jueves, 8 de septiembre de 2016

Violentos de Novela






¿PORQUÉ MUCHAS MUJERES SE DEJAN SEDUCIR POR HOMBRES VIOLENTOS?

¿Les gusta su carácter? ¿Los admiran? ¿Adoran su virilidad? ¿Son masoquistas o simplemente débiles?
Creo que es un tema para debatir y aportar opiniones.


Cuando lo planteé en una de mis primeras novelas, UN SALUDO DISTINTO, la respuesta de algunas lectoras fue sorprendente. Muchas dijeron que esa era su historia. Pero una cambió la forma en que yo iba a escribir de ahí en más. Esa lectora se quejó amargamente. Dijo que leía novelas románticas para soñar con otras vidas posibles, y no para sufrir con lo más oscuro de la propia. De ahí en más aprendí. Nunca me detengo en lo malo o en el dolor más de lo necesario. Si hay una muerte o una enfermedad en mis páginas, trato de evitar el melodrama. Intento que, como en la vida, el trance pase rápido, y que sólo quede la enseñanza que tanto dolor produjo.
La novela requiere de un conflicto. Y el conflicto exige algún villano. A veces es una fatalidad, o una desgracia natural, o un revés de la fortuna. Pero en la novela romántica eso suele corporizarse en la figura personal, que frecuentemente ejerce un tortura psicológica.


Los invito a participar de estas reflexiones dejando un comentario.

lunes, 5 de septiembre de 2016

FOLLETINES Y NOVELAS POR ENTREGAS





Siempre me apasionaron los folletines al estilo Dumas.  Esas novelas por entregas donde los lectores están dispuestos a cualquier cosa por conseguir la continuación de la historia que los atrapa. Recuerdo haber leído en algún sitio que en las colonias norteamericanas, en épocas del boicot por el té, no llegaban barcos desde Londres. Uno de los buques, sin embargo, superado el bloqueo, entró a puerto, y cuando corrió la voz entre los pobladores de que traía la entrega final de la novela, la gente se agolpó para recibirlo y comprar su ejemplar, poniendo en riesgo la estabilidad del muelle y algunos (¡qué locura!) llegaron al extremo de arrojarse al agua y tratar de alcanzar la lancha de desembarco a nado, incluso antes de que el navío atracase.
Siempre acaricié la idea de lo fabuloso que resultaría despertar la ansiedad en el lector que yo misma había experimentado leyendo las novelas de Dumas y de Dickens.
Cuando al cabo de los años empecé a publicar como Clara Voghan, hice una serie de lanzamientos por capítulos de la primera novela de la serie de Pequeños Pecados, y el proyecto no sólo me entusiasmó, sino que, a pedido del público, me propuse profundizarlo, y así decidí escribir las dos novelas que completaron la saga. 
En realidad este experimento logró su punto culminante con “Volver a empezar”.  Esta historia, para decirlo mal y pronto, es un culebrón, y cada capítulo termina de manera que crezca en el lector la urgencia por leer el siguiente.  Con esta premisa se escribieron y se anunció el lanzamiento de la novela.  El grupo por aquel entonces contaba con una regular afluencia de miembros (unos 1700) deseosos de seguir las entregas.  Ellas se hacían a razón de un capítulo cada 48 horas.  El efecto fue sumamente iluminador, pero no pudo repetirse. Muchos de los que padecieron la angustia de aguardar a la siguiente entrega, no quisieron repetir el suplicio, por lo que a partir de entonces se limitaban a juntar todos los capítulos antes de leerlos de un tirón.  Más o menos como dicen que hoy pasa con las series de HBO o Netflix, pero algunos años antes.
Me ha impulsado a escribir estas palabras el hecho de que muchos comentarios refieren que es una lectura “adictiva” y ello se debe, creo yo, a mi deseo secreto de compartir tanta pasión con el lector.
Esta manía por el folletín, quienes lean alguna de mis novelas, la encontrarán casi omnipresente en todas ellas. 








miércoles, 6 de julio de 2016




AMORES QUE CONOZCO BIEN




En la Argentina existía un programa de radio que tenía una sección llamada “Cartas de amor prohibido”, donde los oyentes narraban en primera persona encuentros memorables, que por algún motivo se veían obligados a callar ante los demás. Jefes casados, hijastros o padrastros, cuñados, y hasta consuegros, protagonizan esos relatos de amores apasionados.
¡Apasionadísimos!... 
Y fantásticos.
Sí, porque cuando a la gente se le pide que cuente su propia historia de amor, la realidad de inmediato comienza a adornarse de fantasía.
Basta oír a un grupo de hombres charlando en la oficina, o a mujeres sentadas a la mesa de un bar. ¡Pura imaginación! 


Por eso jamás escucho las historias de los que me dicen que me van a contar su historia. En cambio me fascina prestar atención a las cosas que pasan a la vista de todos, y sin embargo se callan, a las que ocultan, a las que cuentan cuando están tristes o desesperados.


De eso se nutren mis novelas: gente real, hechos reales. Sin adornos, sin personajes perfectos.
Luego soy yo la que adorna, la que cambia, la que crea, para resaltar una virtud o criticar algún defecto.


Mis novelas siempre surgen de una realidad que conozco bien.

