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viernes, 8 de enero de 2016

Por ningún motivo subas esto a la red



 


 

Por ningún motivo subas esto a la red


Queridísima Repara Corazones

Disculpa la demora en comunicarme, pero como siempre mi vida ha sido demasiado complicada. Como tú bien dices soy un poco “tocadiscos”, pero por fin estoy feliz… Todo es maravilloso. Y no creas que no le doy crédito a tus consejos: ellos tienen mucho que ver con lo bueno que me está pasando
Te pido mil perdones por comunicarme contigo a través de tu correo privado, pero te ruego que por ningún motivo subas esto a la red.
No lo vas a creer, pero a pesar de trabajar en sistemas nunca había pensado lo vulnerable que uno se vuelve al hacer pública su intimidad. Es decir, lo sabía, pero no lo había pensado. Es como cuando te dicen que un rico helado dura cinco minutos en la boca y toda una vida en tus caderas. Sabes que es cierto, pero te resulta imposible no caer en la tentación. Lo mismo me ocurrió a mí con tu columna. Estaba vagando por ahí en la red, cansada, aburrida, sola, ¿por qué no liberar mi alma contigo? Y empecé a hablar. Y a decirte cosas que no me atrevía a confesarme ni siquiera a mí misma. Cosas tan íntimas, que hacerlas públicas me volvía extremadamente vulnerable.
Y ahora sí, una última confesión: siempre fui yo. La de las primeras cartas, y también la de la última. Este será un secreto entre nosotras. Dejemos confundidas a las lectoras de tu blog. Y no te lo pido por maldad o por enredar la historia, sino porque aprendí mi lección: la red es peligrosa a la hora de ser una misma.
Mejor voy por orden… ¿Recuerdas que estaba escribiéndote desesperada desde ese hotel de parejas, repudiada por mi novio y acosada por mi jefe y mis compañeros de trabajo? ¿Recuerdas que sólo por olvidar mi soledad, o quizás para regodearme en mi dolor, había puesto ese canal de cable en que todo el tiempo hablan de crímenes, asesinatos y cosas horrendas, y  que de repente interrumpí mi comunicación contigo? Bueno, pues lo creas o no, en ese canal estaban hablando de Vanina, (la ex de mi ex). Claro que no precisamente de ella, sino de su historia. Una muchacha NORTEAMERICANA, es decir, que vive a miles de kilómetros de mi bella Argentina, estaba contando con todo detalle la misma historia de acoso que nos había relatado la malvada de Vanina al inmiscuirse en nuestras vidas. ¡Todo estaba ahí! La persecución, la angustia, ¡y hasta el viaje a Disney con su sobrina! ¡A Disney! Que para la señorita de la televisión significaba que su acosador era capaz de subirse a un bus y recorrer unos cientos de kilómetros por su obsesión, pero que en el caso de Vanina se engrandecía por la infinita cantidad de tiempo y dinero que alguien estaba dispuesto a invertir en perseguirla. ¡Disney!... Ni siquiera tuvo la suficiente inteligencia como para cambiar ese detalle. ¿O será que nuestro “Parque de la Costa” no le resultaba tan glamoroso? Cuestión que ahí mismo me di cuenta de que era víctima de la más horrible traición. ¡Y de repente todo me cerraba! ¡Por eso la muy yegua había borrado su historial de la red!: para que yo no pudiera chequear su relato. Por eso su madre de repente se mostraba encantadora con Guille: ¡para que su nena pudiera salirse con la suya! Y también entendí todo el enredo con Mariano y mi jefe: seguramente ella había revisado mi laptop, chocado con la estúpida correspondencia que te dirigí, y aprovechado el dato para mandarles llamaditas obscenas no sólo a ellos, sino incluso a Michel, desde mi propio móvil, que había robado previamente de mi propio bolso, en mi propia casa, mientras mi propio novio andaba por allí.
Y entonces dejé de llorar. Y me enfurecí: Vanina podía ser más linda que yo y tener las piernas más largas, pero seguro que yo podía manejarme en la red mucho mejor que ella. Claro que unos meses atrás había intentado rastrearla sin éxito, pero no con tanto empeño y furia como tenía ahora. Así que primero busqué fotos de mi novio, (el jamás sube nada, pero nunca falta el desubicado que, a pesar de los ruegos, escribe el nombre completo de todos), y entonces di con mi tesoro: una foto de Vanina. ¿Tengo que decir que ella era la única no etiquetada de una foto grupal? Pero, vamos, ¿trampitas a mí? Ahí saqué mi arma mágica: el reconocedor facial. Busqué por toda la red fotos que pudieran coincidir con esa, ¡y había miles! Como todas las lindas, Vanina resultó muy afecta a dejarse fotografiar por cualquiera. Y en muchas de esos retratos aparecía con hombres. Todos súper lindos, por supuesto. Pero sólo uno llamó mi atención. Debía superar los cincuenta años, y por cómo la miraba definitivamente no era el padre. Como te imaginarás no tardé ni un minuto en googlearlo. Resultó ser un rico empresario que aparecía con frecuencia en esas revistas que se leen en el salón de belleza, y que exhibía a Vanina con el mismo orgulloso desdén con que mostraba su reloj o su auto. Ese y no otro debía ser su presunto acosador, me dije. Y entonces tuve una repentina inspiración. Corrí al centro comercial más cercano, me hice peinar, y compré en el último negocio todavía abierto la ropa más cara, (ya lloraría mi tarjeta de crédito después), y sin pensarlo dos veces me dirigí a la dirección robada en la red. Era un bello piso, en un edificio imponente de la avenida Libertador. Allí me acerqué al guardia de seguridad y le pedí que le entregara una tarjeta al señor Juan José, (lo dije así, omitiendo el apellido, para que pensara que se trataba de algo personal). El tipo aceptó de inmediato, porque resultaba obvio que no era la primera vez que Juanjo recibía ese tipo de visitas a altas horas de la noche… Te preguntarás qué puse en la tarjeta… Nada más fácil: “Tú y yo tenemos algo en común: ambos odiamos a Vanina”. Tardó casi media hora en llegar una respuesta, y fue la media hora más larga de mi vida, pero al fin el guardia me acompañó al elevador.
