sábado 31 de mayo de 2008

La historia de Ifi

De amigas y vecinos

¡Qué raras que somos las mujeres!

Es decir, yo sé que así, “virtualmente”, puedo ser amiga de cualquiera. De hecho somos un montón de pibas en el blog, y con ellas nunca tengo ni un sí, ni un no. ¿Y sabés por qué es eso? Porque las mujeres somos re buenas..., hasta que se nos cruza un hombre. ¡Ahí sí que se pudre todo!

Ponele Ine, por ejemplo.

Ayer estaba como el gato que se comió el ratón. Llegó una hora tarde, (¡y eso que es re puntual como yo!), estaba dispersa, y super contenta. Raro, porque desde su alejamiento de Borges que no había vuelto a sonreír.

Cada vez que yo la miraba, tenía la vista perdida en el vacío, y una sonrisa estúpida en los labios.

¡Claro que intenté averiguar lo que estaba pasando!, pero ni bien le sacaba el tema, la muy turrita empezaba a preguntar por el Bruto. Y era obvio que lo único que intentaba con eso era distraerme, así que durante un buen rato nos dedicamos a competir a ver quién lograba poner en evidencia a la otra. Por supuesto gané yo, así que terminó confesando: justo antes de encontrarnos se había chocado con el vecinito chuchi. Se llama Piti, (¡yo no elijo los nombres! Al parecer el pobre se llama Pedro, de ahí Peter, para acabar en Piti) El apellido es algo escocés, tipo Mc Donald, pero sin las hamburguesas y la grasa. Como te dije, vive a la vuelta de lo de Ine, y si no lo habíamos visto antes, fue porque se mudó hace dos meses.

Mi querida amiguita del alma se emocionó tanto en el encuentro, que, olvidando que tenía cita conmigo, le aceptó compartir un café.

A ver si nos entendemos: yo la estaba esperando parada en Cabildo, entre Juramento y Echeverría, y ella estaba sentadita, en Juramento, entre Cabildo y Ciudad de la Paz, traicionándome. Y ni siquiera a la hora de darle su teléfono le agarró remordimiento.

Por supuesto, ni bien me lo confesó, me hice la dolida. Puro teatro, porque a mí el vecino no me importa nada, y ella, en cambio, mucho. ¡De verdad! Me encantaría verla de novia con un tipo como el vecino. Pero como Ine es así, medio retorcida, ya estaba diciendo que, si Piti llamaba, se iba a hacer negar, le exigí que la próxima salida la hiciéramos los tres.

¡Tendrías que haberle visto la cara!

¿Soy mala, no es cierto?

Pero, ¡qué se le va a hacer! Después de todo soy sólo una mujer.

¡Chau!

Ifi

P.D: No te preocupes, Pachi. Tengo un plan infalible para engancharlos. Y es que ya decidí que, a partir de ahora, y para evitar futuros inconvenientes, al novio de mis amigas voy a elegirlo yo.

Así que... ¡cuidate!


miércoles 28 de mayo de 2008

La historia de Ifi

Pochoclos y lágrimas

¿Te conté que Ine andaba bajoneada?

Re monotemática con eso de que no quería volver a estar sola.

(¿Y yo qué soy? ¿Verdurita?)

Al final me cansé, y le dije de mala manera que mejor la cortaba con el asunto, porque de lo contrario me iba a enojar. Que yo estaba mucho peor que ella, y que no por eso me iba arrastrando por los pasillos.

Y ahí pasó algo rarísimo, porque, en vez de chivarse conmigo, (enfurecerse), sonrió de oreja a oreja, y me preguntó: “¿Y vos? ¿Qué onda con mi hermano?”

¡Ay, Pachi! A pesar de lo mala que soy, es evidente que Dios todavía me quiere un poco. Porque justo en el preciso momento en que terminaba de decirlo, se apagaron las luces de la sala, y empezó la película. ¡Menos mal!, porque creo que en menos de un segundo mi cara ya había pasado por todos los colores posibles.

La película no me gustó ni medio. Como en todas las pochocleras, no pasa nada, pero igual hacen un ruido bárbaro. Lástima que en la parte más pedorra, algo que simulaba ser romántico, pero que era justo ese momento en que todos los nenitos de la sala aprovechan para silbar, reírse, y hacer comentarios, me puse a llorar. ¡Y cómo! Imposible que Ine no se haya dado cuenta. Pero, por las dudas, no preguntó. O será porque a la salida nos encontramos con el vecino futuro abogado. Estaba con una chica, (linda, si te gusta la silicona), y parecía bastante empelotado, (aburrido), así que él solito nos vino a buscar, y sugirió que fuéramos los cuatro a comer pizza. ¡No sabés la cara que puso la minita al escucharlo!

La pasamos re bien. El tipo me gusta.

No, “¡me gusta!!!”, sino “está bueno”, ¿entendés?

Bueno, ya veremos..., aunque, como te imaginarás, tampoco ahí pude darle el teléfono. Pero lo que sí le quedó bien claro fue la dirección de Ine, porque vive a la vuelta. No sé si eso servirá de algo, pero confío que vamos a volver a encontrarnos.

No, sé..., tengo un presentimiento.

Y aunque eso no ocurra, con el tema del vecino voy a poder distraer a Ine de sus preguntas comprometedoras acerca de Juampi.

¡Me muero si vuelve a preguntar!

¡Si me lo vuelve a preguntar, muere!

Disculpá, no es con vos... El idiota de Aurelio, que está meta preguntar por su celular.

Como sea, el camionero no ha vuelto a aparecer.

¿Y si lo llamo a Juampi con la excusa de averiguar cómo sigue la historia de Empanada?

No, mejor no lo llamo.

¡Me muero si me atiende el padre! Porque...

¡Pará! Mejor no sigo, porque si me doy manija, después no puedo dormir.

Te dejo, Pachi. Ya se me está recalentando el cerebro.

Besos

Ifi

lunes 26 de mayo de 2008

La historia de Ifi

Luz, cámara y...

¡Hola, Pachi!

Te escribo rapidito porque Ine va a venir a buscarme al laburo, (trabajo), para ir al cine. No, no pensamos pisar una cinemateca ni por joda. Ine está re bajoneada, así que vamos a contentarnos con una bien pochoclera: Meteoro, Ironman, o cualquier otra que nos convenza que existen los super hombres. Pura fantasía, porque si no consigo ni siquiera uno que esté bueno, menos va a haber tipos “super” circulando por ahí. (Y si en verdad los hubiera, seguro que ya tendrían novia, y no sería yo, por supuesto)

¡Ay, Pachi!... ¿Dónde están los bombones del cine? Y no es que yo ande buscando un tipo de capa y calzoncillos. Mucho menos uno que se haga pasar por quien no es, porque de esos, para mi desgracia, ya conozco a varios. Pero un Orlando Bloom, un Johnny Deep, no me vendría nada mal.

Últimamente con Ine estamos re solas. Como al principio, pero distinto. Es decir, ahora ella no hace más que suspirar por un novio, (no por su “ex”, sino por “el” novio. Ese con el que todas soñamos, y nunca aparece) Un novio que la haga sentir segura y amada, (a mi modesto juicio, las peores razones para querer estar al lado de alguien)

Yo, en cambio... Yo sigo suspirando por Juampi. Y lo peor es que no puedo contarle nada a Ine. No tengo cara para confesarle que me terminé enamorando del mismo troglodita del que me burlé durante años. Pero la verdad es que cada día se me hace más y más difícil charlar con ella, sin delatar esa parte tan importante de mi pasado reciente.

