sábado, 31 de octubre de 2015

Una pared ARDIENTE





Una pared ARDIENTE

Querida Repara Corazones:
Ayer leí tu consejo. Y sí, tienes razón, no puedo encarar todo “de una”. Tengo que ponerme metas. Así que esta mañana, más decidida que nunca a hacerte caso, me convencí a mí misma que lo mejor era ir a ese after office, y sin dar más vueltas explicarle mi situación afectiva a Mariano.
Claro que antes de eso tenía que explicarle a Guille mis motivos para ir al after office, ¡y entonces las vueltas fueron un montón!
Y es que desde que está con nosotros Vanina, todo en la casa parece marchar de maravillas. Por ejemplo, ayer, después de comer, cuando nos quedamos solos en el cuarto, Guille estuvo particularmente ardiente conmigo. Es decir, hacía mil años que el sexo entre los dos no era tan apasionado. Y si bien es cierto que mi entusiasmo estaba muy movido por los celos, fue Guille el que inició el juego. ¡Y cómo lo inició! Porque el chico suele ser más bien aburrido y rapidito, ¡pero cuando se lo propone!... Bueno, que todo estuvo increíble. Así que al ir a desayunar esa mañana no pude evitar lanzarle a mi oponente, (que aunque no está trabajando se levantó para desayunar  con nosotros), una de esas miradas de  “serás más linda que yo, pero él es todo mío”.
Respecto de lo del desayuno quiero hacer un paréntesis. Porque, yo no sé cómo será en tu casa, pero en la mía es como tener sexo casual: “rapidito y sin pensar demasiado en las consecuencias”. Por eso no es raro que suela atajar las tostadas cuando ya estoy en la puerta, (¿te hablé de mi tostadora, no?), y tomar el café esperando el elevador, (cuando termino dejo la taza en el pasillo y Guille la entra). Bueno, esta mañana no fue nada como eso. Esta mañana había una mesa servida, tostadas en el plato, y café en la jarra. Faltaba el jugo y bien hubiéramos podido filmar en casa una publicidad para la tele. ¡Parecíamos una familia perfecta! Claro que no me quedaba muy en claro quién era la mamá, y a quién la estaban teniendo de hija.
Vanina, a pesar de que apenas eran las siete de la mañana, estaba vestida y peinada con esmero. Claro que yo también tenía lo mío. Pero yo lo había hecho por el famoso after office, así que, aún a pesar de que todavía arrastraba los efectos beneficiosos de los ardores de Guille, (o quizás justamente por eso), no pude evitar una mirada de reproche para la intrusa.
Si ella se dio cuenta, no lo sé. Pero cuando saqué el tema del after office, mi Guille se puso como loco. Y eso hizo que me tranquilizara bastante. Porque después de todo, si todavía siente celos por mí, es señal de que de verdad no está interesado ni un poquito en la otra. Pero como yo soy muy obediente, y estaba dispuesta a seguir tus consejos a cualquier costa, seguí insistiendo con eso de que no podía perderme el “after”, porque de lo contrario iba a quedar “out”. Que en esas reuniones informales se decidían las cosas más formales de la oficina, y que de no ir corría riesgo de perder esos pocos privilegios que tenía con mi jefe y compañeros.
Guille seguía sin estar convencido. Y entonces ocurrió algo de lo más extraño, (es decir, más extraño aún que desayunar sentada a una mesa). Sí, Vanina empezó a darme la razón. A contar la historia de lo atada que se había sentido por los celos de su ex, y que por culpa de su desconfianza lo había perdido todo: el trabajo primero, y después a su ex. Pero si eso fue raro, más raro todavía resultó que sus palabras sirvieran para calmar de inmediato la ira de mi actual. Era como si Guille no se atreviera, o no pudiera contradecirla.
Te imaginarás en qué estado llegué a ese after office. Porque una cosa es encontrarte con un compañero de oficina teniendo un gustito a trampa en la boca. Y otra muy distinta es pensar que mientras tú sales, la trampa te la están haciendo a ti. Así que más pensaba en eso, más estaba dispuesta a escupirle “de una” a Mariano que yo tenía a alguien más.
Pero bastó que llegara mi macho posmo para que me olvidara de inmediato de mis buenos propósitos. ¡Él es tan divertido con su charla! O será simplemente que estaba extrañando el hablar de tonterías. Últimamente cuando Guille me dirige la palabra es sólo para quejarse del resumen de la tarjeta, o para contarme lo que le dijo el mecánico del auto, o, lo que es todavía más aburrido e incomprensible, lo que habló con mi suegra. Mariano, en cambio… No sé qué hablo con él, pero sé que me divierto mucho. Me rio. Me siento adolescente otra vez. Y no es sólo lo que dice. Es que cuando lo dice se nota que me tiene ganas. Y eso…
Para cuando empezó a insistir con lo de irse a otro sitio, sospeché que estaba planeando algo más. ¿Adónde quería llevarme? Para hablar de sexo me parecía demasiado rápido, (después de todo, ésta era la segunda vez que salíamos). Pero era obvio que, de repente, ese bar a oscuras ya no le alcanzaba.
Y más pensaba yo en eso, más mi conciencia me reprochaba por no haberle dicho de Guille.
Así que ni bien salimos de ese coqueto barcito en pleno microcentro porteño, a esa hora en que ya no queda nadie en las oficinas y las calles parecen un desierto, él, como si pudiera leer en mi mente que yo quería escaparme, me encerró contra una de las paredes dispuesto a darme un beso de aquellos. Y quizás porque la noche anterior mi pobre Guille había estado tan… tan… como antes, lo paré de una y le dije: “Perdón, Mariano, pero estoy viviendo con alguien”
Él me miró sorprendido, pero no tanto como yo hubiera esperado, (¿raro, no?), y me dijo: “Me importas demasiado como para que eso me importe”
¡Y me dio un beso!... ¡Qué beso! De esos besos con urgencia. Esos que te dicen que el tipo se muere de amor por ti. Que siempre te ha tenido ganas.
Sí, puede que sean ideas mías, pero la misma lengua que Mariano hasta entonces sólo había usado para hablar tonterías, ahora estaba siendo de lo más sabia y concienzuda para recorrer mi boca. Evidentemente a la hora del amor mi macho dejaba de ser posmo para convertirse en un macho a secas. Con todo lo que una espera de alguien así: algo áspero, pero con una fuerza subyugante.
¿Sabes cuánto hacía que no me besaban así?
Y quizás porque estaba tan seducida por ese beso, de repente todas mis alarmas se prendieron. De verdad yo no soy de esas. Una cosa era jugar a la trampa para levantar mi alicaído ego, (alicaído sobre todo después de ver a esa tonta de Vanina), pero otra muy distinta era jugar a dos puntas. ¡Yo no soy de esas!
Y fue cuestión de pensar que no le podía ser infiel a Guille, para imaginármelo besando a su ex de la misma forma descarada en que lo estaba haciendo Mariano conmigo.
Me puse como loca. Separé a Mariano, y sin darle tiempo a más corrí hasta la avenida y me tomé un taxi a casa.
Fue un viaje horrible. Porque en vez de reprocharme por lo que había hecho, comencé a fantasear con lo que encontraría al llegar a casa. Los gemidos de esa perra rubia cuando MI Guille le hiciera lo mismo que me había hecho a mí la noche anterior.
¿Y si sólo había tenido sexo conmigo con tanta vehemencia porque ya estaba pensando en la otra?
Te juro que subí a casa más como una amante despechada que como una esposa infiel. Estaba dispuesta a pelear, incluso a puño desnudo, por mi hombre.
Pero cuando abrí la puerta lo que vi fue todavía peor a cualquier cosa que hubiera imaginado.
Ay…
Disculpa… Tengo que dejarte. Al parecer alguien me está llamando por el teléfono de línea. ¡Qué raro! La gente suele llamarme al móvil.
Bueno, pero antes quiero que me digas… ¿Qué hago de mi vida? ¿Le doy una oportunidad a Mariano, o me conformo con mi vida chata? ¿Intento reconquistar a MI Guille, o simplemente mato a la rubia?

