miércoles 30 de julio de 2008

La historia de Ifi

Sin aliento

Querida Pachi:

Hoy, siguiendo mi actual ola de mala suerte, llegué al trabajo y me encontré con una notificación por despido, por reducción de planta. Es decir, el mismo tipo que decidió acomodar acá a Aurelio, obviamente ha decidido que con él alcanza y sobra.

¿Cómo afecta esto mi vida?

Simplemente no me afecta, porque hace rato que estoy muerta.

O al menos así me siento por dentro.

¿La diferencia concreta? Voy a tener que mudar todo de mi departamento, y dejarlo. No necesito volver a Buenos Aires hasta que comiencen las clases, el año próximo.

Como dicen mis amigas del Blog, lo mejor va a ser tomar distancia y separarme lo más que pueda del Bruto, ¿no te parec

¡Ay, Pachi! ¡Me quiero morir!

Acabo de hablar con Juampi. Aurelio hizo la pavada de llamarlo también a él para regodearse en su maldad. Y ahora Juan Pablo dice que no me rinda, que yo no hice nada para merecer un despido, y que él puede serme útil para atestiguar a mi favor.

Quedamos en vernos esta n

Ay, disculpá. El teléfono no para de sonar. ¡No sabés! La esposa embarazadísima del camionero, (¿te acordás de esa historia?), se enteró por boca de Aurelio adónde había estado la boca de su marido. Cuestión que lo llamó enseguida al Empanada para llorar entre sus brazos. Y él enseguida me llamó a mí.

José Luis dice que yo, (¡yo!), he sido un ejemplo a seguir. Que conformarse con cualquiera para huir de la soledad es tonto. Y que si Ine insiste en no quererlo, prefiero estar solo.

Igual, como es re bueno, no le negó ayuda a la embarazadísima, y ¡hasta le ofreció la mía! Le dijo que yo era la única que sabía la verdadera historia, y que podía hablar imparcialmente de Aurelio, (¡imparcialmente!)

No importa, agarré igual, por supuesto, porque no puede ser que los malos siempre triunfen. Y, además, para tener algo en que pensar hasta las diez de la noche, que es cuando me voy a encontrar con él, ÉL, por última vez.

Bueno, te dejo. Es triste pensar que nunca más voy a comunicarme con vos desde esta máquina. Debe ser por eso que estoy llorando, ¿no te parece?

Mañana, antes de subirme al micro, si puedo te escribo unas líneas...

¡Me quiero morir, Pachi!

¡Lo voy a ver!

Esta noche.

Por última vez.


lunes 28 de julio de 2008

La historia de Ifi

Insomne en Buenos Aires

Desde aquel beso que estoy sin dormir.

Literalmente me muero de amor por él, Pachi.

Hasta Aurelio se dio cuenta. Por cierto, es evidente que mi jefe dio con el escondite de la evidencia incriminatoria que yo tenía en su contra, porque ayer encontré el Periquillo Sarniento, reluciente de limpio, sobre mi escritorio.

Ya no me importa. ¿Qué puede hacer? ¿Sancionarme? Me da igual.

Todo me da igual.

Hablé con Ine. No le conté lo del beso, porque no me hubiera sentido cómoda haciéndolo. Pero ella se dio cuenta de que algo pasó, porque Juampi volvió a su casa con muy mala cara.

Incluso Luz quiso hablarle, pero tampoco ella logró sacarle ni una palabra.

Como sea, Amanda llega la semana que viene, y yo me voy dentro de tres días. Vuelvo a mi pueblo. No sé, jugaré con mis sobrinos al Devil May Cry 3, o algo así.

Seré infeliz, pero al menos respirando aire limpio.

Aquí me queda poco por hacer.

Ni siquiera ayudar al Empanada.

La otra noche el mal humor de Ine se debía a que el chico se le había tirado, y ella le había dicho terminantemente que no. ¡Pobre José Luis! ¡Por una vez en la vida que se juega!

Quién te dice, y él y yo acabamos juntos. Dos solitarios enamorados de la persona equivocada. ¡Quién te dice! A mí el me cae re bien, y yo siempre le gusté.

Sí... Si para los cincuenta sigo siendo virgen, quién te dice que...

¡No!

No puedo ni pensar en tener sexo con otro que no sea Juampi. El amor es algo demasiado íntimo como para hacerlo con cualquiera, ¿no te parece?

Sí... Si no es con él, con nadie más.

Así que estoy destinada a morir virgen.

A menos que...

No, dejá, estoy delirando por la falta de sueño. Yo sería incapaz de algo como eso. Y más ahora, que Amanda ya es una presencia real entre los dos...

Porque, aún cuando él se prestara..., ¿qué clase de tipo aceptaría...?

A menos que...

A menos que...

¿No te parece?

No sé. No entiendo nada. Mejor me voy a la cama... a dormir.


viernes 25 de julio de 2008

La historia de Ifi

Sintiendo las lágrimas

Ay, Pachi...

No te miento: me siento re mal. Estoy para la mierda.

Porque sé que la otra noche lo perdí para siempre. Que ese beso no fue más que una dulce despedida para una historia que lleva meses.

Pero, ¡pará!, me estoy adelantando, porque todavía no te conté nada.

Ahí va...

La otra noche, y después de habernos llorado todo, Luz me invitó a cenar. Creo que a causa de tanto llanto las malditas empanadas quedaron bastante saladas, aunque estaban ricas igual.

No me preguntes por qué, porque Juampi se sorprendió tanto como nosotros al verlo, pero el homónimo, es decir el Empanada, también estaba sentado a la mesa. Te haría un chiste acerca del canibalismo del suscripto, pero, la verdad, no estoy de humor.

Cuestión que todos comíamos en silencio, como si se hubiera muerto alguien. El único animado parecía el dueño de casa, que como tiene la sal prohibida, estaba encantado por el pequeño descuido de su esposa.

Se ve que para levantar el ánimo de los presentes, el pobre hombre nos fue preguntando algo uno por uno. Pero al que le tocaba responder, invariablemente lo hacía en monosílabos. Sonaba tan ridículo como:

“¿Este año también te vas a tu pueblo para las vacaciones, Ifi? Ayer pasé por la biblioteca y vi un cartel que decía que durante todo el mes próximo va estar cerrada... Me imagino que estarás rogando para ver a tu familia, porque debés extrañarlos un montón”

“Sí”

“Y vos, José Luis... El jueves me encontré con tu padre en el centro... No ve las horas de que te recibas para ponerte a cargo de sus negocios. De seguro, si estás tan adelantado como tu amigo, no debe faltarte mucho...

“No”

Y así, uno tras otro. A cada monosílabo le seguía un largo silencio, y el pobre hombre no entendía nada.

Después, cosa rarísima, Luz le pidió que la ayudara con el café. Digo “cosa rarísima” porque una vez que el papá de Ine se sienta a la mesa, es como el rey de la creación. Varias veces lo escuché decir que odiaba tener que levantarse.

Esta vez, en cambio, lo hizo de un salto, y volvió de la cocina con el café, y la misma cara de amargado que tenían todos los demás en la mesa. Era evidente que Luz le había contado, porque varias veces miró a Juampi, sin molestarse en ocultar un reproche.

Pero ni siquiera así, era el más enojado. Ine estaba furiosa. Es más, al pasarle las empanadas al IDEM, lo hizo con tanto enojo, que se desplazaron por la bandeja, directo a la bragueta del pobre muchacho. Raro, no, porque José Luis no sólo no se quejó, sino que más bien parecía resignado a su suerte.

Tantas extrañezas hubieran llamado por demás mi atención, despertando mi curiosidad, de no haber sido porque yo misma estaba concentrada sintiendo al Bruto. Y no lo digo porque lo estuviera “escuchando”. Me refiero a percibirlo, a instalarme en medio de su silencio, y a conmoverme con su dolor...

Porque el Bruto estaba sufriendo de lo lindo, era obvio. Y verlo así, a mí me puede.

Lavar los platos con él no fue nada fácil.

Bueno, en realidad se suponía que lo teníamos que hacer los cuatro más jóvenes, pero Ine se excusó porque le dolía la cabeza. José Luis, muy preocupado, se fue tras ella en dirección, según dijo, al baño. Raro, porque subió las escaleras, y en la planta baja hay un toilette divino.

Como sea, estar solos con Juampi no fue fácil. Era evidente que teníamos tanto que decirnos, que ninguno de los dos se atrevía a hablar... Pero sentir su cercanía, sentir su cuerpo casi rozándome, sentir la caricia de su mirada, sentir su voz entristecida, sentir su dolor, sentir...

Sentirlo así me estaba volviendo loca.