Al entrar al piso me quedé boquiabierta. Y no sólo porque era increíble, sino porque las fotos no le hacían justicia al tal Juanjo. Estaba re lindo. Tanto, como para vivir un complejo de Edipo sin culpas. Era una especie de George Clooney con panza. Nada mal. Y nada mal tampoco su forma de recibirme. Obviamente lo impresioné, porque como te dije no tendré las piernas taaan largas como Vanina, pero también tengo lo mío. De inmediato quedó claro que me había hecho subir no tanto por odiar a la yegua, sino por pura curiosidad. Y después de un rato de charla pude darme cuenta de que, una vez clara la imposibilidad de conquistarme, lo divertía arruinarle un poco la vida a su ex. ¡Y qué ex!
¡No vas a creer la historia vista desde el lado de Juanjo! Había conocido a Vanina por casualidad, pero de inmediato ella se le pegó como sanguijuela. Por las dudas me aclaró, aunque no era para nada necesario, que eso es algo que le ocurre a diario: las chicas lindas suelen tener una peculiar atracción por los señores con dinero, aunque más por el dinero que por los señores… ¡Te juro! ¡Lo dijo así!... Y por supuesto quedé encantada con su frescura y sinceridad. Y es que ocurre algo raro con Juanjo: él no necesita presumir para enamorar a una mujer. Hay algo en su forma de ser que te seduce sin que te des cuenta…
Bueno, como tantas veces desde que se separó de su primera esposa, comenzó otra relación casual, esta vez con la yegua. Y todo iba bien con Vaninita, pero no podía dejar de extrañarse por la dificultad horaria que tenía la niña a la hora de las citas. No tuvo que apretarla demasiado, (en más de un sentido), para que terminara confesándole que estaba viviendo con alguien, en una relación más que formal y aburrida, (¡pobre Guille!). Juanjo quiso hacerse a un lado, por supuesto, (que, como él dice, ya no tiene edad para jugar a esas cosas), pero la muy taimada de Vanina le cayó un día en su piso, hecha un mar de lágrimas y con una maleta en las manos, y le dijo que por su culpa había cortado la relación con su novio, pero que ya era libre de mudarse con él. Claro que Juanjo se extrañó. Ni siquiera le había sugerido algo semejante. Pero como es un dulce, un verdadero caballero como quedan pocos, la cobijó, (en más de un sentido).
Al principio todo fue bien. Pero poco a poco el pobrecito notaba más y más esa extraña afición de ella por gastar dinero ajeno. No trabajaba, no estudiaba, pero siempre estaba comprando algo. Y Juanjo no necesita la ayuda de nadie para derrochar su fortuna. Sabe perfectamente cómo hacerlo solito. Cuestión que luego de algunos meses de una relación bastante poco interesante en materia de sexo, (¿Vanina era aburrida en la cama? ¿Por eso Guille no la había echado en falta?), por fin él decidió amablemente mostrarle la salida de su casa. Pero, (y esto, conociendo a Vaninita, lo creo puntualmente), la niña se atornilló al lugar. Juanjo, de puro caballero, ofreció cederle su piso hasta que ella consiguiera algo más, y se mudó a la avenida Libertador. Pero no tardó en darse cuenta de que la muchachita estaba demasiado cómoda con el trato. Así que en vez de enfrentarla, decidió dejar de pagar los gastos y que la justicia hiciera el resto. ¿Tengo que aclararte que la desalojaron justo cuando ella hizo su primera llamada a mi móvil?
Para cuando mi anfitrión terminó su relato ya habíamos acabado una opípara cena en el restorán más lujoso que puedas imaginar. Juanjo es encantador, y cuando se ofreció a llevarme a casa tuve que confesarle también lo terrible de mi situación personal. ¿Cómo iba a mudarme de ese sucio hotel si no podía volver al trabajo? Tanto mi jefe como mis compañeros estaban convencidos de que era una histérica, que primero los incitaba sexualmente de la forma más descarada, para después dejarlos librados a su suerte.
De nuevo Juanjo logró tranquilizarme. Me acompañó al hotel, y él mismo enfrentó al gerente. Eso de “enfrentarlo” es una forma de decir, porque no fue tanta su valentía, como el valor del billete que sostenía entre sus manos a la hora de convencer al tipo para que soltara su lengua.
Resulta que mi jefe, Mariano y Michel conocían demasiado bien ese hotel para parejas. Sus visitas en horario laboral y fuera de él no resultaron pocas. Y por las grabaciones de vigilancia que el gerente nos acercó, pude reconocer a varias colegas casadas entres sus acompañantes. ¡Cómo nos reímos con Juanjo! Parecía encantado con todo el asunto… Él mismo se ofreció a ir a negociar con mi jefe. ¿No es increíble que un señor tan importante pierda el tiempo conmigo?
¿Qué dijo en mi oficina? No tengo la menor idea. Pero sí puedo asegurarte que desde entonces trabajo en la calma más apacible. No sólo mis tareas se han reducido, sino que los tontos de mis compañeros muestran ahora mucho más respeto por mí.
Luego del trabajo te escribí mi carta anterior. Necesitaba limpiar mi imagen ante Guille en el improbable caso de que, a instancias de Vanina, él estuviera leyendo tu blog. Y además quería presentarle batalla a esa perra. Confundirla lo suficiente.