*   *   *



lunes, 6 de junio de 2016

Pequeños pecados



GRANDES MALES




Los grandes males habitualmente tienen
un origen muy humilde: rencillas pasajeras,
vagos resentimientos, deseos insatisfechos,
sueños egoístas, un ansia indebida,
algún propósito malsano, pequeñas
mentiras, temores infundados… 

pequeños pecados.

sábado, 4 de junio de 2016

¿Bloqueo de escritor?



¿Bloqueo de escritor?


Soy insomne. Paso largas noches mirando el reloj y viendo a los demás dormir. Es algo con lo que lidio desde hace años. Pero un día recibí consejos muy buenos y simples de un médico, (¡cosa extraña!). Él me sugirió 1) tapar los relojes en la casa para evitar la ansiedad del tiempo que pasa; 2) jamás quedarme en la cama para otra cosa que dormir; y 3) mientras el sueño no llega, realizar alguna tarea tranquila, serena, tipo leer un buen libro, dibujar o escuchar música. Nada que me estimule a la hora del descanso.
Pues para el bloqueo uso casi las mismas reglas. Después de todo el escribir es algo que también necesitamos a la hora de soñar. Por eso primero trato de quitar la ansiedad por el paso del tiempo. Redescubrir el placer de comunicarme sin obligaciones externas. Y jamás me quedo mirando la hoja en blanco. Prefiero lanzarme a alguna tarea estimulante con un cuaderno en el bolso: buena música, conversaciones en un bar, charlas con viejos amigos, viajes… Y no necesariamente me refiero a tomarse un avión. Basta con el metro, una mirada aguda y un oído atento, dejando que la vida se meta en ti para nutrirte.

Y por último: escribir y escribir hasta que algo bueno resulte. Como todo oficio necesita de mucha práctica.


martes, 31 de mayo de 2016




NO VALE DE NADA


 No vale de nada que te juren amor si no te lo demuestran. No sirve conformarse con alguien, si no se lo ama. Confiar ciegamente en el otro no es una prueba de amor, sino de estupidez. Y desconfiar, a pesar de las evidencias, una necedad... Y yo, por fortuna, hace rato que dejé de ser una mujer necia.

miércoles, 18 de mayo de 2016

¿QUIERES QUE TE MIENTA?

CUIDADO CON LO QUE DESEAMOS: 

Puede volverse realidad.

En 8 días llega...


lunes, 9 de mayo de 2016

¿Se puede elegir un mentiroso?






Mientras esperamos el lanzamiento de ELEGIR AL MENTIROSO


¿Se puede elegir un mentiroso?



A medida que escribía esta novela crecía en mí el convencimiento de terminarla con una suerte de advertencia:
"Esto es sólo ficción. Los mentirosos jamás se redimen",
porque cada uno de mis amigos/as que se ha ligado con un mentirosa/o, ha terminado invariablemente lastimado. Muy lastimado...
Sin embargo...

En la Argentina existía un programa de radio con una sección llamada “Cartas de amor prohibido”, donde los oyentes narraban en primera persona encuentros memorables que por algún motivo se veían obligados a callar ante los demás. Jefes casados, hijastros o padrastros, cuñados, y hasta consuegros protagonizan esos relatos de amores apasionados.
¡Apasionadísimos!...
Y fantásticos.
Sí, porque cuando a la gente se le pide que cuente su propia historia de amor, la realidad de inmediato comienza a adornarse de fantasía.
Basta oir a un grupo de hombres charlando en la oficina, o a mujeres sentadas a la mesa de un bar. ¡Pura imaginación!
Por eso jamás escucho las historias de los que me dicen que me van a contar su historia. En cambio me fascina prestar atención a las cosas que pasan a la vista de todos, y sin embargo se callan, a las que ocultan, a las que cuentan cuando están tristes o desesperados.
De eso se nutren mis novelas: gente real, hechos reales. Sin adornos, sin personajes perfectos.
Luego soy yo la que adorna, la que cambia, la que crea, para resaltar una virtud, o criticar algún defecto.
Mis novelas siempre surgen de una realidad que conozco bien.

En “Elegir al mentiroso” la historia del periodista es, en líneas generales, una historia real. Por supuesto ningún presidente renunció, porque no siempre ganan los buenos.
Pero la parte romántica, mal que me pese admitirlo, sucedió casi tal cual. Y digo así porque en su momento yo estaba muy en contra de que la Paula real eligiera a Ezequiel. Es más, me opuse tan vivamente que casi me cuesta su amistad. Por fortuna ella desoyó mi consejo, (mi buen consejo), y hasta ahora lleva más de diez años de felicidad, con todo y bebé a punto de ser adoptado. Su Ezequiel es, como el de la novela, no tan mentiroso como manipulador. Y por supuesto no se redimió. Sigue mintiendo/manipulando a su antojo. Pero aparte de eso, la ama y le es increíblemente fiel.
El escribir esta novela fue de alguna forma terapeutico para mí, porque pude entender a mi amiga. Pude enamorarme de este mentiroso, y finalmente perdonarlo...
Pero no nos engañemos: eso sólo le funcionó a ella.
Y, yo que ustedes, no me arriesgaría...
En lo personal, prefiero a mi marido. No es tan lindo ni tan exitoso, pero es muy sincero.
Tan sincero, que a veces duele.

Hasta la próxima

Clara