Al rato bajó José Luis para despedirse, con una cara peor todavía a la que tenía antes de subir. Le pedí que me acompañara a casa, pero Juampi se opuso de inmediato. Dijo que no quería apurarse para terminar, ni demorar a su amigo, por lo que tenía pensado hacerlo él, ni bien acabáramos con todo. Raro, porque a esa altura lo único que nos faltaba era guardar un (1) plato.

Una vez en la calle, pasamos en silencio primero por delante del auto de Juampi, y después por la parada del bondi (=bus) Era evidente que él quería caminar, así que no me opuse.

Yo estaba más calladita que en Misa, (es una forma de decir, porque siempre en Misa fui recontra quilombera), y sólo él se animaba a mirarme fijo de tanto en tanto.

“Qué lástima que Ine se sintiera mal”, dije, por romper ese silencio que me estaba matando.

“Es por lo de Piti. Y eso que hablé con ella...”

“¿Hablaste?”

“Sí. Ine tiene que sacarse a Piti de la cabeza. No es culpa de nadie. Cuando algo es el deber de un hombre, es el deber. Si hay un compromiso previo, no se puede dejar de lado. Yo no respetaría a un tipo que dejara de lado sus compromisos”

“Pero no es justo permanecer atado a algo que ya fue. No es justo para nadie, y no hace feliz a nadie”, le dije yo, que para esa altura ya imaginaba la verdad atrás de nuestra charla.

“Hay veces en que sentís que te necesitan. Que sólo vos podés hacer la diferencia, y resolver algo. No podés..., no debés ignorar tu obligación. Aunque cumplirla te destroce el alma”

“¿Aunque lastime a otro?”

“Vos no entendés, Ifi...”

Y ahí le largué un “Tenés razón. No entiendo”, que más sonó a un cachetazo.

Por unos segundos nos quedamos callados.

Después se despidió con un pálido “chau”, y me dio un beso deslucido en la mejilla.

Pero no había dado dos pasos, cuando se dio media vuelta, me tomó entre sus brazos, y me dio un beso como jamás había recibido uno en toda mi vida.

Fue un beso en la boca, largo, profundo. Lleno de caricias y deseos. Repleto de pasión.

Te juro que nunca me había pasado algo así. Jamás me había sentido tan cerca de alguien. Tan adentro de otra persona. Tan mujer... Y no era sólo placer. También había mucho de desesperación.

Creo que si Juampi me hubiera hecho el amor ahí mismo, en medio de la calle, no me hubiera importado. Porque era Juampi, y porque se notaba que me necesitaba tanto como yo a él.

¿Cuánto nos estuvimos besando?

No sé. Sólo puedo decirte que nos separamos sólo porque un tipo nos llevó por delante para salir del edificio.

Después de semejante beso, me miró de la forma más triste y dulce que puedas imaginarte, y me dijo.

“Chau, pendeja... Va a ser mejor que no nos veamos más”

¡Y se fue!

¡SE FUE!

¡ME DEJÓ!

¡POR AMANDA!

Ay, Pachi... Lo perdí. Sé que lo perdí. Y esta vez es para siempre.

¡Me quiero morir!

Y, lo peor, después de un beso semejante, ya no me queda ni la ilusión de ser su amiga.

Es evidente que él me tiene tantas ganas como yo a él.

(¿Ya te dije eso, no?)

¿Sabés lo peor?

Mientras pensaba que el Bruto era sólo eso, un bruto como todos los demás hombres, no me gustaba ni un poco. Pero a medida que fui descubriendo que era un tipo sensible, no puede evitar enamorarme de él.

Ahora, además, sé que es un tipo de principios.

¿Cómo voy a poder arrancarlo de mi corazón?

Para colmo, ni bien cambie el mes, voy a tener que volver a mi pueblo por las vacaciones.

¡Qué bajón, Pachi!

¡Qué recontra bajón!


miércoles 23 de julio de 2008

La historia de Ifi

En el horno

Pachi:

Ahora sí que estoy frita. Bien jodida. Súper en el horno.

Ahora sí que mejor me saco al Bruto de la cabeza con peine fino.

Te cuento...

Ayer, aceptando la sugerencia de mi amiga Caro, fui a la casa del Bruto a eso de las ocho de la noche, con la esperanza de que la única que estuviera allí fuera Luz.

Se puede decir que el mío era un peregrinaje en búsqueda de la iluminación, para ser iniciada en los misterios del extraño romance entre el Bruto y Amanda.

Bueno, en efecto, y conforme a lo planeado, a esa hora la única en la casa era Luz. Pero lo que no tuve en cuenta en mi bien delineado plan, fue que la dama es lo suficientemente inteligente como para sospechar de inmediato por mi presencia a una hora tan inusual.

Ni bien me vio la cara, fue evidente que sabía que yo estaba decidida a saber.

Pero como con ella siempre nos llevamos de diez, lejos de intentar hacer sus propias averiguaciones, me invitó a ayudarla a cocinar, como si eso fuera lo más normal del mundo. ¡Súper canchera! (=cool)

“Llegaste justo”, mintió, aunque se notaba que yo era de lo más inoportuna. “Andaba necesitando que alguien me pelara el ají morrón para las empanadas. ¿Te molestaría hacerlo?”

Te imaginarás con qué rapidez acepté.

Pero una vez en la cocina, nos quedamos un buen rato en silencio, súper incómodas.

Por algún motivo Luz no tenía ni la menor idea de lo que yo pretendía saber, mientras que para mí era bastante obvio. De hecho, le tiré varios centros, pero ella como si nada. ¡Clueless!

Y no es que “se hacía”, porque en eso Luz es como yo, súper transparente.

Al final, y después de quemarme hasta el apellido con la pielcita de los morrones, de pura desesperada le largué un... “Así que de un momento a otro vuelve Amanda, ¿no?”, que la dejó A- NO- NA- DA- DA. Te juro... no se hacía... Se recontra piró con la noticia, (=se enloqueció) Con decirte que Charly García, (el músico que se tiró a la pileta desde un cuarto piso), al lado suyo, era un verdadero monumento a la cordura.

Y entonces, muy distinto de lo que yo había planeado, la que empezó a preguntar fue ella.

Creo que de haberle dicho que el Anticristo estaba buscando a Juampi para estamparle un 666 en la frente, se lo hubiera tomado con más calma.

Te la hago corta, porque estoy en el cyber, y la cuenta se hace larga.

De niña la dulce Amandita era la mejor de las pibas. Compañera de curso de Ine, había sido novia de Juampi desde que ambos tenían uso de razón, (o en el caso de Juampi: edad para merecer, porque todavía el chico no es muy razonable que digamos) Las familias se veían todo el tiempo: fiestas infantiles, actos escolares. Incluso, durante el jardincito de infantes, Luz había actuado junto al papá de Amanda, haciendo de duendes. El tipo parecía de diez, mientras que la mamá siempre estaba con cara de culo. Y, quizás por eso, a nadie le sorprendió cuando decidieron separarse. Amanda tenía apenas quince años. Por supuesto el papá culpó a su esposa, acusándola de anteponer el trabajo a la familia . Pero al poco tiempo se comprobó que la mala cara de la mujer se debía a que él marido las mataba a golpes. Incluso más de una vez ella, O LA HIJA, habían acabado internadas.

Pero lo más raro de todo fue que, así como mientras el tipo las molía a palos, aquella era la más funcional de las familias, bastó que todo saliera a la luz, para que las cosas se desbarataran. Es decir, por supuesto la justicia logró alejar al golpeador de la casa. Pero la madre decidió que era hora de encontrar reemplazante, por lo que empezó una vida de hombres, alcohol y juergas. A Amanda... (con todo y que me cae mal, ¡pobrecita!), la adolescencia le hizo horrible, y Juampi estaba tan enamorado, (ay..., recontra ay..., súper AY), que se dejó arrastrar por ella.

Todo era un verdadero quilombo, hasta que una madrugada llegó a la casa la policía, para avisarle a la familia que Juampi, alcoholizado y drogado, se había estrellado con el auto, y estaba peleando por su vida. Tardó como una semana en que se reabsorbiera el coágulo que tenía en el cerebro. A Amanda, en cambio, le llevó casi medio año rehabilitarse. Según los padres de ella, (sobretodo el padre, que culpaba a todo el mundo menos a él mismo por lo ocurrido), las drogas eran idea de Juampi. Pero, por supuesto, Luz pensaba justo lo contrario. Entonces la solución pactada por ambas familias fue separarlos. A ella la mandaron a vivir a Madrid con una tía, y a él le prohibieron comunicarse.

La verdad..., si no fuera porque eso me lastima demasiado, pensaría que un amor semejante, capaz de resistir el tiempo y la distancia, es un gran amor.

Pero como soy yo, y duele demasiado, sólo pienso: Estoy en el horno.