No sé si fui clara al describir a Guille. Él es muy bueno, pero un poco desconfiado y cabeza dura. Y si yo me presentaba allí, contándole todo lo que había descubierto de Vanina, él probablemente hubiera cortado con las dos. Es demasiado orgulloso como para soportar sentirse estúpido. Así que tuve que ponerme creativa…
Al día siguiente le mandé un mensaje escueto, pidiéndole entrar al piso para buscar unas pastillas. Claro que no las necesitaba en absoluto. De hecho, creo que estaban vencidas. El malvado, como era previsible, me respondió que fuera a las siete de la tarde porque no iba a estar presente. ¡Es muy rencoroso! Pero con Juanjo ya lo teníamos todo planeado…
Llegué al departamento vacío y no pude evitar que el estómago se me retorciera. Pero recorrí los cuartos… Y respiré.
La cama de Guille estaba sin hacer, pero el lado izquierdo aún lloraba mi ausencia. Nadie se había acostado allí. Era evidente que las piernas largas de Vanina no le habían alcanzado para llegar al dormitorio de Guille. ¿Pero por cuánto tiempo? Tenía que actuar en forma contundente y rápida, así que tomé las pastillas, (hay que ser coherente con las mentiras), olí un poco de cebolla que Guille solía guardar en la heladera, y me puse a esperarlo con cara de llanto.
En realidad no estaba segura de que fuera él el primero en llegar, pero era un riesgo que tenía que asumir. Además, con Juanjo ya habíamos planeado algo ante la contingencia de que Vanina apareciera inopinadamente.
Cuestión que para cuando escuché la llave en la puerta corrí a la ventana, y puse mi mejor cara de desesperada. Y como bien sabes, la desesperación me queda. Pero bastó verme para que Guille enfureciera. “¿Qué estás haciendo aquí?” preguntó con su peor voz, pero que a mí me resultó encantadora. Tuve que hacer esfuerzo para no comérmelo a besos. Pero en cambio de eso señalé hacia la ventana con horror. Él dudó por un segundo, y supe que lo había ganado.
“No se va”, dije en un susurro, mientras señalaba el auto estacionado en la otra calle, adonde el chofer de Juanjo que me había traído esperaba pacientemente.
“Tengo miedo”, añadí en el momento preciso para verlo desfallecer. Y es que a Guille le encanta jugarla de súper héroe.
“¿Es otro de tus novios, siguiéndote?”, preguntó simulando indiferencia. ¡Qué lindo!... Pero yo me apuré a responderle que era el mismo que había acosado a Vanina, y que ahora venía por mí. Y que de seguro él, o alguien más, era el culpable de la intriga para alejarme de la casa.
Guille, mirándome confundido, por toda respuesta me obligó a correr escaleras abajo para enfrentar al del auto. Pero conforme a lo pactado el chofer de Juanjo arrancó ni bien salimos a la calle. Entonces, aún en medio de la acera, le grité a Guille todo mi enojo por haber traído a Vanina a nuestras vidas y exponerme a tantas cosas horribles. Y no había ni un ápice de falsedad en mi reclamo.
Entonces sucedió el milagro. Guille me tomó entre sus brazos y yo empecé a llorar como si tuviera que llenar un océano. Y con la excusa de estar asustada, aproveché para refregarme con voluptuosidad, y así recordarle por qué me había comprado ese lindo anillo de casamiento.
¿Recuerdas que te hablé de las llamadas al teléfono de línea, que se interrumpían cuando yo iba a atender? ¡Claro que no se trataba de un acosador! Era una proveedora de telefonía celular que intentaba hacerme cambiar de empresa. Mil veces llamó sin éxito, hasta que por fin logró comunicarse conmigo. Pero fueron esas llamadas las que me permitieron convencer a Guille de que yo también estaba siendo perseguida.
Conforme a lo que habíamos planeado con Juanjo, yo lo puse a él, el “ex” con dinero, en el tope de los posibles acosadores. Otra vez, como si fuera la primera, hurgué en la web para buscar el nombre y la dirección de Juanjo. Guille parecía fascinado con la investigación. O, modestamente, conmigo, que lo miraba con admiración cada vez que él se acercaba un poco más a los datos de mi cómplice. ¡Y eso que tardó mil años en encontrar la ubicación del piso de la avenida Libertador!
En seguida nos dirigimos hasta allí. El guardia de seguridad nos dio acceso inmediato, lo cual podía resultar sospechoso, pero por fortuna Guille no se dio cuenta de nada.
Juanjo estuvo increíble. Contó su historia con Vanina, haciendo hincapié en que comenzaron la relación cuando la malvada aún vivía con Guille. Yo lo vi revolverse al pobrecito en su asiento. Estaba sufriendo, pero era por su bien. Después mi buen amigo relató lo del piso y el desalojo, remarcando la fecha en que la yegua comenzó a necesitar un lugar adonde vivir, y que justamente coincidía con la aparición de su presunto acosador.
Mi ex dudó un poco, pero Juanjo fue abrumador. ¡Se lo veía tan lindo! Seguro, inteligente, galante… Aunque por supuesto Guille también tenía lo suyo.
“¿Quién puede estar acosándote entonces?, preguntó mi ex, confundido. Y otra vez el hermoso de Juanjo salió en mi rescate.
“Esto es como con las cucarachas. Hay que apagar la luz y esperar a que aparezcan”, dijo.
Por desgracia Guille no es muy de las metáforas, y tengo que confesar que yo tampoco, así que ambos lo miramos extrañados.
“Es fácil. Esta bella joven deberá mudarse de nuevo contigo, y entonces, tarde o temprano, el acosador volverá a aparecer”
