lunes 30 de junio de 2008

La historia de Ifi

Cuatro entierros, y ninguna boda (primeros dos entierros)

Querida Pachi:

Ay!

¿Por dónde empiezo?

Ah, ya sé... Por el principio... Veamos:

“Breve cronología de las andanza de Ifigenia, el Bruto, y su jefe desalmado”

Día de ayer:

17,30 hs: Ifigenia comienza a escribir un mail a su amiga Pachi.

17,33 hs: Llega el estudiante pesado, renovando sus no solicitadas muestras de interés.

17,32 hs: (sí, ya sé que es un minuto antes, pero en una cronología hay que ser exactos) Aurelio queda flasheado por los músculos del pesado que está entrando a la biblioteca.

17,34 hs: Ifi se saca al pesado de encima, asignándole su atención a Aurelio.

17,343 hs: Aurelio ya tiene puesta una mano arriba del hombro del muchacho, y un ojo abajo de su cu trasero.

17,35 hs: Ifi retoma su comunicación epistolar con Pachi.

17,36 hs: Como lo ocurrido el día anterior, el pesado se pasa del otro lado del escritorio. Pero esta vez no es por voluntad propia, sino para protegerse del acoso no solicitado.

17,38 hs: El pesado ya está convencido que repetir el año no es lo peor que puede llegar a ocurrirle en la vida.

17,40 hs: Llega el Bruto.

17,40 hs: Ifigenia Pacheco se quiere morir.

17,40 hs: Aurelio se quiere matar.

17,40 hs: El pesado aprovecha la distracción general para huir, robándose un libro en su camino de salida.

17,42hs:Ayyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy.

Ay.

El Bruto me besó.

Te juro, Pachi. Fue así como te lo cuento. Minuto por minuto. Décima de segundo, por décima de segundo. Juampi simplemente llegó, me miró con una de esas sonrisitas que él hace, (y que sería capaz de convertir en humana hasta a la mismísima Hillary Clinton), me dijo: “Hola, mi amor. ¿Cómo estás?”.... ¡Y me dio un piquito!

No fue un beso tipo, ¡Guauuuuuuuu!, pero fue un beso...

¡Para qué te miento! A mí me hizo ¡Guauuuuuuuuu! Claro que tengo que reconocer que no era ese tipo de besos, sino algo más inocente. Pero un beso en la boca es...

Esperá... No me juzgues... ¿Vos te imaginás bien toda la situación? Yo estoy ahí, tranquila, escribiéndote, hablando con vos de bueyes perdidos, y de repente llega él.

Ya eso para mí es un re re guau.

Pero no contento con eso, el muy malvado me sonrió. ¡No tiene derecho!

Ya eso solo para mí es un re re re guau.

Pero encima me larga eso de “Hola, mi amor”

¡Mi amor!!!!!!!!!!!!! ¿Sabés cómo suena eso para mí?

Ya eso para mi en un recontra requete guau.

Y después se acerca, me ayuda a incorporarme, (¡porque yo estaba derretida en mi silla!), me arrastra hacia él, hacia su cuerpo, hacia su fuerza, y me da un piquito.

Ya eso para mí es un súper, recontra, requete, impensable GUAUUUUUUUUUUUU

En ese preciso momento, 17,42 de la tarde del día de ayer, me morí de amor.

Pero no era la única que necesitaba ser enterrada. También, por inexplicable que pudiera parecer, mi jefe tenía cara de fantasma. O de llevar más tiempo del debido en proceso de descomposición.

Yo, te juro, no entendía nada de nada.

Y entonces Juampi me mira con esa carita tramposa que pone a veces, y me larga un: “¿Por qué no le contás a tu jefe que fui yo el que te pedí que salieras con José Luis? Él piensa que me estabas metiendo los cuernos, y por eso me llamó ayer a mi casa.... Ahora yo me pregunto... ¿Cómo obtuvo tu jefe el número de mi casa? Porque dudo que vos se lo hayas dado”

¡Aurelio!

El muy turrito me había puesto en evidencia delante de mi novio, para vengarse. Bueno, no de mi novio, pero... Bueno, vos entendés... Porque vos y yo sabemos que entre el Bruto y yo nunca pasó nada, pero mi jefe, en cambio...

¡Qué hijo de su santa madrecita que resultó!

El muy idiota no sabía dónde esconderse. Pero Juampi, lejos de romperle la cara, (como se hubiera merecido), se limitó a explicarme a mí, pero mirándolo a él:

“Yo le dije al señor que vos eras incapaz de hacer nada a mis espaldas. Que como dos personas que se quieren bien, siempre nos contábamos todo. Que entre nosotros no había secretos”

Y entonces terminó la frase dirigiéndose hacia mi lado una mirada repleta de reproches.

“¿No es cierto, mi amor?”, concluyó.

¡Me quería morir!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Ahí el turrito de Aurelio comenzó a enredarse con las palabras. Dijo que sólo había querido advertirle porque el Empanada no le resultaba buena persona. Que ya lo había visto inmiscuirse en el matrimonio de su amigo camionero, y que no quería que a nosotros, que formábamos una parejita tan linda, nos ocurriera lo mismo.

Bueno, no voy a cargarte con todas las pelotudeces que tuve que escuchar. De hecho, por fortuna apenas las recuerdo, porque mientras él hablaba, el Bruto me tenía súper abrazada, lo cual se sentía súper rico.

Te juro que, entre el abrazo, y el pico, yo me sentía como a diez centímetros del suelo. Y así hubiera estado por el resto de la tarde, si al salir de la biblioteca Juampi no me hubiera bajado de un hondazo.

¡Literalmente!

¡No sabés cómo se enojó!!!!!!!!!!!!! ¡Estaba furioso! Y sólo se había mandado aquella pequeña parodia del novio feliz, para no darle el gusto a Aurelito.

¡Me dijo de todo!

Es más, te las voy a detallar, para no olvidar ninguna de las barbaridades que me escupió en medio de su furia.

barbaridad 1) que yo le había echado el ojo al Empanada desde un principio.

barbaridad 2) que yo lo estaba usando a él, (el Bruto), para levantarme tipos.

barbaridad 3) que ahora que sabía que tenía plata, seguro que el Empanada me gustaba un poco más.

barbaridad 4) que yo la estaba llevando por mal camino a su hermanita, propiciando las salidas con Piti, que era amigo mío.

barbaridad 5) que yo lo había engañado, haciéndome pasar por una buena piba que no era.

Me lo dijo todo tan de una.... Estaba tan enojado... Que... Que...

ufff....................................... me puse a llorar.

¡Odio cuando me pasa eso!

¡Odio cuando lloro, a pesar de que tengo razón!

Eran esas malditas veces en que mi viejo me dejaba ir adonde yo quería, a pesar que se había negado primero, y mis dulces hermanitos comenzaban a gritarme “Ahí va la llorona, ahí va la llorona”, cosa que me daba tanta furia, que al final terminaba no yendo a ningún lado.

Bueno, con el Bruto pasó como con mi viejo. Le bastó verme la primera lágrima, para que se deshiciera de inmediato. Me abrazó súper fuerte, me dijo “Pará, pendeja... Lo dije sólo por lastimarte”, y a mí se me hizo un agujerito en el corazón.

¡Odio llorar delante de un hombre!

¡Claro que quería que se retractara! Pero porque yo tenía la razón, no por lástima...

Como sea, ahí cambió todo su libreto, (¡y después dicen que las mujeres somos incoherentes!), y uno a uno fue desdiciéndose de cada barbaridad proferida.

Paso a detallar:

antibarbaridad 1) que fue el Empanada el que me echó el ojo a mí desde el primer día en que pisé la casa junto a Ine, (¡miralo al chico, que no le importa que una chica sea gorda y de lentes! ¡bien por él)

antibarbaridad 2) que el que me había sugerido de presentarme chicos era él, (el Bruto), y que yo había aceptado no muy convencida. (¡si él cree eso, no lo voy a desmentir!)

antibarbaridad 3) que él tiene re claro que a mí todas esas careteadas de la plata o la pinta, no me interesan, y que sólo miro a la gente por lo que tienen en su interior.

antibarbaridad 4) que yo propiciaba las salidas de Ine y Piti... Y, sí, la verdad es que las propicio. Pero de lo del mal camino se retractó.

antibarbaridad 5) que yo era la mejor piba que había conocido, y que sabía que las cosas las hacía por atolondrada, pero no por mala.

¿Cómo te tomarías un halago semejante?

¿No es un poco hiriente?

En el momento no lo pensé, porque yo me quedé en eso de que era la mejor piba que había conocido, porque eso incluía a su novia, y a todas las demás.

Ay!

Mañana te sigo contando.

Yo


miércoles 25 de junio de 2008

La historia de Ifi

Caras y Caretas

Pachi, amiga:

Estoy recontra indignada.

¿Tengo cara de pelotuda yo?

Primero fue el pendejo de la escuela de al lado. Se pasó la tarde en la biblioteca, meta insistirme para que lo ayudara. Pero el pibe no buscaba una referencia bibliográfica, sino una boluda que le hiciera el trabajo. Al mocoso ese ya lo tengo re visto. Es altísimo, lindo, simpático, musculoso.... Y tiene un cerebro de pajarito, que, a los diecinueve ya cumplidos, le impide pasar del quinto año del Liceo. ¡Qué gil de cuarta!