Por supuesto Luz estaba feliz y convencida de que Amanda ya no formaba parte de sus vidas. Hasta que llegué yo, y mi bocota, para hacerla entender lo contrario.

Para esa altura de las empanadas, como dos bobas estábamos abrazadas en medio de la cocina, llorando a moco tendido.

Ella porque tenía miedo de que Juampi no se hubiera olvidado de Amanda.

Y yo...

porque sabía que Juampi no se había olvidado de ella.

¡Qué súper bajón!

Y ahí estaba yo, triste, desesperada y desprotegida, cuando de repente llegó él...

El Bruto.

Juampi.

“¿Por qué lloran?”, nos preguntó.

Luz, gracias a una repentina inspiración, le respondió: “Por la cebolla”

“¿Por la cebolla lloran abrazadas?”

Dudo que lo hayamos engañado.

El resto de la noche estuvo muy serio y pensativo.

Pero eso mejor te lo cuento mañana.

Chau


lunes 21 de julio de 2008

La historia de Ifi


Consejos, y otros consejos


Pachi:

Ayer me comuniqué con las chicas del Blog, y Rasia me sugirió que le pidiera explicaciones al Empanada. ¡No way!!!!!!!!!!!!!!!

Esta tarde pasó Ine, y me contó el motivo de tanta algarabía, (¡chupate esa!), entre los dos. El muy maldito de José Luis, al ver la carita de culo de mi amiga, y para no venderse, ni bien Ine se subió a su auto le empezó a decir que, si bien se suponía que la salida era para engancharnos a él y a mí, estaba seguro de que en verdad todo eso no era más que una excusa que había inventado el Bruto para estar a mi lado.

PORQUE ERA OBVIO QUE YO AL BRUTO LE GUSTABA, Y MUCHO!!!!!!!!!!!!!!!

(¡qué raro! Yo opino lo mismo)

Y, escuchate ésta, porque no se puede creer...

QUE YO LE HABÍA CONFESADO QUE ESTABA MUERTA POR EL BRUTO.

Qué traidor inmundo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Por eso se reían tanto!!!!!!!!!!!!

La verdad, mucho no me puedo quejar, porque yo lo había traicionado primero a José Luis, contándole a Juampi sus sentimientos por Ine. Pero eso no justifica semejante traición!!!!!!!!

Le contó TODO. Lo de que yo creía que era gay, lo de los “novios” que me había presentado, y lo del robo.

¡BOCINA REPELENTE!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Te juro que lo recontra odio, a ese enano parlanchín.

Pero lo realmente malo es que parece que ahora a Ine le empezó a gustar. Digo, porque largó un: “La pasamos re bien con José Luis. Y no es tan idiota como yo pensaba”, que resultó por demás prometedor.

Como sea, esta vez me exigió que me definiera:

“¿A vos mi hermano te gusta sí o no?”, me preguntó de puro malvada, porque mi respuesta era OBVIA.

Por un buen rato me puteó en todos los idiomas, por habérselo ocultado, y me prometió hacer lo posible para que acabáramos de cuñadas.

Dada su buena disposición hacia mí, le imploré que me contara todo sobre Amanda. Me respondió que había jurado callar lo que sabía de ella, pero que la chica tenía un secreto, y bien gordo.

Agotadas todas las fuentes, y ya que el Bruto se niega a hablar, sólo me queda hacerle caso a mi amiga Carolina del Blog, que me ha sugerido ir en busca de Luz, la madre de los hermanitos. Creo que le voy a hacer caso a Carolina. No porque Luz sea una chusma, (en el sentido de chismosa, y no como lo usa Quico del Chavo del 8), sino porque dudo que ella le haya jurado nada a nadie.

Ahora... ¿cómo puedo hacer para encararla con discreción?

Lo único que se me ocurre es ir a la casa a eso de las ocho de la noche. Ella va a estar haciendo la comida, mientras que Ine va a estar en el gimnasio. Lo peligroso de hacer esa pequeña excursión, es que, en medio del interrogatorio, caiga Juampi o el papá, porque, ¿cómo les explico el motivo de mi curiosidad?

No importa. Igual me arriesgo, ¿no te parece?

Mañana te cuento.

Ifi

sábado 19 de julio de 2008

La historia de Ifi


Insomnio de una noche de verano


Ay...

Anoche no pude pegar un ojo.

Te sigo la historia de ayer:

Ya habíamos salido del cine con los hermanitos y el Empanada, ¿te acordás? Íbamos rumbo a...

a un lugar lejísimo, (¡como si no hubiera buenos bares cerca! O de último podíamos ir a L´altra Volta, que queda acá nomás, y fabrica los helados más ricos y dulces de Buenos Aires. Así, si todo fallaba, al menos me quedaba el último recurso de ahogar mis penas en un cuarto kilo de chocolate blanco y crema de almendras, ¿no te parece?!!!!!!)

Juampi insistió para que fuéramos a buscar los autos a su casa, (2 autos para 4 personas, ¿entendés?, porque yo no) Según se justificó, semejante despilfarro de combustible (¡y con lo caro que está!) sólo se debía a que había quedado con unos amigos, y que posiblemente tuviera que partir al más allá en medio de la reunión.

Y digo lo del “más allá”, porque si de verdad hubiera intentado rajarse de esa cita de locos, dejándome sola, dudo que hubiera permanecido vivo como para encontrarse con alguien.

Al final, aunque no muy convencidos, accedimos por no llevarle la contra.

De más está decirte que cuando la hermana se subió a su auto, Juampi puso el grito en el cielo. Ine, por su parte, chillaba porque no quería viajar sola con José Luis. Así que no pensó en mejor solución al conflicto que arrastrarme con ella a su auto, (ya para ese entonces el Empanada se sentía de lo peor, como te imaginarás, porque daba la impresión de que nadie quería ir con él) Y ya estábamos acomodadas, (las dos chicas atrás y José Luis de chofer, como si tuviéramos quince años), cuando Juampi se bajó a los gritos. Se puso como loco con la sola idea de viajar solo, (sola/solo, ¿te gustó), y EXIGIÓ que yo lo acompañara.

A estas alturas de la cita, un espectador avisado hubiera podido extraer un pequeño decálogo de cosas a NO HACER en caso de querer enganchar a dos amigos con discreción, a saber:

1) No armar una salida con un grupo que no suele salir junto.

2) No proponer sitios extraños y lejanos, que llamen la atención de los presentes.

3) No improvisar a la hora de decidir la ubicación de las personas en una mesa, autos, o en el cine.

4) Pensar de antemano actividades que les gusten a todos.

5) No usar HERMANOS como parte del grupo, porque esto disminuye la posibilidad de hacer combinaciones plausibles.

6) No imaginar que si alguien ha compartido una vida al lado del otro, va a enamorarse de esa persona sólo por acompañarlo en el auto.

7) No incorporar al grupo a ninguna pareja que también se halle en una situación confusa.

8) No tratar de forzar las cosas.

9) No tratar de enganchar a dos amigos.

10)NO TRATAR DE ENGANCHAR A NADIE!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Demás está decirte que antes de partir yo me hice la distraída, como si estuviera tan sorprendida como mi amiga por los extraños comportamientos de su hermano. Pero cada vez que Ine, que estaba furibunda, lo miraba al Bruto, te juro que le salían rayos y centellas por los ojos.

Como sea, cuando al fin nos quedamos solos en el auto con Juampi, la cosa no fue para nada romántica. De hecho, no fue nada fácil.

Por algún motivo, algo de lo ocurrido en el cine parecía interponerse entre nosotros, impidiendo esa fluidez en el trato a la que estábamos acostumbrados.

Pasaron las cuadras, (=calles), y el silencio nos atrapaba, cada vez más espeso y denso.

¡Pará! ¿Espeso no es lo mismo que denso? ¡No importa! Suena bien, así que lo dejo.

Como sea, no era nada placentero estar así.

Pero, ¿de qué podíamos hablar?

Y ahí me acordé de algo que me habían dicho las chicas del Blog, y que había creado en mí una duda más que razonable sobre el comportamiento del Bruto.

“Hay algo que no entiendo”, le saqué de la nada. “Cuando yo pensaba que eras gay, a vos no te parecía tan malo subir a mi departamento. Pero la otra vez te negaste”

“¿Y con eso? Está clarísimo... ¿Qué no entendés?”

“Que vos no sabías que yo creía que eras gay”

¡Me puso una cara! Creo que no lo había pensado. Pero igual insistí:

“¿Qué había de distinto para vos la otra vez?

“Nada más fácil: cuando creías que era gay, éramos amigos”

“¿Y ahora?”

¿Podés creer que de nuevo me miró mal?