La pobre está intrigada con los motivos del cambio operado en mí. Y es que, lo creas o no, no me parezco ni un poco a la que era antes. Y no me refiero sólo a lo físico. Ine insiste con eso de que, además, me he vuelto más humana y tratable.

¡La mierda! ¡Cómo sería antes!

Bueno, Pachi, te dejo porqu

¡No! ¡Pará! No te conté lo del vecino.

No, no mi vecino, sino el de Ine. Ese re lindo, que siempre me chocaba en los momentos más deshonrosos para mí.

Bueno, ayer estaba en la cola para comprar un pasaje de subte, (¿Me entendés?, en la línea para sacar un boleto de metro), cuando un boludo me empujó. Yo, como siempre, le mandé una puteada de aquellas, mientras me daba vuelta para mirarlo con desprecio. Pero como soy re despistada, terminé pisando al pobre que estaba detrás de mí, y que, por supuesto, resultó ser el “chuchi” del vecino. (Eso de “chuchi” lo inventé yo, porque el vecinito es re re chuchi)

Me pareció tan obvio que, dada mi suerte actual con los hombres, justo fuera él al que había pisado, quedando como la bestia que soy, que en vez de disculparme, me eché a reír.

¡El pobre tipo no entendía nada!

Así que le expliqué brevemente mi historia, remarcando el carácter EXCEPCIONAL de mis desgracias, y tratando de no quedar como una desesperada, (es decir, que no se notara que lo había estado “fichando” entre la multitud)

Después seguimos hablando por el resto del viaje. ¡Es re buena onda! Estudia abogacía, y trabaja en el centro.

Demás está decirte que, justo en el preciso momento en que me iba a pedir el teléfono, caí en la cuenta que me había pasado de estación. ¡Típico!

(Es decir, yo supongo que iba a pedirme mi número, porque había empezado a decir: “Estaría bueno volver a...”)

La verdad, el vecino de Ine estaba buenísimo, y era re simpático, así que ese bien hubiera podido ser el principio de una historia, pero como yo llegaba tarde, torpe como soy, no sólo lo interrumpí en medio de la frase, sino que, al bajarme, le pasé por encima. ¡Qué horror!

Bueno, de verdad te dejo.

Mañana te cuento la peli.

Besitos

Ifi

sábado 24 de mayo de 2008

La historia de Ifi

El regreso menos esperado

Querida Pachi:

Sí...

Al parecer el comando gay está de regreso. Por fortuna, esta vez no me tomó de sorpresa.

A este Aurelio ya lo tengo más caladito que una sandía.

¡Bisexuales a mí!!!!!!!

Ayer, como te conté, me dejó una cartita. ¡Y a que no sabés! Era una declaración de amor. Re pedorra, por cierto. Y eso sirve para aclarar un punto: mi jefe no es “bi”. Es un gay convencido de que puede sacar provecho de la debilidad de las mujeres. Porque yo ya te conté que Aurelio tiene lo suyo. Y si su miembro es tan largo como su lengua, sus dotes de seductor están aseguradas.

La cartita es patética, y demuestra a las claras su total desconocimiento sobre el alma femenina. Cursi, estereotipada... Te la transcribiría, pero son más de siete hojas en que, con letra apretada, trata de darme lástima por su pasado amoroso, conmoverme con su devoción a la madre, (¡justo!), y alabarme, de la forma en que sólo un gay puede hacerlo. Al final me jura que nunca más va a volver a molestarme, dada mi relación con el Bruto, y me implora que no use en su contra el maldito celular.

En resumen, siete hojas escritas al pedo, con la única intención de dar lástima.

Por supuesto, no leí la maldita carta en su presencia, así que esta mañana me estaba esperando, recontra cagado en las patas. (Disculpá mi vocabulario, pero ahora que el Bruto no aparece, no tengo motivos para hacerme la fina) Cada movimiento que yo hacía, era acompañado por una mirada lánguida y un suspiro. Pero yo, como si nada. Ni una palabra, ni un gesto. Sólo mi más absoluta indiferencia.

Y, de ahora en adelante, va a seguir siendo así, al menos hasta que un día me canse, y lo putee como se lo merece.

En cuanto a contarle la historia a la esposa del camionero, no sé... Lo estuve hablando con las pibas del blog, y a ellas tampoco les pareció buena idea... Quiero vengarme de mi jefe, pero sin lastimar a nadie.

Y, hablando de gente lastimada, anoche vino a visitarme Ine. La pobrecita está re mal.

Tal parece que, pasado el entusiasmo inicial, Borges tampoco le cerraba del todo a ella. El grupo al que pertenecía, en cambio, le fascinaba. Las idiotas, los intelectuales, los profesores, y hasta los nuevos, se codeaban de igual a igual con su novio. Y a ella, tanta aceptación repentina, la tenía encantada.

Ahora, en cambio, había vuelto a la Siberia de mi amistad. Un desierto frío y congelado, donde la sorna y la inteligencia no la iban con los estereotipos.

Y no es que ella fuera feliz haciendo las mismas pavadas que los otros... Pero le encantaba la idea de dejar de ser diferente.

¿No es un poco de inseguridad de su parte?

¿Alguna vez te viste en el compromiso de tener que dejar de ser vos misma, para poder encajar?

Y no hablo de lentes de contacto, o tacos, o evitar decir malas palabras, sino de regalar tu tiempo de vida siendo quien no sos, ni te interesa ser.

Por una razón parecida se terminó acostando con Borges. Yo había insistido tanto con eso de perder la virginidad, que la había terminado convenciendo. Así que cuando el muy idiota se lo propuso, a ella no le pareció mal. Pero tampoco bien... Y creo que fue esa indecisión lo que marcó el magro resultado de aquel encuentro.

No sé mucho de sexo, pero estoy segura que no se puede tener sin ganas. Y, por desgracia, Ine no estaba muy contenta ni con el lugar elegido, ni con el momento..., y mucho menos con el novio. ¡Un desastre!

Para colmo, Borges era virgen. ¡Qué tipo es virgen a los veintiún años! ¿No se supone que el varón tiene que tener experiencia?

Cuestión que, después de esa noche, el sexo se convirtió para Ine en una rutina más. Puro aburrimiento. Y para colmo, Borges comenzó a usarla como muñeca inflable, sin importarle más que su propio placer. ¡Un bajón!!!!!!!!

No creas, Pachi. Sé que él no fue el único culpable de semejante tragedia.

También Ine estuvo mal. Nuestro querido amigo podía tener todas las ganas del mundo de comportarse como un idiota abusivo, pero fue ella la que le permitió hacerlo. Después de todo, Ine no es muda. Podría haberle pedido..., no, no pedido, RECLAMADO, aquello que quería y necesitaba. Pero mi amiga del alma es así, medio corta.

Conmigo, por ejemplo...

Si para ella era tan importante el “pertenecer”, me lo hubiera dicho, y lo hubiéramos intentado juntas.

Pero no. A Ine, como al hermanito, hay que adivinarlos.

Y hablando del Bruto...

No. Mejor no empiezo con eso, porque no termino.

Ayer y hoy he tenido que morderme la lengua para no preguntarle a Ine. Para no averiguarlo todo.

¡Lo re extraño, Pachi!!!!!!!!!!!!!

Y yo sé que cada día que Juampi no aparece, me aleja un poco más de él. Pero hay cosas en la vida que no se le pueden exigir al otro. Se puede sugerir una salida, o frecuentar otra gente. Se puede pedir compromiso. Pero decididamente no se puede reclamar por amor. Ni siquiera mendigarlo...

Y dar lástima no es mi estilo.

¿O sí?

La verdad, desde la última vez que lo vi, que estoy sometida a una lucha sin cuartel en mi interior: mi orgullo, contra mis ganas de volver a ver a Juampi.