Besos


SD


sábado, 24 de octubre de 2015

Un horno que cocina demasiado rápido



 


Un horno que cocina demasiado rápido




PERDÓN, PERDÓN, PERDÓN POR LA DEMORA. Pero mi vida es demasiado complicada.

¿Tengo que decirte que la carne se quemó?

“¿Quién te manda a jugar a la cocinera?”, pensarás tú. Pues te diré quién… Pero a su debido tiempo. Y es que necesito apegarme a la hora para no enredarme más de lo que ya estoy.

Bueno, nos habíamos quedado en mi oficina a las 10:45, con Mariano y los demás idiotas mirándome con la burla pintada en la cara. ¡Estúpidos! Y es que para macho posmo el mío resultó bastante cavernícola: “Supe que me estuviste buscando” me dijo de forma que todo el resto escuchara.

¿No es increíble que a las mujeres sólo nos interese lucirnos delante de los hombres, aun cuando las otras nos odien por eso, mientras que ellos sólo buscan la aprobación de sus congéneres? ¿Lo notaste? Tú que lo sabes todo, ¿tienes idea de por qué son así?

La verdad es que con tanto idiota mirándome de reojo sentí la tentación de decirle “Sí. Te busqué para pasarte el nombre de esa crema para las hemorroides que tanto necesitas”. Pero no. Como buena mujer intenté cubrir su torpeza, (¿por qué hacemos eso?) Así que puse cara de melosa, y comencé a hablar lo más bajo que pude. Y más susurraba yo, mayor era el silencio en la oficina. Sí, como por arte de magia los chats se acallaron y el teléfono dejó de sonar. Ni siquiera se escuchaba el láser de la impresora.  ¡Y después dicen que las chismosas somos nosotras!

Claro que yo, siempre sistematizando mi vida, ya había pensado una salida elegante para la entrada bochornosa que había hecho en la oficina del macho posmo.

“Nada”, le dije como se usa ahora, para así sonar yo también un poco posmo (¿por qué la gente tiene que empezar una frase anunciando que lo que va a decir carece de importancia? ¿No sería más fácil dejar que el otro se diera cuenta solito? ¿O es que excusarnos de nuestra tontería nos vuelve menos tontos?)

