viernes, 25 de noviembre de 2016

TRANFIGURACIONES


Buenos Aires puede ser una ciudad hermosa y también muy sórdida.
Por la noche hay barrios que se transfiguran y la obscuridad los vuelve siniestros.
En Pequeños Pecados, Victoria a veces vuelve bien entrada la noche a la pensión del barrio de San Telmo o sale a correr por los alrededores de la mansión en Barrio Norte. En ambos casos el relato refleja sus temores.
A poco de lanzar por primera vez el volumen inicial de la saga con nuestros colaboradores realizamos una serie fotográfica de los distintos entornos y escenarios de la novela.
Aquí les dejo algunas de las imágenes que se trataron con photoshop para transfigurar el espacio, adaptándolo a las circunstancias que allí se relatan. El intento no llegó nunca a ser un storyboard pero algunas de las imágenes parecen viñetas de comic.













lunes, 14 de noviembre de 2016

MALAS PALABRAS







En alguna ocasión me dijeron que empleaba muchas malas palabras. Cada cual tiene sus opiniones y las respeto. Me parece que uso las que requieren mis personajes. 
A modo de ejemplo les dejo un fragmento de VOLVER A EMPEZAR:

  
―Pito.
―No, pito no. Pitito.
―No. Pito.
―Los papás tienen pito, los nenes tenemos pitito.
―No... ―aclaró el pequeño Nacho, mientras golpeaba las cabezas de sus confundidos compañeritos―, los nenes tenemos pitulín.
―No, no es cierto. El pitulín se llama pene ―pontificó Malena, y todos los varones se echaron sobre ella, poco dispuestos a soportar las boberías femeninas.
―¡No es cierto!
―Tú no sabes nada ―reclamó Nacho― porque tú tienes cachucha.
La pequeña Malena, una feminista en potencia a pesar de su corta edad, no se dejó intimidar, y lista para defender sus ideas, le enrostró un sonoro golpe al poco desarrollado Nachito. En venganza él la tomó por sus rizos dorados, y ni la voz de su "seño" lo convenció de soltarla.
―¿Qué pasa aquí? ―preguntó Carolina, mientras terciaba en la eterna batalla de los sexos.
―¿No es cierto... no es cierto que los nenes tienen pene, y las nenas tenemos vagina? ―preguntó Malena con un tono doctoral que ya anticipaba la respuesta, mientras se sobaba la cabeza adolorida.
Carolina suspiró. Lamentablemente sus alumnos habían elegido el día del "paseo a la plaza" para entablar la típica disputa de "salita de tres". Y es que a esa edad, (entre dos y tres años), los niños necesitaban identificarse sexualmente, (y luego a los diez, a los veinte, a los treinta, a los cuarenta...).
―¿No es cierto? ―insistió Malena.
―Sí ―respondió la maestra con esa sonrisa espléndida que solía lucir cuando tenía un niño delante.
―¡No! El pito se llama pitulín, y no pene ―se enojó Nacho, dispuesto a continuar dando pelea aun cuando esta vez tuviera que dejar calva también a la "seño".
Sus palabras crearon una nueva conmoción, pero Carolina no se inmutó. Por el contrario, asió con fuerza a su belicoso alumno y preguntó a los demás:
―¿Cómo se llama él?
Los niños contestaron felices de saber con certeza la respuesta.
―¡Nacho! ―gritaron al unísono, espantando a las palomas que estaban alrededor y que se habían acercado a comer de las galletas que ellos desperdigaban por el pavimento.
―¿Cómo te llamas, Nacho?
―Ignacio Fernando Santillán ―contestó el aludido con orgullo.
―¿Entonces cómo se llama él? ¿Nacho o Ignacio?
―Mi abuelita me dice Ignacio cuando se enoja ―aclaró el niño, y con una voz grave y arrugando el ceño, parodió: ―Dice: Ignacio, deja de hacerte el tonto o se lo digo a tu papá.
Carolina sonrió por la imitación marcial de su alumno. Conocía a la abuela, y el niño no exageraba.
―A Nacho, como lo queremos, lo llamamos así ―aclaró a los niños que la rodeaban―. Si lo queremos más, le decimos Nachito o Nachín. Y cuando nos ponemos serios lo llamamos Ignacio. De la misma forma, al pene lo podemos llamar pito o pitulín, de cariño. No está mal. Pero si nos ponemos serios le decimos pene.
―¿Tú tienes pene? ―preguntó Lucía, mientras se ponía dos dedos en la boca.
―No, yo tengo vagina, como tú.
―¿Y tienes culo? 
―¡Dijo culo! ―se rieron los demás de la ocurrencia de Carlín.
―¿De qué se ríen? ―se sorprendió Carolina.
―Dijo una mala palabra. Dijo culo.
―¿Recuerdan lo que les expliqué? No hay malas palabras. Sólo palabras más feas que otras, y que elegimos no decir para no molestar a nadie. Pero ya que lo preguntas: sí Carlín, yo tengo culo, como todos los demás.
―Mi mamá dice que mi papá siempre se la quiere meter por el culo ―explicó Carlín con un tono calmado y monocorde, como si estuviera recitando el pronóstico del tiempo escuchado por la mañana.
―Y mi mamá podía sacar un conejo de su sombrero de paseo ―replicó Carolina sin inmutarse, y como si una cosa fuera la consecuencia lógica de la otra.