Y entonces, sin aclarar nada, empezó a quejarse: que yo lo volvía loco, que no sabía cuándo parar, que siempre estaba preguntando pavadas.

Raro, porque a esa altura, y a pesar de tantas preguntas, yo ya no entendía nada. Para colmo, justo en ese preciso momento llegábamos al lugar. Nosotros, (los 2), con súper cara de culo. Ine y José Luis, en cambio, muertos de risa. No sé lo que habrá pasado en ese viaje, pero al bajar esos dos estaban como chanchos. ¡Meta hacer chistes, y pasarla bien! El contrate entre los cuatro era tremendo.

Yo, la verdad, me sentía muy dolida. Porque, si “antes”con Juampi éramos amigos, eso significaba que “ahora” no éramos nada. ¡Simples conocidos!

Entre medio de la burla de los otros, él me miraba. ¡Cómo me miraba! Yo tenía la vista al frente, pero igual lo sabía, porque ahora que llevo lentes de contacto lo veo todo, incluso lo que pasa a mi alrededor.

Él se recontra había dado cuenta de que yo estaba enojada, y me largó dos o tres indirectas. Pero yo, nada. ¡Muy ofendida!

Después de un rato empezó a refrescar, (estábamos afuera, en un jardincito), y José Luis, (todo un caballero), me ofreció su saco, muy entallado. Por supuesto que me negué, aunque me moría de frío, porque no quería pasar la humillación de que no me entrara (el chico es gordito, lo sé, pero yo tengo los hombros súper anchos!!!) Después se lo ofreció a Ine, y ella sí lo agarró.

Yo estaba cada vez más helada, pero no podía quejarme. Por fortuna, sin que yo se lo pidiera, el Bruto se puso de pie y me cubrió con su campera, (=parca, =chaqueta)

¡Ay!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Se sintió tan lindo que me acariciara los hombros. Porque te juro que me acarició. ¡Estoy segura! ¡Y no sabés cómo me hizo por dentro!

“¿Vos no te tenías que ir?”, le preguntó Ine, de pura malvada.

Y Juampi se puso verde. Después la piloteó para explicar lo inexplicable. No convenció, pero ya daba lo mismo.

Para cuando me volví a subir a su auto, Juampi estaba hecho una seda. Me explicó que yo lo había entendido mal. Que antes, cuando yo creía que era gay, lo trataba de una forma tan desenfadada, (¡mirá qué palabra!), que él me consideraba casi, casi como su hermanita menor. Pero que después del robo, (ahí medio se pisó, porque varias veces hizo mención a que también antes de eso), te decía, que después del robo, él se había dado cuenta de que, además de una buena piba, era una mujer. Y que la amistad entre un hombre y una mujer siempre era complicada. Y que él no quería crear, ni ¡crearse!, (te juro que lo dijo así), malos entendidos.

Y ahí arrancó a hablar de la novia. Y que estaban juntos desde siempre. Y que ella era una buena piba, con una mala historia, y que...

No sé. Habló un montón, pero no dijo nada. Hay algo en la tal Amanda que no me cierra, pero que lo une a ella de una manera casi inquebrantable. ¡Qué se yo!

Como ya era re tarde, no tardamos mucho en volver a la casa. Nos despedimos de los otros dos, que continuaban encantados, y me llevó caminando a mi depto, (=piso), a pesar de que son un montón de cuadras (=calles)

Se sentía increíble caminar junto a él. Aunque si te tengo que ser sincera, la mayoría de las cuadras las hicimos en silencio.

Al llegar me enfrentó, y se quedó un montón de tiempo así. Me comía la boca con la mirada, y por un largo rato tuve la sensación (o la esperanza) de que por primera vez iba a besarme posta. Pero no. Al final me dio un beso en la mejilla, y se fue. Y no había dado dos pasos, cuando se volvió, y me dio un piquito. (Un beso en los labios, sí, pero uno que es apenas un toque)

Yo me quedé tan pelotuda, que sólo atiné a observarlo partir, EN SILENCIO.

¿No es raro que yo me calle la boca?

¡Mirá cómo estaba de conmocionada!

Ahora, como te dije, no puedo dormir.

Que le gusto, le súper gusto. Ya no hay dudas.

Pero... ¿por qué no termina de decidirse por mí, y larga a la otra? ¿Qué tiene con Amanda?

¿Alguna vez te pasó algo así, Pachi? Es decir, descartando a esos boludos que te dicen que su chica no los comprende, pero que no la largan ni a sol ni a sombra.

Como vez, lo mío está todo mal.

Desesperanzada

Ifi

miércoles 16 de julio de 2008

La historia de Ifi

Fiesta de pochoclos


Uy, Pachi... No sé muy bien por dónde empezar esto. Es más. No lo estoy tecleando directamente, sino que estoy haciendo un borrador en una servilleta que tengo en la cartera, para no escribir cualquier pavada.

La verdad, estoy recontra confundida.

Hoy, como te dije, quedamos en salir los cuatro, (Ine, el Empanada, Juampi y yo), con rumbo a lo desconocido. Bueno, al menos desconocido para mí, porque el Bruto parecía tenerlo todo bien planeado.

¿Por dónde empiezo?

Como habíamos quedado, ni bien acabé con el trabajo, me dirigí a casa de los hermanitos. Luz, la mamá, debía saber algo, porque me miró con una cara súper rara ni bien me abrió la puerta.

Ya en el cuarto de Ine, la cosa no fue menos extraña. Primero porque esta vez era yo la que daba consejos de belleza y tenía la mejor ropa. Por un momento me sentí como una Barbie en la facultad de Filosofía y Letras, (súper desubicada) Pero también fue raro lo que decía y preguntaba Ine. Porque se suponía que esta salida era para engancharme a mí con José Luis, (motivo supuesto), o, en el mejor de los casos, a ella con José Luis, (motivo real), pero mi amiguita no hacía más que preguntarme por mi relación con su hermano. Qué opinaba yo de Juampi, si me gustaba, si lo había visto a solas alguna vez. Yo me limité a contestar como en el juego: “Ni sí, ni no, ni blanco, ni negro”, (si no conocés el juego, después te lo explico)

Para desviar el tema, comencé a preguntarle por la dulce Amanda. Ahí la que empezó a jugar al gato y al ratón fue ella. ¿Por qué nadie en esa familia habla de la novia fugitiva? Sé que fue al mismo colegio que todos ellos, que era una visita frecuente en la casa, y que Ine se ha comunicado más de una vez con ella durante su exilio. Entonces..., ¿por qué nadie quiere hablar de Amanda?

A la hora de estar allí, llegó el Empanada. Nosotras bajamos, pero el Bruto no estaba, por lo que la situación fue de lo más incómoda y tensa. Es horrible cuando nadie sabe que todos saben lo que no deberían saber.

Te diría que lo único que tuvo de bueno ese encuentro con José Luis, fue permitirme entender por qué nunca antes el pobre muchacho me había llamado la atención. Sucede que cuando está Ine, José Luis, el pibe divertido e inteligente, desaparece por completo, para dar paso al Empanada, el gordito gil. ¡Qué bajón! ¿Por qué será que siempre mostramos nuestra peor cara con aquellos que más nos gustan? ¡Te juro! ¡El pendejo parecía un idiota! Por eso que a Ine no le gusta.

Después de un rato llegó Juampi, y yo me propuse seguirle el juego, (o al menos lo que yo pensaba que era el juego), y comencé a festejarle al Empanada todas las gracias.

Las dos veces que había salido a solas con él habían servido para enseñarme cómo lograr disparar su humor ácido, así que no me costó demasiado encender su chispa. Para cuando llegamos al cine, el chico era el alma de la fiesta, mientras que el Bruto, (¡por algo lo llamo así!), se mostraba por demás enculado, (=... ¿te lo tengo que explicar?)

Esperá que busco más servilletas.

La película la eligió Juampi y

Ahora sí... Ya estoy tecleando otra vez.

La peli la eligió Juampi, y era una comedia inglesa que se llamaba “Muerte en el funeral”, o algo por el estilo. Era graciosa, bien articulada, pero el humor no era tan fino como podía esperarse del cine inglés.

Cuestión que ni bien nos sentamos, empezaron los problemas.

Ine y yo pasamos primero, y después los dos varones. Veníamos, desde el centro hacia el costado, así: Yo, Ine, Juampi y José Luis. Una distribución no demasiado interesante ni jugada, como te imaginarás, así que en seguida Juampi saltó y dijo que ni muerto se sentaba “al lado de esta tarada” (sic) Pero en vez de cambiar lugar con José Luis, como hubiera sido lo lógico, nos hizo correr a todos un puesto, y se sentó al lado mío: Juampi, yo, Ine y José Luis.