“Nada”, repetí por las dudas, “es que como dijimos que estaría bueno volver a vernos, y yo últimamente estoy muy ocupada…”

Y ahí, como si fuera un televisor cuando comienza la tanda publicitaria, de repente elevé drásticamente el volumen sin que nada pudiera anticiparlo.

“…no quería que te hicieras ilusiones. Por eso fui a tu oficina”, concluí casi a los gritos. Y luego, mirándolo con lástima, agregué, (en el lenguaje más posmo que se me ocurrió): “Odio dejar a la gente “pagando”.

Y entonces, como por arte de magia, todo regresó a la normalidad. Mi jefe retomó su chat y los muchachos volvieron a interesarse en el resultado del partido del domingo.

¿No es curioso? De haber sido ésta una oficina de mujeres, y yo la víctima del desplante, el silencio, lejos de disiparse, se hubiera hecho lo suficientemente intenso como para escuchar el ruido de mi corazón al hacerse añicos. Pero ellos no. Ellos se solidarizaron con el caído. Los varones siempre tienen conciencia de gremio.

La verdad es que ahora MP me miraba con “cara de perrito abandonado en video de youtube”. ¡Súper tierno, pobrecito! Y con esa trompita encantadora y una mirada lánguida me dijo que era una verdadera lástima que yo no pudiera salir, porque hacía rato que él no la pasaba tan bien con alguien. Que siempre le había parecido hermosa (¡!), pero que ahora también le fascinaban mi inteligencia y mi encanto, (como se dice en mi pueblo: ¡chupate esa mandarina!)

Y más hablaba él, más pensaba yo en Vanina. A fin de cuentas siempre supe que a pesar de no ser rubia, alta ni flaca, yo también tengo lo mío.

Cuestión que cuando iba en el metro camino a casa todavía no entendía cómo era que después de todos mis buenos propósitos, al final había quedado con Mariano en salir este viernes after office. Y más pensaba en eso, más me preguntaba por qué, si tan interesado en mí estaba, ni siquiera se había tomado la molestia de avisarme de su partida. ¿Acaso no andaba el elevador, y la escalera del edificio estaba colapsada, que le fue imposible sortear los pisos que nos separan?

“¡Qué embrollones son los hombres!”, pensaba yo.

 Hasta que llegué a casa.

¡Qué horror!

¡Me quiero morir!

¿Podrás creer que la idiota de Vanina ya está instalada en MI casa? ¡¿Y la furia de Guille dónde quedó?!

¿Ahora entiendes por qué me quejo de él? Es evidente que mi novio no tiene carácter.

Igual ella se está portando la mar de decente. Se instaló en el cuartito del fondo y sólo asomó la cabeza para ofrecerse a cocinar. Y si yo puse cara de sorpresa al escucharla, más la puso mi novio. Tal parece que Vanina no solía ser mejor cocinera que yo, pero ahora, quizás por pura necesidad, está muy cambiada. Igual, como te imaginarás, ni loca la dejaba lucirse, (¡que tampoco soy tan tonta!)

Y entonces dije que me iba a ocupar yo de la cena. ¡Tendrías que haberle visto la cara a Guille!

Lástima que ese horno calienta demasiado rápido. Porque el bife hubiera quedado muy rico.

Al final pedimos comida china. Llamó Vanina, pagó Guille, y el orgullo me lo tragué yo.

¡Qué horror! ¿Y ahora qué se supone? ¿Qué el viernes tengo que dejar solo a mi actual con su ex para poder explorar mi futuro? ¿Qué será mejor que haga? ¿Pausar lo de Mariano? ¿O salir igual, y que el destino me sorprenda?

¡Qué lío! Como ves sigo sistemáticamente desesperada.

Espero tu respuesta

Besitos

Yo

jueves, 15 de octubre de 2015

Un guión digno de la tele





 