Estaba preparada para ese tipo de “confesiones”. Los padres tenían la pésima costumbre de hablar delante de los chicos como si no existieran, y luego ellos usaban el jardín como caja de resonancia. No era algo menor para Carolina. Ella siempre los escuchaba con preocupación. Porque si bien los niños no podían descifrar el significado de las palabras, sí entendían claramente los sentimientos que ellas escondían. Por eso las repetían en el aula, para que la "seño" se las explicara. Y una vez más Carolina iba a hacerlo, pero no allí. No con todos los demás. Por fortuna los niños eran fáciles de distraer, y un conejo era mucho más atrayente que algo que se metía por el culo. Pero los padres, en cambio... Los padres siempre prestaban especial atención cuando se trataban esos temas. Y luego llegaban las críticas en aluvión. Algunos creían que su hijo perdía la inocencia por conocer el verdadero nombre de las cosas, y otros, por el contrario, la acusaban de retrógrada si no hablaba como una enciclopedia. Incluso los menos interesados en la educación de sus hijos tenían algo que decir cuando la educación se la daba otro. Un tema difícil... En cuanto a lo de Carlín y el culo de su mamá..., tendría que hablar con la señora. Y es que la única forma de educar a los niños era escuchando a los padres.

martes, 20 de septiembre de 2016

La creación literaria


¿CÓMO NACE UNA IDEA LITERARIA?



Mis ideas surgen siempre de un hecho real. Una historia que alguien me cuenta sin saber que me la está contando. Es común que se acerquen a mí para darme su versión de una historia romántica, pero ese tipo de relatos no me sirven. Todos “adornamos” nuestra propia vida para ocultar miedos y miserias. En la observación de aquello que se oculta surge el relato. Y siempre intentando resolver la pregunta que dio inicio a la historia: ¿por qué se enamoró esta persona?, ¿qué buscaba en el otro?, ¿lo obtuvo?, ¿es feliz, o sólo cree serlo? Como ven soy muy ambiciosa. Luego de planteado el problema empiezo a fantasear con situaciones. Cosas que me ocurren a mí, pero que trato de vivir como si fuera el personaje. Después, cuando ya tengo todo medianamente resuelto comienzo a escribir. Y ahí generalmente termino poniendo en el papel cosas muy distintas a las que me había planteado en un principio.
A mí me gustan los personajes de carne y hueso. Saber qué piensan, qué sienten. Investigo a la gente que me rodea, y también me acerco a aquellos cuyas historias me relata el amigo de un amigo, y que me fascinaron. Por ejemplo, la novela todavía sin publicar “Amor próximo” relata la historia real de un amor entre cuñados. Para mí fue un verdadero martirio. Resulta que mi cuñado me conoce desde los 17 años, y fue para mí un verdadero hermano. Todo me hacía ruido. Así que en la novela tuve que quitar a los hijos de la ecuación, (en la realidad el que fuera tío por veinte años terminó siendo un padrastro), dije que prácticamente no había contacto entre ellos, (cuando los otros se habían visto cada fin de semana desde que se conocieron), y que el ex marido merecía ser abandonado, (cosa que era relativamente cierta).
Si escribo algo muy extraño en mis novelas, decididamente es una historia real. Por otro lado, tengo la satisfacción que aquellos personajes que surgieron de mi imaginación cobraron vida a través de mis lectoras. El caso más conmovedor fue con “Renata, o cuántos kilos debo bajar para ser feliz”. Por esa época yo distribuía las novelas a través de mi página. Subía el primer capítulo, y la gente informaba su edad, país de procedencia, y me hacía sus críticas, luego de lo cual yo le mandaba el resto de la novela. Pues bien, un día recibí la carta de una muchacha que me decía que ella era Renata. Que como Renata solía ser gorda. Y entonces me contó sin más los primeros capítulos de la novela que no había leído, diciéndome que se encontraba en un dilema. Casualmente el mismo dilema que tenía por entonces mi protagonista. Y es que a la pobre niña le faltaba leer el final de su propia novela.