Semejante pichón, aprendiz de macho posmo, piensa que con una que otra sonrisita va a marearme lo suficiente como para sacar partido de mí.

¡Ja!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Por supuesto lo mandé a su casa con el libro más gordo que conseguí, y le di unas explicaciones tan complicadas, que creo que no sólo va a repetir el quinto, sino que lo van a degradar al cuarto año.

Pero el que un triste imberbe intentara conquistarme, (che, dale, imberbe figura en el diccionario, y quiere decir que no tiene barba), te decía, que un pendejo intentara abusar de mí, fue sólo la primera de mis desgracias. Porque recién, cuando al fin había logrado sacármelo de encima, (literalmente, porque el pibito, en medio de su entusiasmo, incluso se había pasado del otro lado del mostrador), comenzó a vibrar mi celular nuevo. ¡Pucha que vibra! (¿viste que dije pucha?; ¿no estoy más fina?)

Digo yo, ¿tanto vibración tendrá algún efecto adelgazante sobre mi trasero?

Como sea, era un mensaje de texto de un número raro, que decía: “Te voy a buscar a la biblioteca. Yo”

¡Yo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

¡¿Desde cuando esa empanada grasosa se volvió un “yo” en mi vida?!

Y no estoy entrando en honduras psicológicas, sino que, simplemente, ¿quién lo registra a este pibe???????????????????????????

Todo bien con el Empanada. Me encanta escucharlo. Él no es para nada como el marido de Carolina, una amiga mía del Blog, al que no se le puede sacar una palabra ni con grúa. Por el contrario, en tanto el tema de conversación sea Ine, José Luis se pone súper locuaz. Pero que compartamos muchas cosas, y que la pasemos re bien juntos, no le da derecho a ser “yo”, ¿no te parece?

Ahora, ni bien aparezca, lo voy a levantar en peso. Eso sí, lo voy a hacer suavecito, porque de lo contrario el pobre se asusta.

¿Sabés qué?, no es que no me guste charlar con José Luis. Pero justo hoy es el día menos adecuado para hacerlo, porque ayer me llamó Ine. Estuve consolándola hasta las tres de la mañana.

¡Pobre! La bocharon en el examen. (La bocharon = la hicieron puré) Estaba destruida porque es su primer bochazo en un final. Pero más que triste, estaba furibunda con Piti. Al principio yo no entendía muy bien el motivo, pero resulta que al chico le han ofrecido un puesto importantísimo en Chile, (¡sí!, el país) Justo antes de que ella entrara a rendir, él le vino, muy contento, con la noticia. ¡Y después mi amiga Caro se queja del marido!... ¡Este sí que es desconsiderado! Además, no es como que a Piti lo han contratado para salvar al mundo, o algo así. Ni siquiera es un trabajo jurídico. Es sólo una oportunidad para ganar un montón de plata, y pasarlo bomba, porque allá se va a codear con el top del top. Y ahora me vengo a enterar que a Piti esa careteada le re va. Parece que el pibito es súper re superficial, ¿qué bajonazo, no?

Lo que no pude entender demasiado, porque tampoco lo entendió Ine, es que mierda pretendía hacer él con la relación. Una cosa está clara: sus planes no incluyen un casamiento próximo, porque, cito: “soy demasiado joven para el compromiso”

Yo digo, cuándo se la llevó a Ine a la orilla del río, ¿qué cuernos pensaba? Porque cualquiera que está dos minutos con mi amiga del alma, se da cuenta en seguida que ella se toma las cosas muy en serio. No es una piba para la joda, o una transa rápida. Y si él le hubiera aclarado sus intenciones desde el principio, todo bien. Pero no. La re jugó de noviecito oficial. Al segundo día ya la había llevado al cumpleaños de la abuelita, presentándola a todos como su novia. ¿Entonces?!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

¿Qué? ¿Si un tipo no te dice expresamente que quiere algo serio con vos, se entiende que sólo se trata de una transa rápida, y si te he visto no me acuerdo? ¿Es por default la cosa?

¿No será que

Disculpá. Me duele la panza de tanto reírme... Cuando te corté antes, acababa de entrar el pendejito del colegio de al lado. De carambola Aurelio estaba cumpliendo su media hora de rigor, (¡sí!, porque como está peleado conmigo, se desaparece el resto de la jornada), por lo que no dudé en llamarlo para que atendiera al chico.¡Y vaya si lo está atendiendo!

Esperá... Ahí Aurelio le puso una mano encima. ¡Y no para pegarle, precisamente!... ¡La cara del pibe! Me imag

¡Me quiero morir, Pachi!

“Yo” no era él, sino ¡Yo!

Digo, él.

Digo...

El Bruto.

Mañana te cuento

lunes 23 de junio de 2008

La historia de Ifi

Un par de huevos de chocolate

Pachi:

Ayer estuve pensando toda la noche en algo que me escribió Rasia, una piba del Blog. Ella sostiene que no siempre el amor de tu vida es el hombre perfecto. Y, mal que me pese aceptarlo, tiene mucha razón. Vos te pasás una buena parte de tu existencia buscando un señor que cumpla ciertas condiciones. Y un día, silbando bajito, y como quien no quiere la cosa, se aparece él. No ese “puro músculo” con el que soñabas, sino “él”. Así, a secas... Ese tipo que te mueve el piso, más allá de toda razón y entendimiento. Y te das cuenta que es castaño, aunque a vos siempre te gustaron los rubios; que cree que cuando le hablás del director sueco Bergman, le estás mencionando a Birdman, el de los dibujitos animados (Beeeeerdman!!!!!!); que odia que digas palabras difíciles, ¡con lo que te costó aprenderlas! A mí me pasa eso con el Bruto. No tiene nada que ver con el hombre perfecto con el que yo soñaba. Es demasiado lindo para mi gusto, demasiado mujeriego, demasiado bruto. Pero me mueve el piso... Y cada vez que él se acerca, me quiero morir, y cada día que no lo veo, me quiero matar.

Ay, Pachi!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Esta tarde tuve una sorpresa.

Pero, la verdad, me pasó igualito que cuando yo era chiquita y mi mamá me compraba ese huevito de chocolate, que siempre anunciaba un juguete fabuloso en el interior, pero que cuando lo abrías te encontrabas con una cagada, perdón, una porquería, y para colmo re chiquita. ¡Y esa sí que era una sorpresa!... Digo, porque vos sabías a la perfección que ahí adentro una Barbi patinadora no podía caber, pero igual te ilusionabas.

Bueno, hoy a la tarde me sentí así. Esperaba a Kent, y recibí un G.I.Joe.

Te cuento:

Ni bien entré a la biblioteca, me recibió Aurelio, con cara de culo. “Llamó tu novio”, gruñó. “Dice que lo esperes, que te viene a buscar a la salida”

¡No sabés cómo me puse! “Mi novio”, por si no lo recordás, viene a ser el Bruto.

Las cuatro horas que pasé, mejor ni te las cuento. Mi cabeza comenzó a volar de una manera cruel, (¡no! si yo tendría que dedicarme a escribir novela erótica. No tendré mucha experiencia, ¡pero me sobra imaginación)

Si lo que dicen en la Iglesia es cierto, y se puede pecar al pensar, creo que hoy violé once de los diez Mandamientos. Tontamente me imaginé a Juampi llegando hasta mí, para confesarme lo mucho que me amaba. Creo que, como todo escritor que se precie, no fui del todo original con mis fantasías. Una buena parte del libreto se la robé al encuentro que tuvieron Ine y Piti a orillas del río. ¡Da igual! Claro que en mi imaginación nadie se preocupaba por los preservativos, (total, no hay forma de contagiarse por una mente desbocada)

Tengo la ligera sospecha que más de uno intentó comunicarse conmigo durante el transcurso de esas cuatro horas, y que yo sólo me limité a mirarlo con cara de pelotuda, así, tan fresca. (o mejor dicho: tan caliente)

Bueno, no te la hago más larga, que después me acusan de misteriosa. Por supuesto no fue el Bruto el que me vino a buscar, sino.. ¡el Empanada!

Él dijo que lo había hecho porque se sentía un poco solitario. Pero a mí nadie me quita de la cabeza que sólo fue a la Biblioteca para sacarle de mentira, verdad, a mi jefe. No te olvides que José Luis cree que, con el camionero, eran sólo amigos. ¡Si supiera!

Aurelio se sorprendió casi tanto como yo por la presencia de su rival. Y no le cayó para nada bien el que yo me anduviera mezclando con el amante de la mujer de su amante.

¡Qué complicado sonó eso, ¿no?!

¡No sabés las cosas que se dijeron! Pero, por fortuna, no pasaron a los puños.

Acabado el feroz interrogatorio cruzado entre ambos contendientes, José Luis me invitó a tomar algo. Fuimos a un lugar re lindo, en la zona más lujosa de Belgrano. Ni bien nos sentamos, lo primero que me suplicó fue que no mencionáramos a Juampi, porque no le parecía bien hablar del amigo a sus espaldas. Lo entendí de una. Lástima que el había hablado sólo del amigO, en masculino, porque por el resto de la velada se la pasó preguntándome por mi amigA, en femenino. Quería saber todo sobre Ine, y su relación con Piti.