Un guión digno de la tele



Querida Repara Corazones

¿Tengo cara de idiota yo? Digo, sé que no me has visto nunca, pero… ¿sueno como idiota?
Porque no puede ser que todo me pase a mí.
Ayer te dije que Vanina iba a llamarme para saber mi respuesta. Y de acuerdo a tus consejos, antes de contestarle pensaba sentarme tranquila y charlar de todo el asunto con Guille. Como tú dices, dejarlo fluir…
¡Ja! ¡Qué inocente!
Como las desgracias nunca vienen solas, ya desde la mañana todo empezó a salir mal. Primero a Guille se le ocurrió apretar el botón del escusado mientras yo estaba en pleno baño. Nuestro piso es antiguo, y las cañerías, de la prehistoria, por eso sabemos muy bien que NO hay que apretar el famoso botón cuando otro se está duchando ¡bajo ninguna circunstancia! Pero él está de lo más distraído desde el mismo día en que me negué a recibir el famoso anillo. Así que esta mañana se acababa de limpiar los zapatos con papel sanitario cuando, por un exceso de limpieza, lo tiró al escusado y, no contento con eso, apretó el maldito botón. ¿Acaso tengo yo la culpa de que él sea tan obsesivo? Sin embargo soy yo la que estuvo con chuchos de frío toda la mañana. Aunque puede que no fuera por lo de la ducha, sino porque hoy tuve uno de esos días que meten miedo.
Bueno, luego ocurrió lo de las tostadas. Tercer día que las tostadas saltan por el aire como si estuvieran en los juegos olímpicos. Créeme, hay pocas ventajas en tener un novio ingeniero. Por supuesto que tus equipos de audio y el televisor funcionan de maravilla, pero más te vale contratar a un pintor o a un plomero, porque tal parece que si no se los enseñan en la facultad no pueden hacerlo. Pero la tostadora, que yo sepa, está llena de circuitos, y tiene enchufe. Sin embargo cuando por tercer día mi desayuno se aprestaba a acabar en el suelo, recordé mis épocas de beach vóley e intenté atajarlas. ¡Craso error! No estaba en la playa, sino en la cocina, justo al lado de la cafetera. ¡Qué espanto! Y para colmo llevaba puesta mi mejor blusa blanca, porque como todos los días pienso que voy a toparme (¡al fin!), con Mariano, insisto en ir vestida al trabajo como si fuera a mi boda.
Cuestión que entre cambiarme la camisa por la única que tenía limpia, (y que por supuesto era la más vieja y fea), y chillarle a Guille mientras él trataba de arreglar el estropicio, se me hizo re tarde. ¡Imposible discutir nada con él! Y ya estaba abriendo la puerta para salir a la carrera cuando… ¡¿a que no te imaginas a quién me encuentro?! ¡Sí! ¡A Vanina! Es decir, al principio no me di cuenta que era ella porque, ¡vamos!, la niña es espectacular, y me costaba creer que alguien así hubiera podido ser novia de mi Guille. Pero sí, esa rubia de metro ochenta y piernas larguísimas era la ex de mi actual. Y por la cara que puso la muy arpía me quedó claro que no esperaba encontrarme allí. ¡Qué cerda! Porque que yo sepa habíamos quedado en que iba a llamar antes de venir. Pero tal parece que al final decidió saltear mi aprobación, porque se apareció así como si nada.
¡Tendrías que haber visto la cara de Guille! Y ahí yo, que para nada soy celosa, me puse medio loquita, (o loquita y media). De repente era como en esas escenas de teleteatro en que el chico y la chica se comen con la mirada bajo la atenta vigilancia de “la otra”… Todo súper romántico, excepto… ¡que la otra era yo! ¿Cuándo me convertí en “la otra”?
Y ahí me di cuenta: no estoy lista para dejar a Guille. O, bajo la luz de las circunstancias, para dejar escapar a Guille. O, lo más probable, para dejar que otra me robe a MI Guille.
El reloj corría. Iba a ser la tercera llegada tarde en el mes, y mi jefe ya había amenazado con quitarme el presentismo, (que es una especie de gratificación adicional a tu sueldo que por supuesto gastas aún antes de cobrarla,  y que les sirve a tus patrones para recordarte que no tienes derecho a tener una vida) Y no es que yo tuviera ánimo de pensar en ese preciso momento en mi trabajo, obnubilada como estaba por el curso de los acontecimientos. Pero Guille, que sólo atinó a presentarme a Vanina por su nombre, como si yo tuviera la obligación de saber que era su ex, no hacía más que recordarme la hora. Era como si intentara echarme.
Al final decidí irme yo solita. Saludé con una elegante indiferencia como corresponde a una dama, (bueno, al menos a ella, porque a él le partí la boca de un beso de esos que hacía rato no le daba), y me fui. Aunque en realidad tampoco me fui. Sólo simulé irme, y pegué la oreja del otro lado de la puerta. Pero no hizo falta arrimarse demasiado. Parecía que Guille se había quedado con varias cosas atragantadas, porque fue cuestión de quedar solos, (o de que creyeran estar solos), para que empezaran los gritos, (al menos los de él)
De verdad ya era muy tarde, y más que el presentismo me jugaba el puesto, así que, convencida de que mi novio iba a tener el valor que a mí me había faltado, y le pondría los puntos sobre las íes a esa desubicada, me fui sin más trámite.
Por supuesto al llegar a la oficina conté que me había quedado encerrada en el subterráneo. Y hasta sacudí mi tacón raspado delante de la cara del jefe para documentar la caminata por las vías. Y ya casi estaba terminando un guión digno de la tele, con el policía que me llevaba en andas y la ambulancia a la salida de la estación, cuando la sonrisa irónica de mis compañeros me hizo detenerme en seco. Sí, confieso que se me había ido un poco la mano con la historia, pero un exceso de imaginación era habitual cuando alguien llegaba tarde. Y los demás, sólo por buenos samaritanos, generalmente seguían el juego. Y entonces alguno había escuchado en la radio acerca del problema, o se lo habían contado a la entrada, o lo que fuera. Pero hoy no era así. Al contrario, todos me miraban con cara de perdonarme la vida. ¡Incluso mi jefe, que más que enojado parecía divertido! Yo no entendía nada
Cuestión que empecé a trabajar convencida de que el día no podía ser peor.
Y entonces ocurrió.
Yo estaba ocupadísima con mi ordenador, cuando escuché que mi jefe me dice: “Mira, allí viene el policía que te salvó en el subterráneo” Levanté la cabeza sin entender y…
¡Sí! Ahí estaba él… ¡Mariano! Mi macho posmo. Mirándome también él con la misma cara estúpida que ahora tenían todos los hombres de mi oficina.
¿Se puede ser más desafortunada?
Al regresar a casa me di cuenta que sí. Pero esa es otra historia.
Ahora tengo que dejarte. La carne está en el horno, (sí, carne de verdad y no del freezer), y no puedo darme el lujo de que se queme. Ni bien termine con lo de la cena te sigo contando.
Besos
Yo

martes, 29 de septiembre de 2015

El Macho Posmo Prehistórico ataca de nuevo



 