lunes, 12 de septiembre de 2016

Amores de Villa Urquiza





El título de esta entrada se debe a que esta novela, la primera que publiqué, arranca en mi barrio natal, Villa Urquiza (Buenos Aires), donde pasé toda mi infancia, mi adolescencia y buena parte de mi juventud. Donde fui a vivir cuando me casé y donde dio sus primeros pasos mi hijo mayor. Esas calles y esa vida, ahora han cambiado. Muchas de las casas bajas se han ocupado con altos edificios y su población creció considerablemente. Se ha vuelto más ruidosa y transitada... ¡Villa Urquiza ahora tiene esa estación de subterráneo que tantas veces se prometió y tantas se postergó! (¡¡Casi no puedo creerlo!!). 
Es más céntrica, pero todavía no ha perdido todo su carácter cuando uno se aleja de Triunvirato, o de Monroe...

Reseña de la novela UN SALUDO DISTINTO:
Damián nunca se ha tomado demasiado en serio a su vecina Marcela. Claro que sabe que ella está enamorada de él desde pequeña, pero prefiere tenerla de confidente y amiga antes que enredarse en una relación formal. Así también, quizás por la confianza que existe entre ambos, no duda en recurrir a ella cuando se siente acorralado y necesita una novia que le de la fachada de hombre serio sin perder su libertad. 
Sin embargo la farsa inocente del noviazgo suscitará en Damián los albores de una pasión.
Pero entonces un tercero entra en el juego. Se trata de un hombre fuerte y poderoso cuya seducción logra alejarlos como si vivieran en mundos diferentes, y no en la casa de al lado. Su encanto es posesivo y progresivamente va sumiendo a Marcela en una penumbra siniestra. Damián, confundido ahora entre la ternura y el amor, intenta reconquistarla pero, para lograrlo deberá estar dispuesto a enfrentar el peligro y la violencia más despiadada.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Violentos de Novela






¿PORQUÉ MUCHAS MUJERES SE DEJAN SEDUCIR POR HOMBRES VIOLENTOS?

¿Les gusta su carácter? ¿Los admiran? ¿Adoran su virilidad? ¿Son masoquistas o simplemente débiles?
Creo que es un tema para debatir y aportar opiniones.


Cuando lo planteé en una de mis primeras novelas, UN SALUDO DISTINTO, la respuesta de algunas lectoras fue sorprendente. Muchas dijeron que esa era su historia. Pero una cambió la forma en que yo iba a escribir de ahí en más. Esa lectora se quejó amargamente. Dijo que leía novelas románticas para soñar con otras vidas posibles, y no para sufrir con lo más oscuro de la propia. De ahí en más aprendí. Nunca me detengo en lo malo o en el dolor más de lo necesario. Si hay una muerte o una enfermedad en mis páginas, trato de evitar el melodrama. Intento que, como en la vida, el trance pase rápido, y que sólo quede la enseñanza que tanto dolor produjo.
La novela requiere de un conflicto. Y el conflicto exige algún villano. A veces es una fatalidad, o una desgracia natural, o un revés de la fortuna. Pero en la novela romántica eso suele corporizarse en la figura personal, que frecuentemente ejerce un tortura psicológica.


Los invito a participar de estas reflexiones dejando un comentario.

lunes, 5 de septiembre de 2016

FOLLETINES Y NOVELAS POR ENTREGAS





Siempre me apasionaron los folletines al estilo Dumas.  Esas novelas por entregas donde los lectores están dispuestos a cualquier cosa por conseguir la continuación de la historia que los atrapa. Recuerdo haber leído en algún sitio que en las colonias norteamericanas, en épocas del boicot por el té, no llegaban barcos desde Londres. Uno de los buques, sin embargo, superado el bloqueo, entró a puerto, y cuando corrió la voz entre los pobladores de que traía la entrega final de la novela, la gente se agolpó para recibirlo y comprar su ejemplar, poniendo en riesgo la estabilidad del muelle y algunos (¡qué locura!) llegaron al extremo de arrojarse al agua y tratar de alcanzar la lancha de desembarco a nado, incluso antes de que el navío atracase.
Siempre acaricié la idea de lo fabuloso que resultaría despertar la ansiedad en el lector que yo misma había experimentado leyendo las novelas de Dumas y de Dickens.
Cuando al cabo de los años empecé a publicar como Clara Voghan, hice una serie de lanzamientos por capítulos de la primera novela de la serie de Pequeños Pecados, y el proyecto no sólo me entusiasmó, sino que, a pedido del público, me propuse profundizarlo, y así decidí escribir las dos novelas que completaron la saga. 
En realidad este experimento logró su punto culminante con “Volver a empezar”.  Esta historia, para decirlo mal y pronto, es un culebrón, y cada capítulo termina de manera que crezca en el lector la urgencia por leer el siguiente.  Con esta premisa se escribieron y se anunció el lanzamiento de la novela.  El grupo por aquel entonces contaba con una regular afluencia de miembros (unos 1700) deseosos de seguir las entregas.  Ellas se hacían a razón de un capítulo cada 48 horas.  El efecto fue sumamente iluminador, pero no pudo repetirse. Muchos de los que padecieron la angustia de aguardar a la siguiente entrega, no quisieron repetir el suplicio, por lo que a partir de entonces se limitaban a juntar todos los capítulos antes de leerlos de un tirón.  Más o menos como dicen que hoy pasa con las series de HBO o Netflix, pero algunos años antes.
Me ha impulsado a escribir estas palabras el hecho de que muchos comentarios refieren que es una lectura “adictiva” y ello se debe, creo yo, a mi deseo secreto de compartir tanta pasión con el lector.
Esta manía por el folletín, quienes lean alguna de mis novelas, la encontrarán casi omnipresente en todas ellas. 