¿Sabés lo que es increíble de este pibe?: lo buena persona que es. Porque no me preguntaba tanto como para conquistarla, o sacar ventaja. De verdad quería saber si ella era feliz, si el novio no la lastimaba, y eso. Lo mismo había hecho con la camionera. Parecía más preocupado porque las cosas le salieran bien en la vida, que porque la terminara viviendo a su lado. ¡Qué raro, ¿no?!

De verdad, el Empanada me parece un tipo súper generoso e inteligente. Además es muy interesante. Podrías pasarte toda la noche hablando de cine con él, porque sabe un montón. Es mucho más culto que Juampi, y cuando pasás esa gruesa capa de timidez que tiene, es re simpático. Un poco desesperado, pero re simpático.

¿Entonces por qué no me gusta ni un poquito?

Creo, en cambio, que si yo le pasara pelota, él aceptaría encantado. Pero no porque yo le guste, sino porque se ve que está súper solo, y que no le es nada fácil conocer gente.

Pero... si de verdad faltan hombres... ¿por qué un tipo como él está solo? ¿Será que los buenos, los sensibles, los interesantes, son algo así como el aire: están, pero no se ven?

¡Ay, Pachi!!!!!!!!!!!!!!!

Ya son más de las diez de la noche, y mis hormonas reclaman.

Mejor me voy a seguir soñando.

Ifi

P.D: Che, esos huevitos de chocolate eran re ricos, por cierto... ¿Todavía los harán?

¡Ahora voy, y me compro uno!

sábado 21 de junio de 2008

La historia de Ifi

Empanada criolla

La verdad, no sé que me pasa, Pachi.

No sé si son las hormonas, o qué, pero me doy cuenta que no estoy actuando en forma demasiado coherente: a veces creo que podría conformarme con pasar todas las noches de mi vida al lado del Bruto, sólo como dos buenos amigos, (que es lo único que él parece dispuesto a darme) Riendo juntos, criticando a todos, o simplemente sintiéndolo cerca. Pero otros días, como hoy, no me importaría perder todo eso, con tal que, aunque fuera una vez en la vida, me abrazara con pasión, me besara y me... Bueno, y me hiciera todas esas cosas que, sin haberlas probado nunca, comienzo a necesitar cada vez que lo tengo cerca.

Ayer me llamó el Empanada. Buen pibe. Y de verdad no es tan feo. Lamento que vos o alguna de las chicas del Blog no estén más cerca, porque se los presentaría con gusto. Es súper interesante, y aunque se nota que carece de experiencia con las mujeres, (la camionera fue su primera amante), se puede pasarla muy bien a su lado. Como yo, él también es del interior. Pero sus padres, a diferencia de lo que ocurre con los míos, son dueños de media provincia, y no dudarían en comprarle a su único hijito la otra mitad, si él se lo pidiera.

A pesar de eso, José Luis no es ni por asomo un pibe malcriado. Por el contrario, es re laburante, (=trabajador), sensato, y... ¡solitario!

Es raro, pero quizás porque fue al mismo colegio que el Bruto e Ine, tiene algún parecido con ellos. No me refiero a lo físico, pero de verdad que el chico es como una versión femenina de Ine: la misma timidez, igual sensibilidad... ¡El calco!

Y, por cierto, también comparte con ella la misma torpeza para dirigirse al sexo opuesto.

Ayer, cuando te corté tan abruptamente el mensaje, me tuvo dos horas al teléfono. Y te juro que a la hora y cincuenta y siete minutos todavía no podía adivinar el motivo de su llamado. Al final me invitó a tomar algo, y luego de los veinte minutos que le llevó hacerlo, todavía no podía adivinar el motivo de semejante convite.

Cuando llegué al bar, (¡y mirá que yo soy re puntual!), él ya llevaba más de media hora esperándome. Por supuesto, ni bien notó mi presencia se puso tan nervioso que, al pararse, por poco y no tira la silla. ¡Pobre! Me parecía verme a mí misma, cuando me mando una de esas. Te juro que de no haber estado yo tan relajada, no pasaban ni cinco minutos hasta que rompíamos todo el local con nuestras torpezas. Pero yo, a diferencia de lo que suele pasarme cuando está el Bruto presente, me sentía súper tranqui. Como si él fuera un amigo de toda la vida. Y es que me re hacía acordar a Ine. Los dos piensan igualito, y hablan muy parecido.

Ni bien pudo calmarse, lo primero que hizo el pobre pibe fue excusarse por el papelón de la otra noche.

“Juampi me dio tu teléfono. No quería, pero yo insistí. No creo que tampoco le guste demasiado la idea de que nos hayamos encontrado hoy, pero yo necesitaba pedirte perdón”

“¿Y por qué pensás que puede molestarle que vos y yo nos encontremos?”, pregunté, haciéndome la distraída.

“Porque odia que sus mundos se mezclen”

¿Qué pensás que quiso decir con eso?

Por cierto, no lo que yo esperaba.

Después, no sé cómo, pasamos el resto del tiempo hablando del Bruto. Ahora, pensándolo a la distancia, quizás fui yo un poquito la culpable de eso, porque últimamente estoy un tanto obsesionada. Pero lo cierto es que cuando ya llevábamos ahí un tiempo considerable, José Luis me miró fijo a los ojos, y me preguntó, así, sin anestesia:

“¿Tanto te gusta Juampi?”

¡Me quería morir!!!!!! ¿Será tan evidente?

Por supuesto me apuré a negarlo con vehemencia, sin por eso decir que no.

“¡Qué decís!”, chillé. “Que yo sepa, Juampi está de novio”

Una salida magistral de mi parte... que no lo engañó ni un poquito.

Así que ahí, y sólo para desviar el tema, como hago siempre, le largué un “al que a mí me parece que le gusta Ine, es a vos”

¡Pobrecito! Lo dejé más tambaleante que cuando se había tomado todo el vodka.

Te juro que yo lo había dicho sólo por despistar, ¡pero le recontra di en el clavo!

¡Mirá vos! Y no era algo reciente, por lo que pude sonsacarle después. Pero como estaba Juampi y toda su familia de por medio, el Empanada nunca había tenido el valor de arriesgarse... ¡Pobre!

Después me acompañó a casa. Se despidió sin mucha pompa, y ya había caminado media cuadra, (=calle), cuando veo que se da vuelta y corre de nuevo hasta mí.

¡Te juro que pensé que iba a besarme! Pero no. En vez de eso me dijo:

“Nunca le digas a Ine que...”

“¡Por supuesto!”, le contesté confiada.

“Yo tampoco le pienso contar nada a Juampi de lo tuyo”, concluyó.

Y ahí sí que me quedé muda.

¡Qué bajón!

Ya no engaño a nadie.

¿Sabés qué es lo peor? Luego de un larguísimo desierto sentimental, en los últimos meses, y vaya a saber uno por qué, he tenido un millón de oportunidades para enamorarme. Está bien, los demás candidatos dejaban bastante que desear. Pero José Luis es un pibe fabuloso. Sensible, sensato, razonablemente lindo e irrazonablemente rico, buena persona...

¿Qué más se puede pedir?

¡¿Y entonces por qué no se me movió ni un pelo cuando lo tuve cerca?!!!!!!!!!!!!!!!

¿Acaso porque no es Juampi?

¡Qué bajón!

Ifi

jueves 19 de junio de 2008

La historia de Ifi

Flor de gambeteada

Pachi:

Ayer estuve charlando con las chicas del Blog. Ellas piensan como yo, que un poquito al Bruto le gusto. ¡Y no son las únicas!

Ine me vino a buscar al trabajo. Aurelio intentó darle charla, porque me parece que ese cerdo está buscando algo para poder incriminarme. Pero yo, por supuesto, me apuré a dejarlo pagando. ¡Chantajistas a mí!!!! Además, aunque hablara con toda mi familia, no encontraría nada. ¡Si soy más buena que la perra Lassie!!!

Como sea, al principio pensé que mi amiga del alma había venido para que la ayudara con la materia que rinde hoy, pero no. Hete aquí que la muy turrita me había visto salir del boliche con el Bruto y el Empanada, y se moría de curiosidad por conocer los motivos de tan extraña escolta. Yo, por supuesto, hice lo imposible por contarle todo, sin contarle nada. No me gusta el chusmerío, y la historia de José Luis, (notá como ahora me aprendí el nombre!!!!), no me pertenece. Pero ni bien mi amiguita se dio cuenta de que le estaba sacando el cuerpo al asunto, la emprendió con la artillería pesada.

“Y vos..., ¿qué onda con mi hermano?”, me preguntó, sin tenerme ni un poquito de lástima.

¡No sabés, Pachi! Como si todavía estuviera en el colegio, jugando al fútbol con los varones, me mandé una flor de gambeteada: la pelota pasó por mis pies, pero antes de que el rival se diera cuenta, ya había desaparecido. Y es que no hay mejor estrategia para defenderse, que atacar. Ahí mismo le conté que el Bruto me había preguntado si ella se acostaba con Piti. ¡Se puso como loca! Y demás está decirte que pronto se olvidó de su pregunta.

Es la segunda vez que me la hace y logro zafar, ¡pero....!!!!!!!!

Ruego a Dios para que en mi caso el dicho no se cumpla!!!!!!