 

 

El Macho Posmo Prehistórico ataca de nuevo




Querida Repara Corazones:

¿Por dónde andaba? Ah, sí… Vanina refugiándose en la mansión de MPP.

Bueno, al principio todo resultó bien. Las llamadas eran más esporádicas, (a menos que se le cruzara algún chico, porque entonces se intensificaban), y MPP siempre estaba ahí para consolarla. Por supuesto tanto estrés comenzó a repercutir en su trabajo, y no pasó mucho hasta que la despidieron. ¡Te imaginarás! Sin nada que hacer, los días se le volvieron eternos. Y estaba así, vagando aburrida por  la mansión, cuando de repente descubrió que MPP se había olvidado encendido el ordenador. Y sólo por apagarlo es que se sentó frente a la pantalla.

¿Te imaginas el resto?

Sí. MPP era el que la estaba torturando. Ahí, en su máquina, había un programa que activaba las llamadas obscenas, y otro que revisaba las cuentas de su víctima y chequeaba sus movimientos. ¡Pobrecita!

Imaginarás que a la media hora Vanina ya estaba muy lejos de esa mansión. Dejó toda su vida atrás: el móvil, la ropa, los contactos de amigos y parientes. Decidida a empezar de cero, aprovechó el efectivo de la indemnización para rentar un piso sin dejar rastros.

Por un tiempo vivió allí, durmiendo en el suelo por no tener ni para los muebles. Y entonces un día, al regresar de una compra, se encontró al mismísimo MPP allí, sentado en medio de la sala, en una lujosa poltrona que Vanina veía por primera vez.

¡Qué horror!

¿Y si mi Macho Posmo también es un acosador serial? ¡Y es que una sabe tan poco de sus machos posmo! ¿Te diste cuenta que la mayoría de ellos habla un montón, pero se las ingenian para no decir nada?

Cuestión que la pobre Vanina se fue directo a la policía y pidió una orden de restricción en su contra. Pero igual vivía con miedo. ¡El tipo se aparecía por todas partes! Así que, harta de tanta locura, decidió desaparecer. En el mayor de los secretos se fue con su sobrina a Disneylandia. Comprobó que nadie la siguiera en el aeropuerto, y chequeó que él no estuviera en el avión. Nueve horas de vuelo le parecía suficiente distancia entre los dos. Pero no terminaba de saludar al ratón Mickey, cuando, más allá ve al tipo sacándole una foto.

¡Pobrecita! Ahora Vanina cerró todas sus cuentas bancarias y vive en un hotel. Ningún pariente o amigo conoce su paradero. ¡Pobre! La verdad es que vivir así es un infierno. Y sólo por desesperación  se le ocurrió que el último sitio en que la buscarían era… la casa de su ex. MPP sabe muy bien que Guille la odia por haberlo dejado. Pero Vanina no ignora que como mi novio es buena gente, y descuenta que yo también, vamos a entender su situación.

Sí, como oyes: quiere mudarse un tiempo a casa con nosotros, hasta que pueda arreglar sus cosas. No te olvides que ella vivió aquí por cuatro años, y sabe que hay una habitación con baño que está vacía, (o llena con los cachivaches de Guille, que es lo mismo).

Por una cuestión de respeto y para no molestarme, Vanina quería saber mi opinión antes de proponérselo a él. ¿No es un amor?

Pero ahora la que está confundida soy yo. ¿Qué hago? ¿La dejo quedarse? ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Qué me robe el novio? Quien te dice y quizás resulta una solución… Aunque ahora que mi MP desapareció, no estoy muy segura de si quiero cortar con Guille.

¿Qué hago?

¡Apúrate! Me dijo que llama mañana para conocer mi respuesta.

Desde ya muchas gracias. ¡No sabría qué hacer sin tus consejos!