Y así hicimos. No sólo nos mudamos de nuevo juntos, (o más o menos, porque Guille dormía en el sofá), sino que no le dimos ninguna explicación a la yegua de Vanina. ¡No sabes cómo disfruté su cara cuando me vio aparecer con mi maleta! ¡Se puso como loca! Pero nadie le explicó nada. Ni la enfrentamos, ni le reprochamos por sus maldades, ni nada. Sólo la golpeamos con nuestro inquebrantable silencio. Juanjo nos había sugerido actuar así, para poder analizar sus reacciones ante el acosador. El muy tonto de Guille aún pensaba que el tipo existía, y que podía tratarse del mismo en ambos casos.
Por supuesto las llamadas misteriosas que se cortaban de inmediato no tardaron en reanudarse. Pero esta vez no era el tipo de la telefonía móvil, sino un empleado de Juanjo, pidiendo por mí con voz sugerente. Y entonces Guille explotó. Explotó con el pobre hombre, al cual empezó a gritarle por teléfono, pero siguió con Vanina, a la que acusaba de ser la culpable de que un loco me persiguiera. Ella se quedó dura, pero de inmediato razonó diciendo que debía tratarse de algún truco inventado por mí. ¡La muy taimada! Porque sí, es cierto, lo del acoso era una mentira. Pero por una buena causa…
¡Y entonces ocurrió!
¡Al fin!
En su desesperación por demostrar que yo estaba mintiendo, la muy yegua terminó por confesar que lo del acoso había sido un invento desde el principio. Que sólo intentaba volver a la casa en que había sido tan feliz, etc., etc., etc.
¡Ni Guille le creyó sus halagos! Quedaba claro que sólo volvió porque no quería ir a vivir con la madre, (y, a juzgar por la llamada de “mami”, el sentimiento era mutuo)
¡Tendrías que haber visto la cara de la yegua cuando Guille la echó! ¡Fue maravilloso!
Claro que me gustaría decirte que a partir de ahí mi vida volvió a ser la de antes. Pero no. Es increíble cómo la realidad no deja de sorprendernos…
Una vez con Vanina afuera de nuestras vidas, algo cambió en mi interior. De nuevo empezaron las dudas. Guille me pedía disculpas, me abrazaba, y yo…
Yo le pedí tiempo. No quería equivocarme otra vez. ¿Iba a quedar de nuevo atrapada en la oscura rutina?
Esa noche Guille volvió a dormir en el sillón. Y lo peor es que, además, se sentía muy culpable. Confiaba ciegamente en mis palabras, y no podía dejar de reprocharse por haber dudado de mí, arrojándome a un peligro del que tendría que haberme salvado.
Yo fui a trabajar como siempre, es decir, sistemáticamente desesperada. Sentía culpa por engañar al hombre que se suponía que amaba, y miedo por tener que empezar una aburrida rutina a su lado.
Las ocho horas en la oficina se hicieron larguísimas, repletas de cavilaciones. Era como si todavía no me resignara a cerrar esa etapa de la vida en que el impulso proviene de los sueños. No quería ser como mi mamá o mi hermana. No quería conformarme…
Y entonces, mientras caminaba sin esperanza hacia el autobús, sentí que alguien me estaba llamando.
Era él. Mi George Clooney del subdesarrollo. Mi macho posmo entrado en años. El regalo perfecto que se esconde en la tienda, luego de cambiar un regalo que sólo parecía perfecto. Sí, ahí estaba Juanjo. Sonriente, divertido, seductor. Subí a su auto casi sin pensarlo…
Y él puso en palabras todos y cada uno de mis sueños. Habló de viajes juntos, mundos maravillosos, aventuras impactantes…
Y entonces entendí dónde estaba la verdadera felicidad.
Cuando llegué al departamento de Guille en busca de mis cosas, él me esperaba con el anillo de casamiento que llevaba tanto tiempo guardado en un cajón. Yo le eché un vistazo, suspiré, y sin decir ni una palabra se lo regresé de inmediato.
Él me observó con la mirada más triste de la que tengo memoria. Y entonces le confesé la verdad. Le dije todo. Y cuando digo todo, es todo: hablé de mi cumpleaños de treinta, del regalo perfecto que siempre aguarda en la tienda, del macho posmo, del beso, de mi jefe, Michel… y Juanjo. Sobre todo de Juanjo y su mundo de sueños perfectos… También hable de ti. Tenía que hacerlo…
Guille me miraba confundido. Y entonces llegó el momento de hacerle mi última confesión. Quizás la más horrible de todas…
Le confesé que lo amaba con todo mi corazón. Pero que cada mentira dicha sólo por no haber sido capaz de compartir con él mis dudas y mis inseguridades, me alejaba horrendamente de merecer ese anillo. Yo, a diferencia de él, no había sido honesta. Y eso me dolía en el alma. ¿Cómo se podía empezar un matrimonio mintiendo? ¿Es que acaso terminaría siendo como mi madre o mi hermana? ¿Podría conformarme con un amor a medias?
Claro que no lo merecía. Y me bastó escuchar a Juanjo hablando de tantos paraísos perfectos, para darme cuenta de que no había nada más perfecto que mirar una película al lado de Guille, mientras nuestras manos se encontraban en un bol de pochoclos recién hechos.
¡Cómo quiero a Guille! Quiero su rutina, su aburrimiento. Él es, sin duda, el regalo perfecto, porque aunque en la tienda haya otro mejor, no dejaría de ser un regalo ajeno, y no el que alguien me entregó con toda su alma.
Guillermo me veía llorar, confundido. Él es ingeniero, pobre, y no precisamente un hombre de “momentos”. Sus sentimientos son más primarios, menos complicados, pero a la vez más auténticos. Su amor es visceral, y así también su odio.
Por eso cuando me enjuagó las lágrimas y se arrodilló frente a mí para entregarme el anillo, no pude evitar echarme entre sus brazos.
Nunca antes hicimos el amor así, y desafío aún a la más aventurera de mis amigas a vivir un orgasmo semejante, que nace de las entrañas, sacude el corazón, y se mete de lleno en el otro. Ese, el único.
Nos vamos a casar en dos semanas… Y por primera vez soy muy, MUY feliz. Sin dudas ni mentiras… Sólo nuestra verdad.
Gracias, Repara corazones, por acompañarme en este largo camino…
Tuya