Pero no creas que por haberla gambeteado me la llevé de arriba. Lo creas o no, durante más de dos horas tuve que soportar que me hiciera un detallado recuento de todas las mujeres con las que su hermanito se había... ay... acostado. Era curioso porque, más se enfurecía ella, más roja me ponía yo.

¿Sabés qué? Es cierto todo eso que dicen Rasia, o Natsumi, (las chicas del Blog) El que no haya intentado acostarse conmigo, a pesar de que “algo” evidentemente le gusto, es, en principio, una buena señal. Quiere decir que me respeta más que a las demás. Pero, por desgracia, no tanto como para dejar a la novia!!!

¿Sabés qué? A veces pienso que si me respetara un poquito menos... Si soltara conmigo, no sólo su cariño, sino también sus impulsos... Si me viera como a la mujer que soy, y no sólo como a la amiguita de la hermana, creo que podría llegar a enamorarse un poquito de mí.

¿Pero cómo puedo hacer para convencerlo de que no me respete tanto?

Estoy en una verdadera encrucijada, Pachi. Lo mío es una ecuación sin final feliz: yo sólo podría tener sexo con él, él me respeta, ergo: me muero virgen.

¿Cómo hago para convencerlo de que, además de una buena piba, soy una mujer que se muere porque la abracen, y la besen, y...?

Ayyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy

Disculpá. Pero todavía puedo sentir todo ese calor que me agarra cuando lo teng

Disculpá. Suena el celular.


Es...

¡No me lo vas a creer!

¡Es el Empanada! ¿Cómo habrá hecho para tener mi número?

Mañana te cuento.

Besos

Ifi

martes 17 de junio de 2008

La historia de Ifi

Los estragos de un buen vodka

Pachi:

Ayer nos quedamos en que yo estaba en la puerta del boliche, tratando de sostener al Empanada, justo en el preciso momento en que llegó el Bruto.

La verdad, me re sorprendió su presencia ahí. Pero todavía más me sorprendió que se dirigiera directo al Empanada, y que le cruzara un flor de zurdazo, embocándole el único ojo que al pobre chico le había quedado sano, mientras le gritaba: “¡Te dije que con ella no!”

¡Casi me muero ahí mismo!

Y te juro que no fui la única.

Porque ni bien el Bruto notó que el Empanada se deshacía, tal cual como si en verdad lo fuera, (¿te acordás de las empanadas, que al primer mordisco empiezan a chorrear grasa y carne picada por todos lados?), se dio cuenta que el pobrecito estaba totalmente borracho, y que no era tanto que él me estuviera “apoyando”, como que yo lo estaba sosteniendo.

¡No sabés como se puso Juampi!

Entre los dos logramos, con esfuerzo, volver al chico a este mundo.

Ni bien el Empanada reconoció a su amigo, ignorando de seguro que también se trataba de su agresor, se puso a contarle todos sus dramas, casi sin respirar. Y siguió haciéndolo en el taxi, y en el ascensor, y...

Una y otra vez repetía siempre lo mismo: “No me quiere”; “está embarazada”; “nunca me quiso”; “me usó”...

¡Pobre chico! A veces las mujeres podemos ser muy malas, porque de verdad creo que la muy turrita de la camionera sólo lo usó para celar al marido.

Lo más raro de todo aquel encuentro, (bueno, aparte del inexplicable golpe que el Bruto le propinó a su mejor amigo, y su aún más extraña advertencia), fue la forma en que Juampi me miraba. Era como... como con bronca. Odio, vaya uno a saber por qué.

Después de circular un largo rato con el taxi, por fin llegamos. ¡No sabés qué mansión! Es decir, no era una mansión, porque era un departamento, pero re suntuoso. ¡Y todo del Empanada!

Ver tanta riqueza y esplendor me devolvió un poco la fe en la gente. Si la camionera había despreciado a semejante candidato, era porque de verdad estaba muy enamorada del marido. Porque el Empanada, gastadas aparte, tan feo no es... ¡Y si además tiene plata!

La sala era inmensa y tenía un piso re brillante de madera tarugada, como el que mi mamá siempre quiso tener, y que mi papá sistemáticamente se negó a comprar. Pero, por desgracia, fue todo cuestión de trasponer la puerta, para que tanto alcohol en el cuerpo del pobre muchacho intentara hallar la salida, recorriendo el camino inverso.

¡Ahí!... ¡En medio de esa sala elegante y hermosa!... ¡Qué bajón!

Si yo hubiera estado en otro momento de mi vida, semejante evento se hubiera convertido en toda una metáfora. Pero como estaba ahí, y el Bruto andaba tan cerca, lo único que atiné a hacer, mientras él arrastraba al amigo al dormitorio para desvestirlo, fue buscar algo para componer semejante estropicio.

No sé por qué hice eso. Quizás al fin estaba rindiendo su fruto tanta prédica materna acerca de la limpieza. O me dio pena que la madera se arruinara. Pero lo cierto es que ahí estaba yo, con zapatos de TACO, y mi vestido más caro, (bueno, descontando el que se manchó de grasa), fregando el piso de alguien que de seguro podía pagar para que otro lo hiciera.

Ni bien regresó del cuarto y me vio, el Bruto, (¡¿quién lo entiende?!), cambió la cara, y se arrodilló a mi lado, para ayudarme.

¡No sabés cómo me hacía el corazón!

Ahora que lo pienso, debíamos vernos ridículos, los dos agachados en silencio, y recontra concentrados en desmanchar cada pequeña tablita.

Y, a pesar de que el piso ya estaba totalmente limpio y desodorizado, seguimos lavando todo como por diez minutos más. Por fin fue el Bruto el que se puso de pie, y me extendió la mano.

¡Me quería morir, Pachi!

¿Suena tan romántico como fue? Porque yo me agarré de él, y con el envión quedamos muy juntos.

¡No sabés! El silencio era tan intenso, que te hacía temblar...

Bueno, en realidad no sé si fue por el silencio, o que, pero yo estaba temblando como una hoja desde hacía rato.

¡Qué romántico! ¡Qué sensación! Yo, parada a su lado, sosteniendo todo un balde de deshechos tóxicos... Y hubiera seguido así hasta la mañana, de no haber sido por él.

“¿Te ayudo a llevar eso a la cocina?”, me ofreció de onda.

¿Creerás que fui incapaz de responderle? Tenía un nudo horrible en la garganta, así que me limité a alcanzarle el balde, y verlo desaparecer con él.

Para cuando volvió de la cocina, yo ya estaba algo más repuesta. Pero “algo”, en mi caso, nunca es suficiente. Y es que en situaciones como esa, me cuesta pensar con corrección. Cuestión que lo primero que hice fue preguntarle el motivo que había tenido para pegarle semejante puñetazo al pobre Empanada. Lo dije así: “al pobre Empanada”. Y no sé si por eso, o qué, volvió a enojarse.

“Se llama José Luis”, me dijo. “Y lo que no entiendo es qué mierda tenías que estar haciendo vos con él”, explotó a continuación.

¡Estaba celoso!!!!!!!!!

¡Celosísimo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

¡¿No es un dulce?!

Yo no sé la cara de Juampi, pero yo tenia una sonrisa de oreja a oreja.

Y creo que eso lo terminó de enfurecer. Y, viste cómo soy yo, en vez de consolarlo, lo apreté un poco más.

“¿Y qué hay de malo si con el Empanada estamos saliendo? Después de todo, los dos estamos solos”, le respondí de puro mala.

(O de puro ilusa, porque, por ahí, las cosas no eran tan como yo me las imaginaba)

¡No sabés cómo se puso! No decía nada en concreto, pero no por eso dejaba de hablar.

¿De hablar?... ¡De gritar!

Y entonces, como pude, le expliqué que no, que no había salido con el Empanada, sino con el amigo de Piti.

¡Para qué!

¡Todavía peor!

Ahora pienso que ahí mismo tendría que haberlo encarado. Haberle dicho algo como: “¿Y qué querés? ¿Qué me quede sola, mientras vos paseas por ahí con tu novia?”

Pero eso lo pienso ahora, porque en ese momento me quedé muda.

Y, aprovechando, ¡cosa rara!, mi silencio, Juampi se mandó todo un discurso acerca de lo poco que le gustaba Piti, y como lo había pescado tocando a su hermanita de forma non santa. Y que si el muy estúpido pensaba que podía llevársela a la cama así como así, estaba en el horno, porque él mismo le iba a demostrar lo contrario.

¡Si supiera!!!!!!!!!

Sé sincera, Pachi... ¿Es bruto..., o no? ¡Viste que no exageré ni un poco! El pobrecito es un troglodita, con todo y garrote.

Y fue en ese momento, que era justo cuando tenía que quedarme callada, que se me ocurrió abrir mi bocota: “¿Y qué hay si ya tuvieron sexo?”, lo enfrenté.

¡No sabés cómo me miró!!!!!!!!!!!!

Lo pienso, y todavía me pongo a temblar.

Y entonces, de la nada, me largó la dichosa pregunta: “¿Vos ya te acostaste con alguien?”

¡Ay!, yo ya sé que quiero ser escritora. Que tendría que poder, a esta altura de mi carrera, expresarte con palabras la forma en que lo dijo. ¡Pero no puedo! Es que... Lo dijo con una voz tan grave y desesperada, que... ¿Entendés?... No fue como algo dicho al pasar. No fue una simple pregunta. Fue como... Como si de mi respuesta dependiera el resto de su vida.