Besos

Sistemáticamente desesperada

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Un Macho Posmo PREHISTÓRICO

Un Macho Posmo PREHISTÓRICO


Querida Repara Corazones
Me moría por contarte lo de la ex de Guille para saber tu opinión, así que ni bien llegó el delivery corrí para escribirte. Sí, ya sé que te dije que iba desfreezar la cena. ¡Y lo hice! Pero estoy tan distraída, que en vez de dos minutos en el microondas lo dejé veinte, y ahora tengo pescado pegado por todo el aparato. ¡Tendrías que haber sentido las explosiones! Y yo, tan distraída, que ni así me di cuenta del desastre.
Bueno, te cuento. Después que la novia de mi ex me habló por primera vez, intenté rastrearla. Y, créeme, soy muy buena rastreando gente. Pero de ella, ¡nada! Ni fotos, ni videos… Ni siquiera comentarios. ¿No es raro que nadie la etiquetara? Porque, seamos sinceros, basta que uno salga horrible en una foto para que algún “amigo” se crea en la necesidad de anunciarle al mundo tu nombre. Pero de ella, ¡nada! Eso me produjo MUCHA desconfianza. Así que cuando esta mañana volvió a comunicarse, en seguida rastreé la llamada. Y sí, sé cómo hacerlo. Pero el teléfono resultó ser justo de donde ella decía: una pequeña cabina pública no muy lejos de mi casa. Entonces me relajé. O quizás lo hice por el tono tan desesperado de su voz, que me hizo intuir que estaba ante una compañera de desgracias.
¡No sabes! Su historia es increíblemente parecida a la mía. Ella, como yo, también vivió un montón de tiempo con Guille. Y, como yo, pensaba que era tan buena persona, tan maravilloso como novio, que ya resultaba demasiado serio y aburrido, (un pesado, bah). También ella creía ser demasiado joven para tanto compromiso. (Y sí, ya sé lo que me vas a decir: que ella para aquel entonces tenía sólo 23 años, mientras que yo… Bueno, mejor no me deprimo. Pero diga lo que diga mi documento de identidad, todavía me siento de 23)
Cuestión que a la pobre muchacha se le cruzó alguien. Un tipo perfecto, divertido, lindo y con dinero. Digamos que una especie de Macho Posmo como el mío, pero de cuando todavía no existía esa especie de hombre. Algo así como un Macho Posmo Prehistórico (un MPP).
¿Quién puede criticar por eso a la pobre muchacha?
¿Quién puede criticarme a mí por el “piquito” que le di a Mariano?
La relación paralela fue haciéndose cada vez más seria, pero como me ocurre a mí, tampoco para ella resultaba fácil “deletear” a Guille. La verdad es que mi novio se hace querer, y a nadie le gusta lastimar a alguien tan bueno. Pero al final se animó. “¡Bien por ella!”, pensé yo al escucharla. ¡Qué ilusa!
Bueno, pero voy por orden.
Guille se lo tomó a mal cuando ella lo dejó. Muy mal. Creía que era una perra interesada, que sólo lo hacía por el dinero y el poder del otro. ¡Pero no! ¡Nada que ver!... Yo soy muy buena juzgando a la gente, y se nota que la muchacha es sincera.
Y fue todo mudarse a la mansión de MPP para que la vida resultara fabulosa… Dos años.
Claro que MPP, a diferencia de Guille, la hacía reír todo el tiempo. Pero al final parece que ella se aburrió de reírse tanto. O quizás fue que entre carcajada y carcajada, la pobrecita se dio cuenta que otra vez estaba encerrada en una relación seria que gritaba “compromiso”. Pero esta vez no esperó a que apareciera otro para hablar con el señor MPP. Por el contrario, se lo dijo “de una” y sin anestesia. Él, para su sorpresa, pareció tomárselo muy bien. Como tenía tanto dinero, le ofreció un piso para que viviera sin pagar renta, con la única condición de que siguieran siendo amigos. A ella le pareció un detalle encantador, y todavía no acababa de mudarse, cuando se le cruzó HDSV, (el hombre de su vida, ¡bah!). Un tipo increíble que no sólo la hacía reír, sino que además la completaba en la cama. (No estoy segura qué significa eso, pero me parece que Guille no lo hace).
Bueno, todo maravilloso… Hasta que a HDSV comenzaron a ocurrirle todo tipo de desgracias: le robaron la 4x4, lo despidieron del trabajo… ¡Claro que la relación se vio afectada! El tipo estaba de un humor pésimo, y el macho posmo prehistórico no hacía más que llenarle la cabeza a Vanina, (la ex). Pero como ella es cero calculadora o interesada, el romance revivió. Y ya pensaba mudarse con su chico ideal, cuando al pobrecito lo asaltaron con tanta violencia, que terminó internado y muy grave. Fue él, que para entonces ya estaba totalmente destruido en su interior, el que rompió la relación. Por supuesto Vanina lloró y lloró, ¿y quién estaba ahí para consolarla? ¡MPP!
Y entonces a la pobre chica se le cruza otro HDSV, (me gustaría saber por dónde anda esta chica, y darme yo también una vuelta por ahí, porque a mí el único que se me cruza es el gato de la vecina). Y todo iba maravilloso otra vez, hasta que de nuevo le robaron el auto al candidato de turno. ¡Demasiada coincidencia! Todo resultaba bastante sospechoso, pero cuando al pobre tipo lo golpearon sin piedad, Vanina supo que había llegado la hora de romper todo trato con su Macho Posmo Prehistórico. ¿Quién otro podía ser tan poderoso como para hacer tanto mal?
Descorazonada, Vanina se alejó de todo y de todos. Y entonces comenzaron las llamadas: jadeos, insultos con una voz distorsionada, etc, etc.etc… Y también sus comunicaciones fueron jaqueadas: twitter, Facebook, Instagram. ¡Hasta Gmail! ¡¿Cómo se vive sin internet?! La pobre Vanina, convencida de que su acosador era el Macho Posmo Prehistórico, cerró todo, y sin decir ni una palabra se mudó a casa de la mamá. Pero de inmediato los mensajes arreciaron. Y como ya no tenía mail propio, empezaron a aparecer en la cuenta del trabajo, o en el Facebook de sus compañeros. ¡Estaba desesperada! MPP no entendía el motivo de su alejamiento. Pero un día que él le fue a reclamar, Vanina recibió una de esas malditas llamadas al móvil de su trabajo. Al ver su cara MPP supo de inmediato que algo malo le estaba pasando. Ella le confesó todo, incluso que lo había creído el responsable. Él la contuvo como todo un caballero, y le ofreció su casa como refugio. (La mansión, ¡bah!) La pobre chica estaba tan desesperada, que aceptó a condición  de que, a pesar de la convivencia forzada, él entendiera que sólo podían ser amigos.
Ay… Voy a tener que dejarte. Parece que Guille tiene indigestión, y ahora me echa la culpa a mí. Dice que está harto de tanta comida chatarra, y que si es él quien lava los platos, lo menos que espera de mi parte es una ensaladita en la mesa.
Bueno, te decía
¡Otra vez! ¡Qué pesado!... Si el antiácido fuera un perrito ya lo hubiera mordido. ¿Por qué los hombres nunca encuentran nada?... Bueno, lo mimo un poco y ya vuelvo.
¡Espérame!