Y yo soy muy orgullosa.

Bueno, Pachi, esto ya se hizo larguísimo. ¡Hasta mañana!

Ifi

P.D.: Sí. Imposible que yo de mi brazo a torcer y lo llame, ¿no te parece?

¿O...?

miércoles 21 de mayo de 2008

La historia de Ifi

El regreso más esperado

¡No sabés, Pachi!

¡¿A que no sabés quién apareció en mi vida?!

Ayer, mientras estaba conectada con vos en el cyber, me pareció ver una sombra caminando hacia mí.

Y sí, ¡era!

¡Ine!

Ine había ido hasta mi casa, para buscarme.

Y no. No era para seguir bardeando, sino que... ¡se peleó con Borges!!!!!!!!!

¡Y está re deprimida!!!!!!!!!!

No, no lo digo de guacha, o vengativa. No quiero que se sienta mal. Pero ese es apenas un daño menor. Lo importante es que... ¡al fin se arrancó a ese estúpido!

Y uso ese verbo y no otro, porque un mal novio es algo así como el vello. Duele como la puta madre sacárselo, ¡pero qué satisfacción!

Después que dejó de llorar nos quedamos hablando toda la noche.

Según me contó, al principio de la relación era feliz. Y, escuchándola hablar, quedaba claro que lo no lo era tanto por su novio, como por el mundo nuevo que se abría a sus pies: el universo secreto de los que están de a dos.

Y no es que una, como soltera, no pueda ir a esos mismos lugares, sino que hay un cierto “status” al recorrerlos del brazo de un hombre. Es algo muy sutil. Una sensación de poder que sólo los que han sido “pobres”, (sentimentalmente hablando), pueden entender. Es una forma de caminar por la vida, tipo: “mirá, a mí me eligieron y a vos no”, que te da seguridad, e imprime a las cosas rutinarias una luz distinta.

Está bueno, ¿no?

Me refiero..., eso de “imprime a las cosas rutinarias...”. ¡Posta! ¡Me estoy convirtiendo en toda una poetisa! ¡No me levantaré un pibe ni por joda, pero al menos estoy empezando a escribir como los dioses!

Bueno, como sea, y volviendo a Ine, al final el Bruto le contó todo. Es decir, “todo”, según la versión oficial del Bruto: que yo me había bajoneado tanto con su cortada de rostro, (su indiferencia malévola), que a Juampi no le había quedado más remedio (¿?), que concurrir un par de veces en mi ayuda.

Un par de veces. No más de tres.

Encuentros casuales, por supuesto.

¡Qué raro, ¿no?!

¿Por qué se empeñará este chico en ocultar nuestra amistad?

¿Le daré vergüenza?

¿O no se considerará mi amigo?

¿Alguien tiene un manual para decodificar a los hombres?????????????

Como sea, te la sigo mañana, porque Aurelio me acaba de dejar un sobre cerrado sobre mi escritorio.

¿Alguien tiene un manual para decodificar a los “bi”????????????

Hasta mañana

Ifi

lunes 19 de mayo de 2008

La historia de Ifi

Pesca con red

Pachi:

Te hablo desde el cyber, porque mi vida laboral fue un pequeño infierno. Mi querido jefecito decidió recibirme con los tapones de punta. (Esa es una frase del fútbol. Se refiere a los zapatos que se calzan para jugar, que en la suela tienen tapones afilados, tipo púas, para aferrarse al césped y no resbalar, dicen, pero que en realidad usan para provocar el máximo daño posible en el oponente)

Bueno, hoy mi jefe no sólo usó sus tapones, sino que, al parecer, pasó toda la noche afilándolos.

Me imaginaba que un tipo como Aurelio no iba a dejar pasar tan fácilmente mi “ofensa”. Sí, porque además de tocarme la cola, encima se ofendió. Y hoy, ni bien llegué, me puso una sanción por tener cinco minutos de retraso. Y si hubiera llegado esos malditos cinco minutos tarde, me la hubiera comido como la mejor. Pero yo soy re puntual, y mi reloj decía claramente algo muy distinto. Para zanjar la cuestión, y taparme la boca, me mostró también el reloj de pared, que, ¡oh, casualidad!, coincidía con el suyo. Conclusión: tuve que firmar.

Después me llenó el escritorio de libros cuya ficha, ¡oh, casualidad!, se había borrado.

¡Cuántas casualidades!

Y no contento con eso, me explicó que el único motivo que había tenido para acercarse a mí, (“amablemente”, dijo), había sido altruista. No por gusto, o propia satisfacción, sino porque estaba claro que yo andaba “necesitando” un poco de “cariño”.

Mientras él hablaba, (más bien graznaba), yo tenía una birome en la mano, (esas de plástico, para escribir), que, de la bronca, partí en dos.

“Uy, se rompió”, dije, poniéndola frente a su nariz. “Es increíble la fuerza que tengo en las manos cuando estoy enojada. ¡Y lo violenta que me pongo!”

Por las dudas no la siguió, y se limitó a controlar que por el resto de la tarde no levantara la vista de la compu.

A eso de las dos, sonó uno de sus celulares. Habló muy despacito, como para que yo no lo escuchara, y se fue, sin dar explicaciones.

Pero la cosa no quedó así.

A pesar de estar solita, como soy muy buena empleada, me apuré a encender la cafetera eléctrica de mi jefe, así, tras su llegada, iba a poder disfrutar de un excelente café caliente. Digo que es “su” cafetera, porque fue él quien la trajo a la oficina. Yo sólo tomo té de yuyos, (esos que me manda mi mamá), y hasta ahora nunca la he usado. Y, quizás por mi inexperiencia, ¡ups!, creo que olvidé ponerle agua.

¡Qué lástima!

No contenta con eso, busqué su celular rotoso, el mismo que el muy cerdo usa para llamar de incógnito a la casa del camionero. Mi intención era vengarme, pero no se me ocurría muy bien cómo. Llamar a la esposa y enterarla de la “curiosidad” de su marido, era una opción, y una ayuda celestial para el Empanada. Pero meterme así en la vida de tres extraños, no me parecía muy moral de mi parte. Por un rato estuve jugueteando con el aparato, y ahí me di cuenta que mi jefecito había guardado tres llamadas. Es decir, las había grabado. Y entonces sí que no pude resistirme.

Te soy sincera: no fue por venganza, sino por pura curiosidad.

¡No sabés, Pachi! ¡Las cosas no eran tan así como Aurelio las contaba!

La verdad surgía de la segunda de las tres conversaciones. El camionero se había acostado con mi jefe al borde de la ruta, (esa parte era cierta), pero, según lo que el tipo decía LLORANDO, más movido por el alcohol, que por la curiosidad. Implacable, en la charla el muy turro de Aurelio lo amenazaba con contarle todo a la esposa, si el encuentro no volvía a repetirse. Y, lo más escabroso, le prometía llevar mujeres a la cita, para que al pobre camionero le fuera más fácil. ¿No es un asco?????????????

En el pueblo no hay gente así.

¿O será que no nos enteramos?

Te juro que estaba tan indignada, que decidí tomar el toro por las astas, o, mejor aún, a la esposa traicionada por los cuernos. Lo lamento por el Empanada, pero me parece que la pobre tiene que saber la verdad de todo.

¿O no?

¿Vos qué harías?

Si fueras ella, (Dios te libre y te guarde), ¿te gustaría saber que tu pareja se acostó con un tipo, cualquiera fuera la razón?

Por las dudas, decidí esconder el celular detrás de “El periquillo sarniento”. Nadie lo lee. Mil páginas al pedo.