¡Guau!

Y ahí de nuevo desperdicié la oportunidad de gritarle que si yo todavía era virgen, no era por gusto, sino porque no podía imaginarme en otros brazos que no fueran los suyos.

Pero en vez de eso, me salió un “No” de lo más deslucido.

Y entonces fue él el que se sonrió de oreja a oreja.

Pero no me quedó claro si de puro enamorado, o de estúpido machista. Porque ahí arrancó de nuevo con la hermana, y de lo inconveniente de mandarse en la cama o en la vida con cualquiera.

Esta vez no me quería morir... ¡Lo quería matar! Porque, que yo sepa, menos conmigo, el Bruto se revuelca con cualquiera.

Y a mí, esto de las diferencias entre hombres y mujeres, no me cierra. Y algo de eso se ve que le dije, (no estoy muy segura, porque los nervios me hacían hablar sin pensar), porque él enseguida me retrucó algo. Y sus argumentos me dejaron sin palabras:

“¿Y quién te dijo que para los hombres es distinto?”

¡No entiendo nada, Pachi! Para colmo, como no estoy muy segura de lo que le pregunté, no puedo entender del todo el alcance de su respuesta. ¿Me habrá entendido que yo no sólo hablaba de amor, sino también de sexo?

Lo peor de todo es que él me seguía mirando de “esa” manera. Como si de lo que yo fuera a decir dependiera el resto de su vida.

¡Ay!

Y justo cuando iba a agregar algo, (yo, porque él, como te dije, sólo me miraba), llamó su maldito celular.

(Mirá si no seremos almas gemelas, que después del robo los dos nos compramos el mismo celular. ¡Igualito! Claro que él eligió ese por pobrecito, porque el otro le había costado una fortuna, y todavía lo estaba pagando, mientras que yo lo compré por lujoso, para no volver a pasar vergüenza)

Juampi miró el visor del aparato, se puso pálido, y se fue a hablar a la cocina.

¡Era ella! Me juego a que era ella.

Pero ni bien volvió a la sala, el Bruto se apuró a decir que lo habían llamado por algo de trabajo, (¡a las siete de la mañana!!!!!!), y que era mejor que, como ya era de día, y pronto yo tendría que ir a la biblioteca, me volviera a casa, mientras él despertaba al amigo.

Por supuesto lo obedecí, porque no supe cómo negarme.

¡Me quiero morir, Pachi!

¿Vos qué entendés de todo esto?

Confundida

Ifi

sábado 14 de junio de 2008

La historia de Ifi

Los beneficios de un buen vodka

Pachi:

Ayer debía tener una cara horrible porque, por segunda vez consecutiva, Ine y el novio me invitaron a salir con ellos.

La verdad, me encanta que tengan tan buena onda conmigo, (¿o será que mi amiguita del alma pretende resarcirme por lo que pasó con Borges?), pero pasear acompañada por una parejita que está super caliente y acaramelada es... ¡ay!... incómodo.

Y ellos debían sentir lo mismo, porque a la media hora apareció un tipo que Piti había invitado, para que fuéramos los cuatro a bailar.

¡A bailar!

Creo que es la quinta vez que lo hago en toda mi vida, y, por cierto, la segunda en una misma semana. ¿Qué es oportuno que opine ante semejante convite?: ¿ “¡Qué suerte!”, o... “¡Qué bajón!”?

Como sea, ni bien llegamos, Piti me llevó aparte y me aclaró que apenas conocía al tipo que iba a acompañarnos, advirtiéndome que anduviera con cuidado con él.

Sí cuando Ine busca un tipo para mí, apunta al lado de lo lindo, puede decirse que está cumplida. Piti tiene un alto sentido de la estética, porque tanto este, como el abogado plomazo de la otra vez, eran re lindos, (¿o será que yo me conformo con poco?)

Cuestión que a los dos minutos de llegar mi candidato, me quedé sola con él.

El boliche estaba repleto, y yo, como siempre que piso un lugar así, comencé a buscar al Bruto entre los presentes... No sé por qué hago eso, porque tampoco es como si Juampi fuera el rey de la noche o algo así, pero...

Aunque quizás sólo lo hice de puro aburrida. Sí, porque así como me había costado arrancarle una palabra al abogado, a este otro, en cambio, era imposible hacerlo callar.

¿Creerás que sus tópicos incluían filosofía, ciencia, cine, literatura, o, aunque más no fuera, política o religión?... ¡Para qué! ¡Sólo fútbol!

Yo, como siempre, me hice la fina, jurando ignorar todo acerca del tema. Pero el que en verdad no sabía nada era él... ¡Con decirte que era de Boca!!!!!!!!!!!!

¡De Boca Juniors!!!!!!!!!!!!

¡Bostero!!!!!!!!!!!!!!

Y yo, como te dije, soy gallina a muerte: llevo el rojo y el blanco impreso en el corazón.

Bueno..., más allá de fanatismos, tendrás que coincidir conmigo que el tema no es el más apropiado a la hora del romance. Por desgracia, tal parece que a Pepo, (que así se llamaba el boludo), las piernas de los jugadores le debían resultar de lo más excitantes, porque, sin que nada pudiera anticiparlo, se me tiró encima, e intentó darme un chupón de aquellos.

Como estábamos sentados en un sillón largo, al lado de otra gente, golpeé accidentalmente a varios mientras luchaba por sacármelo de encima.

¿No es un bajonazo?

Cuando al fin logré liberarme de semejante alimaña, me alejé un minuto para buscar aire e inspiración para largar una puteada de aquellas. Pero al volver descubrí que el tipo, lejos de llorar por mi rechazo, estaba ahora abocado a comerle la boca a la minita que tenía sentada a su otro lado.

¿????????????????????????????????????????????????????????

(A riesgo de parecer mi abuelita: ¿qué mier... miércoles le ocurre a esta juventud? ¿En qué momento del último minuto habían tenido oportunidad esos dos como para intimar de aquella manera? ¿No es medio asqueroso tener la lengua de un perfecto extraño metida en tu boca?)

¡Por eso odio ir a ese tipo de lugares!

Te juro que ahí mismo hubiera emprendido la retirada. Pero me pareció mal hacerlo, sin despedirme primero de la parejita melosa.

Agarré mi cartera, (mi bolso), y comencé a recorrer el lugar. Y entonces... ¡lo encontré!

¡A él!

Borracho como una cuba, y llorando por los rincones. ¡Te partía el alma!

Por un momento dudé en acercarme, pero al final me dio lástima, porque se lo veía muy solo al pobrecito... Y es que me parece que el Empanada nunca fue un tipo demasiado popular.

Ay... ¿Te había dicho que estaba hablando del Empanada, no?... ¡¿O pensaste que era el Bruto?!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Cuando por fin decidí aproximarme, caí en la cuenta de que no podía recordar el nombre del pobre pibe. Es decir, desde que lo conozco siempre lo he llamado “Empanada”. No delante de él, se entiende, pero... No sé... Quizás fue la emoción, pero no me podía acordar... Era José Luis, o Luis Pedro, o algo por el estilo.

Igual, no me hizo falta nombrarlo. Ni bien me vio parada en frente suyo, me reconoció, y me obligó a que me sentara a su lado, para poder contarme. Aunque, en realidad, más que hablar, se la pasó todo el tiempo llorando sobre mi hombro. ¡Quedé empapada!

Al parecer, el pobre pibe estaba hecho mier... miércoles porque la camionera lo había abandonado DEFINITIVAMENTE. El marido, quizás gracias a la brillante intervención del Periquillo Sarniento, que lo había liberado del chantajista, había vuelto a ella con brios renovados, y más machito que nunca. Y ahora, luego de su reencuentro romántico, la camionera estaba embarazada de un camionerito, y todos tan felices... Bueno, excepto el pobre Empanada, que no dejaba de llorar y lamentarse.

Yo me sentía un poquito culpable. Sólo un poquito, porque no me parece que sea una mala acción el liberar a alguien de las garras de Aurelio.

No me malinterpretes: el problema con mi jefe no es que sea gay, hetero, o bi. El problema con él es que es una mala persona, y con eso alcanza.

Después de tanto llorar, el pobre Empanada decidió hidratarse un poco, adicionando más alcohol a tanto fuego. Por un buen rato revolvió sus bolsillos. Yo pensé que buscaba una foto, o algo así, pero no... En seguida sacó a relucir varios cientos de dólares, y empezó a agitarlos, mientras llamaba al mozo, (al camarero)

Como te imaginarás, le saqué los billetes de la mano, y se los volví a meter en el pantalón.

¡Para qué!

Resulta que justo en ese momento pasaba por delante nuestro el idiota de mi cita a ciegas que, lo creas o no, al verme, me encaró: “¡Ah!... A mí ni un beso, y con el boludo este, en cambio...”

Y si se hubiera quedado quieto, su idiotez sólo sería una buena anécdota. Pero el tipo, no contento con juzgarme por las apariencias, cometió la torpeza de intentar meterme una mano.

El Empanada, borracho y todo, se paró en seguida para defenderme... ¡Pobrecito!

¿Cómo acabó la cosa? El muy hijo de... de su madre de Pepo, le embocó un derechazo al ojo que lo hizo tambalear más que el vodka que se había tomado. ¡Pobrecito el Empanada!