Sistemáticamente desesperada.




martes, 22 de septiembre de 2015

fondo de pantalla de UNA INQUIETANTE PROXIMIDAD

Con motivo del lanzamiento de la nueva edición de la novela UNA INQUIETANTE PROXIMIDAD para kindles, tablets y celulares, hemos generado un fondo de pantalla conmemorativo que esperamos les guste y les sea útil.

Clara



El link de la novela es:
http://www.amazon.com/inquietante-proximidad-Spanish-Clara-Voghan-ebook/dp/B0159CXAKK

jueves, 17 de septiembre de 2015

Un macho posmo “post traumático”

 




Un macho posmo “post traumático”


 

Querida Repara Corazones:

Lo del beso de Mariano fue… sólo un beso. Ya nos íbamos y él… No es que yo quisiera besarlo, sino que… Tenía tantas mariposas en el estómago, y él…
No sé. No sé de que la fue eso del beso. Fue casi “un piquito”. O un beso dado con ganas, al que, (¡vaya a saber una por qué!), le saqué la cara. ¿Habrá sido por la culpa?
La verdad es que prefiero olvidar todo el asunto.
En cuanto a lo otro que preguntas, me muero por contarte lo que pasó con la ex de Guille.
La verdad es que no me animé a ir a verla. Así que, envuelta en un gran misterio como si fuera una espía de la CIA, al final me llamó ella. ¡Dos horas estuvimos hablando!
Pero vamos por orden. Sobre todo porque lo que pasó a la mañana es algo que quiero borrar de mi memoria para siempre, así que mejor lo digo así, sin anestesia, y después lo deleteo de mis circuitos para siempre. Sí, porque lo que pasó a la mañana fue un verdadero horror. ¿Y sabes por qué me pasó? Por culpa de mi trabajo. Porque yo tiendo a hacer análisis de sistemas hasta con los sistemas complejos de mi vida. Y así, como el rechazo de MP me estaba obsesionando, decidí tomar el toro por las astas, (eso lo solía decir mi padre), y pasar el papelón de mi vida de una y al contado rabioso. Sí, porque, afrontémoslo, algún día iba a chocar con MP. Y hasta ese día aquella vergüenza en cuotas iba a matarme. Convengamos en que a mí no me gusta el suspenso ni en las películas. Así que esta mañana me vestí como si fuera a una fiesta, me puse tacones altos, pasé dos horas modelando mi cabello, (perdí dos hora, bah), y utilicé todos los trucos que conozco para disimular mi nariz. Quería que al verme el idiota de Mariano se arrepintiera un poco de su indiferencia. Pero lo único que gané fue llamar la atención de todos en la oficina. Y cuando digo todos, es TODOS. Hasta el tipo del elevador me miró el culo con descaro. ¡Y mis compañeros! Se la pasaban tirando cosas al suelo para ver cómo me agachaba. Claro que ellos creían que lo hacían con disimulo, pero… ¡vamos, chicos! ¡Para cuando ustedes fueron, yo ya fui y volví!
Así que con el amor propio un poco más elevado me dirigí directamente a las alturas para enfrentar a mi “macho posmo post traumático”
¿Por qué haré esas cosas? ¿En qué estoy pensando en esos momentos previos a echar mi vida por la borda? La verdad, querida Repara Corazones, que tendría que tener tus consejos inyectados con endovenosa.
Pero no, como estaba solita, y con la presión de no querer quedar como una idiota con Mariano… quedé como una reverenda arrastrada con el resto de la humanidad. Porque cuando subí a aquel cielo estúpido de la gerencia y pedí por Mariano, me ofrecieron en seguida de hablar con alguien más. Y entonces dije la cosa más estúpida que uno puede decir respecto de un compañero laboral. Con todo y voz chillona casi grité: “No, gracias. Es personal”
Por un instante pude sentir cómo el edificio completo hacía silencio ante tamaña confesión. Pero fue sólo un instante, porque después, (¡horror!), llegaron las risitas a mis espaldas. Creerás que exagero, ¡pero no! Todo el mundo se reía. Cualquiera que trabaje en una oficina puede entenderme.
Para cuando me aclararon que Mariano estaba en Córdoba por una auditoría, a más de 500 kilómetros de la Capital, yo ya estaba coloradísima. Y así como mi entrada a esa oficina estuvo acompañada de miradas de deseo y envidia, mi salida sólo produjo lástima. Bueno, burlas y lástima, que en una oficina como la mía son casi imposibles de separar. Tardé un minuto en llegar a mi escritorio, que quedaba a más de 20 pisos de distancia de mi humillación. Pero para cuando lo hice ya todos sabían. Y no, no es mi “persecuta”. Sabían de verdad. ¿Por qué otra cosa me iba a preguntar mi jefe si todavía estaba viviendo con Guille? ¡Un horror! Hasta pensé en cambiar de trabajo y todo.
Respecto a la ex de Guille, ¡no vas a creer lo que me contó!... Pero esto ya se hizo muy largo, y tengo que desfrizar la cena.
¡Besos!