Entonces fue Ine la que se quejó de no ver bien en ese sitio, así que de nuevo cambió lugar conmigo, (eso de no ver bien era cualquiera, porque la sala estaba buenísima, y sólo podía taparte el hombre elástico, y si llevaba un sombrero) Pero de nuevo protestó Juampi.

Bueno, te la hago corta, aunque te juro que fue re larga. Para cuando las luces se apagaron, quedamos sentados así: Ine, José Luis, yo y Juampi.

La peli daba para hacer comentarios, así que yo cada dos por tres me apoyaba sobre el Empanada para decirle algo a Ine.

Dos o tres veces el Bruto me hizo un comentario sobre mi actitud, tipo: “Dejalo, pendeja”, “No te metas”; o el más inentendible aún: “¡Pará de tirártele encima a José Luis, Ifi!”

Raro, ¿no?

Como yo soy bastante ingobernable, y estaba decidida a hacerla de Celestina, seguí con la mía, como si nada. Pero esta vez, cada vez que me agachaba sobre el Empanada, sentía un pochoclo golpeando mi cabeza.

¡Muy maduro de parte del Bruto!

Dejé pasar el primero. Me hice la sota con el segundo. Pero al tercero reaccioné. Agarré un puñado del paquete, y, como quién no quiere la cosa lo tiré sobre la cabezota dura de Juampi, en forma de lluvia. El agarró otro puñadito, deslizó su brazo por detrás mío, y lo empujó por debajo del cuello de mi remera. Te juro que me hizo cosquillas, pero igual yo la seguí, porque está visto que no sé cuándo parar. Llené mi mano de pochoclos, le abrí la camisa, y se los esparcí por el pecho.

Ayyyyyyyyyyyyyy.

¿Apenas lo toqué? ¿O lo súper acaricié?...

No sé, pero igual se sintió re rico. Él capturó mi mano, y me miró de una manera!!!!!!!!!!!!!!! De nuevo, Pachi... Me encantaría poder explicarte cómo me miró.

Creí que me moría de placer, y otra vez me pregunto si llegar al final en el sexo puede ser tan bueno como esto que siento cuando él me mira de esa forma.

No sé cuánto estuvimos así, él sosteniendo mi mano en su pecho, mientras nos mirábamos en la oscuridad (fue un poco pringoso, por los pochoclos, pero igual muy romántico)

De no haberme llamado Ine para decirme alguna pavada, creo que hubiéramos continuado así para siempre.

Cuando le contesté a la pesada de mi amiga, él ya parecía interesadísimo en la película.

Yo me quería morir, y a la vez no quería que se notara que me quería morir, así que me hice la superada, y aproveché para hacerle un comentario a José Luis.

Y entonces Juampi, fija la mirada en la pantalla, y con la misma cara que si la peli hubiera sido La Pasión de Cristo, de Mel Gibson, me agarró bien fuerte la mano, y no me la soltó casi hasta el final.

¿Sabés qué pasa, Pachi?

Todo se siente rico cuando estoy con él.

No sé por qué.

Nunca me pasó eso con otro...

No sé, a veces me parece que estuviera embrujada. Como mi amiga Marcela, del Blog, que justo cuando llega la suegra a visitarla se cae rodando por las escaleras... Sospechoso, ¿no?

Bueno, después de acabada la peli, fuimos directo a tomar algo. Pero eso te lo cuento mañana. O esta noche, si el cyber está abierto, porque me parece que igual no voy a poder dormir.

XOXO

Gossip gi

No, Yo

lunes 14 de julio de 2008

La historia de Ifi

Un entendimiento no tan bueno

Ay, Pachi:

Esto cada día se vuelve más raro.

¿Te conté que ayer me vino a buscar Juampi al trabajo, como una hora antes? Bueno, todavía no tengo ni la menor idea de por qué lo hizo, pero sé que Aurelio, mi jefecito bi, tenía algo que ver. Porque el Bruto pasó toda esa hora a mi lado, hasta que se cumpliera mi horario, y me jugaba de enamorado, mientras no le perdía pisada al otro. Me daba besitos en la mejilla, en las manos... ¡y yo me quería morir! Es decir, no me quería morir, porque la recontra disfrutaba, pero ya para el final de esa dulce farsa, (más dulce que tres kilos de helado de Volta), mi corazón estaba a punto de estallar. ¡Te juro!

Yo estaba tan... vamos a decir emocionada, por no decir una grosería poco romántica, que apenas si le hablaba. ¡No sabés cómo se siente tenerlo así de cerca! ¡Fue increíble!

Y lo más increíble, y ahora que lo pienso, un tanto ridículo, fue que yo no le pidiera explicaciones por su comportamiento ahí mismo. Pero, no sé... Ni bien llegó me tiró un piquito, y yo, imaginate como que yo fuera de esos muñecos de plástico que ponen en las propagandas, partidos al medio, para ejemplificarte cómo el moco te ataca el cerebro cuando estás resfriado. Bueno, yo me sentía igualita. Partida al medio, con todo mi interior al descubierto, y con miles de hormonas jugueteando con mi razón, a su antojo. Más que de averiguar, tenía ganas de besarlo, devolverle las caricias, mirarlo a los ojos. Y, gracias a Dios, eso fue lo único que no hice, porque de lo contrario se re hubiera dado cuenta de lo que me pasaba.

Ni bien se acabó mi horario me ayudó con las cosas, (miles de cosas), que llevo en la cartera, (el bolso), tipo cuadernos, libros, y galletitas, y él me la acomodó.

(eso quedó medio de doble sentido, y si estuvieran leyendo esto mis hermanos se hubieran muerto de la risa, pero vos pasá de largo)

Una vez afuera yo esperaba una explicación. Pero no. Como si no hubiera ocurrido nada de nada, se limitó a contarme que por la mañana la había acompañado a Ine a despedir a Piti al aeropuerto, y que la niña estaba hecha concha, (disculpá la grosería, pero todos los sinónimos que se me ocurren también lo son) Que a él lo mataba ver a su hermanita tan mal, así que había tenido una celestial iluminación.

¿Por qué no emparejar a su hermanita con su mejor amigo?

Como ves, los hombres siempre llegan tarde a todo.

Cuestión que de una le mandó un: ¿Y a vos no te gusta José Luis?, que la otra respondió con cara de asco. Pero más pensaba Juampi en la cosa, más le cerraba, así que se decidió por un plan alternativo, según él para no tener que escuchar a su hermanita llorar por los rincones durante el resto del año.

Su brillante idea.... Escuchá ésto, porque no se puede creer...

Su brillante idea fue decirle que José Luis estaba muerto conmigo, y pedirle a ella que lo ayudara a emparejarnos discretamente.

¿Entendiste? Porque yo no.

Te aclaro: A partir de ahora vamos a comenzar a salir juntos, LOS CUATRO. Es decir, los hermanitos, el Empanada, y yo. Se supone que va a ser para que José Luis pueda conquistarme, pero en realidad va a ser para que Ine lo vea con otros ojos. Tenemos que dejar que el chico se luzca, y generar el mayor número de oportunidades posibles para que puedan estra solos. Ellos dos. Es decir, si salimos los cuatro, y a ellos los dejamos solos, con Juampi nos quedamos también solos, ¿entendés? Porque yo no.

No sé... ¿A vos qué te parece?...

Por supuesto le dije que sí. Primero porque yo al Bruto no puedo negarle nada. Y después porque todavía seguía re loca con lo del laburo.

Pero ahora estoy un poco arrepentida, y bastante dolida. Arrepentida porque estoy segura que eso sólo va a lograr que me siga re súper recontra enamorando de Juampi. Después llega la novia de España, ¿y yo? Y dolida porque es obvio que a él no le pasa lo mismo conmigo, porque de lo contrario ni me lo hubiera propuesto, ¿no te parece?

No sé. Todo es recontra complicado.

Hoy me viene a buscar a las seis. Mañana te cuento.

Confundida.

Ifi

viernes 11 de julio de 2008

La historia de Ifi

Breve historia de la incomunicación, segunda parte, o

¿Por qué no me llamaste?

Pa:

Hola, disculpá el drama de ayer, pero, la verdad, esto de lidiar con los hombres que nos tocan en suerte, está cada día más complicado.

¿Qué le pasa a nuestros varones? ¿No era tanto mejor para nosotras cuando tenían que arrodillarse, y pedirle la mano a nuestro padre?

Ahora pretenden arreglar la cosa con una llamada, o un txt. Y después de semejante esfuerzo emocional, (¡no sabés como les quedan los dedos, pobrecitos!), no se conforman con nuestra mano, precisamente. Lo quieren TODO, y cuanto más al sur quede ese todo,

mejor.