¿Tengo que decirte que “Pepito” tampoco se la llevó de arriba?... Vos sabés que tengo una mano ¡durísimaaaaaaaaaaa!

¡Abusadores a mí!!!!!!!!!!!

Creo que mi agresor no esperaba que fuera yo la que lo surtiera, porque, una vez recibido el golpe, sólo atinó a mirarme, sorprendido. Yo aproveché su desconcierto para cargarme al pobre Empanada al hombro, decidida a llevarlo a su casa.

Con dificultad lo acarreé hasta la salida, (porque aunque el chico es medio petiso, como buena empanada, está bien rellenito)

Una vez afuera, intenté parar un taxi. Pero el pobre pibe estaba tan borracho, que se me caía todo el tiempo. Una y otra vez tuve que acomodarlo encima mío.

Y ahí estábamos los dos, trenzados en un abrazo un tanto extraño, cuando de la nada apareció....

¡EL BRUTO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Pero eso te lo cuento mañana, porque esto ya es larguísimooooooo

Besitos

Ifi

miércoles 11 de junio de 2008

La historia de Ifi

La histeria de Ifi, segunda parte

¿En qué quedé anoche, Pachi?

¡Ah!, sí...

Juampi estaba en la puerta de la cocina, y yo me quería morir.

¿Alguna vez te pasó algo semejante? Esa inquietud dulce, que te hace sentir viva, atenta..., feliz, y que, a la vez, te da tanto miedo, que te hace querer morirte ahí mismo.

Si..., yo me sentía así. ¡Y, al parecer, no era la única!

El Bruto estaba tan shockeado que, sin moverse, sólo atinó a repetir: “Mi mamá... Fue mi mamá la que me mandó...”

Parecía un nene, tratando de justificar una travesura ante la directora del colegio. Era como si quisiera dejar bien en claro que estaba ahí en contra de su voluntad.

Y ahí me enojé.

Después de todo, yo también estaba ahí en contra de mi voluntad. Sólo porque me lo había suplicado Ine. ¡¿Qué se creía, entonces?!

Así que lo miré con asco, y le dije: “Si te mandó tu mama, ayudame, y secá”

Él agarró el repasador, y se paró al lado mío. Parecía uno de esos mozos molestos, esos camareros que están pendientes de tus movimientos, en los restoranes caros.

Por supuesto, me puse re nerviosa, e intenté apurarme. Y, como ya sabrás, los nervios y el apuro no combinan, tratándose de mi torpeza.

Enjuagué el primer plato, e intenté dárselo. ¡Para qué! Se me fue a la miér... coles.

Por desgracia, Juampi y yo tenemos unos reflejos fantásticos, así que los dos nos agachamos a un tiempo para atajarlo. Y fue entonces cuando...

¡Ay!

Fue entonces cuando terminamos muy juntos, sosteniendo el mismo plato, y mirándonos a los ojos.

¡Guau!

Y cuando creía que ya no podía sentir más cosas, él se sonrió (¡!!!!!!!), y me dijo: “Tenés crema chantilly en la cara”.

¡No sabés!... Te juro que ni en mil años podría describir la dulce sensación de sus dedos acariciandome la boca, para limpiarme.

¿Alguna vez, yendo por la ruta, encandilaste a una liebre?

Pues yo debía verme igualita, porque ni bien me tocó, me quedé ahí, petrificada.

Excepto porque cerré los ojos, emocionada por la suavidad de su contacto.

Creo que, de no haberse caído el dichoso plato al suelo, no hubiera vuelto a reaccionar jamás.

Por supuesto, cuando me di cuenta de la cara de idiota que debía tener, me hundí de nuevo en la pileta de lavar, mientras él intentaba arreglar el estropicio.

¡Me quería morir!

Te juro que, si hasta anteayer Juampi albergaba alguna duda acerca de mis sentimientos, con semejante cara de boluda que habré puesto, de seguro ahora los tiene bien claritos.

¡Qué bajón!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Para colmo, para arreglarla, me forcé a usar un tono relajado, mientras le preguntaba por la novia. Pero justo en el preciso momento en que abrí la boca, él también dijo algo, por lo que no se entendió nada de nada.

Nos reímos, y, por suerte, pude aflojarme un poco. Por supuesto, como yo soy una niña buena, lo dejé que hablara primero...

Mal hecho.

Porque entonces me lo largó:

“¿Por qué pensaste que era gay?”, me recriminó.

Sí... De verdad me recriminó. Como si hubiera sido yo la que estaba en falta. Como si hubiera sido él al que le tocaba estar ofendido.

Yo, por supuesto, le respondí lo obvio. Pero él, ¡ni me escuchó! Ignorando mi presencia, comenzó a reflexionar en voz alta: “Por eso te daba igual que subiera a tu departamento... Por eso no te importaba pasearte en bolas adelante mío... O que nos quedáramos toda la noche charlando, acostados en la cama... ¡Si hasta me ofreciste dormir juntos! ¡Es increíble!”

¡Me quería morir! Te juro que no sé como es que Luz todavía tiene platos, porque a esa altura ya parecía una malabarista.

Como te imaginarás, no lo dejé continuar. Dicho así, y sin anestesia, era too much.

“¿Y tu novia?”, pregunté, sacando el tema de la nada. “Me enteré que está por volver, ¿no?”

¡No sabés la cara que me puso!

“¿Quién te habló de mi novia?”, se enojó.

“Ine... Y además me mostró la foto... Y me bastó verla, para saber que te super merece, porque es re fea y estúpida como vos”, le dije.

Bueno... En realidad, eso último no lo dije. ¡Pero lo pensé!

Y no fue por cobarde que me callé la boca, sino porque justo en ese momento llegó mi amiguita del alma.

Y fue cuestión de que ella apareciera, para que Juampi le colgara el repasador del brazo, y se borrara al instante.

¡Qué cobarde!

Cuando terminamos con los platos que todavía estaban sanos, con Ine volvimos al estudio.

Y mientras ella trataba de memorizar, yo me consolaba pensando que había sido mejor así. Que lo más inteligente era dejar de lado esa estupidez de los “mejores amigos”, para contentarnos con volver a ser simples conocidos, capaces de compartir una sala, (o, en este caso, una cocina), sin ruborizarse.

A las doce, cabizbaja y meditabunda, emprendí el regreso a casa.

¿Sabés?, como acá últimamente te matan por un par de zapatillas, me acostumbré a andar por la vida corriendo, y sin mirar a nadie. Pero antenoche no pude... Necesitaba caminar despacio. Sentir el viento en la cara. Despejarme, y enfriar mi corazón.

En Cabildo, cosa rara, casi no había nadie.

Digo “cosa rara”, porque acá en Buenos Aires la gente no distingue entre las doce de la noche, y las del mediodía. Sobre todo en verano, es fácil encontrar una pequeña multitud circulando a cualquier hora... Pero justo antenoche, no. Cabildo era como un cementerio. (¡Muy apropiado!, porque yo andaba por ahí como si fuera un zombi)

Sin apuro llegué hasta la parada del 152, y me quedé ahí, quietita, con la misma cara de idiota que debo haber tenido el resto de la velada. Y es que, como te imaginarás, todavía tenía el gusto de él en la boca. Me parecía sentir su mano acariciando mi labio, para limpiar la crema. ¡Te juro que nunca me sentí tan feliz por ser una torpe, incapaz de comer algo sin mancharme!

Y ahí estaba yo, rememorando aquella sensación tan increíble, tan dulce, cuando, como salida de mi memoria, escuché la voz del Bruto.

“¿Cómo supiste que era el carburador?”, me preguntó, como si no hubiéramos dejado de charlar nunca.

¡Me quería morir!

¡Sí! No era mi imaginación, ni mi deseo. ¡Era él! Paradito a mi lado, y con esa sonrisa que me vuelve loca.

¡Guau!

No sé que le contesté, pero sé que nos reímos de buena gana. Y entonces él dijo algo, y nos reímos un poco más.

Después nos quedamos callados, mirándonos. Y justo en el preciso momento en que me pareció que iba a decir algo...,

¡llegó el p... p...

el pobre colectivo!

¡El bus maldito! El mismo que nunca aparece cuando estoy apurada, y que ahora, por obra y gracia de mi mala suerte, surgía lo más campante de entre las sombras, ¡a la una menos cuarto de la madrugada!

¡Y después pretenden que no me largue ni una miserable puteada!

La verdad, de ser por mí, me hubiera hecho la distraída, pero Juampi se apuró a pararlo.

Así que tuve que resignarme a despedirme de él antes de que el maldito 152 estacionara. Le di un beso rápido en la mejilla, (¡A Juampi!, que no va a ser al colectivero...), y él....

¡Ay!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

¡Me quiero morir!

Él me agarró del brazo y me dijo: “Se te extraña, pendeja”

¡Ay!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Dudo que el mejor de los orgasmos pueda compararse a lo que sentí en ese momento.

¿Qué querés que te diga, Pachi?

Ya hace un millón de horas que pasó, y todavía no me repongo.

Sí, ya sé que eso que me dijo no significa nada.

Ya sé que no estoy ni un paso más cerca de él, ni el avión de la novia, ni un kilómetro más cerca de España. Pero permitime soñar, por favor...

Al menos esta vez quiero dejarme acariciar por su voz, y perderme en lo hondo de su mirada.

¡Sí!