Para cuando llegó, mi jefecito tuvo una linda sorpresa. Lejos de estar sentada detrás de la pila de libros acumulada en mi escritorio, como él esperaba, (me había amenazado con una nueva sanción en caso de que no terminara antes de las cuatro), me encontró muy cómoda, apoltronada en su lugar, mientras me mandaba una de las Oreo que esconde en su cajón.

¡No sabés cómo se puso al verme! Pero yo, tranquila, le pedí que me explicara el motivo de la primera sanción que me había puesto. Insistió con eso de los cinco minutos. Yo no se lo discutí. En cambio, bien mancita, maullé: “¿Qué hora es, señor jefe?”

El tipo me miró con desconfianza, pero igual me respondió. Le pregunté si esa hora coincidía con la del reloj de la pared, y me dijo que sí. Y ahí, sin enojarme ni putear, levanté el tubo y marqué el 113, que acá en la Argentina da la hora.

¡Oh, casualidad! Ambos relojes estaban diez minutos adelantados.

¡Quién iba a pensarlo!

El muy cretino me dijo que daba igual, que era su palabra contra la mía, y que como él era el jefe, la mía no valía un carajo. Le respondí que, ya que era el jefe, lo que había hecho la tarde anterior podía caratularse como acoso. Otra vez se burló de mí, con eso de que nadie me iba a creer...

¡Para qué! Me hice la que hablaba por mi celular, mientras lo miraba con sorna.

“¿Pudiste grabar todo, Juampi?”, dije al aire, con tono de espía internacional.

¡Aurelito se puso como loco! Me arrancó el teléfono y lo tiró por los aires, (¡pobrecito mi teléfono, que, a pesar de la puerta faltante, la antena, y la tecla send, todavía estaba bastante bueno!)

¡Cómo lo gasté a Aurelio! Entre carcajadas le dije que Juampi y yo éramos novios, (¡OJALÁ!), y que él ya había grabado todo.

¡Hubiera sido hermoso, de ser cierto! Pero la verdad es que, como vos bien sabés, no cuento con ninguna ayuda, ya sea humana, o tecnológica. ¿Con qué mierda podía grabar a mi jefe, si no era con mentiras?

Por fortuna se lo creyó. Acordó levantarme la sanción, a cambio de que no se volviera a mencionar el incidente de la toqueteada. Pero yo no me conformé con eso. Ahora que el muy estúpido había borrado todas esas fichas, había muchísimo trabajo para hacer. Y, por supuesto, yo no pensaba hacerlo. El ganarme el pan con el sudor de mi frente no forma parte de la descripción de mis tareas en la biblioteca, así que decidí mencionar el celular faltante, y lo que había escuchado.

No pienses que eso es un chantaje, porque es...

Un chantaje.

¡Creí que me mataba! Por fortuna ahí sí que tuve ayuda, (don Miguel de Cervantes Saavedra, que, manco y todo, vino en mi auxilio con su voluminoso Quijote) No llegué a usarlo, pero las ganas no me faltaron.

Así que como me daba paja mudar los libros de escritorio, decidí quedarme donde estaba, hasta comerme el final del paquete de galletitas, mientras el estúpido hacía mi tarea.

¿Es lícito chantajear a un chantajeador?

Creo que sí. Estoy orgullosa, y espero cien años de perdón.

Claro que, por las dudas, no pienso ir a confesarme hasta la Navidad. ¡Para entonces veré!

De lo que sí estoy segura, es que a partir de ahora no me va a ser nadddddddddddd

What a

¿Es

¿Es

¡A qué no sabés quién me parece que

¡SíIIIIIIIIIIIIIIIIIII

Chau

Ifi

(Mañana te cuento)

miércoles 14 de mayo de 2008

La historia de Ifi

Descubriendo el Uraba


Ya está, Pachi. Ya fue. Estoy harta de sus mentiras. Tanto hacerse el gay, tanto joder, y al final me metió mano. ¡Ah!, pero eso sí: me encargué de que todo el peso de la ley cayera sobre él. Y no es que lo haya denunciado por acosador, aunque bien se lo merecia, sino que acabo de darle con el Código Penal en sus partes pudendas. Y te juro que el Código Penal argentino, si bien es poco usado por nuestra justicia, es una de los libros más voluminosos de toda la biblioteca.

Y ahora ahí está, el muy “bi”, revolcándose en el piso de dolor.

¡Se lo merece!

Y si llega a intentar acercarse de nuevo, tengo preparado un ejemplar del Quijote en un solo tomo, que también tiene lo suyo.

Pero como no hay mal que por bien no venga, dado que Aurelio ha sido neutralizado, voy a poder contarte lo que falta de mi historia con lujo de detalles, y sin parar hasta que acabe.

Bueno Pachi, como te decía ayer: ahí mismo le escupí al Bruto que lo había visto aquella tarde con mi profesor.

¡Se puso como loco al oirme! Me contó que esa maldita tarde se había echado a dormir, cansado de tanto manejar, (=conducir), y que al despertarse tenía el tipo encima. Que, sorprendido y adormilado, sólo había atinado a espantarlo...

(Eso, la verdad, puede ser, porque al ver que se besaban, me impresioné tanto, que en seguida huí despavorida)

Que habiéndoselo sacado de encima, mi profesor no había encontrado mejor justificativo para su actitud que decir que, (¡cazá ésta!), como yo estaba siempre con Ine, estaba convencido que... ¡éramos pareja!, y que el único motivo que había tenido para forzar esa excursión había sido... ¡presentarle a Juampi!

¡¿Qué pasa con esta gente?!!!!!!!!!

Porque, puede ser que el idiota de Medieval sea gay, pero además debe ser ciego y estúpido, tanto, como para ignorar la forma indecente en que yo me derretía ante él.

¿Será mi profesor también “bi”, como Aurelio, y habrá intentado jugar a dos puntas?

¿O, lo más probable, Juampi se mandó cualquiera, para despistar?

Por las dudas, también le pedí que me aclarara lo que le había gritado a la vecina. Me contó que esa noche, (la de mi insolación), la muy chusma le había preguntado, con una sonrisita cínica, si íbamos a pasar la noche juntos, y él había respondido en consecuencia.

Eso me resulta más verosimil, porque, de verdad, mi vecina es una metida, y yo también suelo decirle cualquier pavada para sacármela de encima. Es más, los dos primeros meses que viví en el edificio, me las ingenié para no hablarle. La convencí de que era una religiosa, y que había hecho votos de silencio.

¡Qué querés que te diga, Pachi! A mí la historia del beso no me cerraba del todo, así que insistí: “¿Estás seguro? ¿Estás seguro que te gustan las mujeres?”

¿No es una pregunta medio inapropiada para hacerle a un tipo, justo en el preciso momento en que te sostiene desnuda sobre él?

Juampi debió haber pensado eso, porque de inmediato volvió a hablar despacito, entre dientes, con el mismo tono que había usado antes, mezcla de horror y desesperación.

“Vos seguí sacudiéndote así, Ifi”, me dijo, “que te vas a dar cuenta solita de mis preferencias”

¡Guau!

¡RE GUAU!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Y ahí entendí que yo puedo hacerme mucho la superada, puedo decir barbaridades respecto a perder mi virginidad, puedo fantasear todo el día..., pero en el fondo de mi corazón sigo siendo la misma chiquita asustada que le dio su primer beso al más nerd de la clase, un millón de años atrás.

¡Qué bajón, Pachi! Me avergüenza contarte esto, pero al escucharlo... me asusté.

Me re asusté.

Es decir, ahí estaba yo, casi desnuda, arriba del tipo que más me gusta en este mundo, mientras él me decía que comenzaba a excitarse conmigo.

Me asusté, Pachi. Me re asusté.