miércoles, 6 de enero de 2016

Anuncio Importante (8 de enero de 2016)



lunes, 21 de diciembre de 2015

Apariencias



 

 

Apariencias





Estimada Señora Repara Corazones:
Mi nombre es…
No creo que interese mi nombre, sino…
No sé cómo empezar esto. Sucede que alguien se ha estado haciendo pasar por mí, bajo el seudónimo de “Sistemáticamente desesperada”. Esa no soy yo. Repito NO SOY YO.
Claro que muchas de las cosas que se relatan en los mensajes son un detalle de mi vida real. Es decir, de verdad soy licenciada en sistemas, nací en el interior del país y vivo con mi novio Guille. O, mejor dicho, vivía…
En efecto, y tal como ya sabe, actualmente me encuentro alojada en un hotel para parejas que queda a la vuelta de mi trabajo. Y sí, es muy cierto que la ex de mi novio, una muchacha llamada Vanina, se ha metido de lleno en mi relación con la excusa de estar siendo acosada por un antiguo pretendiente.
Como Ud. podrá ver las coincidencias entre mi vida y el relato que alguien mañosamente le ha hecho de ella, parecen muchas. Pero hay algo en que se diferencian por completo: YO NUNCA TUVE NINGÚN TIPO DE RELACIÓN PERSONAL CON EL QUE ALLÍ SE DENOMINA “MACHO POSMO”. Amo a mi novio Guille, y lo amé siempre. JAMÁS DUDÉ AL RESPECTO. Pero alguien se valió de mi teléfono y la laptop para enviar estos correos, y así hacerle creer otra cosa. ¡Y no sólo a él! También el mismo Mariano (o “macho posmo”), mi jefe, y hasta un compañero llamado Michel fueron víctimas de esta intriga. Por fortuna una vez aclarado que la de los mensajes telefónicos no era yo, he vuelto a trabajar con ellos sin problemas. Es más, puede decirse que estoy más tranquila que nunca en lo laboral.
En lo sentimental, en cambio… Es muy triste pensar a los extremos que es capaz de llegar una mujer para recuperar el amor que ha dejado escapar. Porque, usted coincidirá conmigo, en vista de cómo han terminado las cosas (yo, viviendo sola en un albergue transitorio, mientras otra ocupa mi lugar junto al único hombre que amo), semejante desaguisado sólo puede ser fruto de una pasión perversa. Y, créame, no hay más perversión que la de esa Vanina. Porque, a mí no me engaña, sólo ella pudo tener el acceso a la laptop, al móvil y a mi historia como para crear semejante farsa.
Manipuladora y mentirosa, no dudo que con el tiempo hasta el mismo Guille va a terminar descubriendo su impostura. Pero por desgracia tiempo no me sobra. Sucede que ahora soy yo la que está siendo acosada. Todo comenzó por unas llamadas al teléfono de línea que estuve recibiendo insistentemente en mi casa. Alguien preguntaba por mí, con nombre y apellido, pero cuando yo iba a atender no había nadie del otro lado. No fue una vez, sino muchas. Y de no haber sucedido luego todo lo que ocurrió, posiblemente nunca le hubiera dado importancia…
Pero cuando al llegar al hotel las llamadas continuaron, comencé a preocuparme.
Ahora estoy muy asustada.
El hombre, (sí, porque es un hombre, y susurra palabras de amor mientras relata todas mis actividades del día, sin omitir ni las más insignificantes, dejando claro que posee total poder sobre mi vida),  se ha identificado como un antiguo novio de Vanina. Dice que sólo por seguirla dio conmigo. Y que ahora está enamorado de mí.
Me gustaría hacer como mi “alter ego” y pedirle consejo, respetable Repara Corazones, pero sería por demás inútil. La verdad es que estoy completamente sola y desprotegida: Guille no quiere saber nada conmigo, (ni siquiera responde mis llamadas), no tengo familia ni amigos en esta ciudad, y hasta mis compañeros de trabajo más íntimos se han enterado de la existencia de este blog, y ríen a mis espaldas, como si yo en verdad fuera “Sistemáticamente desesperada”
Créame, Sra. Repara Corazones, por más respeto que Ud y sus sabios consejos me merezcan, yo nunca, NUNCA, hubiera expuesto así mi intimidad en la Red. De repente es como si mis asuntos privados estuvieran a consideración de todos. Y Ud. ha visto cómo es la gente: todos tienen algo para opinar cuando la vida es la de otro.
Por desgracia el daño ya está hecho. Alguien me contó que Guille y Vanina, aun compartiendo techo, no viven juntos. Pero es todo cuestión de tiempo. Así como es cuestión de tiempo para que el loco que me acosa se aparezca en mi puerta. Estoy entregada. La vida sin mi Guillermo no tiene sentido. Y si este es el precio que tengo que pagar por los años de felicidad que he vivido a su lado, lo pago con gusto. Nada que ese tipo pueda hacerme va a dolerme tanto como el desprecio de mi novio. La vida sin Guille no vale la pena.
Bueno, no voy a aburrirla con mis penas. Quizás lea de mí en policiales. Seré la muchacha que un loco mató en un hotel para parejas.
Desde ya muchas gracias por todo. Y lamento mucho que alguien la haya engañado (no por mi voluntad, puedo asegurarlo)


La verdadera yo.