¡Soy una cursi!... ¡¿Y qué?!!!!!!!!!!!!!!

Chau

Ifi

lunes 9 de junio de 2008

La historia de Ifi

La histeria de Ifi, primera parte.

Pachi:

Perdoná el drama de ayer, pero últimamente estoy... , no sé, inestable.

¿Serán las hormonas?

¿O habré cometido la torpeza de enamorarme en serio de Juan Pablo?

Porque, de verdad, cuanto estoy sin él lo extraño tanto, que duele. Y cuando él está...

Ayer Ine me pidió que fuera a la casa para ayudarla con su último final del año. Yo, la verdad, no quería... A mí me pasan muchas cosas con el Bruto, y su indiferencia me pega demasiado mal, como para insistir con el asunto.

Antes que mi amiga abriera su bocota, yo había decidido tratar de olvidarlo. Arrancarme de la piel su fuerza y su calor. Peinarme de la cabeza todas sus palabras. Borrar de mi corazón ese sentimiento dulce que él, y sólo él, había creado en mí.

¡Ay, Pachi!...

Temo que todo esto, más que poético, suene cursi. Y es que me siento así, como heroína de telenovela, suspirando por su galán... Vos viste como es en la tele: un beso, un abrazo, y quedan embarazadas... Pero la triste realidad es que entre el Bruto y yo nunca pasó nada de nada. Él jamás hizo algo equívoco o malintencionado. Quizás porque me respeta, como dicen las chicas del Blog. Yo, en cambio, algunas veces pienso que es porque nunca le gusté. Pero, otras, me imagino que...

(Disculpá, últimamente estoy así todo el día. ¡Ni yo me aguanto!)

Lo cierto es que al principio me negué a ayudar a Ine. Ella lo tomó re mal. Pensó que no le perdonaba su relación con el vecino chuchi. Que estaba resentida, o algo por el estilo.

¡No way! Pobre mi amiguita... ¡Si supiera!!!!!!!!!

Al final tuve que aceptar ir a su casa. En la mía no hay compu, (=ordenador), y hubiera sido imposible estudiar allí.

Ni bien llegué, me choqué con Luz, la mamá. Como ya te conté, ella es una mina re dulce. ¡Una divina total! ¡No sabés cómo se sorprendió al verme!... Claro, hacía como mil que no estábamos juntas, así que ignoraba lo de mi cambio de “look”. Ella es tan amorosa y buena persona, que estaba fascinada porque, de repente, me hubiera transformado en una persona normal, (o, al menos, me pareciera a una)

Le gustó todo lo que tenía puesto. Y eso que no me había esmerado demasiado en...

A vos no te puedo mentir. Tengo que confesarte que, antes de ir para allá, no solamente me había arreglado un poco más que de costumbre... Me había arreglado para él.

¿Qué boluda, no?

Durante tres horas estuvimos con Ine, encerradas en la sala, estudiando. Yo, como te imaginarás, estaba pendiente de cada ruidito que pudiera delatar SU cercanía. ¡Pero nada!

A eso de las nueve de la noche, Luz me invitó a cenar. ¡Me super horroricé! Lo último que quería era darle la impresión al Bruto de que estaba tan desesperada por él, que había ido hasta su casa para buscarlo.

Pero cuando ya comenzaba a negarme, la mamá de mi amiga pronució las palabras mágicas: “De verdad no es ninguna molestia... Juampi acaba de llamar para avisar que no viene, así que hay comida de sobra”

Sí..., por un lado se me rompió el corazón por su ausencia. Pero por el otro, la perspectiva de una buena y abundante comida casera, sirvió para mitigar parte del dolor.

Sin embargo, ni bien me choqué con el papá de Ine, volví a arrepentirme de haber aceptado el convite. ¡Me miró con una cara! ¡Te juro! Otra vez me sentía en pelotas, como la última vez que nos habíamos encontrado. ¡Qué vergüenza!

Por fortuna su actitud dejó a las claras que nadie más en la casa estaba enterado de lo ocurrido en el galpón, el día del robo. ¡Menos mal!

El primer plato fue un matambre casero bue- ní- si –mo. Y eso te lo digo yo, que hago uno espectacular.

El segundo plato, (sí, porque en la casa de Ine todos los días se come entrada, plato principal y postre), unas milanesas de carne de ternera, bien finitas, fritas hasta dejar el pan rallado que las cubre de un color bien dorado, y un puré de papas posta... ¡Nada de paquete!

Te cuento todo esto, para que entiendas hasta que punto me conmocionó lo que ocurrió después que Luz me sirvió el plato. Porque, lo creas o no, casi ni probé semejante manjar.

Y no por la dieta, o alguna pavada semejante, sino porque ni bien me llevé el primer trocito de carne a la boca, apareció

Juampi!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!,

dispuesto a ocupar su sitio en la mesa.

Me quedé dura.

¡No! ¡ “Nos” quedamos duros!

Los dos.

Petrificados.

Luz se apuró a poner otro plato... ¡al lado del mío!, y el Bruto se ubicó, sin mirarme.

¡Guau!

¿Cómo puedo contarte toda esa adrenalina? Sentirlo otra vez tan cerca. Escuchar su voz...

Y, para colmo, a Luz se le ocurrió decir, sólo para alabarme:

“¿Y, Juampi?... ¿No decís nada de Ifi? Mirá que cambiada está. ¿No se la ve más linda, ahora que ya no lleva anteojos?”

¡Me quería morir! Pero peor le fue a Juan Pablo, que se atragantó. Y, para colmo, el padre nos miró con mala cara.

¡Me re quería morir!

“Sí, le queda mejor”, dijo él, ni bien logró tragar el bocado.

“¿Mejor?... ¡Está preciosa!”, insistió Luz.

¡No hay nada que hacer! ¡Yo me quejo de la mía, pero las viejas son todas iguales! Desde Marge Simpson en adelante, siempre están dispuestas a hacerte pasar un papelón.

De postre había duraznos en almibar, con crema chantilly, que tampoco probé... Bueno, quizás algo de la crema...

A la hora del café, incapaz de soportar aquel suplicio, me ofrecí para lavar los platos. Es decir, “nos” ofrecí, porque, por supuesto, mi buena voluntad incluía a mi amiga del alma.

Y ahí, en la cocina, cuando pensaba que ya estaba a salvo, la cosa se puso todavía peor.

“¿Te diste cuenta, Ifi?”, atacó Ine, ni bien nos quedamos a solas. “Últimamente Juampi está re raro, ¿lo notaste?”

Por toda respuesta me limité a pronunciar algo ininteligible, mientras me hundía un poco más en la pileta, atenta al detergente que comenzaba a espumarse.

Yo miraba los platos, pero podía sentir como Ine me observaba con desconfianza, buscando decodificar mi reacción.

Como siempre que había que lavar, a mi me tocaba la parte del agua, y a Ine, la del repasador. Pero cuando yo ya estaba a mitad de mi tarea, mientras que ella todavía no había empezado, sonó su celular. Por supuesto era Piti. Y, por supuesto, la charla era tan privada, como impostergable.

Fue cuestión de dos segundos, para que me quedara sola en la cocina. La verdad, lo agradecí, porque, lejos de miradas indiscretas o presencias inquietantes, por fin pude respirar.

Pero duró poco.

“Mamá me mandó para que te ayude”, anunció Juampi desde la puerta.

Y entonces sí que, de verdad, me quise morir.

Pero mejor te lo cuento mañana. Hoy se me acabó la plata para pagarle al idiota de la compu. Igual, escribo hasta llegar a los cinco pesos, porque no le pienso regalar ni una letr

viernes 6 de junio de 2008

La historia de Ifi

Crónica de una muerte anunciada

¡Me quiero morir, Pachi!

ME QUIERO MORIR ME QUIERO MORIR ME QUIERO MORIR ME QUIERO MORIR ME QUIERO MORIR ME QUIERO MORIR ME QUIERO MORIR ME QUIERO MORIRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR

Hoy nos vimos cinco minutos con Ine, antes de que fuera a buscar a Piti a la facultad.

¡Es increíble cómo se te puede arruinar la vida en cinco minutos!!!!!!!!!!!!

¡Me quiero morir!!!!!!!!!

De verdad, me quiero morir. Pero de verdad, verdadera.

El Bruto tiene novia.

Es decir, siempre la tuvo.

Él insistía con eso, pero como yo lo veía siempre solo, pensé que era una excusa para no comprometerse. Pero no. La novia existe. Desde cuarto año del secundario, cuando apenas tenían dieciséis.

¡Ay! La muy yegua es re diosa. Pero no como yo, que soy una linda esforzada, (es decir, una piba aceptable, que puede pasar por linda si se esmera) Esta es hermosa posta.

Casi tan alta como Juampi, rubia, con pelo lacio, re producida y prolija. Y me juego la vida a que no dice ni una sola mala palabra, con esa carita de nena buena. ¡Y tan flaca! Dudo que alguna vez haya hecho dieta como yo... Y hablando de eso, ni bien salga de acá me voy a Volta y me compro un kilo completo de helado, aunque se me vaya en eso medio sueldo.

¡Te juro! No sé como no me puse a llorar ahí mismo, ni bien Ine me mostró la foto.