Y si cuando estoy tranquila hago una y mil pavadas, ¡imaginate cuando me domina el terror!

Ridiculamente intenté escapar. ¡Escapar!

¿Adónde? Si estábamos más atados que el matambre que mamá hace para Navidad.

¿Adónde? Si mi corazón se moría de amor de sólo pensar que él también podía sentir cosas por mí.

¿Adónde? Si de repente me latían partes del cuerpo que ni siquiera estaba al tanto que tenía.

Suena romántico, ¿no?

Pero no fue romántico, sino patético.

Y es que al escucharlo, yo, por única respuesta, proferí un grito de terror que dejó bien a las claras mi inexperiencia. Y espero que sólo haya dejado bien a las claras eso, porque si además delató mis sentimientos hacia Juampi, ¡ME MATO!

Para colmo, después de mi patético chillido, pegué un salto, que sólo sirvió para tumbar la silla, y empeorar nuestra situación. Tipo que ahora, además, el Bruto estaba encima mío, y me tocaba una lola.

Y en esa hermosa y cómoda pose, escuchamos el ruido del portón al abrirse.

¡Mi mala suerte es proverbial, Pachi!

Podría haber llegado cualquiera a rescatarnos: un policía, un vecino, Ine..., hasta la misma Luz. ¡Cualquiera! ¡Pero no! Tenía que ser el marido de Luz... Sí, el padre de Juampi... El dueño del galpón, que nos miraba con ojos exaltados, y no podía eslabonar una frase.

“¿Qué es...?”

“¿Cómo fue qué...?”

“¿Qué pasó con...?”

Y al acercarse y reconocerme, la cosa empeoró:

“Ifi, ¿sos...?”

“¿Qué hacés vos...?”

“¿Cómo terminaron...?”

Creí que le iba a dar un infarto.

Juampi, por supuesto, intentó explicarle rápido lo ocurrido, mientras su papá nos desataba.

Pero el pobre hombre seguía sin entender. Así que procedió a hacerme el más ridículo de los interrogatorios. Es decir, lo ridículo fueron mis respuestas, porque tampoco yo podía salir del shock.

“¿Viniste con Ine?”, preguntó por romper el hielo, tratando de decodificar mi presencia en el lugar.

“No. Vine a ver a Juampi”

“¡¿A Juampi?!”, preguntó horrorizado, mientras miraba a su hijo con desconfianza.

“Quería consultarme algo sobre Ine”, se apuró a corregir el Bruto.

Y entonces ahí vino la pregunta tan temida:

“¿El ladrón te hizo desvestir, Ifi?”

“No, el vestido me lo había sacado antes”, respondí, como una idiota.

¡¿No soy la reina de las boludas?!!!!!!!!!!!!!!

¡No sabés la cara que puso Juampi al escucharme!

¡Y el padre!!!!!!!!!!

¿Creés que por eso me quedé callada? ¡No!!!!! Por supuesto en seguida intenté arreglar la estupidez que había dicho. ¡Y entonces sí que la embarré!

“No, pero está todo bien... No me lo saqué por nada malo, eh... Lo que pasa es que antes Juampi era gay, y no le gustaban las mujeres, así que le daba lo mismo”

Decime, Pachi, ¡¿por qué mierda tuve que decir eso?!!!!!!!!!

¡Todavía no lo puedo creer!

¡Con tanta pobre gente que nace muda, ¿justo yo tenía que poder hablar?!

A partir de entonces, aunque ya era demasiado tarde, tuve el buen gusto de hacer silencio, mientras el Bruto hacía esfuerzos denodados por convencer a su padre de nuestra inocencia, (¡y de su hombría!!!!!!)

Sólo hablé a la hora de poner en claro que el problema del Torino estaba en el carburador.

¡Para qué!

Ahí sí que, al escucharme, Juampi se convirtió en el Bruto, y me gritó hasta quedarse ronco.

Al final de todo, el papá decidió no ahondar más en el asunto. La historia de su hijo, aunque verídica, sonaba bastante increible. (¡Igualito que la historia del beso con el profesor!)

Lo cierto es que el padre no se contentó con hacerme vestir de inmediato, sino que además me acompañó derechito a casa. Durante el viaje los tres permanecimos mudos, y sólo al despedirse de mí, el pobre hombre sugirió que no le contáramos a nadie de nuestra aventura.

Ahora, Pachi, de aquella despedida ya pasaron cinco días.

Juampi no ha vuelto a comunicarse conmigo, y estoy DESESPERADA.

Porque esa misma noche, recordando todo en mi cama, me cayó la ficha:

Si el Bruto no es gay...

Si durante todo este tiempo estuvimos así de juntos...

Si hasta pasó, no una, sino varias noches conmigo, los dos solos...

Si fuimos los mejores amigos...

Y nunca pasó nada.

Eso significa que sólo fuimos, somos y seremos... ¡amigos!

Que a él no le interesa nada más. Y que si accedió a ayudarme todo este tiempo, si me presentó pibes, si me preparó la sopita cuando estaba enferma, es sólo porque para él no soy más que una especie de hermanita menor. Como Ine.

Ayyyyyyyyyyyyyyyyyy.

Es cierto, la otra tarde descubrió, (quizás por primera vez), que, además de ser buena piba, tengo culo y tetas. Pero no lo suficientemente hermosos como para tentarlo a ser mi novio. Después de todo a él le sobran las minitas. Y mejores que yo, por cierto...

Ay, Pachi... Ya volví a bajonearme.

Estoy destrozada... (No tanto como Aurelio, que sigue retorciéndose en el piso)

Porque sé que si yo le pidiera el favor al Bruto, él no dudaría en liberarme de mi virginidad. Pero, la verdad, eso ya no me importa. Porque aunque sea la más tonta y ridícula del planeta... Aunque todos piensen que no soy más que una provinciana patética... Aunque parezca una heroína de telenovela...

La verdad es que lo quiero, Pachi...

Lo re quiero.

Y ya no me conformo sólo con la sopa.

Además necesito que me acompañe a tomarla.

Ay, Pachi...

¡Ayyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy!

lunes 12 de mayo de 2008

La historia de Ifi

Interruptus

Pachi:

No creas que ayer te corté por hacer suspenso, porque a mí cada interrupción me duele más que a vos. ¡Me muero por contarte!, pero últimamente mi jefe me tiene loca. A estas alturas ya no me queda claro si el muy idiota es “bi”, (bisexual), o se está haciendo el “vi”, (el vivo) Lo cierto es que con cualquier excusa me anda tocando. Como sea, Aurelio no me cae para nada bien, y después de todas sus advertencias acerca de Juampi, no quiero darle el gusto de que me vea llorar por él.

¡Ay, Pachi!, mi vida es un desastre... Pero dejá que te siga contando, así podés juzgar por vos misma. Aprovechemos ahora que Manotas recibió una llamada de su camionero, y se fue.

Imaginate la escena, Pachi: el Bruto debajo de mí, y yo, histérica y en pelotas, a los saltos. Estaba tan asustada, que gritaba como loca para que alguien nos rescatara, mientras me sacudía sobre él.

Al principio Juampi se quedó inmóvil por un buen rato, y después, muy despacito, empezó a repetir: “Pará, pendeja”

¿Tendría que haberme dado cuenta, no?

Digo, por el tono en que lo hizo, mezcla de desesperación y súplica.

“Pará, pendeja”, repetía una y otra vez, debajo de mí. Pero yo, nada...

¿No soy pelotuda?

Yo seguía como si tal cosa, golpeando mi voluminoso trasero contra sus piernas. Sacudiendo mis lolas, meciéndome, corcoveando de susto.

Y entonces escuché su grito enfurecido: “¡Pará, Ifi!... ¡Te lo pido por favor!”