domingo, 13 de diciembre de 2015

URGENTE… NECESITO AYUDA URGENTE








URGENTE… NECESITO AYUDA URGENTE

Repara:
¡Estoy deshecha! ¡Mi vida se ha convertido en un verdadero infierno!
¡Y eso que me lo advertiste! Pero no pude hacer nada por evitarlo. Ahora tecleo esto desde mi móvil, aislada en un hotel. Lo que tanto estaba temiendo al fin ocurrió. Perdí a Guille para siempre. Quizás para mañana haya perdido incluso mi trabajo. Y ni siquiera me queda el consuelo de culpar a Vanina por todas mis desgracias. No. La culpa es sólo mía.
¿Qué hay de malo en mí, Repara? Yo era feliz con Guille. Muy feliz.
Y entonces cumplí treinta…
¿Cuál es el problema de las mujeres con las décadas? Porque conozco algunas que salieron airosas de la tercera, sólo para hundirse sin piedad en la cuarta o la quinta, o…
¿Será que el cero nos recuerda lo redonda que nos ponemos con cada año que pasa?
Y cuando después de los treinta llegaron los treinta y uno, todo fue para peor. Ese fatídico día, como si fuera una advertencia, mi jean favorito no me cerró. Te juro que a la semana siguiente me quedaba hasta cómodo, pero ese maldito día el perverso cierre no quería ceder. De inmediato tuve un mal presentimiento. Y cuando al salir del trabajo tropecé con Cinthia, una antigua jefa, que me saludaba desde arriba de unas plataformas altísimas, contándome de viajes, aventuras, sexo a un solo click del mousse, orgasmos alucinantes, no pude evitar sentirme muy vieja. ¿Cuándo era la última vez que había usado tacones?... ¿O que me alucinaba un orgasmo?
Y para colmo llegué a casa y ahí estaba Guille, con una torta chueca hecha por sus propias manos, (¡un dulce!), y riéndose de lo que iba a ser mi vida a partir de entonces. Llamándome “mi querida ancianita”, y mencionando al pasar, pero por primera vez en nuestra relación, la palabra “matrimonio”.
¡Matrimonio!
Te juro que al escucharlo me corrió un escalofrío. Y entonces me acordé de mi papá, que la llamaba “vieja” a mamá, según él, “de cariño”. Y de mi hermana, que tras cinco años de matrimonio aumentó diez kilos, se cargó con tres hijos, y tuvo que volver al pueblo con el rabo entre las patas después que el marido la abandonara por otra, (una igual a como era ella antes del matrimonio y los tres hijos, por cierto)
¿Tengo que decirte que me aterré?
Para cuando apareció Macho Posmo en mi vida, necesitaba aferrarme a la ilusión de que todavía podía tenerlo todo. Creía, (mal, como me di cuenta después), que Guille nunca iba a preparar pochoclos con otra que no fuera yo, y que yo, en cambio, podía ir de after office con quien se me diera la gana. ¡Qué tonta!
Bueno, esta mañana te juro, te súper juro, estoy segurísima… bueno, casi segurísima, puse el móvil en el bolso antes de salir para la oficina. Y después de eso no me separé del maldito bolso hasta llegar ahí… Bueno, al menos no recuerdo haberlo hecho, porque últimamente ando con la cabeza volada. Y a causa de esa confusión, cuando mi jefe se acercó en forma misteriosa al escritorio que comparto con Michel y me dijo que ya había respondido mi mensajito, me quedé dura. Y no fui la única. También Michel se sorprendió. De inmediato, como te imaginarás, intenté revisar mi móvil. ¡Pero nada! El maldito aparato no estaba por ningún sitio.
¿Tengo que decirte que después de eso no pude volver a concentrarme en mi trabajo? El jefe salía cada dos minutos de su despacho y me miraba ansioso, mientras que Michel parecía acusarme de algo.
Como sea, hice verdaderos malabarismos para escapar cinco minutos antes que acabara mi horario. No me daban los pies para llegar a casa y reunirme con mi huidizo telefonito.
Subí por el elevador sin atreverme casi a respirar. Pero al llegar a la puerta de mi casa me sorprendí al ver una maleta abandonada en el pasillo. Al principio me puse alegre, suponiendo que pudiera ser de Vanina, pero de inmediato me di cuenta de que la maldita cosa era mía. Intenté abrir la puerta de mi piso, pero alguien había corrido la traba. Entonces me puse a tocar timbre, enfurecida…
La primera en asomar por la rendija que dejaba la cadena de seguridad que también estaba echada, fue la yegua de Vanina. La verdad es que parecía auténticamente asustada. Con voz baja me dijo que Guille sabía todo, así que mejor me fuera. Que ella iba a tratar de ablandarlo a mi favor, pero que lo veía casi imposible dadas las circunstancias.
¡Te imaginarás cómo me puse!
Empecé a los gritos a través de la hendija. Pero todavía no calentaba la voz, cuando de repente la puerta se abrió de par en par. Y ya no era Vanina, sino Guille.
Con sólo verle la cara enmudecí. Porque Guille no es de gritar, pero en las raras ocasiones en que está furioso tiene una mirada que lastima más que mil golpes.
Después de unos segundos de quedarme inmóvil como si en verdad fuera culpable de algo, apenas me salió decir: “No entiendo”.
Había tanto dolor en su cara… que tuve que hacer esfuerzos para no ponerme a llorar a los gritos ahí mismo.
“Yo tampoco”, fue lo único que dijo. Y entonces buscó mi maldito telefonito y empezó a leer.
“Mensaje de Mariano: eres una perra. No puedes andar besándote conmigo y después decir que te acoso. ¡Qué malparida! ¿Qué ocurre? ¿Ahora te gusta más tu jefe?”
Quise responder, pero él continuó, impiadoso.
“Y hablando de tu jefe… Aquí hay un mensaje de él: a la vuelta hay un hotelito discreto… ¿quieres ir a charlar allí?”
De nuevo intenté decir algo, pero no hubo caso.
“Y no es el único. También está Michel…, a ver… ¡Aquí!: urgente, tenemos que hablar. Hay un hotelito discreto a la vuelta, ¿nos vemos allí a las cinco?”
Te imaginarás que no podía creer lo que estaba escuchando. Quise arrebatarle el móvil de la mano, pero él lo tiró con fuerza al suelo del pasillo. Después hizo lo mismo con una cajita que sacó de algún sitio, justo antes de cerrar la puerta de un golpazo.
Miré la cajita sin entender. Pero después me di cuenta: era el anillo que no me había podido dar el día del spa.
Me puse a golpear, enfurecida. Quería hablar, explicarle… Pero fue inútil. Guille es así. Parece un tierno, pero cuando quiere es irreductible.
Así que después de llorar quince minutos en el pasillo, con el anillo en el dedo, (¿te conté que era el mismo anillo que yo había admirado una noche en un centro comercial, mientras aguardábamos para entrar al cine), al final recogí el teléfono, la maleta, y me fui al hotelito discreto de la vuelta del trabajo. Creo que es un hotel para parejas, porque el conserje puso cara rara cuando vio la maleta y le dije que me quedaba toda la noche.
Y ahora estoy aquí, llorando como una magdalena, con el televisor encendido para que no escuchen desde los otros cuartos. Aunque no sé ni para qué me tomo el trabajo, porque aquí los gemidos abundan. De hecho me costó un montón sintonizar un canal que no tuviera porno. Por suerte enganché Investigation Discovery. Tengo muertes, dolor y asesinatos asegurados para hacerme compañía en esta noche negra. No estoy de humor para algo más alegre.
¿Qué hago Repara?
¿Le hablo sinceramente a Guille y le cuento todo?
Aunque, pensándolo mejor, ¿qué le cuento? ¿Que creía que lo tenía más calado que a una sandía? ¿Que estaba aburrida? ¿Que no quería casarme? ¿Que lo creía mediocre, muy por debajo de mis expectativas?... ¿O sólo le confieso que soy una idiota insegura que piensa que siempre puede haber algo mejor en la tienda de la que salió un regalo perfecto?
Te juro qu
¡Espera! Te dejo. Hay algo en la tele que… ¡Increíble!
Adiós.