Disculpá de nuevo. Hoy me levanté quejosa. Y sé que con quejas no arreglo nada. Por el contrario, me parece que voy a tener que tomar la iniciativa, y fundar el movimiento de desliberación femenina. Y no es que yo apoye el quedarme en mi casa para servir a un hombre, pero ya que me rompo el lomo trabajando, lo menos que pretendo de ellos es que me cedan el asiento, paguen mis cuentas cuando me invitan, y tomen la iniciativa, aún jugándose la posibilidad de un rechazo. ¿Qué pasa? ¿No les alcanzan los testículos para bancarse un “no”?

Si yo fundara ese movimiento de desliberación femenina, la primera regla, (la principal), sería:

1) La mujer se reserva el derecho total sobre toda histeriqueada factible en la pareja.

Porque ahora, como si el puesto de niña bonita estuviera vacante, ellos no hacen otra cosa más que histeriquear.

Sin ir más lejos, el Bruto, por ejemplo.

Ya casi estaba decidida a seguir el consejo de las chicas del Blog, y llamarlo, cuando ayer se apareció por mi laburo, (=trabajo), y ¿qué fue lo primero que dijo?

“¿Por qué no me llamaste?”

¡Él!!!!!!!!!!!!!! ¡A mí!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Me reprochó que no diera mi brazo a torcer, y lo llamara de inmediato, al darme cuenta de que mi celu era el de él. Pretendía que fuera YO la que me pusiera en contacto primero, vaya Dios a saber por qué, y me aclaró que si él lo había hecho, había sido sólo por la presión de la dulce Amandita, que se negaba a aprender otro número telefónico.

¡¿Está crazy este pendejo?!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Le debo haber puesto una cara de asesina serial terrible, porque mucho no insistió. Es más, después cambió el tono a re dulce, y me contó de la llamada de mi mamá. Yo quería permanecer seria y enojada, pero, cuando se lo propone, puede ser encantador, así que varias veces tuve que darme vuelta para poder reírme a mi antojo, sin que me viera.

Después pasó algo re raro. Ya casi estábamos llegando a casa, cuando, al cruzar la calle, por la esquina y sobre las rayas blancas, un boludín atómico por poco y no me atropella. Él, que todavía estaba parado en la vereda, estiró una mano, y me empujó hacia sí, atajándome en medio de su pecho, (¡ay!, sí..., fue tan romántico como suena, porque él es re grandote y fuerte al lado mío, así que me lleva y me trae como quiere) Yo, entre las sorpresa, los nervios y la calentura, me quedé ahí, re calladita, entre sus brazos. No le podía ver la cara, por supuesto, porque es re alto, pero sí podía sentir la presión de su abrazo. Y entonces, cosa inexplicable, me retó. “Ves que me volvés loco”, dijo. Y esta vez sí lo dijo como cuando mi mamá está súper enojada, porque me mandé una de las mías... Raro,¿no?

Después de eso, por un rato seguimos caminando en silencio. Y ahí fui yo la que comencé a hablar sobre su Amandita. Claro que no le dije ni la mitad de lo que pensaba, ni me burlé como me hubiera gustado. Es decir, me porté como una buena chica, que es lo que corresponde, porque, en esta historia, “la otra” soy yo, y de ser a la inversa, no me gustaría que una pendeja cualquiera se estuviera burlando de mí.

Y ahí pude comprobar que Juampi, cuando se trata de la novia, tiene una horrible compulsión por quedarse mudo. ¿Viste que en las encuestas hay un casillero para el “NO SABE/ NO CONTESTA”, bueno, en el caso de él tendría que ser: “no lo ignora, pero igual no contesta” Al final pude sacarle muy pocas cosas. Como que la muy malvada viene recién dentro de un mes; que desde hace unas semanas, y se ve que para reavivar el romance, lo llama todos los días; que en España la pibita trabajaba como modelo, (¿a vos te suena? Se llama Amanda Costas)

¿No es un súper bajonazo que tengas que disputarle el chico que te gusta a una súper modelo?

¿Sobre todo si vos al único súper que te parecés es a Hulk cuando se enoja?

Como sea, cuando habla de la pibita suena más abatido que contento, ¿o será mi imaginación?

Después de un rato me contó que había estado hablando con Ine, y que la notaba re bajoneada, (¡chocolate por la noticia!), y que contaba con mi ayuda para levantarle el ánimo. Yo le dije que también lo estaba, así que no era demasiado buena para compañía. Juampi ni intentó averiguar qué me estaba pasando, y, en cambio, se limitó a dejar entrever que también él estaba para el caraj, digo, mal. Y ahí volvió a la carga con eso de echarme en cara que no lo llamaba, y que lo tenía olvidado como amigo, (remarcando lo de amigo)

Como ya llevábamos más de dos horas parados en la puerta de mi edificio, y yo ya te conté lo “discreta” que es la gente ahí, al final le pregunté si no prefería subir. ¡Hasta le ofrecí galletitas! Pero él, de nuevo, me dijo algo rarísimo. Me preguntó si, ahora que sabía que no era gay, igual no me importaba que subiera. Yo le dije que recién ahora sabía que no era gay, pero que siempre había sabido que era Juampi, por lo que, gay o no, no me molestaba. Y entonces me contestó que hacía mal, porque además de Juampi, era un hombre. Y un bruto. (¡!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!)

¿Qué quiso decir con eso?

Después me dio un beso en la mejilla, y antes de que yo pudiera reaccionar, se fue.

¿Quién entiende a los varones!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

¿Qué me sugerís que haga ahora? Es decir, parece que a él le gusta que lo llame, pero yo no

¡Me quiero morir, Pachi!

¡Es él! ¡En vivo y en directo!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Pero falta una hora para que termine mi horario. Raro, ¿no?

Mañana la sigo.

miércoles 9 de julio de 2008

La historia de Ifi


La historia de la incomunicación, o

¿Por qué no me llama? Tercer día.


Hola, Pachi. ¿En qué había quedado? Ah, sí... en contarte lo de Ine y el Empanada.

La verdad es que fui una boluda al no darme cuenta de que mi celu no era el mío. Pero, antes de la llamada de Amandita, casi ni lo había usado. Y además, los dos celus están nuevos, reluciente, e igualitos. Porque al viejo yo le había pegado unas figuritas de Winnie Phoo, (¿pegatinas les dicen ustedes), pero este estaba impecable.

Bueno, te cuento lo de Ine, que está re mal. La verdad, no sé que le pasa a esta chica. Porque si habláramos de mí, se justifica. Es decir, el Bruto es DE VERDAD el hombre de mi vida. En cambio a ese Piti es mejor perderlo que encontrarlo. Además, él se va sólo a Chile. Mientras que el Bruto se queda acá, pero se queda con otra. ¡Me quiero morir!

¿Pero acaso Ine me tiene lástima? ¡No! Todo el tiempo habla sólo de ella, y lo que le está pasando.

Claro, por supuesto ella no sabe nada de lo que me pasa a mí, porque jamás le conté lo que me pasaba con Juampi, o, mejor dicho, lo que no pasaba. Porque con Juampi no pasa nada. Y ahora soy yo la que está chivada. A estas alturas él ya tiene que saber que su celular es el mío. Porque si la tal “Amandita” no le dijo nada, mi mamá, en cambio, parece que le cantó las cuarenta. Es decir, ayer me llamó mi vieja, y me dijo que estuvo hablando con él. Primero a los gritos, porque pensó que estaba conmigo. A ver si entendés... Mi vieja llamó como a las dos de la mañana, (siempre tan ubicada, pobrecita) Parece que se había despertado en medio de la noche, con un mal presentimiento, y por no hacerle quilombo a mi viejo, me llamó a mí. Bueno, en verdad intentó mandarme un mensaje de texto, pero como es medio torpe, terminó llamando a mi celu. Entonces la atendió Juampi, con voz de estar durmiendo. ¡Para qué! ¡Mi santa viejecita se puso como loca! Y te juro que cuando se pone así, mejor que te salgas de su camino. Le dijo, menos lindo, de todo. Y el pobre Juampi no entendía nada. Tardó más que yo en darse cuenta de que su telefonito era el mío. Pero como el chico es un langa con todas las letras, (=un galán, dicho al vesre), la recontra convenció de que era un buen chico, y SÓLO MI AMIGO. Le contó que tenía novia, y para el final de la conversación ya eran como chanchos. Pero como mi mamita querida es re desconfiada, igual volvió a llamar a lo de Ine por el teléfono de línea, para cerciorarse de que él le contestara, y después me llamó a mí, a casa, y no por celular, por las dudas. Te imaginarás cómo me cayó la noticia de aquella conversación. ¡Me quería morir!

Bueno, sigo con lo de Ine...

¿Pero acaso pensás que porque ya sabe que su telefonito es el mío, me llamó? ¡Ni así!