“Bancatelá si te aplasto”, mugí con soberbia.

¿No soy boluda? ¡Yo creía que le resultaba pesada!

“Nena, soy un hombre, y vos estás en pelotas”, bramó, con la misma voz que había usado para alejar al chorro de mí. Un tono que, de verdad, daba miedo.

¿Pero acaso me detuve por eso???????? ¡No!, porque yo soy así, lenta para caer. Y además estaba re pirada por la situación, y re enojada con él, que se empeñaba siempre en ocultar todo: lo suyo con Empanada, nuestra amistad, ¡todo!

Tan enojada estaba, que le grité: “¡Cortala vos, nene! Conmigo no te hagas el machito. ¿Acaso te crees que no sé tu historia con José Luis, tu amiguito grasoso?”

Te juro que, al escucharme, Juampi empalideció. Es decir, yo no lo vi, porque estaba detrás de mí, (o más bien, debajo de mí), pero pude sentirlo.

“¿Quién te dijo?”, preguntó, electrizado. “Seguro que fue el camionero ese, el amigo de tu jefe... Flor de puto tu jefe”

Y ahí todo ocupó su lugar.

“Ah... Así que el Empanada, y el amigo de Aurelio, fueron amantes”, reflexioné en voz alta. “¡Por eso se pelearon el otro día en el bar!”

¡Para qué! ¡No sabés el grito que pegó el Bruto!

“¡¿Qué decís, pendeja?! ¡¿Te crees que José Luis también es puto?!

¡Guau!

No te puedo decir todas las cosas que cruzaron en ese instante por mi mente.

Ese “también” era una confesión tan explícita, como innegable. Y, lo peor, el pobre Empanada no era el pervertidor, sino un simple heterosexual que, como yo, transitaba por un mundo extraño y resbaloso, tratando de sobrevivir.

“No entiendo”, me rendí por fin. “¿Cuál es la relación de tu amigo con el amigo de mi amigo?”, pregunté en un exceso de claridad, propia de mi condición de universitaria.

“José Luis se encama con la mujer del camionero. Es más, no sólo se encama... ¡Está enamorado! Pero ella lo usa para darle celos al marido... ¡Y eso que, me juego, el tipo se acuesta con otra mina! ¡Y seguro que el gay de tu jefe sabe todo, y lo tapa!”

¡Vaya si Aurelio sabe todo!, pensé divertida. Pero me callé. Un poco porque esa no era mi historia, y otro poco porque tanto desencuentro entre los sexos me resulta patético. Pero, sobre todo, porque ya estaba suficientemente desesperada con mi situación, como para ocuparme de la de otros.

Así que, después de tamaña revelación, volví a las andadas. Es decir, a las sacudidas.

“¡Basta de hacer eso, por favor! Decime, pendeja..., ¿vos no te das cuenta que estás arriba mío, y en pelotas?”

No, no me daba cuenta de eso, ni de nada.

¡Me quería morir!

Pero como no lo hice, y, en cambio persistí con los saltitos, el Bruto no tardó en perder la paciencia.

“Mirá, nena...”, se enojó por fin. “Lo único que me falta es tener que aguantar a una mujer desnuda bailando en mi falda, mientras estoy atado”

“¿Por qué? ¿Te doy asco?”, grité enfurecida. Y al decirlo, te juro que casi me pongo a llorar de la bronca y la decepción que tenía.

Pero la reacción de él me dejó muda: no me chilló ni un poquito. Ni siquiera parecía estar enojado por mi tono... Más bien..., resignado.

“No, pendeja, no me das asco”, dijo de una manera que daba lástima.

Pero yo, en vez de conmoverme con su súplica, aproveché para escupirle mi rabia y mi rencor.

“¡¿Estás seguro?! ¡Vamos, Juampi! ¡Conmigo no tenés que gastarte en mentir! Sé muy bien cuales son tus gustos”

Tardó un ratito en contestar, como si no entendiera.

“¿Qué mierda querés decir con eso, pendeja?”

“Que a mí no necesitás mentirme más. Que hace rato me di cuenta que sos gay”

Al escucharme, el Bruto pegó un salto que, a pesar de estar atados re apretaditos, casi me tira al piso.

“¡¿Qué decís pendeja?! ¡Te re fumaste!”

Su reacción fue tan violenta, que me asusté.

“Te vi con mi profesor”, llegué a susurrar antes que

Ay, ahí vino Aurelio.

Chau

***

miércoles 7 de mayo de 2008

La historia de Ifi

Mecánica ligera

Pachi, Pachi...

Me acuerdo perfectamente dónde quedamos la última vez que te escribí, porque te juro que todavía me estremezco al recordar el frío del arma en mis costillas. Es decir, ahora me estremezco, porque entonces estaba tan en otra cosa, que cuando el tipo me exigió que saliera así como estaba, lo único que me preocupó fue recordar si me había puesto ropa interior decente. Y no me refiero con eso a unas bragas de abuelita, sino a un conjuntito como el que por fortuna llevaba, de encaje, blanco impoluto, y con costuras intactas. Un verdadero milagro, porque en general mis prendas íntimas suelen estar descosidas, rotas o decoloradas, (ni te cuento cuando me quedo sin bombachas limpias, y recurro a la parte baja de una bikini o a un shortcito)

¡Con un chumbo en mis costillas, y yo, preocupada por eso! Ni por mi vida, ni por mi honor, sino por la estética.

Y es que soy así, ¿viste?, tardo en caer...

Pero ni bien el tipo me arrastró afuera y vi la cara de horror del Bruto..., ¡sí que me espanté!

La verdad, la situación lo ameritaba. El pibe, (el chorro), no parecía mayor de dieciocho, y era obvio que estaba más asustado que yo. Y, para colmo, cada vez que hablaba se ponía a gesticular, sin soltar el chumbo, meneando ese maldito artefacto de un lado para el otro. ¡Más peligroso que mono con navaja!

Él, (el Bruto, ¿quién otro iba a ser?), trataba de calmarlo. Le hablaba despacito, como si fuera el terapeuta y estuvieran en sesión. ¡No sé de dónde sacó tanta tranquilidad! Se portó fabuloso, y sólo se enojó cuando el chorro me dijo algo tipo: “Ay, mamita, que buen culo tenés...”

“Con la pendeja no jodas”, le escupió. “Ni vos ni yo queremos que esto se complique, así que mejor no jodas”

¡No sabés cómo se lo dijo! ¡Daba miedo!...

¡Miralo vos, al Bruto!

¡Guau!

Cuestión que el chorro la emprendió con los bolsillos de Juampi. Le sacó trescientos pesos, y un celular divino, con cámara y MP4, refinito... El problema es que después intentó continuar con mi cartera. ¡Qué bajón! ¡Debo ser la única persona del mundo que hace papelones hasta cuando la afanan! Sí, porque ni bien abrió el cierre de mi bolsito, saltó una toallita higiénica, y millones de pañuelitos descartables usados, (porque yo respeto el medio ambiente, y jamás tiro al piso nada que no sea biodegradable), y tres pesos con veinticinco centavos.

“¡Tres pesos!”, gritó el tipo ofendido. “¡Hasta yo salgo con más plata que eso!”

“Es fin de mes”, me disculpé.

Pero el tipo no me tuvo ni medio de lástima, porque la emprendió con mi celular.

Y ahí sí que me ruboricé.

Es decir, si ignorás la cinta adhesiva, la puertita faltante, y la antena que desapareció el día de la insolación, el aparato está bastante... hecho mierda. ¡Pero al menos anda! ¡Tampoco era como para que lo tirara de esa forma al suelo, al grito de “¡Qué porquería!”