Sistemáticamente desesperada

jueves, 10 de septiembre de 2015

Los cien más buscados



 

 

Los cien más buscados






Querida Repara corazones:

Hoy fue un día intensamente extraño. La verdad es que fui a trabajar con el corazón en la boca. Estaba excitadísima con la sola idea de encontrarme con MP en los pasillos. Me sentía viva como no lo había estado en mucho tiempo. Incluso un desubicado de mi oficina me preguntó “si me había venido” porque estaba muy colorada. ¿Por qué todos los hombres le achacan siempre todo a “eso”? (by the way: sí, me había venido)
Como sea, me la pasé suspirando cada vez que alguien abría una puerta, y bajé a almorzar a la cafetería como si formara parte de la lista de “Los cien más buscados” y tuviera a todo el FBI empeñado en atraparme.
Bueno, pues para mi descontento lo único que saqué de tantas emociones fue una horrible indigestión.
La verdad es que a MP no lo vi en todo el día. Y si bien una espera que después de una salida el chico en cuestión no llame al día siguiente, e incluso que lo hiciera sonaría demasiado desesperado, (¡líbreme Dios de salir con alguien semejante!), que alguien que ves todos los días y a cada hora de tu jornada laboral de repente desaparezca, sólo puede significar que lisa y llanamente te está evitando.
Para las seis de la tarde ya me sentía vieja, gorda, desagradable y tonta. Puede ser  porque estaba en “esos días”, pero más me parece que fue la ausencia sin aviso de Mariano. Yo no sé si todas hacen eso, pero durante todo el resto del día me la pasé recriminándome. Quizás lo que yo creía una charla fluida e interesante él lo había percibido como un cacareo insufrible de mi parte. O puede que simplemente al tenerme más cerca haya visto mis piernas celulíticas o la nariz larga. Quizás exageré un poco con lo corto de la falda, o el maquillaje fue demasiado. O simplemente puede haber sido por el beso. ¡Estoy totalmente fuera de práctica!... Y más pensaba en la culpa de mis fallos, más me era fácil encontrar al culpable de todos ellos: ¡Guille! Porque por su culpa me había vuelto así. Su eterno silencio me convertía en parlanchina, su tacañería hacía mella en mi belleza, y lo peor, su apuro a la hora del sexo me había vuelto, incluso a mí, una “eyaculadora precoz”. Sí, porque tanta es su prisa que si no me ocupo yo misma de mis orgasmos, tengo que decirles “adiós para siempre”.
¡Qué mal! Ahora que ya hace dos horas que estoy en casa no puedo evitar la furia que siento hacia él. Claro que Guille piensa que estoy enojada porque “me vino”, pero yo

Perdón que interrumpí así, en medio de una frase, pero me acaba de llegar un mensaje de lo más raro. Un mensaje en el telefonito. Dice que es la ex de Guille, (¿será la linda o la fea?), y que está muy urgida por hablar conmigo. Quiere encontrarse conmigo en un barcito cercano al trabajo, y me rogó que no le diga nada a Guille. La verdad no sé si ir. ¿Qué tengo que hacer con una ex de Guille, excepto devolvérselo con un moño? Para colmo cuando le dije que no sabía su nombre ni podía reconocerla, me contestó que no me preocupara. Que ella tenía clarísimo quién era yo, porque había hecho una pequeña investigación en el face. ¿No suena re loco?
¿Qué hago? ¿Voy a la cita? ¿O le cuento todo a Guille? Y cuando digo “todo” es “TODO”.
Ahora que MP se esfumó, ¿no tendría que tratar de recomponer la situación con mi novio? Aunque hacerlo… ¿no suena a fracaso?
¿Qué me recomiendas?



Sistemáticamente desesperada