miércoles, 6 de julio de 2016




AMORES QUE CONOZCO BIEN




En la Argentina existía un programa de radio que tenía una sección llamada “Cartas de amor prohibido”, donde los oyentes narraban en primera persona encuentros memorables, que por algún motivo se veían obligados a callar ante los demás. Jefes casados, hijastros o padrastros, cuñados, y hasta consuegros, protagonizan esos relatos de amores apasionados.
¡Apasionadísimos!... 
Y fantásticos.
Sí, porque cuando a la gente se le pide que cuente su propia historia de amor, la realidad de inmediato comienza a adornarse de fantasía.
Basta oír a un grupo de hombres charlando en la oficina, o a mujeres sentadas a la mesa de un bar. ¡Pura imaginación! 


Por eso jamás escucho las historias de los que me dicen que me van a contar su historia. En cambio me fascina prestar atención a las cosas que pasan a la vista de todos, y sin embargo se callan, a las que ocultan, a las que cuentan cuando están tristes o desesperados.


De eso se nutren mis novelas: gente real, hechos reales. Sin adornos, sin personajes perfectos.
Luego soy yo la que adorna, la que cambia, la que crea, para resaltar una virtud o criticar algún defecto.


Mis novelas siempre surgen de una realidad que conozco bien.

*   *   *



lunes, 6 de junio de 2016

Pequeños pecados



GRANDES MALES




Los grandes males habitualmente tienen
un origen muy humilde: rencillas pasajeras,
vagos resentimientos, deseos insatisfechos,
sueños egoístas, un ansia indebida,
algún propósito malsano, pequeñas
mentiras, temores infundados… 

pequeños pecados.

sábado, 4 de junio de 2016

¿Bloqueo de escritor?



¿Bloqueo de escritor?


Soy insomne. Paso largas noches mirando el reloj y viendo a los demás dormir. Es algo con lo que lidio desde hace años. Pero un día recibí consejos muy buenos y simples de un médico, (¡cosa extraña!). Él me sugirió 1) tapar los relojes en la casa para evitar la ansiedad del tiempo que pasa; 2) jamás quedarme en la cama para otra cosa que dormir; y 3) mientras el sueño no llega, realizar alguna tarea tranquila, serena, tipo leer un buen libro, dibujar o escuchar música. Nada que me estimule a la hora del descanso.
Pues para el bloqueo uso casi las mismas reglas. Después de todo el escribir es algo que también necesitamos a la hora de soñar. Por eso primero trato de quitar la ansiedad por el paso del tiempo. Redescubrir el placer de comunicarme sin obligaciones externas. Y jamás me quedo mirando la hoja en blanco. Prefiero lanzarme a alguna tarea estimulante con un cuaderno en el bolso: buena música, conversaciones en un bar, charlas con viejos amigos, viajes… Y no necesariamente me refiero a tomarse un avión. Basta con el metro, una mirada aguda y un oído atento, dejando que la vida se meta en ti para nutrirte.

Y por último: escribir y escribir hasta que algo bueno resulte. Como todo oficio necesita de mucha práctica.


martes, 31 de mayo de 2016




NO VALE DE NADA


 No vale de nada que te juren amor si no te lo demuestran. No sirve conformarse con alguien, si no se lo ama. Confiar ciegamente en el otro no es una prueba de amor, sino de estupidez. Y desconfiar, a pesar de las evidencias, una necedad... Y yo, por fortuna, hace rato que dejé de ser una mujer necia.