¡Qué bajón!!!!!!!!!

Después buscó en unos cajones, pero de verdad ahí no había nada de nada.

Entonces le ordenó a Juampi que se sentara en una silla medio rotosa, y a mí... ¡arriba suyo!!!!!!!!!!!

Yo intenté protestar con calma, (tipo: ¡Ni en joda me pongo en pelotas sobre él!), pero el chorro no me hizo caso, y me empujó sobre el Bruto.

Una vez los dos sentados, nos obligó a tirar los brazos para atrás, y los ató en el respaldo. Después enredó el mismo cable en nuestros cuerpos y nuestros pies, con lo cual ya parecíamos un matambre arrollado, de esos que cocina mi mamá para la Navidad.

¿Sabés qué pensaba en ese momento? Que, así en pelotas, se me debían notar todos los rollos.

¿No estoy para atrás con eso de la gordura?!!!!!!!!!!!

Imaginate, yo ahí, en pelotas, y más cerca del Bruto de lo que había estado nunca, con un tipo apuntándome, y en lo único en que podía pensar era en la gordura. ¡Y en comida!!!!!!!! Sí, aunque parezca un contrasentido, además pensaba que iban a tardar horas en rescatarnos, y que la panza ya me estaba haciendo ruido.

¿No estoy para atrás?????

Demás está decirte que, una vez atados, el chorro intentó robarse el Torino del padre de Juampi. Y, recontra demás está decirte, que el auto no arrancó.

“No le anda el carburador”, me disculpé, como si yo fuera la vendedora, y el pibe, un cliente insatisfecho.

“No es el carburador”, murmuró Juampi enojado, desde detrás de mí.

¡Qué cabezadura!!!!!!!!

Cuestión que en menos de cinco minutos el ratero ya era historia.

Y entonces entré en pánico. No sé, me puse como

Ay, Pachi, disculpá, pero el idiota de Aurelio me anda rondando, y yo no quiero que se entere de la forma horrorosa en que el Bruto me partió el corazón.

Cuando se vaya la sigo.

O mañana.

Chau

lunes 5 de mayo de 2008

La historia de Ifi

Charros, chorros y otras yerbas

¿Por dónde había dejado, Pachi? Ah, sí...

Me re latía el corazón.

Yo estaba paradita ahí, delante de esa puerta inmensa. Tras ella, el Bruto y sus secretos.

Y entonces, después de tanto valor, me agarró una cosa de cobardía que... Te juro que ya no tenía fuerzas para nada...

Pero estaba ahí, y me había puesto mis mejores galas, y...

Cuestión que cerré los ojos y golpeé. Si, cerré los ojos, como una tarada, y le di todo el envión a mi puño. Pero en vez de chocarme con el metal duro, golpeé contra algo blando.

¡La cara del Bruto! Sí, el pobrecito había sentido ruido, y al ver que era yo, se había apurado a abrir. ¡Pobre bombón!!!!!!!!! ¡Le di una piña!!!!!!

“¿Qué hacés, pendeja?”, preguntó, mirándome como si hubiera bajado de un plato volador.

¿Podés creer que me quedé muda?

Un poco porque me había quedado sin aire de tanto correr, (o similar), y otro poco porque siempre es impactante tenerlo tan cerca. ¡No sabés! Estaba re lindo. Tenía una camisa ajustada y una mancha de grasa en la puntita de la nariz. ¡Pero hasta así se veía bien! ... Y eso que yo, como buena hija de mecánico, odio los hombres cubiertos de grasa. Pero Juampi es la excepción.

“¿Qué hacés, pendeja?”, insistió ante mi silencio. Y, la verdad, no lo dijo de buena manera. Era como si estuviera molesto por mi presencia ahí... No, no molesto, sino incómodo. Como si me debiera algo, y yo hubiera ido a cobrar. ¡Y de verdad me debía!... Al menos una explicación.

“¿Por qué te desapareciste?”, le eché en cara ni bien logré reaccionar. “Dijiste que me ibas a llamar, y...”

“Estuve con José Luis”, (ese es el alias del Empanada)

¡Dale, boludo, mirá si no iba a saber!

La verdad es que me bastó escuchar el nombre de mi rival para aterrizar de inmediato.

¿Que mierda estaba haciendo yo ahí? ¿Qué más necesitaba? ¿Un certificado extendido por el rey de los putos?

Así que ahí estábamos los dos, solos en ese lugar inmenso, él con su camisa ajustada, yo con mi vestidito corto, jóvenes, lindos, sensuales... ¡Y PELEANDO!

Sí, porque enseguida empezamos a pelear. Juampi estaba empeñado en que yo me fuera, y yo, demás está decirte, en quedarme. Por supuesto me quedé. El Bruto, como la hermana, es re flojito. Claro que no lloró como ella, pero tampoco pudo conmigo...

Cuestión que cuando vio que la cosa iba en serio, se re chivó, y volvió a sumergirse en su trabajo, sin dirigirme la palabra. Y cuando digo “sumergirse” no estoy jodiendo. Literalmente estaba metido adentro del motor del Torino del padre, y cada vez que se inclinaba parecía que el auto se lo iba a tragar.

¿Sabías que Juampi tiene un culo hermoso? La verdad nunca antes había mirado eso en un hombre, pero el de él es... distinto.

Y ahí estaba yo, como una idiota, mirando y suspirando. Y me decía a mi misma que el problema no era que el Bruto tuviera un culo apretadito y redondo, sino que ese lindo culo estaba manchado por la grasa de las manos del Empanada.

Sob... Sob..., (ese es el sonido de las lágrimas en las historietas)

Él, un dulce, seguía re enojado y mudo...

Y yo, por supuesto, más muda que él.

Cuestión que el único que exponía su punto de vista era el Torino, que tosía y tosía, justo como me enseñó mi viejo que hacen los autos cuando le falla el carburador.

“Es el carburador”, pontifiqué desde las sombras.

Juampi me miró. (¡Cómo me miró!!!!!!!! Despacito y de arriba para abajo. ¡Te juro que sentí que me moría!)

“El carburador es nuevo”, dijo con enojo. “Y porque sea la única pieza que conocés, no quiere decir que sea justo la que no anda”

¡¿No es un dulce?!

Es decir, el comentario era machista y estúpido, y lo dijo con bronca, pero en sus labios te juro que sonaba bien.

De pelear por el carburador, pasamos rápidamente a hacerlo por el asunto de Ine y Borges, (como ves, la ilación del discurso fue un poco errática, pero se entiende: los ingenieros no estudian lógica, y yo no estaba demasiado cuerda)

¿Podés creer que Juampi seguía empecinado en no hablar con Ine?

Se negaba a blanquear nuestra amistad, como si hubiera algo de malo en ella. ¿Raro, no?

Cuestión que yo estaba tan caliente, que le terminé mandando una puteada de esas que hacen historia. ¡No sabés cómo se puso! Empezó a gritar que era una maleducada, y que si insistía en hablar así, iba a ser él mismo el que me lavara la boca con jabón.

“¿Vos y cuántos más?”, le respondí, desafiante.

¡Y ahí se armó!

Si te voy a ser sincera, no sé muy bien que se proponía. Quizás era echarme, o quizás lavarme la boca, pero empezamos a forcejear.

Un consejo: no es bueno jugar de manos con un pibe que te gusta, así sea gay, machito o similar...

Bueno... Juampi es mucho más grande que yo, y además es Juampi, así que terminó agarrándome bien fuerte de la cintura, mientras yo seguía pateando. Sólo después de un rato me calmé. Durante unos minutos nos quedamos quietos, y entonces, no sé que le pasó, pero me dejó tranquila, y, cualquiera que hubieran sido sus intenciones previas, las olvidó.