Bueno, Ine... Sí, ya sé. Te iba a contar lo de Ine. Pero te juro que pienso en el Bruto y me recontra engrano.

Bueno, Ine... A ver... Ah, sí... La otra noche, mientras ella lloraba en la mesa del bar, le pregunté si nunca le había gustado otro. Tipo un amigo del hermano, o algo así. Y ella respondió que Juampi... (¡ay!!!!!!!!, ¿por qué no me llama?), nunca había traído a la casa a nadie decente. Que siempre estaba dando vueltas por ahí con el Empanada, que desde chiquito era patético.

Disculpa...

Estoy llorando. Porque YO me siento patética.

¿Por qué no me llama?????????????????????????????

Mejor te dejo antes de que empiece otra vez.

Me quiero morir.

Yo

lunes 7 de julio de 2008

La historia de Ifi

La otra y yo

Pachi:

¡Síííííí!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

¿Cómo es posible que mi amiga Carolina, del Blog, que está a kilómetros de distancia, se haya dado cuenta, y yo, que hace dos días estoy cargando un telefonito ajeno, lo ignorara?

¡Sí! ¡Porque “mi” celular no era el mío, sino el del Bruto!

Al parecer los cambiamos la otra tarde, en el Bar. Así que durante un buen rato su novia y yo nos hablábamos, sin entender nada.

¿Te conté cómo se llama la niña?

Escuchate esta: ¡Amanda!

Nunca una Teresa, una María, una Ifigenia..., ¡Amanda!

Ya cuando tu vieja te bautiza así, se sabe que salís a la vida a ganar. ¡Y vaya si esta tiene tonito de ganadora!

Bueno, en realidad tiene tonito de “falluta”, como dice mi abuela. Es re, súper, ultra careta. Porque al principio era evidente que estaba enojada. Varias veces me gritó, exigiéndome saber qué mierda estaba haciendo con su novio. (Conste que eso de mierda lo dijo ella. ¡Quién se lo iba a imaginar, con esa carita de buena!) Pero cuando por fin me di cuenta de lo ocurrido, y se lo expliqué, la muy falluta cambió de voz. (Al parecer la pobrecita había estado llamando como loca el día anterior, mientras yo tenía el aparato apagado, por miedo a mi vieja, así que, a la noche, la dulce niña había recurrido al número familiar, para putear a su novio de lo lindo. ¡Y ni siquiera así se avivó Juampi! Ese está peor que yo!!!!!!!!!)

La pibita, te juro, me cayó re mal. Y no sólo por ser la novia del Bruto, sino porque en menos de un segundo pasó de la furia más encendida, a una amistad cómplice, demasiado sospechosa. Con un tonito dulce que, de no haber habido otro, me hubiera engañado.

La cuestión es que, gracias a esa presunta amistad, se creyó con derecho a interrogarme descaradamente.

Al parecer, el Bruto le había hablado mucho de mí, porque me recontra registraba. Sabía de mis galletitas, que yo llevaba anteojos, que me vestía mal, que era medio salame con los hombres, (por no decir salame y medio) Parece que, mucho antes de pelearme con Ine, ya mis excentricidades eran un tópico recurrente en sus conversaciones. (¡Mirá vos!) Pero un día, de repente, Juampi silenció toda historia sobre mí, tanto, que ella terminó pensando que ya no nos cruzábamos.

¡¿No es sospechoso?!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Bueno, a pesar de mis esfuerzos por disimular la cosa, la querida “Amandita” no me creyó ni un poco, que tan tonta no es, después de todo.

¡No sabés con qué encanto me preguntó acerca de la oportunidad EXACTA en que cambiamos los celus con Juampi!

Yo, como soy pésima mintiendo, traté de ser lo más sincera posible. Le dije que él me había ido a buscar al trabajo para encararme por mis recientes salidas con José Luis.

“¿Es común que Juampi te vaya a buscar al trabajo?”, me preguntó la muy turrita. “Digo, porque me llama la atención que sepa adónde trabajás”

La remé como pude: “Atiendo la biblioteca municipal del barrio. ¡Todo el mundo sabe adónde trabajo!”, le dije.

Me parece que igual no la engañé ni medio, porque después me empezó a preguntar por el Empanada, pero creo que lo hizo sólo por despistar.

Al rato insistió con esa torpeza de fingir que éramos mejores amigas, y me empezó a hacer confidencias. Me contó que la relación con Juampi era abierta, que ella también había tenido sus deslices durante esos años, y cosas así. Pero yo me mantuve en mis trece, jurando que entre Juampi y yo nunca había pasado nada.

Y ahora que lo pienso, no sé por qué lo digo con tanto orgullo, porque después de todo no es más que la verdad: entre nosostros nunca pasó nada de nada.

Entonces...

¿Por qué me siento como “la otra”????????????????

Uf... Esto ya está re largo.

Mañana, cuando la siga, haceme acordar que te cuente lo que piensa Ine del Empanada.

Un adelanto: ¡0 (cero) onda!

¡Lástima!

Yo

viernes 4 de julio de 2008

La historia de Confundida (Ifi)


Breve historia de una desgracia o

¿Por qué no me llama?


Pachi:

Hoy, por supuesto, de nuevo, como lo esperaba, conforme a lo previsto, el Bruto no me llamó.

La que sí no para de hablar conmigo es Ine, que está desesperada. Y, la verdad, no sé por qué, porque ahora que Piti está con media valija hecha, salen a la luz historias que dejan en claro que “el hombre perfecto” no era tan perfecto después de todo.

Como aquel asunto a la orilla del río, por ejemplo. Ahora resulta que lo que tenía que pasar allí, e Ine se encargó de publicitar a los cuatro vientos, en verdad nunca pasó. Y no me refiero al sexo, que ese hubo, y mucho, sino al placer.

¡Te juro!

“¿Y para qué me dijiste que ya estabas releyendo la historia, si ni siquiera habías llegado ni a la mitad del libro?”, le pregunté confundida.

“Porque me daba vergüenza”, fue su estúpida respuesta.

¡Vergüenza! ¡Cómo si también en el sexo los demás te pudieran estar juzgando!

Al parecer, al estar súper motivada, y tener la firme convicción de que Piti era perfecto, a mi amiguita del alma le pareció mal confesar que tampoco con él había logrado sentir nada. Es decir, nadie quiere ser frígida. Aunque en el caso de Ine, más me parece que le preocupa “que se sepa” ¡Qué súper bajón! Porque si bien estoy en contra de toda careteada, y no la voy con las mentiras, yo no sé qué hubiera hecho en su caso. Es decir, debe ser bastante frustrante. El tipo te gusta, el momento es justo, y vos... mirando otro canal. Yo, para colmo, traté de consolarla diciendo “Bueno, pero eso fue la primera vez... Seguro que después...”

¡La cara que me puso, pobrecita!

Pero, con todo, no fue el que Piti no le moviera un pelo lo que me hizo dudar de esa relación, sino el simple hecho de que no se atreviera a confesárselo tampoco a él. ¿Qué clase de pareja es esa, llena de secretos? Ella, por su parte, está convencida que hizo lo correcto al callar. Porque dice que los tipos son re sensibles, y tampoco se trata de herirlos o asustarlos. Para colmo, mientras me lo decía, intercalaba todo el tiempo un “Porque vos no sabés de estas cosas, Ifi... No tenés experiencia”, que, la verdad, ya al final me tenía un poquito las bolas llenas. Porque yo estaré más sola que un poste en el desierto, pero al menos no estoy obligada a andar pegando gritos por ahí cuando nada me duele.

¿De eso se trata el estar acompañada? ¿No ser una misma, para así gustarle al otro? ¡Para eso me quedo en mi casa!

¿Sabés lo que creo, a esta altura del partido? Que Piti nunca fue el hombre para Ine. Parecía perfecto, pero no lo era... Y es que ella se mandó hasta el fondo, sin conocerlo. No es, en cambio, mi caso con el Bruto. Porque aunque a mí no me pasara nada durante el sexo, igual me moriría de placer por tenerlo respirando sobre mí. Por sentirme envuelta en esa fuerza que me puede. Por..

Disculpá. De nuevo me puse cursi. Pero es que mis hormonas no perdonan.

¡Lo extraño tanto! Si tuviera valor, haría justo como me sugirió mi amiga Rasia, del Blog. Me haría la nueva, y le contaría que un pibe con novia está indeciso conmigo, a ver qué me dice él. Pero no tengo ni medio de valor. Y, además, me conoce lo suficiente, (y si no, le basta con preguntarle a Ine), como para saber que no hay otro. Que sólo está él. Y que yo me muero de amor por él. Y aunque nunca se lo conté a nadie, sé que todos ya lo saben. ¡Hasta mi vieja me preguntó qué andar haciendo tanto con el hermano de una amiga!

