por desgracia, yo sólo tengo dos lados, así que pronto aquello se convirtió en el juego de la silla: tres chicos, compitiendo por dos lugares.
Más que por interés en mí, me parece que lo hacían por ese orgullo malsano, típico de los hombres, que siempre tratan de ver quién la tiene más larga.
Bueno, al final parece que todos esos años que el Bruto perdió jugando al rugby rindieron fruto. Yo no sé que tackle hizo, pero me encerró rápidamente en la silla que estaba contra la pared, aislándome de los otros dos. Mi jefe y su parejita libidinosa tuvieron entonces que conformarse con verme a la distancia. Pero más a la distancia todavía estaba el Empanada, que ni se había molestado en sentarse. Por el contrario, seguía parado ahí, con la vista fija en el camionero.
¡Amor a primera vista!, me dije. El tipo parecía encandilado.
El troglodita, en cambio, al principio ni lo registró. Pero con el correr de la charla, quedó claro que cada vez que el otro abría la boca, fogoneaba un poco más la antipatía que había despertado en él.
El Empanada, por su parte, que parece tonto pero no lo es, advirtió de inmediato lo que ocurría, y se ofendió. Así que también él empezó con indirectas.
¿Qué se dijeron?
¡Qué sé yo!
No entendí nada.
Parecía que estaban hablando del partido del domingo... Pero sus palabras más sonaban a película de Woody Allen, que a “Polémica en el fútbol”
¿A ver si me acuerdo las frases...?
Era algo así como: “Si sos tan idiota como para dejar solo el arco, después no te quejes si te llenan la canasta”, había musitado el Empanada, (en realidad lo había dicho en voz alta, pero quedaba tan chiquito al lado del otro, que apenas se lo podía escuchar)
“¡Cualquier pelotudo llena la canasta, si se la dejan meter!”, había replicado el otro, amargado.
Pero el Empanada tampoco se había quedado atrás:
“Mirá, nene... Si te golean, es porque no pusiste suficientes pelotas en la cancha”, terminó gritando a todo pulmón
Y entonces sí que se pudrió todo.
Para mí su frase era un contrasentido, pero parece que en cambio al camionero le quedó todo re claro, porque de inmediato revoleó la mesa por los aires, (¡SÍ!, ¡cómo en las películas!), y lo agarró al pobre chico del cuello.
¿Te conté alguna vez que el Empanada es re bajito? Bueno, sostenido a más de dos metros de altura, parecía uno de esos adornitos que cuelgan de los árboles de navidad.
Nunca antes presencié una pelea tan despareja. Pero en defensa de mi rival, tengo que decir que el Empanada se portó como todo un hombre. A pesar de su clara desventaja, el pobrecito no dejaba de tirar manotones en el aire, insultando de una forma tan salvaje, que hasta mis peores groserías parecerían bendiciones al lado de las suyas.
El camionero, en cambio, ni se molestaba en decir palabra. Sólo lo agitaba sin piedad, como si le quisiera arrancar la cabeza con el sacudón.
La verdad, no entiendo a los varones...
Bueno, la verdad, no entiendo a los varones, ni a los gays, ni a los “bi”... Ni siquiera a los heterosexuales curiosos. Porque a pesar de que el lugar estaba repleto de ellos, nadie hizo el menor esfuerzo por intervenir.
“¿No piensan pararlos?”, pregunté con inocencia.
“Dejalos, pendeja”, respondió el Bruto. “No te metas. Es cosa de hombres”
¡JA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Al final fue el dueño del local el que los separó, y, literalmente, nos echó a todos a la calle.
¡Y ahí todo fue más raro todavía!
“Espero no verte nunca más, porque si no, te mato”, le gritó el camionero sangriento a su rival.
“Entonces va a ser mejor que te olvides de volver temprano”, respondió Empanada con sarcasmo.
¿Vos entendiste?????
Yo no.
Para colmo, justo antes de irnos, tanto mi jefe, como el Bruto, me susurraron algo al oído. Y, lo creas o no, lo hicieron casi al mismo tiempo.
“¿De dónde sacaste a tu amiguito, muñeca?”, me dijo Aurelio. “Ese tipo no me gusta nada. Va a ser mejor que te cuides de él... Mañana hablamos”
“¿Este es tu jefe, pendeja?, bramó Juampi, en cambio, (porque al parecer no es muy bueno con eso de los susurros) “No me gusta nada este tipo. Va a ser mejor que lo tengas a la distancia, porque si lo llegó a pescar en offside, le rompo el alma... Esta noche te llamo”
Raro, no...
Dos tipos tan distintos, diciendo lo mismo.
¿O no serán tan distintos????????
Como sea, esto pasó ayer a la tarde. Y anoche el Bruto tuvo su teléfono desconectado todo el tiempo.
¿Vos entendés algo?????????????????
¿Podrías ayudarme a decodificar, por favor??????
Se aceptan teorías, por descabelladas que sean.
Tu amiga desesperada
Ifi