(La muy turrita le mandó una foto actualizada a su mail, y mi amiga la subió a su celular)

Hace tres años, los padres de la piba se mudaron a Madrid, por cuestiones de trabajo. Y los noviecitos, en vez de cortar, como hubiera sido prudente por si aparecía alguien más en sus vidas, (como yo, por ejemplo), decidieron seguir con el romance a la distancia.

¡Ay! ¿Te imaginabas a Juampi capaz de un amor así?

Yo sí. Yo lo imaginaba capaz de jugarse entero por una muj

Disculpá. Estoy llorando, y el teclado, de tan húmedo, ya empieza a florecer.

¡Me quiero morir, Pachi!

Porque, si al menos la piba se hubiera quedado en Madrid para siempre...

Pero no. Parece que vuelve. ¡Vuelve!

¿No lee los diarios esta piba? ¿Acaso no sabe lo complicado que es vivir en este país? ¿Nadie le habló del desempleo, la inseguridad, el gobierno?

Y ahí, cuando ya pensaba que Ine no podía darme una noticia peor, me largó un: “Igual, yo no sé que onda esos dos... Porque creo que ni uno, ni el otro, han sido exclusivos. Al menos Juampi sé que se ha acostado con varias”

Ahí sí que no me aguanté más. Por suerte, justo en ese momento llegaba el bondi de mi amiga, (el bus), así que no pudo ver mis lágrimas.

¿Te das cuenta, Ine? El Bruto se acostó con cualquiera, y conmigo ni lo intentó.

¿Tengo que entenderlo como un signo de respeto?

¿O como el más horrible desprecio?

¿Acaso nunca le gusté? ¿Ni un poquito??????????

¡Me quiero morir, Pachi!

Me quiero morir.

Yo

miércoles 4 de junio de 2008

La historia de Ifi

Acerca de la jardinería y el nuevo catecismo

¡No entiendo a las mujeres!

Ayer, después que me comuniqué con vos, Ine vino a buscarme. No estaba previsto, pero se ve que se moría por contarme cómo le había ido con el vecino chuchi.

Y, la verdad, después de tanto palabrerío estúpido, todavía no me queda claro si hablaba de Piti, o de David Copperfield, porque cada dos minutos decía “mágico”. Y no lo decía así nomás, sino con los ojos medio entrecerrados, y con una expresión maravillada.

(Esa es una forma fina de decir que ponía cara de pelotuda)

A esa altura de la charla, (más de dos horas), yo me preguntaba qué le habría dado semejante galán a mi amiga, para dejarla así de cautivada.

Como te imaginarás, no tardé en averiguarlo.

¿Te lo digo como en el pueblo, o como la chica fina en que me he convertido?

Tratándose de mi amiga del alma, mejor soy fina: lo creas o no, después de ir a bailar hicieron el amor.

En su favor tengo que decir que no pareció muy premeditado, porque fue en un lugar al aire libre, mientras miraban el amanecer en el río. Es decir, fue tan imprevisto para los dos, que en medio del arrebato tuvieron que partir en busca de un forro.

La idiota de mi amiguita, que para algunas cosas es medio dormida, estaba tan entusiasmada, (por primera vez en su corta vida sexual), que le sugirió no moverse de allí, y prescindir del condón, pero el vecino insistió en ir a comprarlo.

PUNTO A FAVOR DEL VECINO.

PUNTO EN CONTRA DE INE.

Sí, porque, por lindo que sea Pedro/ Peter/ Piti, ¿cómo se le ocurre a Ine irse a la cama con el primero que pasa?, (o, en su caso, al pastito)

Si, yo ya sé que siempre sostuve lo contrario. Que siempre dije que, con tal de perder mi virginidad, estaba dispuesta a acostarme con cualquiera. Pero después del Bruto ya no pienso lo mismo. Es decir, mis amigas del Blog insistían, y estaban meta aconsejarme que esperara al tipo correcto, pero no fue hasta que apareció Juampi en mi vida, que pude darme cuenta cuan correcto podía ser un tipo. Ahora que estuve entre sus brazos, (ladrón mediante), no puedo pensarme en los de nadie más.

¿Está mal, no?

Pero lo de Ine, está todavía peor.

Por fortuna, (aunque seguramente las oraciones de Luz, que es re devota, tuvieron mucho que ver), el vecinito resultó, no sólo un buen tipo, sino un estupendo amante, aunque, a juzgar por mi amiga, su mejor técnica no estaría contenida en ninguna página del Kamasutra: sólo mucho cariño, espontaneidad y respeto.

Porque, a diferencia de lo que había ocurrido con Borges, este no atropellaba, sino que estaba pendiente de su compañera. ¡Bien por el vecino chuchi!

Él confesó no ser un experto. Sólo dos novias. Y el flechazo con Ine no había sido tan espontáneo. Parece que ya la había fichado un par de veces en...

¡Morite!

¡En la Iglesia!

¿Tendré que empezar a ir a Misa para ligar algo?

Mejor te dejo, Pachi.

Sí..., ya sé lo que estás pensando. Que ahora que Ine se enganchó, de nuevo voy a estar arrastrándome por ahí, de pura soledad. Pero no temas. La verdad es que verla tan feliz me pone re contenta. Aunque suene cursi, no siento que he perdido una amiga, sino que he ganado un vecino. (Con eso del condón me conquistó!!!!!!!)

Chau, Pachi

Besitos

P.D: ¿La Iglesia no está en contra de eso de tener sexo antes del matrimonio, aunque sea en el pastito?

Tendré que volver a leer mi catecismo.

lunes 2 de junio de 2008

La historia de Ifi

El hombre perfecto

¡No sabés, Pachi!

Hoy salimos con Ine, el vecino..., ¡y un amigo del vecino!

¡Sí! Parece que el pobrecito está tan muerto con mi amiguita del alma, que decidió traerme una pareja, para librarse de mí.

¡Pobre! No sé ni para qué se tomó la molestia... Yo ya tenía planeado dejarlos solos con cualquier excusa. Primero, porque no soy del tipo de las que compiten con una amiga, pero fundamentalmente, porque Ine necesita un novio mucho más que yo.

Además, para qué engañarnos... Mientras me siga tan fuerte lo del Bruto, no hay forma de que me guste otro.

El pibito este, por ejemplo...

¿Sabés a quién me refiero, no? Al amigo del vecino de mi amiga.

¿Ya se te recalentó el cerebro?

¡Al pibe que me trajeron como premio consuelo!

Bueno, el pibe ese..., (aunque de pibe ya no tenía mucho), no estaba nada, pero nada mal. Era incluso más lindo que el vecino, y, además, ya estaba recibido.

¿Por qué no me gustaba entonces?

Bueno, primero porque no era Juampi.

Pero, además, porque era un amargo. No hubo forma de embarcarlo en una charla. Sólo con la política pareció entusiasmarse, pero eso tampoco es mérito, porque últimamente hasta el más boludo habla mal del gobierno.

¡Un bajonazo!

No creas, Pachi..., el Bruto se hubiera sentido orgulloso de mí. Durante toda la noche me hice la pelotuda, escuchándolo arrobada, como si las dos palabras que pronunció me interesaran de verdad. Y, creeme, no lo hice porque quisiera levantarme a un plomo semejante, sino para darle espacio a la parejita.

A eso de la una, los tortolitos propusieron ir a bailar. Yo intenté borrarme, pero fue imposible. Además, íbamos a ir al boliche que suele frecuentar el Bruto, y me fascinaba la idea de chocarme accidentalmente con él, y que me viera de la mano de semejante Bombón. Por desgracia el lugar estaba desierto, así que de inmediato comencé a desarrollar cierta intolerancia a los dulces.

A las dos decidí plantar bandera, y pedirle a Gastón, (que así se llamaba mi compañero), que me llevara a casa. El muchacho tenía un auto increíble, al que sólo le faltaba hablar, (¡y lo bien que hubiera venido, dada la escasa locuacidad del dueño!)

La verdad, Pachi, me dio cierta satisfacción subirme a una máquina semejante. Sí, ya sé que es vergonzosa tanta frivolidad, pero, ¿qué querés?... Pensaba en todos los perdedores que alguna vez me habían mirado con desdén, y no podía evitar una sonrisa: Toti, (mi ex), Borges, las estúpidas...

Pero lo que no lograba imaginar ni por joda era la cara que hubiera puesto el Bruto. Es decir, de seguro no hubiera sido de sorpresa, porque él siempre tuvo una fe increíble en mí. Pero tampoco de indiferencia... ¿Celos? ¡Ojalá!

Cuando llegamos a casa, Gastón me besó.

Fue un buen beso.

No un ¡guau!, pero tampoco un ¡aj!

Un beso bueno, correcto, medido... y poco espontáneo.

Me pregunto si en su cabeza entrará la idea de finalizar una salida con una mujer, sin darle un beso así.

En efecto, Gastón es ese tipo de hombres que pueden casarse con cualquiera, y llevar adelante un matrimonio razonable: mucha careteada, buena voluntad, y cero pasión.

Pero, ¿sabés lo peor?

Que a pesar de haber hecho una descripción tan chota de él, (=tan lapidaria), estoy segura que más de una mujer moriría porque le pasara su e-mail.

Yo, en cambio, lo rompí en mil pedazos antes de acostarme.

Y es que no necesito vivir de apariencias. Quiero, en cambio...

Vos sabés...

Lo quiero a Juampi.

Chau, (y no me mates por haber roto la dirección de mail)

Ifi