S.D

viernes, 27 de noviembre de 2015

Una “yegua” satisfecha



 

 

 

Una “yegua” satisfecha


Querida Repara corazones:

Después de “elvirear” a la madre de Vanina, y aún a riesgo de quedar como una verdadera arpía, me mantuve en mis trece.
La novia de mi novio tenía que regresar a su categoría de “ex”, aunque eso significara volver al infierno del que estaba escapando. Porque, estarás de acuerdo conmigo, no es justo que yo pague por su situación.
Claro que Guille no parecía demasiado convencido, pero al final se convenció. Mejor dicho: al principio se convenció. Porque a las tres en punto, cuando Vanina ya no estaba en la casa, (¿por qué no estaba en la casa, si esperaba ese llamado?), se comunicó la madre al teléfono de línea.
Atendí yo. “¿Está Guillermo?, me preguntó. Y por supuesto como soy civilizada le pasé de inmediato con mi novio. Claro que como no soy estúpida me colgué del teléfono del cuarto para escuchar.
Es que todo era súper raro. ¿Por qué pedir por “Guillermo” y no por la hija?
Cuestión que le hizo una historia larguísima. Le dijo que el “stalker” de Vanina, (te juro que lo dijo así, en inglés, como si no existiera la palabra acosador), bueno, que el tipo estaba como loco rondando su piso. Que también la había amenazado a ella, y que era importantísimo que Vanina continuara refugiada en nuestra casa al menos por diez días más.
Hasta ahí, vaya y pase. Casi que incluso yo me conmoví. Pero después de eso empezó a decir que “Vaninita” estaba muy cambiada. Que ya no era la misma mocosa consentida que había vivido con él. Que ahora estaba muy arrepentida por haberlo dejado para irse con otro, (¿?). Y que para Vaninita, Guille había sido el gran amor de su vida, (¡!)
Pues lo lamento, pero queda claro que el gran amor de la vida de Guille soy yo, porque el compró solamente una vez un anillo, y fue para mí. ¡Para mí!
Bueno, volviendo al teléfono… Guille, siempre tan locuaz, por supuesto no le respondía nada. De hecho, conociéndolo como lo conozco, estoy segura de que estaba tan sorprendido como yo.  Y más aun considerando lo que me contó después. Porque cuando cortó con la señora, yo, con mi mejor cara de inocente palomita, le pregunté qué le había dicho.
Él pobrecito fue bastante sincero. Contó lo del acoso del stalker, y obvió el que la vieja le hizo a él. Lo único que mencionó fue que la madre de Vanina debía estar realmente desesperada, porque mientras que cuando era el novio de la hija no lo soportaba, ahora parecía amable. Y ahí, repensándolo todo, me di cuenta de que en verdad la dama había sonado no sólo amable, sino… forzada. Como si repitiera a disgusto un libreto escrito por otro.
Como sea, traté de disuadir a Guille acerca de extender el asilo a nuestro huésped, pero finalmente cedí. No sé si piensas lo mismo, pero creo que me estoy enfrentando a una rival muy peligrosa, que ya sea por amor o desesperación, está empeñada en sacarme el novio. No voy a permitir que me deje como una loca histérica y malvada. Porque estoy segura que, de obligarlo, Guille terminaría aceptando echarla a la calle. Pero sólo lo haría porque odia toda confrontación. Claro que como buen ingeniero no tardaría mucho en hacer cuentas, y entender que había salido perdiendo. Porque, ¡vamos!... Guille puede aspirar a la mujer que quiera. Es lindo, inteligente, tiene su propio piso, es re re bueno. Jamás dice una palabra de crítica. Bueno, para ser sincera jamás dice una palabra. La charla no es lo suyo.
Y a cambio de tantas virtudes lo único que pide es un poco de paz y algo de sexo. Bueno, y la casa ordenada, la comida lista y la ropa planchada. Pero en eso es autosuficiente. O al menos así lo acostumbré. Pero si ahora Vanina va a menear sus piernas larguísimas mientras limpia, plancha y cocina…
¡Ay, Repara! Nunca creí que pudiera perder a Guille. Anoche no pegué un ojo pensando… Bueno, también haciéndole el amor a mi novio, como no lo había hecho en años. Claro que hubo más de voluntad que de pasión en tanto ardor. Y no porque Guille no sea buen amante, sino porque yo no podía olvidar la cara de satisfacción de la yegua cuando le dijimos que podía quedarse. O la de MP… ¿Te conté lo de MP, no?... ¡No! Bueno, voy a tener que dejarlo para la próxima porque esos dos están meta reírse en la cocina. Y yo me muero por saber qué es “tan” gracioso.
Besos