¡Qué súper bajón!

¿Por qué no me llama?

A veces pien

¡Pará! Me está sonando el celular, y es un número que no conozco. ¡Quizás sea el de su telefonito nuevo! Esperá que me calme un poco, contesto, y te digo.

Lo tengo acá al lado, y está sonando.

Yo me mando. Esperá.

¡Ay!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Pachi, me quiero morir!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

No es el Bruto.

¡Es la novia!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Mañana te súper cuento.


miércoles 2 de julio de 2008

La historia de Ifi

Cuatro entierros, y ninguna boda (segundos entierros)

Pachi:

Disculpá lo de ayer, pero cuando miré el marcador de la compu, ya no tenía ni tiempo para despedirme.

Pero me acuerdo perfectamente dónde quedamos. Es más, dudo que alguna vez en la vida pueda olvidarlo: yo, en brazos del Bruto, que trataba por todos los medios de consolarme.

¡No sabés qué bien se sentía estar así!

¿Pero acaso yo me conformé con eso, y me dediqué a disfrutar?

¡No!

¡Por supuesto que no!

¡Te juro que no sé por qué hago esas cosas!

Cuestión que le grité que, después de todo, no había nada de malo si yo salía con el Empanada, porque los dos éramos libres. Entonces me replicó que, si lo hacía, estaba todo mal, porque a mí su amigo no me gustaba ni un poquito. ¡Y ahí sí que se me volaron los pájaros! ¡Me puse como loca!

“¿Y vos qué sabés quién mierda me gusta a mí?!, le grité, enfrentándolo... Y el muy gallina se fue al mazo. Se salió por la tangente, y desviando la mirada, me largó un “Sabés que a mí no me va que digas malas palabras”, que no tenía demasiado que ver con nada.

Después me invitó a tomar algo a un barcito que estaba por ahí, y una vez sentados retomó la charla, evadiendo el tema principal, (principal al menos para mí).

“José Luis estuvo muerto por vos desde que apareciste en mi casa la primera vez”, me confesó. “Y si a vos no te gusta, no me parece correcto que lo uses para...”

¡Te juro que no lo dejé terminar! ¿Ahora me acusaba de aprovechadora? ¡¿Yo?!

La verdad es que me puse como loca.

¡Aprovechador es él, que, a pesar de saber que me gusta, (¿por qué otra cosa desvió el tema?), me tiene en reserva por si las cosas le fallan con esa novia que nunca termina de volver de España. (Por cierto, ¿en qué viaja la niña? ¿En ferry?)

Cuestión que empezamos a pelear tupido respecto de si el Empanada gustaba de mí, o no. Él insistía con eso de que era su amigo, y que lo conocía mejor que nadie. Y al final me sacó tanto de mis casillas que...

¡ay!

Es horrible lo que hice.

Pero le conté lo del Empanada con Ine.

Ay, ya sé que es de cuarta traicionar la confianza de un amigo... Pero, después de todo, a José Luis apenas lo conozco.

Ni bien escuchó mi verdad, (o la del Empanada, para ser más precisa), Juampi no se la creyó, y empezó a burlarse de mí. Pero se ve que después lo pensó mejor, o que algo le sonó en la cabeza, porque se puso re serio.

Y fue gracias a esa indecisión que logré serenarme un poco, e intentar aprovechar el momento. Después de todo, ni bien llegara la novia, cada vez iba a ser más difícil volver a estar solos.

“Mirá Juampi, yo entiendo que a vos no te guste que yo lo lastime. ¿Pero por qué le prohibiste a José Luis que me llamara? ¿Qué te pasa a vos conmigo, para que eso te moleste tanto?

¡Te juro! Se lo largué así, de una...

Él me miró...

¡No sabés cómo me miró!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

¡Y entonces le sonó el maldito celular!

¡¿Eso no se llama tener desgracia, Pachi?!

Justo cuando lo tenía acorralado, viene algún idiota a mostrarle la salida.

¡Qué recontra bajonazo!

Y no fue cualquier idiota. Fue la novia, llamándolo del más allá.

¿Podés creer mi mala suerte? Yo, por supuesto, la quería matar. ¡Y no era la única! A Juampi tampoco le cayó demasiado bien la llamada, porque la trató súper frío. Tomó algo de distancia para poder hablar tranquilo, pero yo escuché todo igual. ¡Hasta oí algo de la voz de ella! Por lo que calculo que del otro lado, la charla no era nada amable.

De lo que estoy segura es que, en un momento, ella le preguntó con quién estaba, y él le contestó que “con nadie”

¿Por qué me oculta, si soy sólo una amiga?

La charla por el celular por supuesto fue breve. Así que yo, que ya no estaba dispuesta a permitir que este infierno se extendiera para siempre, insistí.

“Dale, Juampi: ¿qué te pasa a vos conmigo, como para que te hinche tanto las pelotas que yo salga con José Luis?”

Y ahí, lo creas o no, volvió a sonar el celular. Pero esta vez fue... ¡el mío!

¡Mi celular!... Jamás se acuerda nadie de mí, y justo anteayer tenía que llamar... ¡mi mamá!

¡Te juro! ¡Era mi vieja, con ese don de la oportunidad que la caracteriza!

¡La quería matar!

Me estaba llamando por no sé qué pavada. Yo no hice rancho aparte, porque quería darle el ejemplo a Juampi de lo grosero que podía ser eso. Así que me quedé ahí, firme en mi silla, estoica, mientras del otro lado de la línea mi vieja gritaba cosas. Al final, por supuesto, me hizo la pregunta de rigor. “¿Con quién estás ahí?”

Y yo, no sé si de apurada, conmocionada, o qué, le respondí: “Con el Bruto”

¡Con el Bruto!

¡Te juro! Lo dije así, de una.

“¿Yo soy el bruto?”, me preguntó Juampi enfurecido.

Como una idiota, me quedé muda.

Y yo no sé si por la rabia de conocer su apodo, o para escapar de responder mi pregunta, la cuestión es que me dejó pagando y se fue. Es decir, pagar, lo que se dice pagar, pagó él, porque en eso es re caballero. Pero me dejó pagando en el sentido de... ¡Vos me entendés!

Pero como a mí me cuesta arrancar, pero una vez que me mando, me mando con todo, me paré de un salto, y comencé a correrlo por la calle como si fuera una loca.

“¡Esperá, Juampi!”, le gritaba. Pero él, lejos de parar, apuraba el paso. Hasta que en la esquina lo alcancé.

“Esperá, Juampi”, le repetí, a pesar de que ya los dos estábamos quietos.

“¿Sabés cuál es tu problema, pendeja?”, me largó, luego de un silencio interminable. “Tu problema es que volvés loca a la gente”.

Salté como gata en alambrada.

“ ¡Yo no vuelvo loco a nadie!”, me defendí.

“Sí... Vos no te das cuenta, pero volvés locos a los hombres”

“¡¿Yo?!!!!!!!!! ¡Si soy una santa! Ni siquiera...”, comencé a chillar.

Pero no dejó que acabara. Me miró fijo a los ojos, (¿te conté que tiene unos ojos increíbles?), y me dijo:

“Me volvés loco a mí”

Te juro que en ese momento la tierra se abrió bajo mis pies. Y no es que me lo haya dicho tipo: “Me tenés loco, mamita. Vení que te parto al medio”. Pero tampoco sonó como cuando mi mamá dice que la vuelvo loca, ¿entendés?

Como sea, nos quedamos ahí parados, uno frente al otro, pero sin reaccionar.

Y entonces extendió sus brazos, los apoyó sobre mis hombros, me acarició el pelo, y... te juro que pensé que me iba a besar... Pero justo en ese preciso momento alguien lo chocó, (¡Puta! ¿Ni en la vereda se puede estar tranquila en este país?) ¡No sabés! Fue como si se despertara. Así que enseguida me soltó, y siguió de largo.

Esta vez no fui tras él. Un poco porque ya no podía sentir las piernas por la emoción. Y otro poco porque tenía miedo de enfrentarlo, y caer en la triste realidad: por ahí me hice la película, y él sólo había querido decir que le resulto insoportable.

Como sea, ni bien pude reaccionar, corrí, sí, pero en sentido opuesto. Más concretamente fui hasta el bar, porque me había dejado el celular nuevo sobre la mesa. Por suerte, cosa rara, todavía estaba ahí cuando llegué.

Te juro que el mozo, (=camarero), me puso una cara re extraña al dármelo. Y no sé si fue porque el tipo estaba tan sorprendido como yo de que nadie lo hubiera choreado, (=afanado, =robado), o porque, como una idiota, me había largado a llorar como si fuera la última vez.

Y, después de todo, capaz que lo es, ¿no?

Confundida

Ifi