La historia de Ifi
Insomnio de una noche de verano
Ay...
Anoche no pude pegar un ojo.
Te sigo la historia de ayer:
Ya habíamos salido del cine con los hermanitos y el Empanada, ¿te acordás? Íbamos rumbo a...
a un lugar lejísimo, (¡como si no hubiera buenos bares cerca! O de último podíamos ir a L´altra Volta, que queda acá nomás, y fabrica los helados más ricos y dulces de Buenos Aires. Así, si todo fallaba, al menos me quedaba el último recurso de ahogar mis penas en un cuarto kilo de chocolate blanco y crema de almendras, ¿no te parece?!!!!!!)
Juampi insistió para que fuéramos a buscar los autos a su casa, (2 autos para 4 personas, ¿entendés?, porque yo no) Según se justificó, semejante despilfarro de combustible (¡y con lo caro que está!) sólo se debía a que había quedado con unos amigos, y que posiblemente tuviera que partir al más allá en medio de la reunión.
Y digo lo del “más allá”, porque si de verdad hubiera intentado rajarse de esa cita de locos, dejándome sola, dudo que hubiera permanecido vivo como para encontrarse con alguien.
Al final, aunque no muy convencidos, accedimos por no llevarle la contra.
De más está decirte que cuando la hermana se subió a su auto, Juampi puso el grito en el cielo. Ine, por su parte, chillaba porque no quería viajar sola con José Luis. Así que no pensó en mejor solución al conflicto que arrastrarme con ella a su auto, (ya para ese entonces el Empanada se sentía de lo peor, como te imaginarás, porque daba la impresión de que nadie quería ir con él) Y ya estábamos acomodadas, (las dos chicas atrás y José Luis de chofer, como si tuviéramos quince años), cuando Juampi se bajó a los gritos. Se puso como loco con la sola idea de viajar solo, (sola/solo, ¿te gustó), y EXIGIÓ que yo lo acompañara.
A estas alturas de la cita, un espectador avisado hubiera podido extraer un pequeño decálogo de cosas a NO HACER en caso de querer enganchar a dos amigos con discreción, a saber:
1) No armar una salida con un grupo que no suele salir junto.
2) No proponer sitios extraños y lejanos, que llamen la atención de los presentes.
3) No improvisar a la hora de decidir la ubicación de las personas en una mesa, autos, o en el cine.
4) Pensar de antemano actividades que les gusten a todos.
5) No usar HERMANOS como parte del grupo, porque esto disminuye la posibilidad de hacer combinaciones plausibles.
6) No imaginar que si alguien ha compartido una vida al lado del otro, va a enamorarse de esa persona sólo por acompañarlo en el auto.
7) No incorporar al grupo a ninguna pareja que también se halle en una situación confusa.
8) No tratar de forzar las cosas.
9) No tratar de enganchar a dos amigos.
10)NO TRATAR DE ENGANCHAR A NADIE!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Demás está decirte que antes de partir yo me hice la distraída, como si estuviera tan sorprendida como mi amiga por los extraños comportamientos de su hermano. Pero cada vez que Ine, que estaba furibunda, lo miraba al Bruto, te juro que le salían rayos y centellas por los ojos.
Como sea, cuando al fin nos quedamos solos en el auto con Juampi, la cosa no fue para nada romántica. De hecho, no fue nada fácil.
Por algún motivo, algo de lo ocurrido en el cine parecía interponerse entre nosotros, impidiendo esa fluidez en el trato a la que estábamos acostumbrados.
Pasaron las cuadras, (=calles), y el silencio nos atrapaba, cada vez más espeso y denso.
¡Pará! ¿Espeso no es lo mismo que denso? ¡No importa! Suena bien, así que lo dejo.
Como sea, no era nada placentero estar así.
Pero, ¿de qué podíamos hablar?
Y ahí me acordé de algo que me habían dicho las chicas del Blog, y que había creado en mí una duda más que razonable sobre el comportamiento del Bruto.
“Hay algo que no entiendo”, le saqué de la nada. “Cuando yo pensaba que eras gay, a vos no te parecía tan malo subir a mi departamento. Pero la otra vez te negaste”
“¿Y con eso? Está clarísimo... ¿Qué no entendés?”
“Que vos no sabías que yo creía que eras gay”
¡Me puso una cara! Creo que no lo había pensado. Pero igual insistí:
“¿Qué había de distinto para vos la otra vez?
“Nada más fácil: cuando creías que era gay, éramos amigos”
“¿Y ahora?”
¿Podés creer que de nuevo me miró mal?