Sistemáticamente desesperada

jueves, 19 de noviembre de 2015

Una mina bien turrita



Una mina bien turrita


Querida RC:
Voy a ser breve, porque tengo la sensación de que Vanina me está espiando. El otro día la vi con mi laptop. Claro que se excusó diciendo que era el único ordenador de la casa. Pero ayer tenía mi móvil en la mano. Según ella sólo lo había levantado para limpiar la mesa, pero yo no le creo nada.
Y esa es otra… ¿Por qué tiene que estar limpiando todo el tiempo? ¿Por qué tiene que jugar al ama de casa ideal, si cuando vivía junto a Guille era tan sucia como yo?
Aquí en mi patria decimos que cuando una mujer es así, es “una mina bien turrita” Porque “turrita es… esa que te hace quedar mal por puro gusto. O la que te saca el novio con la excusa de que él no era feliz, pobrecito. O la que se acuesta con el chico que le gusta a la mejor amiga. O la que cuando tú le dices que en tu casa una de las dos sobra, te contesta como hizo Vanina: “Te entiendo completamente. Y por supuesto la que sobro soy yo. No fue mi intención molestarte. Y de no haber estado mi vida en peligro, jamás me hubiera atrevido a invadir tu intimidad. Pero no te preocupes. Ya mismo me contacto con mi madre para ir a su casa. Después de todo ya pasaron cuatro días, y quizás ahora no sea tan peligroso”
A ver, querida Repara, no hace falta leer entre líneas para entender el subtexto. ¡Y todavía peor fue la forma en que lo dijo! Yo le había gritado como una loca, y ella, de puro turrita, me respondió como un “bambi” frente a los fusiles de los cazadores.
“Quizás ahora no sea taaan peligroso”, sonaba a: “Estoy dispuesta a inmolarme en aras de tu felicidad egoísta”
Y entonces, al escucharla, de repente me di cuenta cómo habían funcionado las cosas entre Guille y ella durante la convivencia. Presencié la forma descarada en que Vanina podía manipularlo. Porque Guille es así. Un dulce que no soporta la debilidad de una mujer. Con la madre es igualito. Ella llora un poco y…
¿Te das cuenta por qué soy la mujer perfecta para mi novio? Yo no histeriqueo. Voy de frente. Nada de llantos estúpidos ni palabras a medias.
Y por eso cuando la muy perra me dio la razón, esperando conmoverme y lograr un indulto de última hora, yo, por el contrario, me limité a escucharla como quien oye llover.
¡Turradas a mí! ¡Vamos!
Por supuesto Guille se súper enojó conmigo. Y ahí casi se me escapa de nuevo el “ella o yo”, pero pude frenarme a tiempo. ¡Ni muerta le daba la chance de elegir!
Por el contrario, con la mayor calma que pude le expliqué que yo estaba en una situación muy incómoda. Que él hubiera reaccionado igual o peor de tratarse de un novio mío. Y entonces sí que le cerré la boca, porque Guille cuando quiere es muy celoso.
A diferencia de lo que ocurre con un GPS cuando más lo necesitas, la muy cerda de Vanina recalculó en un segundo. Entonces me pidió que llamara a casa de su madre desde mi móvil y que dijera “Elvira”, y luego cortara. Explicó que esa era la palabra clave para que su madre supiera que necesitaba hablarle, y así la buena mujer encontraría un sitio seguro para que pudieran comunicarse.
Te juro que me sentí como una súper agente 99 del subdesarrollo.
Guille, en cambio, volvió a mirarla con la misma cara de súper héroe que había servido para sacarme de quicio en un principio.
¿Qué crees? ¿Estoy manejando bien la situación?... ¿Qué es más peligroso: dejar que la intimidad siga creciendo entre esos dos, o quedar como la desalmada de la historia?
¡Por favor!
¡Necesito tu consejo con urgencia!
Yo, tu sistemática.

martes, 10 de noviembre de 2015

Una perra astuta (y sulfatada)



 

 

 

 

Una perra astuta (y sulfatada)


Querida Repara:

¿Te conté lo del mensajito de Mariano?

“Tnmos q.*:)] hablando por teléfono" decía.

Digo yo, ¿no estamos un poco creciditos como para comunicarnos a través de dibujos? Él será muy posmo, pero su inhabilidad para levantar el teléfono y decirme las cosas clarito ya me está hartando un poco.

En el resto de mi vida las cosas tampoco funcionan.

Yo me levanté convencida de que los demás, (Guille y Vanina), intentarían hacer las paces conmigo. Porque, después de todo, la agraviada era yo. De hecho ya había pensado una estrategia para hacerlos sentir aún peor. Pero no. Ni pizca de arrepentimiento por ninguno de los dos frentes.

Incluso mi novio insistía con eso de que yo “tenía” (¿?) que disculparme con Vanina por el mal rato que le había hecho pasar. ¡Con ella! ¡¡¡¡¡¿Y mi mal rato?!!!!!

Lo más desagradable fue cuando me levanté. No sólo ya no quedaban rastros de mi ataque, sino que la mesa del desayuno estaba servida con esmero. Como si mi rival fuera la dueña de casa y yo, la adolescente díscola. Así, dispuesta a hacerte caso y “plantarle cara” a esos dos, me senté entre ellos, y tragué sin ganas el jugo de naranja que tenía servido, (que para peor era exprimido, sin hollejos como le gusta a Guille, y riquísimo), y después me dediqué a mirarlos con rabia. Guille tampoco necesitaba hablar para tirarme dardos envenenados. Le bastaba con esos ojos acusadores que tiene, (y por cierto sus ojos son mucho más lindos que los de Mariano). La única que comía como si nada era Vanina. Las medialunas, (croissants, bah), se veían deliciosas, así que, por dentro, con cada bocado de ella, iba mi maldición: 

"¡Ojalá que toda esa grasa se te fije a las caderas, flaca malvada!"

Bueno, al final me harté. Y así, sin anestesia, le escupí: “¿Entonces cuando te vas?” Porque queda claro que una de las dos sobra”

Guille saltó como un resorte. Y ahí me di cuenta del error que había cometido. Porque después de la escenita de la noche anterior, era obvio que él ya se preguntaba si la que estaba de más era yo. ¡Te juro! Lo leí en su mirada.

Y entonces sentí un miedo horrible. Qué digo miedo, ¡terror! Y de repente me di cuenta que, sí, querida Repara corazones, tienes razón, amo a Guille. Que con él puedo quedarme en zapatillas mirando una peli tonta, comiendo pochoclos, y estoy mucho más feliz que en veinte bares de moda, escuchando las pavadas de Mariano.

Y ahora me pregunto: ¿por qué dejé que esto de MP llegara tan lejos? ¿Por qué no acepté el anillo de Guille de una?

Pero es inútil recriminarse. La verdad es que estoy frente a una rival peligrosa. Porque queda claro que la niña está tan arrepentida como dispuesta a todo por reconquistar al ex. Y cuando digo a todo, es todo. La señorita es una verdadera perra. Una perra astuta, y sólo por eso logró dejarme tan mal parada con su respu

Disculpa. De nuevo el teléfono de línea para mí. Estoy segura de que es algún banco, o algo así, pero

Te dejo.

Después te sigo contando de Vanina y su malvada respuesta

Tuya


Sistemáticamente desesperada

 y arrepentida