Yo estaba más muerta que viva, (muerta de amor, se entiende) Sí, definitivamente pelear no había sido una buena idea.

Para cuando me calmé, me di cuenta que mi lindo solerito azul eléctrico estaba todo manchado de grasa. ¡Re manchado! ¡Un bajón! Entonces Juampi, que me sintió puteando otra vez, sin pedir permiso empezó a rociarme con uno de esos aerosoles que se supone limpian la grasa, pero que en realidad primero te mojan, y después se convierte en un polvo blanco que, fija, deja aureola. Dicho y hecho, a los diez minutos era como si estuviera nevando.

¡Mi solerita!!!!!! ¡Mi única solerita!!!!!!!

Traté de sacarme ese polvo maldito, pero fue inútil. Sobre todo atrás, que la mano no me llegaba. Y, por supuesto, el Bruto se negaba a ayudarme, porque dijo que, si bien me merecía una buena sacudida, él era incapaz de pegarle a una mujer.

Después de intentar quitarme esa porquería de desmanchador por un buen rato, finalmente le pedí de pasar al baño. Me saqué el solero, y empecé a mojarlo. Prefería hacer el ridículo de volverme empapada, antes que mi lindo modelito de ciento veinte pesos se echara a perder.

Y estaba yo ahí, en pelotas, en ese bañito miserable, (bueno, en realidad estaba en corpiño y bombacha, o sostén y braga, si más te gusta), cuando alguien empezó a forcejear con la puerta.

Al principio pensé que era el Bruto, que venía por más, así que le mandé una puteada peor que la anterior. Pero después me di cuenta que él no podía ser...

Te diría que lo supe por la urgencia y la furia de los azotes en la madera. Pero no. Fue porque cuando finalmente la puerta se abrió, apareció un tipo con un chumbo. ¡Y me estaba apuntando!!!!!!!!!! (chumbo=pistola=revólver)

¡Claro que no era Juampi!

¡Era un chorro!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Sí, un ladrón había entrado para afanarnos... (o robarnos, o como te guste decirle)

¡UN CHORRO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Ay, esto ya es una maldición. Me están pidiendo la Historia Argentina más corta que tenga. Cualquiera da lo mismo, porque si por algo nos caracterizamos los argentinos, es por no tener memoria, pero igual te tengo que dejar.

Sigo mañana.

Chau

P.D1: Obviamente sobreviví al chorro, (esto te lo digo para que no me acuses de hacer suspenso)

P.D2: Obviamente no sobreviví al Bruto, que terminó partiéndome el corazón.

sábado 3 de mayo de 2008

La historia de Ifi

¡Ay!!!!!!!!!!!!!!!!

¿Por dónde empiezo?

Estoy como loca, Pachi... ¡No sabés! ¡Me quiero morir!!!!!!!!!!

No, de verdad no sabés...

¡Me RE quiero morir!!!!

El corazón me late a mil, te juro...

Pero esperá, que voy por partes.

Como ya te conté, ayer había decidido enfrentar al Bruto. Firmemente lo había decidido...

¡Ay!

Pero, a diferencia de la otra tarde, esta vez me tomé el tiempo suficiente como para ir a casa y cambiarme. No quería dar lástima, es decir, no podía permitir que, además de destruir mis ilusiones, encima Juampi me mirara con compasión.

Cuestión que fui a casa, ME PEINÉ, me puse un solerito con breteles anudados en los hombros, de esos que se usan ahora, igualitos a la pantalla de la lámpara de tu abuela, (abombados abajo y re cortitos), y unos zapatos puntudos, de diez centímetros.

De más está decirte que antes de salir me los cambié por unas sandalias azul eléctrico, con un taco chino que no subía más de tres, porque tampoco es cuestión de andar dando tumbos por la vida, ¿no te parece?

Igual, y a pesar de los zapatos, me veía re bien. ¡De verdad! ¡Super diosa!

Por supuesto me sentía incómoda y medio desnuda, pero me pareció que la situación ameritaba. Después de todo, ¿cuántas veces iba a perder al hombre de mi vida, y a mi mejor amigo, al mismo tiempo? Al menos me pareció justo que Juampi supiera lo que se estaba perdiendo.

Cuestión que me mandé directo para la casa. Ya no me importaba nada. Me daba lo mismo que todos se enteraran que éramos amigos. A esa altura estaba como loca, dispuesta a todo. Pero cuando ya casi llegaba, me tropecé con Edilma, la chica paraguaya que ayuda a Luz con la limpieza. Y cuando digo que tropecé, no pretendo hacerme la culta. ¡De verdad tropecé, (¡nos hicimos moco!), porque yo con esto de los tacos, (chinos, o de cualquier nacionalidad), no la voy!

¡Bendito sea el que inventó las All Stars!

La verdad es que nos chocamos tan fuerte, que, como la cenicienta, perdí un zapatito. Y ahí estaba yo, en medio de la calle, y descalza. Por supuesto, justo en ese preciso momento tuvo que pasar el vecino lindo de la tarde anterior, ¡Dios no permita que me vea hecha una diosa! Y es que, si te ponés a pensar, en menos de dos días el tipo ya me ha visto a los gritos, y chancleteando por la vida. ¡No hay derecho! Estoy segura que, con mi suerte, a partir de ahora voy a encontrarlo cada vez que esté haciendo el ridículo, (es decir más o menos todos los días)

“Ay, amiga, casi me sacás el ojo, que te digo”, se quejó Edilma, al reconocerme. Y ahí mismo aproveché para sonsacarle información. En realidad no necesité esmerarme demasiado porque a la muy atolondrada le encanta hablar. Yo ya la conozco. Cuando estudiaba en la casa, no era raro que se apareciera por la sala quejándose por no haber podido sacar una mancha en la bombacha de Ine, (la braga), o gritando porque Juampi había dejado sucio el inodoro, (el retrete) Para ella nunca había límites, y jamás se intimidaba. Lo que se dice una mujer discreta.

Y ahora su defecto me venía justo.

“¿Sabés dónde está... ?”, alcancé a preguntar. Y bastó sólo eso para que arrancara.

“La Ine se fue a la facultá con el novio ese que tiene después que se peliaron toda la tarde y la señora Luz se enojó porque no se tiene que andar gritando todo por ahí y a ella nadie le saca de la cabeza que vos sos inocente como un pajarito porque en la casa a nadie le gusta ese tipo que el Juampi le dice...”

¡Te juro! Habla así, sin puntos ni comas. Al fluir de la conciencia, como James Joyce, (¡lástima que la pobre sea una inconsciente!)

“¿Juampi estaba en la casa?”, pude intercalar con dificultad.

“Gracias a Dios que el Juampi no estaba porque anda como loco con los exámenes y el auto ese viejo que no sé para qué gastan tanta plata y el señor ya dijo que en cualquier momento se cansa y vende todo porque el Juampi nunca se ocupa y el otro día el señor quiso participar en una carrera de autos hechos mierda como ese y no pudo porque el Juampi le había roto y...”

“¿Entonces Juampi está en el galpón?”, pregunté ilusionada.

“Dijo que se iba para allá pero con ese chico nunca se sabe porque el otro día...”

Como te imaginarás, no esperé a que terminara. No me alcanzaron las piernas para correr las dos cuadras que me separaban del Bruto. Bueno, correr, lo que se dice correr, no corrí. Digamos que, tacos mediante, hice lo que pude.

¡Pero llegué!

Finalmente llegué.

Al galpón, y al final de esta carta, porque ya es re larga.

Eso sí, por favor no dejes de conectarte la próxima, porque me muero por contarte.

¡No sabés!

Todavía me late el corazón.

Besos

Ifi