Y entonces, sin aclarar nada, empezó a quejarse: que yo lo volvía loco, que no sabía cuándo parar, que siempre estaba preguntando pavadas.
Raro, porque a esa altura, y a pesar de tantas preguntas, yo ya no entendía nada. Para colmo, justo en ese preciso momento llegábamos al lugar. Nosotros, (los 2), con súper cara de culo. Ine y José Luis, en cambio, muertos de risa. No sé lo que habrá pasado en ese viaje, pero al bajar esos dos estaban como chanchos. ¡Meta hacer chistes, y pasarla bien! El contrate entre los cuatro era tremendo.
Yo, la verdad, me sentía muy dolida. Porque, si “antes”con Juampi éramos amigos, eso significaba que “ahora” no éramos nada. ¡Simples conocidos!
Entre medio de la burla de los otros, él me miraba. ¡Cómo me miraba! Yo tenía la vista al frente, pero igual lo sabía, porque ahora que llevo lentes de contacto lo veo todo, incluso lo que pasa a mi alrededor.
Él se recontra había dado cuenta de que yo estaba enojada, y me largó dos o tres indirectas. Pero yo, nada. ¡Muy ofendida!
Después de un rato empezó a refrescar, (estábamos afuera, en un jardincito), y José Luis, (todo un caballero), me ofreció su saco, muy entallado. Por supuesto que me negué, aunque me moría de frío, porque no quería pasar la humillación de que no me entrara (el chico es gordito, lo sé, pero yo tengo los hombros súper anchos!!!) Después se lo ofreció a Ine, y ella sí lo agarró.
Yo estaba cada vez más helada, pero no podía quejarme. Por fortuna, sin que yo se lo pidiera, el Bruto se puso de pie y me cubrió con su campera, (=parca, =chaqueta)
¡Ay!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Se sintió tan lindo que me acariciara los hombros. Porque te juro que me acarició. ¡Estoy segura! ¡Y no sabés cómo me hizo por dentro!
“¿Vos no te tenías que ir?”, le preguntó Ine, de pura malvada.
Y Juampi se puso verde. Después la piloteó para explicar lo inexplicable. No convenció, pero ya daba lo mismo.
Para cuando me volví a subir a su auto, Juampi estaba hecho una seda. Me explicó que yo lo había entendido mal. Que antes, cuando yo creía que era gay, lo trataba de una forma tan desenfadada, (¡mirá qué palabra!), que él me consideraba casi, casi como su hermanita menor. Pero que después del robo, (ahí medio se pisó, porque varias veces hizo mención a que también antes de eso), te decía, que después del robo, él se había dado cuenta de que, además de una buena piba, era una mujer. Y que la amistad entre un hombre y una mujer siempre era complicada. Y que él no quería crear, ni ¡crearse!, (te juro que lo dijo así), malos entendidos.
Y ahí arrancó a hablar de la novia. Y que estaban juntos desde siempre. Y que ella era una buena piba, con una mala historia, y que...
No sé. Habló un montón, pero no dijo nada. Hay algo en la tal Amanda que no me cierra, pero que lo une a ella de una manera casi inquebrantable. ¡Qué se yo!
Como ya era re tarde, no tardamos mucho en volver a la casa. Nos despedimos de los otros dos, que continuaban encantados, y me llevó caminando a mi depto, (=piso), a pesar de que son un montón de cuadras (=calles)
Se sentía increíble caminar junto a él. Aunque si te tengo que ser sincera, la mayoría de las cuadras las hicimos en silencio.
Al llegar me enfrentó, y se quedó un montón de tiempo así. Me comía la boca con la mirada, y por un largo rato tuve la sensación (o la esperanza) de que por primera vez iba a besarme posta. Pero no. Al final me dio un beso en la mejilla, y se fue. Y no había dado dos pasos, cuando se volvió, y me dio un piquito. (Un beso en los labios, sí, pero uno que es apenas un toque)
Yo me quedé tan pelotuda, que sólo atiné a observarlo partir, EN SILENCIO.
¿No es raro que yo me calle la boca?
¡Mirá cómo estaba de conmocionada!
Ahora, como te dije, no puedo dormir.
Que le gusto, le súper gusto. Ya no hay dudas.
Pero... ¿por qué no termina de decidirse por mí, y larga a la otra? ¿Qué tiene con Amanda?
¿Alguna vez te pasó algo así, Pachi? Es decir, descartando a esos boludos que te dicen que su chica no los comprende, pero que no la largan ni a sol ni a sombra.
Como vez, lo mío está todo mal.
Desesperanzada
Ifi